MANIFIESTO POR LA CREACION DE LIBERTADES

Fotografías por Ana Luisa Figueredo


         Los rasgos culturales de la venezolanidad de hoy se están asociando peligrosamente al monólogo, al autoritarismo, al miedo, a la violencia, a la exclusión, al silencio cómplice. Nosotros -creadores, trabajadores, hacedores de cultura- creemos que estos rasgos no son representativos de nuestra vocación por la libertad, por la igualdad, por la justicia, por la tolerancia, por la democracia.

         Como cualquier otro sector de la sociedad venezolana, los trabajadores de la cultura somos parte de nuestra Historia porque nuestras palabras, nuestras imágenes, nuestros sonidos, nuestros sentimientos, nuestras ideas, han contribuido para que nuestra Nación tenga sentido de sí misma y sepa reconocer sus mayores virtudes como proyecto colectivo.


No quisiéramos que el silencio natural de nuestras creaciones se entendiera como indiferencia frente a las horas aciagas que vive la Nación. No quisiéramos tampoco que el silencio en el que nacen nuestras obras se entendiera como indiferencia frente al ahogo institucional que en materia de políticas culturales para nuestro sector ha definido el actual Gobierno.


         Esta es una hora que nos sobrepasa como componente social y que nos obliga a sumar nuestras voluntades al amplio y decisivo consenso que domina a la sociedad venezolana. Es este consenso mayoritariamente democrático el que nos aconseja ejercer como nunca nuestras libertades individuales, nuestra libertad de opinión, nuestra libertad de conciencia, nuestros actos de resistencia civil.

         Los rasgos ajenos a nuestra cultura democrática que quieren imponerse desde un Gobierno que ya no representa el interés de las grandes mayorías venezolanas sólo pueden enfrentarse con más y más cultura democrática. De allí que la desobediencia civil, el paro cívico y la salida electoral inmediata, sean herramientas esenciales para recuperar nuestra vocación como una de las naciones hispanoamericanas de mayor tradición democrática.

         Esta es una hora para sumar voluntades, y no para dividirlas; esta es una hora para ejercer nuestra libertad de conciencia, y no para omitirla; esta es una hora para la inclusión social, que no para la exclusión social. Por eso nosotros -hombres y mujeres de ideas, de percepciones, de imágenes, de sonidos- no podemos callar, no podemos sumarnos al silencio cómplice que hace estragos en esta hora decisiva. Expresarnos, sí, expresarnos a favor de la libertad, de la convivencia, de la tolerancia. Expresarnos fuera y dentro de las instituciones. Expresarnos por encima de coerciones y temores. Expresarnos por encima de los signos de la violencia que nos acecha. No es nuestra la cultura del miedo. Por eso invitamos a los trabajadores culturales a ejercer su libertad de conciencia y sumarse al paro nacional.

         Nuestro futuro es el de la reconciliación, el de la reconstrucción nacional. Y en esa ardua tarea los trabajadores culturales tendrán la misión mayor de borrar de nuestros espíritus toda forma de exclusión social.

 



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