|
Hugo Daini: Obra monumental Juan Calzadilla
Sus esculturas de Bolívar tienen la dignidad atribuida a las mejores obras que se le consagraron al héroe de Carabobo y poseen los caracteres que conforman por su economía de líneas y definición formal, nunca excesiva, pobre, ni defectuosa en los detalles, el porte de las buenas esculturas heroicas. Dentro de esta retratística se destacan el Bolívar pedestre de Belgrave Square en Londres, el monumento ecuestre del General Páez, por su vigorosa interpretación y dinamismo tensional y las estatuas de Santiago Mariño y Francisco de Miranda. Sus obras monumentales de mayor envergadura artística son sin embargo aquellas que debió realizar con mayor libertad, donde el nexo estilístico con su creación de sentido personal se manifiesta claramente. Pocos trabajos en el difícil género de fachadas producen en la caótica arquitectura de Caracas, una sensación de equilibrio y exacta relación entre las partes y el todo como el mural en travertino romano en el edificio de la Casa de Italia. “Los cuatro relieves de que consta el mural son independientes y pueden leerse separadamente, sin que se menoscabe la unidad de conjunto, dentro de una secuencia que comienza en la parte de arriba con las imágenes de la diosa Roma y de la loba capitulina amamantando a Rómulo y Remo. Luego siguen las efigies de figuras medievales renacentistas”: en la superior están San Francisco, el Giotto y Dante; en la inferior, Leonardo, Galileo y Brunelleschi. Las naves de Américo Vespucci se resumen en un escueto juego de líneas que enlazan las escenas superiores con la banda inferior: un poderoso relieve alusivo a la inmigración italiana en tierras americanas.
Quizás sea el monumento a los fundadores, levantado en Cumaná en 1966, una de las esculturas públicas más relevantes de Daini. Podría decirse que las imágenes del indio y el misionero corresponden no sólo al tipo de instancia volumétrica que se anunció en obras anteriores, sino que también volveremos a encontrar, en las figuras elaboradas más tarde. Las formas humanas pareadas, tan frecuentes en relieves y figuras de bulto anteriores a esta fecha, anuncian la solución aplicada por Daini en el momento de Cumaná. La intención de éste fue mostrar a primera vista, a través de dos masas que se imponen de un golpe por su definida rotundidad, al par que por su precisa síntesis, el universo que cada personaje circunscribe; más que reconciliarse, como podría suponerse, estos dos caracteres, el indio y el misionero, parecieran enfrentar altivamente la fuerza en que cada uno de sus universos los encierra étnica y culturalmente. Daini resuelve la unidad del conjunto apelando a la contraposición de formas positivas y negativas: los volúmenes, de duros y precisos contornos, y el paisaje que, colándose por el espacio intercorporal, hacen que la naturaleza se inserte categóricamente en el ámbito propio de la escultura. Para complementar la idea del Monumento a los Fundadores, Daini fundió en bronce un bajorrelieve. La composición es de gran dinamismo lineal y su efecto pictórico es acusado por la estilización angular de la forma humana. El tema presenta la vida de los naturales como un paraíso, precisamente en el momento en que las naves conquistadoras aparecen en el horizonte.
El dualismo de materia y espíritu, la limitante condición física del hombre y su anhelo de trascendencia y expansión hacia ilimitados ámbitos espirituales originan el concepto de transgresión de la fisicalidad, de liberación de la materia sustraída a su peso y depurada de su materialidad, que Daini expresa en sus obras.
El espacio es parte esencial en la realización plástica de este concepto: Daini lo involucró en las estructuras para que la masa fuese penetrada por él y surgieran formas negativas gravitando en torno a las figuras; desmontó la materia para que el espacio se introdujera en las formas dinámicas; concibió el espacio como forma interior que actuara dentro de la masa vaciada; eliminó partes del volumen para que el espacio las sustituyera y percibió el espacio como meta de la progresión imaginaria de las formas.
El estatismo de las masas lo libera Daini haciendo descansar el equilibrio de la composición en puntos invisibles que a menudo no son sino simples y poéticos contactos, y mediante la alternancia de formas pesadas y livianas que dan idea de movimiento, desafía su gravedad. El eje gravitacional de las formas, trasladado desde su posición lógica, acentúa por su irrealidad la percepción de lo inmaterial. Pero la fuerza expresiva de las esculturas de Daini reside en la misma masa que las conforma, con su sensatez y densidad, con sus ritmos y evoluciones. En las tensiones internas y la textura. Daini juega con la figura humana, prueba integrarla y desintegrarla como forma, sin renunciar a una atenta y profunda lectura humanística de ella.
No parece satisfacerse en comprobaciones útiles sólo al propósito de repetir un logro formal: a medida que trabaja descubre nuevas facetas de la figura humana, somete ésta a nuevas posturas y contracciones expresando las tensiones que evidencian la incompetencia del cuerpo humano para trascender de sí mismo y su tentativa última de alcanzar esta trascendencia El aspecto escultórico que en su volumetría geométrica y tajante, posee la indumentaria de las monjas, es un motivo que el escultor elige para humanizarlo con referentes lúdicos y humorísticos.
En la presentación novedosa del vuelo de los pájaros, el problema que resolvió no era representar los pájaros en vuelo, sino en sugerir la impresión de vuelo y su proyección en el espacio con el menor número de elementos. El dinamismo escultórico surge de considerar el epacio como un valor plástico. Al retar el vacío para destruir la gravedad de la masa alternando formas pesadas y livianas, Daini se plantea un logro fundamental que arrastra tras sí el significado futuro de su trabajo. Daini hizo todos los usos posibles del espacio ya como forma envolvente, ya como forma negativa que preexiste y respira entre las partes perforadas del volumen. Pero también se valió del espacio como forma interior. La luz penetrando la materia, transparentándola, permite que sintamos como real ese espacio a través del cual el vacío cavado en el interior se nos muestra como un valor de la obra. El problema que le planteaba la relación entre la forma y el espacio responde precisamente a una pregunta sobre lo material y lo inmaterial que es inherente a esta relación.
Al eliminar una parte del volumen, éste se hace obvio a través de la forma negativa que lo sustituye. La estructura se torna más ligera y despojada y la obra se llena de una connotación conceptual. En su última etapa Daini traslada esta solución a la figura humana y modela una obra de extraordinario equilibrio que reafirma plenamente su concepción personal. Lo no material y sin embargo corpóreo de las esculturas de Daini, encierra un presentimiento de lo venidero. El presentimiento de libertad y perdurabilidad del hombre.
|