Blanca Haddad: potencia visionaria

 

 
    Por José Antonio Parra

 

Para Blanca Haddad las representaciones del mundo son una exposición de lo salvaje y lo sagrado que se conjugan en una época donde todo está permitido y cuya constante es el cambio. En tanto artista, en ella se combinan la obra misma y el artista personaje, alguien que desde que inició su experiencia plástica ha dado mucho que hablar en esta combinación de lo espectacular y lo pictórico.

Sabes qué te puedo decir: el lenguaje es violencia, hasta el lenguaje que trata de ser más refinado, sutil, puede ser  violento y puede ser tan diferente a la realidad; ese lenguaje y esa poesía  tan ajena que es violenta porque es diferente y su propia presencia es violenta. Un intelectual que se siente distanciado del mundo y espectador del mundo puede ser lo más violento, lo más voyeurista y lo más asqueroso que hay sobre la tierra.1

Con un discurso poderosamente insurgente nos trae una pintura que nace de lo salvaje, que de por sí es salvaje y que incita a tal efecto. Por ejemplo, su serie de reinas son una suerte de personajes con quienes la artista establece una empatía casi sobrenatural en donde se pone de manifiesto lo especular de la obra con la artista. El trazo se vuelve vertiginoso y la obra se da dentro de un expresionismo delirante. Haddad nos trae los pedazos de un mundo representados por sus propios personajes con la fuerza y crudeza del mundo de hoy.

Difícil nombrar lo salvaje porque lo salvaje no tiene lenguaje, no se expresa de ninguna manera, no se transforma, no transmuta en el lenguaje, lo salvaje se queda en lo físico, en la tierra, en la ceniza y las cenizas en los huesos y los huesos en las cenizas.2

 

Su visión, muy fragmentaria por demás, se expande en tres direcciones que apuntan al pasado, presente y futuro. De este modo Blanca se conecta con una suerte de entramado donde está presente lo atávico así como todo lo relacionado con un mundo por venir escalofriante y del que ella misma especula en su condición de vidente.

Cuando pongo el pasado, el presente y el futuro juntos veo una explosión, luego veo una oscuridad tenebrosa y fría, siento frío y veo una luz incandescente, una luz blanca que desaparece. Esa es mi percepción del tiempo, el Big-bang y luego la fuerza de una gran explosión, veo un tiempo  suspendido y luego veo una implosión, algo que se absorbe, que se dirige hacia adentro… Bueno, creo que no tiene explicación por qué estamos aquí, yo creo que el arte bello es por eso, por esa espontaneidad, por esa falta de explicaciones que también tiene, una falta de sentido que también relaja, que también le da al ser humano una conciencia total.3

De igual manera, su arte es expresión de la hiper-aceleración del tiempo y de las circunstancias que vivimos. Blanca Haddad es tanto actuante como espectadora del acontecer. Los propios significados de su obra se remiten a ello, a fuertes y poderosas conjeturas del artista y del Tiempo, una condición huidiza inherente al ser humano.

Es que el tiempo no está para que tú lo entiendas, uno no lo puede entender porque para entender al tiempo  tendrías que tener una memoria de tus primeras vidas, de tus antepasados. Tú tienes buena memoria pero ahorita estás demasiado ocupado porque los tiempos modernos son demasiado rápidos y no tienes tiempo para darte cuenta de lo que significa el tiempo… Pero el tiempo es tan amplio que no lo puedes  ni nombrar porque pasarías toda la vida nombrándolo. Yo creo que la mejor manera de percibir el tiempo es en silencio, los momentos de silencio, cuando realmente sientes que el tiempo presente se detiene y se detiene la presión o la velocidad. Cuando se acaba la bulla del presente yo pienso percibir el pasado y el futuro.4

Notas:

1 Blanca Haddad en una entrevista realizada por José Antonio Parra
Ibid.
Ibid.
4 Ibid.


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