Pedro León Zapata: El pesimismo del humorista

Por José Antonio Parra



          Un gobernante muy justo, al finalizar la presentación de un humorista que se burlaba de él dijo a los espectadores: “Es bueno que el pueblo tenga la libertad para burlarse de sus gobernantes, lo que no es bueno es que los gobernantes se tomen la libertad de burlarse del pueblo”. Pedro León Zapata, con su caricatura iconográfica, ha plasmado la visión brillante de un humor sin tregua, sin metas pero con unas fronteras bien definidas: las de Venezuela. Miles de páginas de periódicos, inmensos murales citadinos, cuadros y quién sabe cuantos miles de papeles y plumas han sido soporte para este artista que con su caricatura ha hecho reír a varias de nuestras generaciones. Escuchemos qué hace reír a Zapata.

José Antonio Parra: Usted establece una mezcla entre lo que sería el arte y el humor, ¿cómo sería esa combinación?

Pedro León Zapata: Creo que el humor está por encima de cualquier otra manifestación de la inteligencia del hombre. El humor es la demostración de que el Hombre, entre todos los animales, es el más inteligente. En el fondo, lo que me propongo es elevar el arte a nivel del humor.
El humor, en primer lugar, le permite al hombre no sólo burlarse de sí mismo como persona sino que además se burla de sí mismo como género humano, que eso es justamente la cualidad central del humorista, se burla de todo el género humano incluido él en primer lugar.

JAP: Usted ha derivado últimamente hacia lo que es una denuncia política muy ácida, ¿cómo ha sido esa situación de denuncia política dentro de lo que vendría siendo el humor?

PLZ: Sí, hay una actitud que obedece al hecho obligado de que es una caricatura diaria y tiene un carácter inevitablemente editorial, porque aparece en la página editorial, no porque a mí me hayan encargado hacer editoriales gráficos en El Nacional. Se supone que el caricaturista que aparece en esa página todos los días en un periódico de alta circulación tiene que enfrentar un problema que no solamente es el que más preocupa o el que más debe preocupar sino el que está más en la mente de los lectores por haber sido el más difundido el día anterior. Por esta razón la caricatura tiende a ser más política, porque las noticias de política son las más difundidas. El Nacional no le impone a nadie directrices de ninguna especie, y en mi caso particular mucho menos porque no tendría sentido que lo hicieran, yo trabajo por mi cuenta, hago lo que quiero y lo llevo y ellos lo publican si quieren, o sino, no lo publican. Eso ha sido durante mucho tiempo lo que me he visto obligado a hacer en El Nacional, y digo obligado porque a mí me gustaría hacer caricaturas de temas culturales, caricaturas de las exposiciones, de los recitales, caricaturas que de alguna manera comentaran hechos de carácter más bien cultural que, en mi opinión, son los más trascendentales, pero como la publicidad que recibe la política es tan grande, la caricatura ha derivado más hacia lo político que hacia lo cultural. La caricatura que yo hago, por lo tanto, tiene ese carácter, es una cosa impuesta por las circunstancias, me he dedicado mucho tiempo a hacer caricaturas que tienen que ver con el acontecimiento diario en el campo de la política, pero de un tiempo a esta parte las caricaturas que hago casi no tienen nada que ver con el acontecimiento diario sino que tienen que ver con la atmósfera del país. Con lo que está en la mente de todo el mundo. Un poco con el pensamiento colectivo más que con el acontecimiento circunstancial de que ayer hubo un general que dijo tal cosa y un diputado que le contestó tal otra. Esos hechos, circunstanciales casi, casi, han estado en los últimos tiempos eliminados de mis caricaturas.

JAP: ¿Cómo se manifiesta el acto cómplice entre el caricaturista y el lector?

