Gina Mariotto. Pintar el ansia

Por José Antonio Parra y Tatiana Rojas

 


José Antonio Parra:
¿Cuándo supiste qué era lo que querías trabajar?

Gina Marotto: Pinto desde pequeña pero entonces no me canalizaba. Fue en Europa que empecé a tener una formación. Entré en la casa cultural de Graz que queda a una hora de Austria. Para entrar era requisito tener una serie de cuadros, más que todo para las bienales de Praga y Venecia. Nunca se sabe en qué punto exactamente se dice “esta es mi forma y así voy a trabajar siempre”. Yo analizo y a veces cambio. Este viernes, por ejemplo, viene mi hermano que es diseñador de modas y pintor también,  nunca nos vemos y ahora vamos a tener la oportunidad de trabajar nuevas técnicas, tengo muchas ganas de cambiar, aunque hay una esencia que siempre se mantiene.

Tatiana Rojas: ¿Perteneces a la Organización Unitas Humanas?

Gina Marotto: Sí, somos 33 artistas de todo el mundo. Cuando tenían que escoger la representación de Venezuela, yo estaba en Europa. La Directora del Instituto Latinoamericano en Viena, que es el que organiza todo esto, me invitó a presentar mi currículum. Estaban escogiendo trabajos abstracto-figurativos. Presenté mi trabajo y me llamaron, “no puede ser que yo quedé”, me dije. Y sí, quedé, y fue una gran experiencia. Pero siempre se tiene la duda: “Soy buena... porque me escogieron, ¿no?”

TR: ¿Cómo te relacionas con el éxito?

GM: Mira, unas de las cosas a las que yo le tengo miedo es al éxito. Trato de ser muy humilde. Me producen mucho miedo las exposiciones. Si es un grupo de artistas me tranquilizo, pero si soy yo sola, me da miedo. Pasé por un momento en el que me fue muy bien, sentí un poco de temor y me aparté.

JAP: Has trabajado con marionetas, ¿hasta qué punto son ellas un reflejo de tu vida misma?

GM: No lo sé. A mí siempre me gustaron las marionetas, desde pequeña, porque yo no hablaba con la gente. Yo tengo una tía que es poeta y trabaja en la Escuela Armando Reverón, ella siempre me decía que hiciera títeres, y como a mí me gustan mucho me puse a trabajar las marionetas. Regresé a Venezuela en el 99 solamente a hacer una exposición sobre lo que estaba pasando en La Guaira y sobre la toma del poder de Chávez. Hice una cantidad de títeres angustiados pero con alegría. Una de las marionetas era Chávez manejado por Fidel Castro, pero estaban alegres.

JAP: ¿No tuviste un problema con la bandera de Venezuela?

GM: No, el problema que tuve fue con la imagen de Simón Bolívar. El tema del trabajo eran las condiciones del país. Todo lo que podía expresar el venezolano. Estaba Chávez representado como un pirata y tenía en el hombro a un loro que era Luis Miquilena. Había una secuencia de cualquier cantidad, y entre ellos estaba también Simón Bolívar.  Una galería se interesó por este Simón Bolívar y recibí una crítica terrible. Dijeron que ofendía a la patria, que Simón Bolívar no podía ser un títere. Pero bueno, mi línea era de títeres, era mi manera de expresarme en ese momento; y no sólo estaba Simón Bolívar, estaba también hasta Jesucristo.

JAP: ¿Tienes una concepción muy fuerte de lo religioso?

GM: Sí, muchísimo. Me gusta mucho hablar con Dios. Tener a alguien que me proteja. Después de mi divorcio me sentí totalmente desprotegida. Fue así como quedé desprendida de todo. En muchos trabajos míos procuro que salga la cara de Jesucristo pero es algo que me sale del alma. No te puedo decir por qué trabajo así.

TR: ¿Cuándo sientes que el cuadro está terminado?

GM: Cuando me gusta. Cuando no necesito ningún otro color más. Hay tiempos en los que trato de jugar con varios colores y tiempos en los que sólo trabajo blanco, negro y rojo. No necesito más colores. Pero explicarlo es difícil, simplemente me monto, agarro la pinturas y empiezo. No elijo los temas de antemano, porque no puedo trabajar con temas.

JAP: ¿Por qué te mantienes en esa estética abstraccionista, hoy en día, cuando hay otras tendencias irrumpiendo?

GM: Algunos pintores muy reconocidos, por ejemplo Soto, me decían, a propósito de lo que envié para la FIA, que soy parte de un renacimiento del posmodernismo. Me mantengo porque creo que no tengo que tratar de cambiarme, como la moda. Normalmente trabajo el esmalte con el acrílico,  esa mezcla es mi secreto, no digo nada de cómo se hace, es mezclar el aceite con el agua. Con mis últimos trabajos me parece que estoy tratando de dejar atrás las marionetas, tengo la necesidad ya de que mueran. A mí me gustan mucho los colores fuertes.

TR: Te gusta el contraste.

GM: Sí, y ahora viene un trabajo con amarillo muy fuerte. No sé exactamente qué va a pasar ni cómo va a ser, pero sé que viene.

JAP: ¿Cómo percibes la realidad hoy en día?

GM: Cómo percibo la realidad... esta es la realidad: nunca me sentí más sola que en este momento.

JAP: Pero ese es un estado que tal vez se esté dando de manera colectiva en este momento de nuestro país.

