| Isaac Bentatar. Los velos de la Kabbalah Por Artemis Nader y José Antonio Parra.
Isaac Bentatar: Estamos en una realidad tangible y para hablar de algo abstracto, como Dios, nuestra mente no está en la total capacidad de captar qué es eso, y qué significa este concepto. A lo largo de toda la historia del hombre, desde que puebla la tierra con conciencia, empieza a diferenciarse de aquello que es la entidad creadora, Dios. Por ejemplo, nosotros que somos hijos de la cultura judeo-cristiana, arrancamos del mito del Paraíso. ¿En qué consiste este mito? Significa que el hombre actuaba cónsono no solamente con la naturaleza divina sino también con la naturaleza terrenal. El diálogo con Dios era inminente e inmediato, pero cuando el Hombre pierde esa conciencia, el significado simbólico de este hecho es lo que se llama la Caída, el Hombre es expulsado del Paraíso y se establece en un espacio, que es el reconocimiento del Ser Humano en sí mismo y lo que es el saber o el trascender hacia la naturaleza divina. Dentro de ese espacio hay una gama muy extensa, tanto de conceptos filosóficos, religiosos, experiencias místicas, todo eso que realmente más se acerca a lo que es la trascendencia hacia lo divino, porque lo demás puede ser hasta una creación semántica. Un profesor de filosofía decía: “Puedo demostrar filosóficamente que Dios existe, y puedo demostrar filosóficamente, con la misma racionalidad, que Dios no existe” José Antonio Parra: El juego del Uno dentro del discurso. Isaac Bentatar: Se puede manipular de tal manera la palabra dentro de la organización racional y lógica que se puede demostrar tanto una cosa como la otra, aun cuando entendamos lógicamente que son antagónicas. José Antonio Parra: Siguiendo el tema en lo simbólico, cuando tú hablas de la Caída, ¿estarías haciendo una analogía con el hombre en tanto embrión maternal? Isaac Bentatar: A nivel simbólico, la expulsión del Paraíso, significa la renuncia; es más, desde el punto de vista místico hay enseñanzas que expresan que el niño hasta los tres años tiene una conexión total con su estado del alma en vivencias o en experiencia anteriores. Todo lo que él sueña está vinculado con otras vidas. Esto quiere decir que el hombre cuando es expulsado del Paraíso, aun habiendo sido expulsado de lo divino, sigue en conexión con aquello en un estado de experiencia amnésica. En general, las grandes tendencias del Judaísmo se fundamentan en la reencarnación. José Antonio Parra: ¿Emana del Dios único? Isaac Bentatar: Espíritu, alma y mente. Espíritu es la emanación divina que le da vida a todo, a nosotros, a la piedra. El alma es una parte del espíritu mas no el espíritu: una gota del océano es agua pero no es todo el océano. Y la mente es la parte que actúa en este plano. Porque hacemos un común denominador en todas las teorías filosóficas, vamos a encontrar que todos veían lo mismo desde diferentes ángulos y lo expresaban en la metáfora que les era más familiar. José Antonio Parra: Actualmente la tendencia es hacia el escepticismo total, tanto a la muerte como a considerar que todo proceso sentimental tiene que ver más con procesos químico-biológicos, ¿cómo entender, ante la posición del ser humano, que hay una conexión con lo que sería la entidad divina? Isaac Bentatar: Voy a partir de la hipótesis de que sí existe Dios. Esa es mi premisa. Entonces si Dios existe, ¿porqué creó esta obra teatral donde a cada uno le repartió un libreto y cada uno tiene que desarrollarlo en la medida o en la calidad en que quiera hacerlo? ¿Porqué nos entregó ese libreto para desarrollarlo como algo tan enigmático? Este plano se caracteriza por la dualidad, por el antagonismo, por el negro y el blanco, la alegría y la tristeza, el fuerte y el débil, el sabio y el necio. ¿Porqué ese antagonismo? Porque realmente vivimos en ilusión, como aquel beduino que va por el desierto y de repente divisa a lontananza un oasis, que para él es agua. Pero a medida que se va acercando se da cuenta que no es agua. Ese es el juego divino. A medida que el hombre va develando las cortinas que hay en este plano se va dando cuenta de que todo es una ilusión. La ilusión de la multiplicidad. Ese realmente es el sentido por el cual Dios creó este mundo en esa forma tan mágica. Uno tiene la materia prima, y a partir de ella hay que elaborar y hacer el trabajo. Para el desarrollo interno hay que trabajar, por más dones que uno tenga, hay que desarrollarlo. José Antonio Parra: ¿Cuál es el sentido de todo ese trabajo dentro del plano del mundo? Isaac Bentatar: El sentido de todo este trabajo es quitar los velos. José Antonio Parra: ¿Pero veremos algo alguna vez o simplemente habrá cada vez más velos? Isaac Bentatar: Hoy la humanidad está pluralizada, hay más gente que siente que hay más velos, pero también hay otra parte, otro grupo de personas que están encargándose de trabajar y de quitar los velos, cosa que en la antigüedad no ocurría porque había grupos más específicos y diferenciados. Aquellos que querían quitar los velos eran muy reducidos. De hecho tú observarás en todas las escuelas herméticas, espirituales, místicas, etc., a grupos muy reducidos que han ido transmitiendo sus enseñanzas a unos pocos iniciados, y sin embargo, hoy todo ese aprendizaje está al alcance de quien quiera acceder a él. José Antonio Parra: ¿Qué hay detrás de todos esos velos según la experiencia mística? Isaac Bentatar: Lo que pasa es que la experiencia mística es muy subjetiva. Extremadamente subjetiva. Mientras que entre los distintos