Entrevista a Judit Gerendas
por José Antonio Parra

 

Judit Gerendas combina en su narrativa una agudeza, potencia e ironía que van de la mano con la limpieza y sutileza de su estilo. A propósito de su libro de cuentos Volando libremente, nos acercamos a este personaje cuyo profundo manejo de la teoría literaria le dan un tono muy particular a su narración.

JAP: Tengo entendido que en este libro hay cuentos de diversos momentos. ¿A qué periodo pertenece cada grupo y cómo se dio el proceso?

JG: No sabría decir cuánto tiempo, pero fueron varios años, muchos años. Fue un proceso de reescritura continua,  yo terminaba los cuentos y hacía otra lectura de ellos y me parecía que tenía que reescribirlos otra vez. Yo asocio este proceso un poco con la idea de Flaubert cuando decía que la escritura era como pulir un diamante: hasta que no quedaba absolutamente perfecto con una cristalización brillante él no estaba conforme. A mí me pasó eso con los cuentos. Ahora estoy escribiendo una novela larga, muchísimo más larga que los cuentos y la he escrito más rápidamente, pero creo que esa etapa es importante porque fue un encuentro con el proceso de la escritura, un hecho verbal muy exigente en el que yo me empleé a fondo hasta que los cuentos adquirieron ese último estado en el que se encuentran ahora; bueno, pasaron por otras formas distintas: distintas como el agua…

JAP: En el primer cuento: Volando libremente, uno se encuentra que el narrador, en este caso tú, dialoga mucho consigo mismo, y ese diálogo constante consigo mismo invita al lector a entrar como en una experiencia lúdica: ¿hacia dónde te diriges con este juego tan intelectual?

JG: Por una parte sí tienes razón en un juego intelectual, en un juego que ha sido calificado de postmoderno, que ha sido calificado del intento de lograr lo imposible que es la escritura; el hecho de escribir es una apelación al escritor y uno nunca está satisfecho de lo que logra, un poco eso, es dialogar con el proceso de la escritura y abordarlo y asediarlo. Alguien me dijo también que la mirada de la narradora era como el vuelo del buitre, ese buitre carroñero que va buscando y buscando y revoloteando.

JAP:¿Qué termina siendo el buitre en tanto elemento emblemático? Porque queda como un abanico de posibilidades…

JG: No. Yo creo que no representa nada, es decir, es una imagen que me permite a mí, a partir de lo sensual de esas plumas negras, a partir de un ave que no es un tópico porque, como se dice todo el tiempo con ironía no es un canario, no es un jilguero, no es el pájaro que normalmente se ficcionaliza, sino que es buitre. Bueno, es un pretexto o una imagen simplemente. Yo pienso que los cuentos por una parte no responden a nada ni a ninguna pregunta, sino que formulan un montón de interrogantes que quedan ahí como planteamiento, como objetos que provocan, provocan al lector, que me provocaron a mí como escritora pero no hay respuesta.

JAP: ¿Incluyendo la propia conjetura del tiempo y del espacio?

JG: Sí, yo pienso que por una parte son los grandes temas universales de siempre: el miedo, la vejez, la muerte, la felicidad, el nacimiento, los hijos; todo eso ya no se puede seguir tratando como se trató, porque ya las formas anteriores se han agotado, entonces había que buscar otra manera, estamos en la época de la metaficción, de la autorreflexión, de la literatura sobre sí misma; entonces yo tensé ese juego de la metaficción y de la autorreflexión y me puse a jugar todo el tiempo con los textos buscándose a sí mismos, pero al mismo tiempo no dejé de lado los grandes temas humanos, esos de la vida, la muerte y todo lo que nos afecta. Volando libremente es una ironía porque carece de libertad porque no tiene conciencia de su libertad, entonces no es libre.

JAP: Sin embargo, una de las cosas que me pareció más bella a nivel estético y con mayor potencia en ese sentido es el famoso knock out, que se da en la toma subjetiva de la muerte, en el momento que el muchacho comienza a morir …

JG: Creo que has hecho una lectura muy pertinente, yo quería contar eso pero si lo contaba como una narración tradicional, pues no tenía fuerza, yo quería contar la violencia urbana caraqueña, entonces no lo podía contar así directamente como Pocaterra, como cualquier realista,  tenía que buscar otros recursos.

JAP: ¿Cómo con un argumento envuelves tan suavemente en ese regodeo tan intelectual?

JG: Sí. Fue muy buscado pero también fue producto del placer de la escritura que es muy grande en mí. Cuando yo trabajo no tengo eso de que sufro con la escritura o de que lucho agónicamente contra el papel,  yo lo disfruto.

