| Los
pequeños seres de Salvador Garmendia |
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Guillent-Pérez
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Nadie se ha encontrado tan solo. Estoy fuera de todo paso
humano. Sin embargo, todo acaba allí mismo, en algunas formas confusas
que surgían de la niebla. (Los pequeños seres, pág. 55, Ediciones
Sardio, Caracas 1959).
Este fugaz monólogo de Mateo Martán
nos revela de una vez las grandezas y las deficiencias de la novela de
Garmendia. Por lo pronto, anotemos las excelencias. Una de las características
más notorias del pensamiento latinoamericano, y concretamente del venezolano,
es haber permanecido y permanecer todavía a la zaga del pensamiento europeo.
Garmendia, en cambio, se nos presenta con la particularidad de que se
mueve ya dentro del ámbito de la literatura hoy día vigente en Occidente.
Esto, por sí solo, rescata a Salvador Garmendia, y le da un puesto de
pionero en la lucha de reivindicación cultural de nuestra patria. El hombre
de Occidente se ha quedado solo. Como muy bien lo expresara X. Zubiri:
sin mundo, sin Dios y sin sí mismo, Garmendia hace decir a
Martán: Nadie se ha quedado tan solo. Estoy fuera de todo paso humano.
La realidad humana del hombre es algo ya caduco. La verdadera esencia
del hombre está fuera de todo paso humano. Este estar insertado en la
problemática mundial de las letras es, y conviene insistir en ello, un
gran mérito. Sin embargo, en Garmendia hay el barrunto de
la problemática todavía quizás más interesante. Cuando Garmendia continúa
hablando a través de Martán, y nos dice: Sin embargo, todo acaba
allí mismo, en algunas formas confusas que surgían de la niebla,
este sin embargo no es sino el tránsito hacia una región que se
encuentra más allá de todo paso humano. ¿Cuál es esa región que está más
allá de todo paso humano? ¿Tiene sentido siquiera hablar de una más allá
de todo paso humano? Pues bien, ese más allá es el orbe de los pequeños
seres. Es probable que Garmendia haya avizorado una salida
a la meridiana desesperanza del europeo actual.
¿Qué son los pequeños seres? ¿A qué nuevo orbe de realidad se apunta
cuando se habla de los pequeños seres? La cita anterior de Garmendia,
nos señala que los pequeños seres es lo que está más allá de todo paso
humano. Si uno analiza la temática de la obra literaria de Sartre, Camus,
Beckett, Ionesco, Adamov, encontrará en todos ellos una coordenada común
y unificadora: la convicción de la caducidad de lo humano. El hombre se
ha quedado a solas con su decrépita inteligencia. El destino del hombre
actual parece ser lo que Camus propone en El mito de Sísifo:
subir y bajar una cuesta para nada. La soledad y la nada: esto es el hombre
de hoy día. Pues bien, los pequeños seres, son (quizá) el anuncio de una
dimensión nueva.
Los pequeños seres son el límite que marca una divisoria: allí termina
el hombre humano. Los pequeños seres son formas confusas que surgen
de la niebla. Más allá de la luz diabólica de la razón están las
formas confusas de los pequeños seres, emergiendo de la niebla. Cuando
penetramos en el ámbito de los pequeños seres, el mundo del hombre pierde
toda consistencia, y parece como si se transformara en un flotante vapor.
Estos pequeños seres de la niebla son lo otro que lo humano. Son lo otro
que lo humano en tanto que allí radica nuestra verdadera esencia. Una
soledad sin bordes lo atrapa allí mismo hasta hacerlo perder todo sentido.
Ya no está en su cuarto. Los objetos familiares han enmudecido. Las pequeñas
voces de la cama, del ropero, del muro acaban de perder sus facultades
simples. (Obra citada, pág. 89).
El es de los pequeños seres está más allá de toda consideración
humana. Todo lo que el hombre pudo decir o proponer no hallará jamás ni
siquiera el umbral de los pequeños seres. Será preciso que nos desolidaricemos
de todo comercio con lo humano para que entonces, puede ser, tengamos
acceso a esa región de niebla, donde la palabra se ha enmudecido ya para
siempre.
Pero Garmendia está desorientado. Su obra es un gran atisbo, el presentimiento
de algo muy grande... que se le escapa. Mateo Martán tiene la misma lucidez
que Sartre en La Náusea y que Camus en Calígula.
Esa lucidez destructora, sin embargo, se la hace sentir en su pleno vigor
(en Garmendia) bajo el poder de influencias extrañas, el alcohol y el
psicoanálisis: Esto significa desvirtuar esa satánica lucidez. Mateo Martán
sufre de algo más que de un déficit interior. Quizá Garmendia
no se ha desembarazado todavía de las influencias del surrealismo. Creo
que es Sartre quien lo ha dicho: la conciencia es una llaga.
Buscar soportes a la conciencia es caer en lo gratuito.
Garmendia busca, quizá, superar la cuestión de la lucidez diabólica a
partir de la niebla de los pequeños seres. Pero no se puede superar a
la lucidez, sin antes haber estado bajo los totales efectos de esa diabólica
lucidez. Y si no se ha sido y se sigue siendo completamente lúcido, cualquier
tránsito hacia los pequeños seres será no más que un tanteo a ciegas.
Garmendia habrá de abandonar todo posible recurso y todo apoyo. A solas
con su soledad habrá de buscar su liberación en el someterse al exclusivo
imperio de los pequeños seres.
Julio, 1960.
Fotografías: Del Catálogo Salvador
Garmendia en la Biblioteca Nacional. Instituto Autónomo Biblioteca
Nacional y de Servicios de Bibliotecas, 1989.
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