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La Felicidad es una pistola caliente1
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Marianela Maldonado2
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I
Acostada en la cama, miro tus fotografías pegadas a la pared azul. El
cabello largo te roza los hombros, el brillo de los anteojos redondos
cubre toda la habitación, se puede ver una de tus manos con tus dedos
largos y las uñas recortadas. Entonces pido un deseo con fuerza. El mismo
deseo que pedí cuando en la escuela me preguntaron que a qué lugar de
la historia me gustaría ir por una noche, si existiera la máquina del
tiempo. Estoy segura de que alguno de tantos científicos la inventará
y entonces podré viajar a 1957, cuando tenías 17 años, y pasar una noche
divertida contigo.
Abro los ojos y miro mi ventana y las luciérnagas pasearse por ella,
me parece que en tu casa las ventanas eran diferentes, se abrían hacia
fuera y tenían dos puertas de cristal, lo sé porque guardo una fotografía
de tu infancia.
Estabas allí parado con unos pantalones cortos y ojillos finos, ojos
de tinquirre, junto a tu tía Mimi.
Puedo oler las fotografías
que encerraba esa casa, oír los grillos y las abejas que esconden la grama.
Tengo otra fotografía de cuando tenías 15 años y usabas una chaqueta negra
de cuero y unas botas altas hasta la rodilla.
Sigo mirando por la ventana y alcazo a ver los edificios inmensos pintados
de amarillo, a ti te encantaba el color amarillo... ¿Recuerdas a Lucy?...
pues debo hacer una confesión: Lucy soy yo, por eso mi cuarto está lleno
siempre de margaritas.
Coloco un disco tuyo y mi habitación se llena de humo, de niebla, de
almendra, aislada de los horrores del universo, inmersa en el agujero-interplanetario,
rodeada de flores azúcar-incandescente. Las sábanas me cubren hasta el
cuello, siento algo en mi estómago que me molesta, los ojos se me humedecen
y puedo dormir un momento.
II
Hoy apareció en los periódicos, un nombre muy extraño, parece que es
ruso o sueco, pero lo importante es que ha estado trabajando arduamente
para el perfeccionamiento de su invento, sí, el soñado invento: La máquina
del tiempo existe, ¡Si H. Wells estuviera aquí! El científico ha anunciado
que todos los seres humanos del planeta tendrán una oportunidad para viajar
en ella. Me cepillo los dientes y no puedo sostener la pasta sobre las
cerdillas, estoy temblando. ¡Esto no puede ser! Mi año ya está marcado:
1957, en la calle exacta donde tú vivías. Ahora camino hasta el gavetero
donde guardo la ropa, tengo que escoger con detenimiento lo que usaré,
las pulseras que llevaré y mi chal gitano, quiero que cuando me veas,
me reconozcas. Me pondré flores en el cabello... tengo que llevarte algo,
pero ¿qué? Todavía siento eso extraño en mi estómago, es como cuando uno
está durmiendo y siente que cae de una escalera.
El científico ha dicho que
la máquina será implantada en cada baño privado. Esto es realmente increíble.
Estoy segura de que en mi baño ocurrirá esta noche. Estoy segura porque
mi tío trabaja en el Gobierno, mi tío me complace en todo, el luchó en
las revueltas de los años sesenta, ahora asiste personalmente al Presidente,
lo acompaña al baño y a tomarse las pastillas antidepresivas.
Viajaré esta noche, podré verte, aquí sentada en el piso del baño, coloco
todas tus fotografías desordenadamente, me quito la ropa... me pongo las
medias amarillas, la blusa, la mini-falda, el chal, los zarcillos, me
miro en el espejo, humedezco mis labios, pongo un dedo debajo de mi nariz
para verla más definida, más interesante.
Pienso en tu morral donde llevas 17 años, puntos titilantes. La guitarra,
la escuela de música, Stuart, mis labios rojos y el chal amarillo. Te
veré correr sin huídas históricas, ni soledades arrinconadas.
Reafirmada la información del científico, en lugar de las manillas que
hacen que el agua salga, hay dos palancas, una para indicar el lugar,
otra la fecha. 1957. Lugar: Liverpool, calle número 243, frente a la única
casa de dos plantas que hay por allí (son como demasiadas indicaciones,
¿no?, pero quiero exactitud, en estos casos se requiere exactitud). Comienzo
a dar vueltas, una todo lo ve amarillo, punteado, carnoso (Ahora entiendo
lo del submarino).
III
Aquí estoy y no lo puedo creer, la casa fotografiada sobre mis pupilas.
Está haciendo frío, menos mal que me previne y traje el chal. Veo que
se me asoma un bulto negro, ¡es él, es él, es él!. Con el cabello castaño
y hasta las orejas. El rojo me vuelve a subir por los tobillos, rodillas,
caderas, me siento sofocada, febril, en verdad la felicidad es una pistola
caliente.