JAP: En el caso de este cuento, la pregunta sería: ¿el personaje texto o la entelequia teórica en acción?

JG: Bueno, la teoría está ahí. Hay mucha teoría, pero al mismo tiempo yo pienso: ese fue el intento, por un lado se ficcionaliza la teoría y se la vacila también.

JAP: ¿Es un vacilamiento?

JG: Es un vacilamiento, o sea, yo no respeto la teoría ni ese texto, lo estoy colocando en un registro irónico, en un registro de burla pero sí está ahí presente, claro.

JAP: O sea, ¿eres capaz de construir un personaje que es el argumento mismo?

JG: Sí, a la gente le ha gustado mucho ese cuento, se mueren de la risa, me cuentan que le dan ataques de risa cuando yo trato de estrangular el argumento.

JAP: En Un modesto informe sobre ceremonias infantiles, que quizá es lo más irónico que tienes, la ironía llega a un colmo que linda con lo morboso, tienes una multiplicidad de personajes e historias, y justamente eso de niños que terminan con finales fatales, y el que lo cuentes como si fueran parte de la vida cotidiana, inclusive como si debiéramos reírnos y de verdad uno no sabe si reírse u horrorizarse: no sabe qué hacer. ¿Acaso estás actuando como un intelectual francotirador?

JG: Me gusta que digas eso. Bueno, ese texto hace contrapunto con un clásico muy famoso de ironía que se llama Una modesta proposición. En  todos los textos clásicos sobre ironía aparece ese texto como un paradigma de lo que es la ironía; entonces yo empecé a trabajar con esas noticias de páginas rojas, los hechos y lugares son ciertos, aunque cambié los nombres de las personas. Sin embargo, no puedo escribir sobre eso de una forma convencional porque entonces es lagrimoso, está gastado, no llega a conmover al lector porque eso ya está más que dicho, ya la gente está saturada de ese tipo de noticias y se ha vuelto insensible.

JAP: Pareciera que tienes una obsesión con el tiempo; entonces, ¿qué es el tiempo?

JG: Sí, bueno, el tiempo es aquello que nos devora, entonces tratamos de detenerlo de alguna forma para que no nos siga carcomiendo pero, aunque es una eterna batalla perdida de antemano, siempre la damos y la seguiremos dando. En una modesta proposición Swift dice algo así: hay tantos problemas en Irlanda (eso es en el siglo XVIII), toda esa gente caminando por las carreteras con tantos niños pasando hambre, yo tengo una modesta proposición para resolver eso, resuelvo dos problemas a la vez y entonces él también, con un tono muy neutro así como hecho el loco propone una cosa monstruosa que es engordar a los niños y comérselos: cuando los niños llegan a los 3 años de edad se los pueden comer; entonces por una parte se elimina toda esa gente de la carretera caminando y por la otra se resuelve el problema alimenticio. Ese es un registro irónico…

JAP: A pesar de que en todos los cuentos hay una perspectiva política, la apoteosis creo yo que está en Love Story.

JG: Love Story, sí..

JAP: Y aparte es muy cínico.

JG: Totalmente cierto, pero hay también como una esperanza,  aun cuando  se llega a una condición bestial, la gente que está en un pantano, que sobrevive a duras penas y que la atmósfera ya es plomiza, que la hierba es negra y la gente está gateando y vomitando y enterrando sus muertos y pasan millones de años, entonces llega un momento en que otra vez surge como un universo, las gotas de agua se vuelven a unir y nacen soles  hacia donde puedan girar los girasoles y se termina apostando otra vez por la literatura que es también digamos el tema principal del volumen, el amor por la literatura.

JAP: Claro, hay esperanzas. Pero ya que tú mencionas eso de la literatura como anclaje, como punto de salvación frente al absurdo trepidante del mundo, ¿estaríamos realmente viviendo una ficción posible frente a una realidad imposible o una realidad posible frente a una ficción imposible?

JG: Pienso que el vuelo libre de los textos oscila de un punto a otro, se va de la literatura a la realidad, y creo que esa es la verdadera riqueza del texto, si es que alguna tiene porque no se queda sólo en el juego metaficcional, ni se queda solamente en la propuesta filosófica, sino que creo que logran imbricar las dos cosas. Ahora no creo que ninguna de las dos solas pueda ofrecer una respuesta de contrapunto.

JAP: Tienes cierta tendencia a utilizar la tercera persona del plural, nos involucras a todos en tu rollo, en tu forma de armar al personaje.

JG: Sí.

JAP: Es muy provocador eso de la primera persona del plural.

JG: Sí, yo uso varias personas en los distintos textos, la primera del singular, la segunda, la tercera del singular.

JAP: Esa la utilizas mucho, pero aquí me parece que fue la única vez que te vi la primera…

JG: Sí.

