Olympia

Por Tatiana Rojas Ponce

 

          En la colección Las formas del fuego de Monte Ávila Editores, cumple diez años la primera edición de este primer poemario de Manón Kübler.  Los textos en prosa que lo componen producen una ilusión narrativa, transcurren atravesados por el tiempo como pequeños relatos. Sin embargo, son poesía de la más pura, el despliegue de un verbo precipitado y abierto que se ramifica y  crece en imágenes sublimes y audaces. El lector de Olympia es invitado a viajar por un mar de palabras sin jerarquías, sin  coordenadas, sin mayúsculas, lo cual hace de la lectura un acto vertiginoso y desconcertante. La palabra desata aquí un exquisito desorden sin dejar de guardar un ritmo secreto que logra traer y distraer periódica y oníricamente la conciencia del que lee.

          En un ambiente que combina lo cotidiano con lo inentendible, la voz de Olympia es atormentada por un multiforme rigor: “el rigor entrando a las ventanas o a la edad”, “el vaciado rigor de lo trivial”, “el rigor que no tendré más”, “las rigurosas formas del hastío”. Pero se opone a la imagen de este fantasma una sintaxis experimental y desvergonzada. Contra un misterioso rigor que invade, acecha, y amenaza con destruir, la defensa perfecta, lo que termina por impedir la parálisis, se vuelve la libertad de la palabra. Aunque dentro de esta libertad quede siempre una zona oscura en la que no coincide “lo que quiero decir” con “lo que quiere decir”, en la que existe el conflicto entre decir o callar, en la que es una angustia no saber o no poder decir todo lo que se quiere.

“tengo rencor por la prudente exactitud este maldito deber por decir algo atinado me maltrata. quieren amedrentarme con el orden me exigen un discurso con sentido y yo queriendo relatar el asqueroso y mágico bochorno que no conoce orden ni motivo”.

          Olympia es a la vez una ciudad y un personaje femenino. El lugar del exilio y la persona exilada, una particular atmósfera y el retrato de un ser verbal. Asimismo es un discurrir en el que lo femenino es a un tiempo el punto de partida y el punto de llegada, el objeto y el sujeto de un amor pasado y perdido. El lector es invitado a perderse en la búsqueda rememorativa de esa dama que ya no está; y en gran medida Olympia puede ser considerado la expresión del drama que implica “la condición de amar lo equivocado”.



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