Ahora estoy a cuatro pasos de ti, me miras con una risita, me preguntas:
- ¿Tienes frío? - ¡Dios mío! Ha hablado, y su voz llena mis ojos, el
nácar que es mi cuerpo, mi vientre pálido.
- Sí, un poco - ¿Cómo voy a tener frío si te acercas a mí y me ofreces
tu chaqueta?
Entramos despacio a tu casa. Hay unos muebles de espaldar redondo, con
cojines suaves y limpios, velas-pequeñas-fuego-doméstico, la radio con
el volumen muy bajo. Él busca café y me ofrece y luego sin esperar nada
toma su guitarra y aúlla. No conozco esa canción, pero no tiene importancia,
me gusta.
Por la puerta que has dejado entreabierta puedo ver el afiche de Elvis,
te ruego que pasemos a la otra habitación donde hay biblioteca. Tú te
sientas en la alfombra y sacas un tomo marrón claro y un poco sucio y
roto.
Abres una página y lees
Anabel Lee.
-Haré una canción de este poema-. Lo sé. Te respondo. Harás muchas canciones.
Te has puesto a hablar de Elvis y enciendes un cigarrillo. Cada vez que
mueves los labios es como si te crecieran flores en ellos. Ahora miras
con detenimiento la ventana, hablas de la luna, yo te digo que dentro
de poco, los astronautas la pisarán y la llenaran de banderas coloridas.
La luna no se puede colonizar-. Te ríes y me preguntas si soy adivina.
Soy gitana, leo el tarot- hablo de las cartas astrales, la muerte,
somos cartas puestas boca-abajo (algo que leí en alguna parte).
-Te casarás con un japonesa- Echa una carcajada.
-¿De dónde sacaré el dinero para viajar al Japón?-.
- No se puede leer todo en las manos-.
-Necesitas los pies- Aquí donde ahora estamos hay una fotografía de Charles
Chaplin, con el sombrero redondo y los bigoticos gatunos. Tú lo tocas
con la punta de los dedos y dices:
-A él se le recordará siempre.
Hablas de México y de las islas del Caribe (una pequeña curva en el mapa
y estaré agradecida), das una bocanada y un cálido roce a mi mano.
-Metal-túnel-espacio.
-Me gusta Trotsky- me quito el chal y te lo doy, te ruego que lo guardes
como recuerdo.
Estás contento y buscas algo que darme. Te pones de pie y subes a tu
cuarto. Ahora en el libro de Edgar Allan Poe. Letra pausada, armoniosa,
escribo con mi mejor letra: los gitanos hablan a la luna, bandera mayor
¡cuidado 8 de diciembre 1980. Nueva York!
Confiando que ese libro lo
abrirás un montón de veces, me quedo tranquila. Traes una pequeña moneda,
la encierro en mi puño. Voy caminando hacia la puerta de salida. Te doy
un beso, largo, fresco, musgoso, levantas mi falda, veo tus ojos venosos
los muslos escudriñar entre los árboles. Te amo. Hablas de mañana y de
un concierto y tus amigos Paul y George. Se me humedecen los ojos.
Tu rostro se mezcla con el amarillo y éste con el azul de las baldosas
de mi baño, veo el jabón rosado y resbaladizo y los frascos de champú
de manzanilla. Camino hacia mi cuarto y enciendo unas velas, me recuesto
en la cama soñando en que mañana cuando despierte y encienda la radio
oiga tu voz anunciando tu nuevo disco para el 90, hablarás de un chal
de guitarra y del poema de Anabel Lee.
Entonces cierro los ojos y siento un vapor por todo el cuerpo. La felicidad
es como una pistola caliente.
Ilustraciones:
Lucía Antillano3
Notas:
1 Extraído del relato homónimo publicado por
la Editorial La Letra Voladora, con el apoyo del CONAC. Colección La
bicicleta. 1991. Maracaibo.
2 Marianela Maldonado nació en Valencia
en 1972, tiene 19 años de edad. Estudia Comunicación Social en la Universidad
Andrés Bello, ha participado en talleres literarios conducidos por Laura
Antillano, Antonieta Madrid y Eduardo Liendo. Ganó el Premio de Cuento
Irma de Sola, otorgado por la revista La Mala Vida en el año de 1988,
por su relato: Cenizas del recuerdo (que será publicado en esta
misma colección). Actualmente tiene una novela en preparación sobre la
vida del pintor Nicolás Ferdinandov, titulada Azul de Nicolás.
3 Lucía Antillano nació en Caracas y tiene muchos
años de residencia en Maracaibo en donde es profesora de la Facultad de
Ciencias de la Universidad del Zulia. Tiene una Maestría en Ciencia y
Tecnología Contemporánea cursada en la Universidad del Zulia y es Ph.D
en Tecnología Educativa por la Universidad de Surrey, Inglaterra. Trabaja
en el Departamento de Ciencias Humanas y coordina en programa de Enseñanza
Viva de la Facultad de Ciencias de L.U.Z. Lucía realiza talleres de fabricación
de papel y máscaras, a su cargo está el programa de reciclaje de papel
de su misma Universidad.
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