JAP: Una de las cosas que me llama la atención es como tú en un cierto momento haces una superposición de espacio, de planos espacio-temporales, al punto que puede llegar a parecer un juego estereoscópico, ¿un poco por dónde va esa búsqueda?

JG: ¡Ay, qué bueno que tú hayas hecho esa lectura, porque yo sí me propuse a eso!

JAP: Y el tiempo.

JG: Sí, y los distintos espacios posibles y la imagen de la anciana, en Una habitación propia, sobre las almohadas, ese es un espacio igual que el de las fotos, pero ya es el espacio del deterioro de la ruina de ese personaje.

JAP: ¿Consideras que tu escritura denota un caracter femenino, o que la escritura va desligada del género del autor?

JG: Sí. Yo sí creo que hay una voz femenina, hay un intento de construir una voz femenina, y eso primero sale así y después es cuando me doy cuenta que me sale así, entonces trato de construirlo deliberadamente; yo no creo que haya una literatura de la mujer porque eso me parece absurdo, hay una sola literatura, pero sí hay una voz femenina dentro de la poesía, de la narrativa, y sí creo que la mía también la tiene, por lo menos intenté que la tuviera y me siento cómoda dentro de eso. Me gusta tener una voz femenina, no quiero tener una voz neutra, una voz que no se reconozca, me gusta tener la voz femenina pero no soy militante feminista.

JAP:  En Alma Mater, la intertextualidad va más allá aún y llegas a meterte con Tom y Jerry, que  son registros de la cultura pop, y en el caso de Volando libremente, pues te metes con Las lanzas coloradas y con Sartre.

JG: Bueno, Sartre me sale a mí digamos de una forma casi natural, porque yo soy hija de mi tiempo y en mis tiempos fuimos sartreanos; hice mía esa filosofía sobre todo la parte del existencialismo, que es un humanismo, y todavía eso me funciona en muchas cosas, aunque he renegado mucho de casi todas las teorías que he trabajado y siento que todas aportaron algo en su momento, pero que si se convierten en un dogma o en un fundamentalismo, pues ya no tienen razón de ser.  Tienen que ser solamente para provocar, para llevar a cuestionar, o a pensar, o a la duda, pero si creen que tienen la última palabra o la verdad revelada pues ya no sirve, pero como el existencialismo es Sartre, da pie a preguntas y a cuestionamientos; me gusta y me sigue gustando y juego con eso y me sale naturalmente, espontáneamente. En cuanto a cuál era el otro, por libre asociación verbal, pues de Tom Jones pasé casi naturalmente a Tom y Jerry. Era un juego fonético y me permitió darle el carácter lúdico y trágico a la vez a ese cuento.

JAP: Sin embargo, aquí una de las cosas que me llama la atención es que a diferencia de otros cuentos uno encuentra aunque es tan irreverente que ni siquiera pones un knock out, sino que sueltas al personaje a la cotidianidad otra vez, o sea que volvemos a la cotidianidad y así como que cierras con una apertura total.

JG: Sí.

JAP: Hay muchos juegos con la forma arquitectónica de la narración e incluso la manera cómo haces  esas descripciones de Tom y Jerry que son netamente psicodélicas.

JG: Sí, y bueno yo tengo esa imaginación visual que no estaba muy consciente de tenerla, sino cuando me puse a escribir los cuentos y me di cuenta que me atrapaban imágenes, me invadían, yo no las buscaba sino que llegaban.

JAP: Si ya estuviéramos todos muertos y hubiera un reino del más allá y pudieras decir algo en esa posición, desde ese punto de vista, tú, como narradora, ¿qué dirías?

JG: Eso es muy difícil en ese espacio.

JAP: Es sin pensar.

JG: En ese espacio no lo puedo decir yo, tengo una conciencia muy histórica y no me puedo colocar en la eternidad, ni fuera del mundo, ni en el más allá, mi racionalismo incluso no me permite eso. Ana Teresa Torres decía en su artículo que yo tenía una conciencia hiperlúcida de la escritura. Yo pienso que es verdad que también tengo una conciencia hiperlúcida en cuanto a muchas cosas y te aseguro que no es cómodo vivir con esa conciencia, pero la tengo y, bueno, la asumo y me sigue gustando, pero no me puedo colocar en un paraíso terrenal, en un mundo utópico, en un mundo fuera de la historia, eso no cabe para mi conciencia hiperlúcida, no cabe.

 

Imágenes:

1. Judit Gerendas por José Antonio Parra
2. Sin título, 2001. León Grauer
3. Sin título, 2001. León Grauer
4. Volando libremente por Judit Gerendas
5. Sin título, 2000. León Grauer


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