| Mariana
Monteagudo: hasta el límite de lo posible
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Por José Antonio Parra |
Para Mariana Monteagudo la expresión de la figura se desarrolla en una
corriente que fluye desde lo más atávico hasta llegar al límite de la
experiencia postmoderna. En tanto ceramista, Mariana sigue una tradición
familiar que la ha llevado a entender este arte de una manera intuitiva
y muy profunda, vertiendo en sus creaciones reflejos de ella misma que
a fin de cuentas definen a la artista y su tiempo, así como los rostros
del mundo que vivimos. Poseedora de una condición meteórica, Monteagudo
ha abierto un espacio propio en las artes ganando, mediante su trabajo,
el reconocimiento de la crítica.
No obstante, tal y como nos dice la propia artista, su interacción con
el medio y la crítica se define de un modo muy ambivalente:
Me resbala, o sea, me resbala,
lo disfruto desde el punto de vista de la vanidad, porque todos tenemos
vanidad y cuando le dicen a uno que le gusta el trabajo es rico pero también
una de las cosas que me molesta mucho del medio del arte es la condescendencia,
que de repente a alguien no le gusta el trabajo de uno y no te lo dice,
sino que te dice que le gusta.1
Su búsqueda estética se dispara
en una espiral que quizá es anhelo del rostro primigenio, de todos las
miradas que hay dentro de ella misma. Una extraña mezcla donde lo mágico
religioso se fusiona con la experiencia cyberpunk. De este modo sus obras
son reveladoras de una realidad que se desplaza de un orden a otro, aquel
donde impera lo tecnológico y la cultura kitsch se hace cada vez más imperante,
aquella donde el simulacro se agudiza hasta el límite de lo posible y
el mismo mito se sumerge en esta suerte de nueva condensación astral.
Mi evolución ha sido muy
poco teórica y muy empírica, muy de imagen; siempre absorción de imágenes
más que de conceptos o de códigos verbales. A éstas yo las trabajo por
intuición y procuro no enterarme mucho de qué significado puede tener
cierta forma del arte precolombino venezolano, qué significado puede tener
para la etnia para la cual estaba hecha porque me parece que para mí pierde
el significado que yo le quiera dar. Es como que yo quiero darle mi propio
significado a las cosas que veo
es una inquietud mía por volver
a los orígenes, pero al mismo tiempo esa inquietud por los orígenes se
ve contrastada o mezclada por la cosa actual y los medios masivos.2
Sus figurillas, de igual
manera, son elaborada de tal modo que asumen una consistencia sensual
muy particular, aspecto por el cual Monteagudo siempre ha sentido preocupación,
conjugando así en una misma pieza, rituales de nacimiento y muerte que
van impregnados de lo sublime y de lo sutil, de un acabado minucioso donde
el deseo por reflejar lo real se evidencia en la unidad que la obra establece
con el espectador.
Una de las cosas que me
parece que tiene que ver con los orígenes perdidos es la sensualidad,
perdida en el sentido que hoy es todo tan racional, todo es tan conceptual,
todo es tan político, todo lo que tú hagas tienes una connotación política,
todo tiene que tener una posición ideal, una posición racional y eso me
parece que le ha hecho mucho daño al arte. Veo que la mitad de las cosas
de un museo no me dicen nada, estoy hablando del arte contemporáneo, eso
es importante recalcarlo, que yo me estoy ubicando en el contexto de los
artistas jóvenes y los artistas contemporáneos, esa es mi posición.3
Mariana Monteagudo se busca a sí misma y al otro en este juego de espejos
continuos que supone su obra, una obra que prevalece por su atemporalidad
capaz de ubicarla en lo más originario y lo más actual simultáneamente.
Después de todo queda el espacio abierto para conjeturar acerca de la
artista misma.
¿Quién soy yo? me preguntas quién soy yo
Soy un cargamento de cosas
que se transforman en otra, un contenedor de cosas que se transforman
en otras.4

Notas:
1 Extracto de una entrevista realizada a Mariana
Monteagudo por José Antonio Parra en julio del 2001.
2 Ibid.
3 Ibid.
4 Ibid.
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