Jerónimo, o la exploración de lo invisible

 

 
Por José Antonio Parra

Pero si el hombre se sacude el cansancio y vive su destino hasta el final, puede entonces ser llamado hombre de conocimiento, aunque sea tan sólo por esos momentitos en que logra ahuyentar el último enemigo, el enemigo invencible. Esos momentos de claridad, poder y conocimiento son suficientes.

Don Juan, en las Enseñanzas de Don Juan

La experiencia estética de Jerónimo ha ido de la mano con un profundo desarrollo interno, en el que aspectos relacionados con la mágico-religiosidad están muy presentes. De este modo, tal  como se da el fenómeno del shamán urbano, Jerónimo ha recorrido sus imbricados puntos secretos y ha develado un lado más allá de las cosas, oculto para el espectador naif. Su principal contribución consiste en esto precisamente y en el tratamiento que el artista ha dado a la expresión plástica.

Desde sus comienzos se evidenciaba un fuerte influjo expresionista muy característico de los estados iniciáticos de pintores jóvenes que realizan sus primeras exploraciones en estas latitudes.

Y es que justamente, en Jerónimo hay que hablar de exploración, dado que su tránsito por la vida ha estado signado por un constante ir y venir que raya en lo metafísico y en la confrontación intensa con un alma colectiva en la cual el artista se funde para hacer visible lo invisible.

Mediante la saturación del color, el pintor pone en evidencia lo salvaje de su espíritu y su búsqueda hacia nuevas formas que, en cierto momento de su viaje, develarán un conocimiento más allá de las cosas, propio de un alma vieja que usa como aposento el cuerpo de un joven artista.

Su enfoque pareciera estar en constante juego con el espectador, de manera que su perspectiva se vuelve  en cierto modo estereoscópica, efecto muy propio de la experiencia psicodélica, dando de esta manera una lectura fiel del tiempo que vivimos y más aún del devenir plástico de una nueva generación.

Nuestro contacto con el artista nos llevó, por otro lado, a descubrir un mundo propio, absolutamente original, donde lo cotidiano se funde en formas novedosas y sumamente curiosas, donde lo extraño regresa de quién sabe dónde para asumir una forma inteligible para el no iniciado.

La fuerza del trazo, su profundo conocimiento de aspectos vitales, donde se entrecruzan aspectos relacionados con la vida, la muerte y el viaje mismo dan a Jerónimo este carácter del shamán urbano en efervescencia, alguien que ha recorrido ese denso y  peligroso océano de lo desconocido para hacer patente una manera única de entender la condición humana y el universo que la rodea, una realidad, de más está decirlo, enigmática.

Y como se ve en su obra, Jerónimo es el artista que a través de una formación autodidacta ha alcanzado un estado avanzado de conciencia, un guía en permanente contacto con el espíritu mutante de lo humano y quien devela los arcanos del mundo inmediato, una realidad tan lejana o cercana , accesible o inaccesible, de acuerdo con el punto de vista desde donde se la observe.


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