filósofos encuentras un común denominador, la experiencia mística, la experiencia en sí, es muy propia del que la siente. Ahora bien, todos ellos sienten que aquello que se les presenta con multiplicidad de elementos se va simplificando hacia una unidad. Ese es el corolario que se extrae de la experiencia mística. Artemis Nader: Hacerse uno con Dios. IB: Cuando realmente uno accede a la experiencia mística con todos los sentidos, esta pierde su especificidad y pasa a ser solamente una experiencia. En la Cábala, el proceso místico tiene una fuente de revelación: cuando se entregan los 10 mandamientos, dice la Biblia que todo el mundo “veía las voces”, es un lenguaje muy místico. Quiere decir que llega un momento en la experiencia mística que trasciende la especificidad del sentido, se convierte en algo donde interviene todo y no se puede decir estoy viendo o estoy oyendo sino que entras en un plano donde aquello que llamamos la individualidad se va disolviendo. JAP: Ahora cuando vamos al tema griego, nos encontramos con Prometeo, la caída de Zeus, y después aparece la concepción del Dios único, se caen estos dioses olímpicos. IB: Después de los griegos vienen los romanos, luego el cristianismo. Si te fijas, hay una secuencia histórica dirigida hacia esa unicidad. Los griegos a través de sus mitos quisieron relucir sobre el tapete, todas las culturas realmente tratan de transmitirnos ese concepto, como lo divino se humaniza y como el ser humano se diviniza. La Cábala tiene el Árbol de la Vida con sus diez estadios, el superior, que es la Corona, lo divino, y el inferior que es el Reino, lo humano. Entonces realmente no hay un reino ni un rey, él puede tener la corona pero no tiene reino y aquí también se ve la relación de lo humano con lo divino.
AN: El trabajo del ego. IB: Exacto. Lo griegos lo expresaron a través de la metáfora de los dioses del Olimpo, que después se fue depurando históricamente en el Imperio Romano, y luego, en el Cristianismo, que habla de una Trinidad, el trío que forma la primera célula, que en el Árbol de la Vida es la corona, la sabiduría y el entendimiento. AN: Como en el Tarot, arriba está la corona y abajo está el inconsciente, que es la parte que amarra a la tierra. IB: Porque con esa manera de echar las cartas estás indicando que puedes conocer desde lo Divino hasta lo Humano, conocer todo ese espectro. JAP: ¿Cómo queda la relación hombre/inconsciente colectivo ahí? Porque hay una relación entre el hecho fortuito y el inconsciente. IB: En ese caso, el inconsciente colectivo queda realmente como un espacio en donde todo está mezclado. JAP: El teatro. IB: Exacto. Todo está entramado, realmente no existe la casualidad. El queter, la corona y el majut, el reino, están unidos a través de ocho sefirot, cada uno de esos elementos del macrocosmos y el microcosmos. Ahí está todo el mensaje y ahí es donde se encuentra con el inconsciente colectivo. JAP: ¿Cuál sería el mensaje? IB: Que está todo relacionado. AN: Que nada ocurre por casualidad. IB: Y no solamente eso, también brinda al hombre una facultad y un poder que muchas veces en otras culturas se lo han quitado. Cuando el hombre primitivo le teme al rayo, al trueno, en cierta forma está subyugado a un poder superior; nosotros hoy en día conocemos la esencia de esos fenómenos, hoy en día no nos llama la atención y para nosotros es algo totalmente normal. El hecho de tener conciencia -porque muchas veces uno puede saber las cosas teóricamente pero no tener conciencia de las mismas- de que realmente está todo vinculado y relacionado, la Corona y el Reino; quiere decir que cada acto que yo haga mueve mundos, cada palabra que yo diga crea mundos, cada inhalación mía impregna de mi energía al mundo.¿Qué pasa? No es tangible. JAP: Pero es muy platónica la concepción. IB: Todo es todo. Cuando uno entiende esto, pierde ese apego que lamentablemente en determinados momentos de nuestra vida ejercemos hacia ciertas cosas. Cuando entendemos que nuestros hijos no son nuestros sino que somos simplemente canales para administrar y para orientar vidas, por ejemplo. Y lo mismo con el dinero, ¡imagínate! Cuando entendemos eso estamos a las puertas de la felicidad. AN: Pero cuando uno ve que el mundo tiene por ejemplo 200 millones de niños en una situación de hambruna, ¿cómo es el equilibrio? O es que el hombre se ha alejado de esta búsqueda. IB: Se ha alejado. Por eso te digo que el mundo de hoy es muy pluralista. Así como hay niños que padecen, también hay niños que desde muy pequeños se les adiestra en estas enseñanzas, practican yoga, uno les enseña meditación, muchas cosas que desde niños las están llevando a cabo. Que es una minoría y muchas veces uno se topa con el ciudadano regular de la calle y el ciudadano no le dice nada pero sin embargo ese ciudadano es el iniciado y uno no lo sabe. JAP: ¿Cuál es el sentido de la iniciación? IB: Estar en un camino. JAP: ¿Eso sería quitar los velos? IB: Claro. En la iniciación uno está empezando, por lo menos... JAP: Pero nadie ha podido decir que sean todos los velos. IB: Lo han dicho quienes han tenido experiencias místicas y las han plasmado, pero acuérdate que somos en cierta forma hijos de la experiencia tanto positiva como negativa. Tropezamos con la misma piedra aunque sepamos que nuestro amigo, nuestro compañero también tropezó con ella. Queremos vivir y experimentar en nosotros mismos. Este es en cierta forma el sentido de la iniciación, que de individuos pasemos a ser todo. Parte de todo y todo es uno.
