Los caminos de la creación están repletos de los escenarios y personajes más diversos. El recorrido por la vertiente del cine nacional puede parecer corto si lo comparamos con otros países de Latinoamérica, pero aún así nuestro cine es una interesante brújula-espejo dirigida hacia nuestra identidad. En este número nos acercamos a la casa de Carlos Azpúrua, documentalista, realizador de una serie de trabajos bajo el título de Relatos de Tierra Herida y de dos películas de ficción: Disparen a matar y Amaneció de golpe. Afuera llovía y en casa de Carlos varios elementos de la decoración nos llamaron la atención: un fresnel gigante y antiguo para iluminar escenas de películas, un par de interesantes cuadros de Oscar Molinari (foto sobre video-imágenes de mujeres), cestas yanomami y por supuesto una vitrina con sus premios. LUZ MARIA HORMAZÁBAL: Ponlo cerca porque con la lluvia no creo que se escuche bien. CARLOS AZPURUA: ¿Están grabando ya? JOSE ANTONIO PARRA: Sí. CA: Okey. JAP: Lo primero que queremos saber con respecto a tus documentales tiene que ver con la estética: hay un ritmo narrativo, hay una música integrada al relato. ¿Cómo planteas tú la intención estética a la hora de realizar un documental? CA: Para identificarme con un documental, en primera instancia tiene que haber un contenido. Un tema que me motive: me identifico con su complejidad, con sus posibilidades, y me identifico con la necesidad de generar una reflexión sobre ese tema. Una vez que logro esa comunicación, una vez que logro esa identificación, y evalúo y comprendo y me aproximo al tema, lo investigo. La estética no es lo que me apasiona de entrada, ni la primera intención que tengo al hacer un documental es el cómo hacerlo, sino el tema, que me identifique con él, que sienta que desde ahí me puedo expresar. Y el cómo decirlo estaría en función de la necesidad y de la efectividad narrativa y de ser lo más efectivo posible. CA: Yo no sé si es política, porque político es todo. Político es hasta el que no hace política. Lo que sí creo es que hago un cine comprometido, o un cine de indagación social, o un cine que sale a expresar y a comunicar aspectos y temas que no son considerados por los medios institucionales de información. Es un cine donde se les da la palabra a los que no la han tenido y que trata de cumplir una función alternativa por su compromiso sobre la reflexión de temas bien particulares. Lo que encasilla con el corte político podría ser la preocupación por esos temas de denuncia pero yo no creo que sea un cine político orientado a promover tesis políticas concretas o de partidos políticos concretos. JAP: Pero siempre te has identificado al lado de grupos minoritarios: el caso de las tribus indígenas, el caso de la censura, en definitiva siempre ha habido una denuncia frente al poder. CA: Siempre ha habido, sí, de alguna manera, una reflexión crítica sobre el estado de las cosas, y eso sí me anima, es lo que me impulsa a cumplir esa función de comunicación alternativa. Ahora, a mi juicio, eso trasciende gobiernos e ideologías...no sé si la ideología la trasciende, porque por supuesto creo que mi cine sí lo podríamos entender desde una perspectiva ideológica de izquierda progresista, por decirlo así. JAP: Pero al estar situado dentro de la izquierda progresista, como tú la llamas ¿podrías asumir que eres absolutamente objetivo al tratar los temas o hay cierto nivel de subjetividad en esa postura? CA: La objetividad tampoco existe. JAP: No existe. CA: Entonces yo abiertamente sí tomo posición por los temas que trato y reflexiono. Para mí es importante tomar posición y establecer un punto de vista bien concreto sobre las cosas o el tratamiento que hago en mis películas. Para mí es vital asumir una posición en torno a los temas. JAP: Sin embargo en tus últimos trabajos te vas al cine de ficción y no al documental y en este sentido de la objetividad y la subjetividad, el realismo y la ficción, ¿no crees que has perdido un poco de efectividad al lanzarte al cine de ficción? CA: No. Creo que no. ¿Cuál es el parámetro para medir? Podríamos decir que es el público, Disparen a matar y Amaneció de Golpe son películas que están dentro de las más taquilleras del país. Otra manera de evaluarlas es el reconocimiento de la crítica a través de los festivales, en donde ambas películas han logrado buenos e importantes reconocimientos. Además estas películas siguen una línea narrativa en esta misma orientación que te digo. Disparen a matar es ficción, pero en esencia trata ese compromiso de indagación social., de