PLZ: La caricatura la hacen entre el lector y el dibujante, el lector pone una buena parte de la interpretación y el sentido de la caricatura, porque trae la información consigo. Si el lector no tuviera información acerca de lo que uno está comentando, no entendería la caricatura. El lector la entiende porque tiene una información previa y es a esa información previa a la que se dirige uno. Por eso la caricatura, para quienes no viven en el país, a veces son incomprensibles porque son noticias de las cuales el lector extranjero no tiene información. Entre el lector y el caricaturista hay una, llamémosla una complicidad o una colaboración, porque uno está jugando con lo que está en la mente del lector. Por eso el lector frecuentemente piensa que la caricatura se le ocurrió a él. El lector piensa: “Cónchale lo mismo que se me había ocurrido a mí.”. Claro lo mismo que se le había ocurrido a él después de ver la caricatura, pero él entiende que se le había ocurrido antes porque forma parte de su pensamiento, que es su información, eso que yo estoy comentando. Pero, como yo digo, ya no me refiero a la información en el sentido del acontecimiento circunstancial ocurrido el día anterior sino a otro tipo de información mucho más amplia, universal, que está dentro de la cabeza del lector y una forma de pensamiento político, de pensamiento social, de pesadumbre si se quiere o de optimismo, que está en la mente, pienso yo, de todos los lectores. Claro, como me considero un lector más, entonces creo que las cosas que están en mi mente están también en la de los otros lectores y al dirigirme yo a mí mismo siento que me estoy dirigiendo a los demás.

JAP: ¿Está fundido en lo que se llama el consciente colectivo, entonces?

PLZ: No. No es que tenga esa perfección sino que siempre que yo la pienso me digo: y bueno, no debo ser el único, debe haber otros, tan lectores como yo, que piensan igual que yo, entonces a ellos también por carambolas les llega.

JAP: ¿Qué pasa con el aludido en la caricatura?

PLZ: Es que no aludo a gente en la caricatura. Al no inspirarme, por así decirlo, en acontecimientos del día anterior entonces están eliminadas las individualidades. Ya no me refiero al diputado Fulano o al político Tal o Cual o al gobernante No-sé-quien. Sino que ahora yo me refiero a una cosa más conceptual, más amplia.

JAP: ¿A la situación que vive la gente?

PLZ: A una idea más colectiva, ya no tan personalizada, ni el protagonista ni el acontecimiento mismo, sino algo más como del clima que hay en el país. De alguna manera es el clima que también hay en la mente mía y, pienso yo, en la mente de mucha gente. Puesto que en la mente mía está, porqué me voy a considerar tan original de ser yo el único en cuya mente pasa eso.

JAP: ¿La elaboración de este fenómeno se da de manera consciente o inconsciente?

PLZ: Cuento mucho con lo que llamaríamos la forma inconsciente, la forma impulsiva de pensar y de proceder. Basta, si es posible, con ser buena gente, porque una persona que es buena gente reacciona instintivamente, sin pensarlo, como buena gente. Lo ideal es que uno sea tan buena gente que las reacciones naturales de uno sean reacciones positivas. Reacciones de buena gente. La mala persona, por más que simule ser buena gente, cuando le toca actuar siempre actúa como mala persona, instintivamente se va hacia lo malo y lo ideal es uno llegar a ser tan bueno que instintivamente, naturalmente, le salgan también las cosas buenas.

JAP: Ahora, en este estado de declive dentro de las circunstancias que estamos viviendo y que usted denuncia día a día, ¿hacia donde cree usted que se dirigen los mismos hechos?

PLZ: Hacer vaticinios es una cosa que ya nadie quiere hacer. Es muy poca la gente que se atreve a eso, solamente los de la televisión porque les pagan, en general no son muchos los que se atreven a hacer vaticinios. Yo no hago vaticinios de ninguna especie, y humorísticamente, entendiendo el humor como humor negro, diría que los humoristas tienen una tendencia hacia el pesimismo más que hacia el optimismo.

JAP: Extraña paradoja en el humorista. Estar tan apegado al pesimista.

PLZ: El humorista tiende al pesimismo y a lo mejor por parecerme a ellos también tiendo al pesimismo, de modo que el hecho de que vislumbre para el país un porvenir muy negro no es sino una deformación profesional mía que me hace ver las cosas de ese modo. Pero de momento yo no las puedo ver sino nada más de ese modo.

JAP: Tengo entendido que en un principio estaba más dedicado a las artes plásticas y luego se va desviando hacia la parte humorística. ¿Cómo ocurre esa transición?