JAP: Ese sería otro mensaje. IB: Aquí como tú verás al hablar de Dios, hablamos de todo. JAP: Es muy especulativo el campo. Es una de las cosas que aterran y que dan vértigo cuando uno habla de Dios. IB: Pero si lo encuentras... AN: Yo creo que también tiene que ver con la conciencia de la muerte y con el misterio. JAP: La creación misma. AN: La creación y la muerte. IB: La muerte no es más que la vida. La vida, lo que nosotros conocemos como vida es la muerte, y lo que conocemos como muerte es la vida, porque es cuando uno trasciende hacia otros planos. JAP: Pero esa trascendencia tú la ves desde el punto de vista de la energía. ¿Es consciente cuando asciendes? IB: Depende del trabajo que tú hayas hecho en el plano. Acuérdate que una de las grandes leyes de la espiritualidad dice: “así como es arriba es abajo”. Uno entiende todo pero a medida que pasa la vida va decodificando, va entendiendo. Para los niños nacer fue una muerte porque el alma estaba en un estado y pasó al estado de encarnación, y así pasa cuando nosotros sufrimos lo que llamamos la muerte, entramos en un estado de total inconsciencia. Si el alma en este plano se preparó, entonces cuando pasa el umbral, cuando cruza el túnel y llega al otro espacio, está totalmente ausente. Lo que nosotros llamamos los ángeles, el ángel de la muerte no es más que una entidad celestial que ayuda al hombre a desencarnarse. Es como si el alma y el cuerpo tuvieran unos nudos...
AN: En la religión budista cuando ellos explican la muerte hay un nudo y al final el nudo se desamarra. IB: La Cábala habla de siete nudos y por eso se guardan siete días muy estrictos por el alma. En la medida en que la persona en este plano se preparó, su grado de conciencia en el otro plano va a ser mayor o menor. Por eso se dice que a las personas que se suicidan o que tienen muertes abruptas les cuesta más ir ascendiendo en los diferentes planos. Se habla de las almas que quedan en el limbo, las almas que quedan como flotando y buscando entidades donde encarnar y manifestarse, tenemos las experiencias del espiritismo, etc. JAP: Pero el movimiento es vertical. No es como en las religiones orientales donde el movimiento es horizontal. IB: Sí. Básicamente, la dimensión para que nosotros nos imaginemos cómo es el proceso se expresa de arriba abajo, de abajo arriba. Pero al fin y al cabo, si te pones a jugar es todo lo mismo. Unos utilizan una metáfora y otros utilizan otra. Cuando uno cree interpretar las secuencias de mitos de los griegos como un politeísmo, está equivocado. Simplemente es la expresión de una cultura que quiso transmitir un encuentro entre lo humano y lo divino. JAP: Que principalmente funciona dentro del teatro mundi. AN: Funciona dentro de nosotros. IB: Pero hay un ente organizador que es la mente. JAP: ¿Ese Uno del que hablábamos, que está más allá de todos los velos, es conciente o inconsciente? IB: Es la conciencia total. JAP: Yo lo veía como la inconsciencia total. IB: La inconsciencia es un estado donde nosotros expresamos nuestro no-conocimiento de algo. JAP: Pero la naturaleza no es consciente de sí misma y aún así funciona. IB: O a lo mejor tiene una conciencia tal que se impuso ese funcionamiento y por eso funciona bajo esas leyes. AN: Eso es lo que dirían los estoicos. Que todo lo que pasa en la naturaleza tiene una razón. Hay una conciencia. JAP: ¿Pero entonces el asunto con Dios siempre se va a remitir a un asunto filosófico? IB: No, si lo remitimos nosotros. Claro, la filosofía nos ayuda a encaminarnos, o a entendernos o a iniciarnos, pero ya de ahí en más es la experiencia. |