reflexión. Por ejemplo, está el problema del abuso del poder, de la violación de derechos humanos y de la descomposición policial. Es un tema que, inclusive ahora, lo vemos recurrente. LMH: ¿Qué es lo que te hace cambiar, pasar de hacer documentales a empezar a hacer ficción? ¿Porqué decides explorar un género distinto? CA: Primero porque es un gran reto. Además es un género distinto pero sigo haciendo cine. El documental y la ficción son géneros del cine. Y de alguna manera u otra siempre se plantea como un reto no solamente para mí sino para todos los cineastas que vienen del cine documental. Creo que no todo buen documentalista puede hacer ficción y no todo el que hace ficción puede hacer documentales. Para mí, asumir la ficción se convirtió en una necesidad, donde por supuesto tienes cosas tan complejas como la dirección de actores, o puesta en escena donde tu controlas absolutamente todo; en el documental no. CA: Yo creo que el concepto de dramaturgia muchas veces no es entendido en el género documental. La dramaturgia es el arte de narrar, el arte de ir en un proceso gradual y progresivo, in crescendo, ir alimentando de expectativa e interés tu relato. Eso es válido para ficción o para documental. La diferencia está en el montaje, es ahí en donde puedes lograr la efectividad narrativa, yo diría que es donde hay mayor capacidad de crear. LMH: Entonces en tus documentales tu filmabas, filmabas y filmabas y después en el proceso de montaje es donde.... CA: No. En algunos documentales sí y en otros no. Yo creo que cada documental viene de forma distinta. Con el tiempo uno va depurando un método. Por ejemplo, Amazonas el negocio de este mundo es un documental en el que grabé muchísimo material... pero, claro, a medida que iba y me aproximaba a esa realidad, aprendía cada vez más, y casi por razón intuitiva iba rodando desde mi óptica, desde mi reflexión crítica sobre esa realidad, sobre la percepción de la injusticia, de la violación de derechos humanos, de la actividad de las misiones Nuevas Tribus, en fin, ya eso me daba un marco muy claro de qué era lo realmente importante de acuerdo a mi óptica o a mi percepción ideológica. Entonces sí hubo un tiempo muy largo de registro, hasta que dije: Ya. Paro. Esto no puede ser eterno. JAP: ¿Estaría Carlos Azpurua situado en ficción posible frente a realidad imposible o ficción imposible frente a realidad posible? CA: La ficción es siempre una interpretación de la realidad y la realidad supera siempre la ficción. Sobre todo del tipo del cine que yo he realizado. Lo que quizá es importante y donde está realmente la diferencia y la posibilidad de hacerla como posible, es que tanto en el documental como en la ficción yo organizo la información que surge totalmente dispersa. Por ejemplo en Disparen a matar el problema de la violación de derechos humanos y del abuso policial se había disgregado todos los días en los medios de comunicación: madres que perdían a sus hijos a manos de la policía, jueces que se vendían, periodistas que eran amenazados o forzados por las direcciones de redacción a orientar la información. Reunir todo ese material, darle coherencia dentro de una historia dramatúrgicamente efectiva, es quizás la diferencia. Con todos esos elementos de la realidad se construyó la ficción. JAP: Quizá el aspecto que tú procuras lograr mejor en tus producciones es la efectividad más que cualquier otro aspecto. La efectividad en tanto lo que logras movilizar en el público desde el punto de vista de la posición política. LMH: ¿Y por qué decides usar el cine para ayudar? ¿Por qué este formato en particular y no otro como obras de caridad, por ejemplo? ¿Hay una decisión frente a eso? ¿Cómo te encuentras con el cine? CA: Escojo el cine porque es la manera de materializar mis emociones cuando las devuelve, cuando se apaga la luz y tanto actores como situaciones expresan tu visión del mundo, tu compromiso. ¿Por qué hago cine? Esta es una pregunta que hizo un periódico francés a muchos directores de cine, y uno dijo algo que me gustó mucho y que yo también podría decir : Hago cine para que me quieran más. Es increíble que a través de la realización de una película uno logre un contacto afectivo, amoroso, con otros seres humanos. Si hay algo claro que tiene el cine es que todo director expresa a través de su obra su personalidad, sus sentimientos, su manera de sentir y de querer. JAP: ¿Cuántas realidades percibes, Carlos? CA: ¿Yo? ¿Cuántas realidades percibo? Percibo muchas realidades y muchas contradicciones. La verdad está llena de muchas realidades. JAP: ¿Cómo ves esa multiplicidad de realidades? CA: O cómo las siento más que cómo las veo. JAP: ¿Cómo las sientes? CA: Las siento solidarias. Las siento con curiosidad. Es como estar al acecho, al encuentro con una idea, para mí el encuentro con la emoción de hacer un documental o hacer una película es una razón de vida. Uno lo va digiriendo en el paso del tiempo. Uno de los retos más importantes que tiene un creador es mantenerse con vigor, creando en toda su vida, porque en la medida en que el ser humano crea, participa de un proceso de reflexión sensible y siente que su espíritu encuentra razones para vivir. JAP: Si ya todo hubiese terminado, y hubiéramos trascendido la vida, si estuviéramos muertos y tú pudieras hablar desde esa posición, ¿qué les dirías a los que quedan en el mundo? CA: Lo importante del rol que uno cumple en este pequeñito espacio que le toca vivir es entender cómo vivirlo en consonancia y en satisfacción con la existencia. Creo que lo más hermoso que uno podría dejar como legado o como reflexión está en nunca perder las posibilidades de crear y de seguir creyendo en el hombre, en el ser humano. El crecimiento, el envejecimiento, te lleva a cambiar tu espíritu, tu actitud emprendedora y de ahí la diferencia entre el joven irreverente, hidalgo, lleno de emociones, con ganas de comerse el mundo y cuando tú ves a un hombre ya de 60 años para arriba, ves que su actitud es menos emprendedora. Quizás todo lo que hablamos suena muy a lugar común, pero es que en los lugares comunes están las grandes verdades. Ahora, el problema del lugar común es comprenderlo en su verdadera dimensión. Por ejemplo, cuando dices tú no puedes amar si no te amas a ti mismo, eso lo hemos oído infinidad de veces, pero ¿es tan difícil comprenderlo de verdad en lo más profundo de tu ser? Y repito, creo que las grandes verdades del mundo están en los lugares comunes, el problema es que de verdad puedas comprender eso. LMH: Mira, ahora que hablas de la vejez, del proceso, si, como creador, miras hacia atrás, a tu obra, ¿qué dirías de ella? y luego, ¿qué hay de Carlos Azpúrua hacia adelante? JAP: Sabemos que predomina el hecho político, ¿pero has tenido experiencias de otro tipo relacionadas con el cine, por ejemplo, experiencias mágico-religiosas cuando realizabas Yo hablo a Caracas? CA: Sí, pero un acercamiento de respeto y de conocimiento. Por ejemplo, con Yo hablo a Caracas y las comunidades indígenas: había que entender la pluralidad y respetar la diversidad religiosa. Entender que es tan válida la cultura indígena como cualquier otra expresión o necesidad religiosa del ser humano, el valorar, el establecer con equilibrio y con respeto la visión que ésta pueda tener, por desvalorizada que sea una cultura, sus creencias y su visión cosmogónica. Creo que, por supuesto, a través del cine que he hecho, yo he crecido con él y me he ido formando. Acuérdate que yo soy autodidacta y quizás una de las experiencias más hermosas que puedo destacar y rescatar de mi trabajo es todo el proceso de aprendizaje que he tenido con él. De aprendizaje desde todo punto de vista, en lo humano, en lo religioso, en lo social. Yo he crecido con mi trabajo y me he formado junto con él. Mi cine está lleno de dolor. Es una reacción ante la injusticia, ante la destrucción, ante la irracionalidad. JAP: Pero, Carlos, ¿qué pasó en tu vida y por qué tú tienes esa empatía con las situaciones dolorosas? JAP: En el sentido que si hubo algo que te generó esa empatía con el desposeído, con el oprimido. CA: Un problema grandísimo que tiene esta sociedad y sobre todo los sectores de la clase media, es su insensibilidad para entender el drama social que vive el país. La clase media venezolana, y fundamentalmente mi generación, que nace con todo este proceso de democracia, con nuestras características sociológicas de cómo se dio nuestro proceso de desarrollo en estos 40 años de democracia, siempre estuvo totalmente al margen de comprender la dimensión de la pobreza y ser solidario con ella como un encuentro fundamental para la felicidad de todos. Yo creo que la felicidad de este país se encontrará en el momento en que la solidaridad entre los sectores sociales se logre. JAP: Pero sería interesante que a nivel histórico, en tu caso, dejaras un registro del desastre al que nos ha llevado todo el proceso político de los últimos años. CA: A nivel de ficción. JAP: Una última pregunta que no tiene que ver con nada. ¿Cómo te parece el cine de Vincent Price? CA: No lo conozco mucho. [ Home
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