PLZ: No establezco diferencia entre la cuestión plástica, como tú la llamas, y mi trabajo como humorista. Mi trabajo como humorista es dibujando, caricaturista, entre la caricatura y la pintura no establezco ninguna diferencia, creo que tampoco la establecía Goya, ni tampoco Daumier, en muchas de cuyas pinturas vemos expresiones parecidas a su propio trabajo como caricaturista. Y me interesa mucho la personalidad de Daumier y el ejemplo de Daumier porque es uno de los pintores más significativos del siglo XIX, su obra es determinante para mucho de lo que vino después sobre todo en el siglo XX, no nada más en Francia sino en el mundo entero.

JAP: La caricatura, como su forma de expresión, modela lo que es el acontecer de la sociedad, ¿no lo ve así?

PLZ: No. Porque sería entonces una caricatura de intención pedagógica, sería una caricatura que perseguiría casi lo contrario de lo que el humorista persigue. ¿Qué es lo que el humorista persigue? Nada. Porque el humorista no busca con su actividad humorística ningún género de objetivo, ningún género de resultado, entre otras razones por ese carácter pesimista al que me refería. El pesimismo del humorista le impide pensar que él pueda estar haciendo una labor pedagógica positiva con su trabajo, porque eso sería creer en un futuro en el cual él no cree. Cuando digo esto estoy pensando en un humorista del tamaño de Oscar Wilde, por ejemplo, quien no era en lo más mínimo optimista respecto a nada que tuviera que ver con el género humano. No era nada optimista como no lo era Mark Twain, como no lo era Bernard Shaw, quien se decía políticamente socialista, o sea, un hombre que se supone que luchaba por un mundo más feliz en el campo social, económico, político, pero sin embargo él era pesimista en cuanto a la capacidad de percepción del hombre como ente pensante.

JAP: Ahora, en eso de la provocación, como lo hacía Oscar Wilde, ¿cómo se ubica usted en lo que es el aspecto provocador del humorista?

PLZ: Oscar Wilde era un exhibicionista, y empleaba la provocación como un forma de exhibicionismo. Oscar Wilde tenía un sentido auténticamente aristocrático de la inteligencia. Muy inglés, por cierto, muy británico, muy de la Corona, muy de un país con un Rey y una Reina. Oscar Wilde tenía un sentido aristocrático de la inteligencia que ejercía de una manera admirable. Pero nosotros en los países democráticos populares, o populistas, como Venezuela, no podemos tener ese sentido aristocrático porque aquí no hay aristocracia, entonces cómo puede ser uno el único aristócrata del país, aunque sea aristocracia de la inteligencia la que uno tenga. Uno considera que uno es inteligente porque uno es un ser humano como todos los demás. A uno le llama la atención que haya gente bruta, que la hay por cierto en una proporción muy alta, pero sigue llamando la atención porque uno tiende a pensar que como seres humanos deberían ser inteligentes.

JAP: Ahora la pregunta sería, ¿qué es inteligencia?, porque uno podría verla como la capacidad de ser exitoso en la vida o la capacidad de reaccionar ante ciertas situaciones, pero, ¿cómo vería usted lo que es la inteligencia?

PLZ: Me imagino que con la inteligencia pasa lo que con la moral, o con la belleza. Que con el tiempo cambia el criterio con que se la define. Para mí en este momento de Venezuela, inteligencia y libertad se identifican como una sola cosa. Inteligente es el que cree en la libertad, el que se toma todas las libertades y el que concede todas las libertades. No inteligente es el que es enemigo de la libertad. Creo que en este momento lo planteado para los venezolanos es, en primerísimo lugar, la libertad.

JAP: Ahora eso pasa por un cuestionamiento de “autoridad”.

PLZ: No, porque la autoridad puede ser partidaria de la libertad también… en un mundo ideal.

JAP: Pero, ¿en este caso?

PLZ: Bueno ese es el problema: que si la autoridad demuestra no ser inteligente entonces se manifiesta su no-inteligencia atacando la libertad. Por eso la inteligencia está en la obligación de defender la libertad. Porque es por medio de la falta de libertad que están tratando de liquidar a la inteligencia los que no son inteligentes.

JAP: ¿Alcanzaremos la libertad acaso?

PLZ: Nunca, pero luchar por eso es ya ser libre, luchar por ella es algo que vale la pena. Por eso, digo, el humorista no tiene metas y por tanto puede luchar por cosas que no se van a conseguir nunca. La libertad nunca se va a conseguir pero luchar por la libertad es una forma de ser libre.

 



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