GM: Pero esta soledad de ahora es mía, es muy íntima. Esto es lo que me toca en mi vida. En parte puede ser que necesite un compañero, pero estoy más ocupada en mis deseos de ser, de llegar más allá.

TR: Insistes mucho en la figura del círculo, ¿no tendrá eso que ver con la búsqueda de un centro?

GM: Sí... lo viste. ¿Cómo explicarlo? El círculo es mi símbolo, me siento representada por él. Creo que tiene que ser que hay algo en mi pasado, dentro de mí, que me hace sentir el círculo. Es algo que tal vez quiero centrar en mi vida. Porque el triángulo no me gusta, me da la sensación de que solamente tengo tres esquinas adonde ir. Con el círculo en cambio siento que voy comenzando un ciclo, termino y vuelvo otra vez. Puedo llegar. Puedo llegar y seguir.

TR: Tus cuadros te ayudan a resolver cosas de tu vida.

GM: Sí. Ellos me ayudan mucho, me enseñan. En mis cuadros trabajo mucho mi presente, mi pasado, mi infancia, mis recuerdos, me pregunto a través de ellos cuál será el futuro.

JAP: ¿Cómo es tu percepción del yo?

GM: Yo soy yo. Como yo veo las cosas, como las siento, como las transmito. No las pienso.

JAP: ¿Cómo te sientes cuando te critican?

GM: Como te decía, cuando expongo me gustaría no asistir. No me gustan las críticas. No considero que sea posible criticar a un pintor. Hay que pintar para saber de arte. Tengo miedo de que me digan que estoy trabajando de una manera muy infantil, por ejemplo, yo respondo, “bueno esa es mi manera”.

TR: No te gusta que te juzguen.

GM: Trabajé con 33 artistas en un cuadro, y precisamente esa era la idea, no juzgar. Yo no tenía por qué sentir egoísmo ni envidia por el artista que estaba pintando al lado mío porque lo que yo pintaba era lo que yo sentía. No tiene por qué importarme si a ellos los compraban y a mí no, porque hay clientes para todos los gustos. No es que un pintor sea mejor que otro, es cuestión de suerte que llegue a la galería la gente que aprecia uno u otro. Yo tengo suerte de que a la gente le llama mucho la atención el colorido, la manera en la que hago las mezclas.

JAP: Eres una experimentadora de lo azaroso entonces.

GM: No lo sé... todo viene así nada más. Es como cuando les pregunto a mis alumnos, a mis niños, “¿por qué pintaste esto?”, y ellos me responden “porque me salió”. Y así es, un misterio. El arte realmente es lo que tú transmites, lo que tú sientes y lo plasmas. Creo más en la imagen que en la palabra. No se trata de personas que van a estudiar una técnica, eso lo puede hacer todo el mundo. Se puede estudiar arte, pero la parte creativa nadie te la va a enseñar. Hay que tratar de sacar por dentro lo que se siente y ¡zas! te das cuenta de que pintas. Entonces se pasa el miedo de pintar. No trabajo por encargo, no creo en eso.

JAP: Pero hay una investigación de tu propio yo interno, y ese estudio se refleja en tu obra, ¿cómo ha sido ese desarrollo?

GM: No te imaginas lo que yo me cuestiono mientras trabajo. He tenido mucha incertidumbre en mi obra, soy yo sola la que tengo que decidir si soy buena o no. A veces me pongo muy insegura, como a veces siento una seguridad tremenda cuando termino el trabajo y me siento grande... pero no dejo de preguntarme cómo lo van a entender los demás, si es algo tan mío. Quién va a saber cuando compre ese cuadro la semana que yo tuve para pintarlo. Cómo va a saber que este es un momento de la Mariotto en que se le fueron los niños y ella estuvo totalmente desquiciada, y se levantaba y veía el cuadro y pintaba y volvía pintar y hablaba por teléfono mientras pintaba y también estaba súper aburrida...

TR: ¿Cómo te sientes al vender tu trabajo, al saber que alguien lo colgará en su pared?

GM: Trato de no mentirme. Es cierto que a la gente le gusta tener algo positivo en su casa. Pero yo digo la verdad, no puedo hacer otra cosa. La persona que tenga un cuadro mío tendrá una historia, una sensación.

JAP: Tu expresión es pura.

GM: Totalmente. Por eso cuando los críticos me preguntan y quieren saber más de lo que hago, les respondo que no puedo explicar más el porqué. No se puede explicar en cualquier momento, el momento es cuando tú quieres decirlo.

TR: A veces pareces asustada, ¿cuáles son tus temores?

GM: Antes no le tenía miedo a la muerte pero hoy en día sí porque vivo esta soledad y esta responsabilidad que tengo con mis hijos. Estos personajes no pidieron venir al mundo y tengo miedo de faltarles. Si estoy coartada en el arte, es porque tengo la responsabilidad de mis niños, si no tuviera esa responsabilidad no me preguntes dónde estaría. Ahora pinto así pero me pregunto cómosería si no tuviera mis hijos, la vida me puso en esta situación de madre y yo los amo profundamente, pero también quiero otras cosas. Hay otra parte de mí. Vivo lo que estoy viviendo, el presente y me mantengo en una posición, es lo que me toca.

JAP: ¿Cómo percibes el tiempo?

GM: Muy rápido. Muy rápido para lo que yo quiero dar.



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