Lo femenino y lo masculino
Cuatro registros arbitrarios en relación a su esencia*

Rómulo Lander

 

Para entender la proposición que el psicoanálisis hace en relación a la organización y al funcionamiento de los sexos, es necesario distinguir tres aspectos fundamentales del sujeto humano: 1) la identidad sexual. 2) El género sexual. 3) La escogencia del objeto sexual. Esta distinción está basada en cuatro teorías psicoanalíticas fundamentales: a) La teoría de la consecuencia de la diferencia anatómica de los sexos. b) La teoría freudiana del complejo de castración. c) La teoría de la lógica del falo y d) la teoría freudiana del complejo de Edipo(i).

Identidad sexual


Pareja en gris, Ivan Petrovszky
La identidad sexual separa los sexos. Los hombres por un lado y las mujeres por el otro. No está dada por la simple presencia del órgano anatómico sexual. La identidad sexual deviene por identificación a un significante producido en el discurso de los padres. La asignación sexual se basa y está sostenida por el deseo inconsciente de los padres cuando estos asignan uno u otro sexo a su hijo o hija. Preferiblemente esta asignación coincidirá con la presencia o ausencia del órgano sexual visible: el pene. La identidad sexual entonces está dada por la identificación a un significante fálico. Al adquirir la identificación se produce un efecto de identidad sexual. El niño se sabe varón o hembra según sea el caso. Esta identidad no es complementaria. Es decir, un hombre es un hombre y una mujer es una mujer aunque no esté presente el sexo contrario. Sin embargo, desde el punto de vista sexual, hacerse hombre o mujer es hacer signo en el coito a la mujer o al hombre que se desea, y es en el campo del otro donde el sujeto va a confirmar su ser sexual (no digo: su identidad sexual). Esta identidad sexual del ser que habla, se encuentra marcada por tres características fundamentales: es aprendida, precoz e irreversible.

Género sexual

Se refiere a la adquisición por el sujeto de un conjunto de valores culturales adscritos arbitrariamente a cada uno de los sexos (gestos, manierismos, ciertas conductas, ropajes, joyas, perfumes, profesiones, etc.). Estos valores adscritos al hombre y a la mujer varían de acuerdo a la época y la cultura en que han sido construidos. Estos mismos valores e ideales de género (femenino o masculino), en su origen histórico fueron inventados por el ser humano. Por esto en psicoanálisis se vuelve a la interrogante original. No tanto a la que pregunta ¿de cuáles son los valores culturales que definen los rasgos de lo femenino y lo masculino?, temática que caería más en el terreno de la sociología, sino a la pregunta ¿de cuál es el origen o la esencia de lo que podría llamarse el carácter masculino o femenino? Esta pregunta de ¿qué es un hombre? o ¿qué es una mujer? o bien su metáfora dentro de la esencia de lo femenino o lo masculino, es la que tantos quebraderos de cabeza ha producido a los psicoanalistas hombres y mujeres en los últimos 80 años y es el propósito fundamental de esta corta presentación.

Escogencia del objeto sexual

Refiere a la escogencia que muy temprano en la vida (período del complejo de Edipo) hace un sujeto con el objeto de su deseo sexual. Esta escogencia de objeto sexual puede ser muy variada. La primera escogencia de objeto sexual en ambos sexos se realiza en el período especular o narcisista del desarrollo y se hace con la figura materna, por lo tanto resulta una escogencia heterosexual para el hombre y homosexual para la mujer. Durante el período del complejo de Edipo se produce un giro en la escogencia del objeto del deseo sexual y una cristalización pulsional con ese nuevo objeto del deseo, que va a mantenerse a lo largo de toda la vida. Esa escogencia, como ya dije, es muy variada y de forma inexacta se puede simplificar en tres tipos elementales: escogencia de objeto heterosexual, homosexual o bisexual. La escogencia del objeto sexual va a estar atravesada por la organización del fantasma sexual de cada sujeto, que representa un tesoro para el futuro pleno del sexo.

Diferencia anatómica de los sexos y el complejo de castración

La diferencia anatómica de los sexos refiere a la teoría según la cual la presencia visible del órgano sexual masculino (pene), permite establecer una diferencia irreductible de los sexos en dos tipos: hombre y mujer. La ausencia del órgano sexual masculino en la mujer va a ser descubierta por el niño/niña en algún momento de su infancia. La manera en que asimile esta experiencia de descubrimiento dictaminará su organización sexual. La teoría del complejo de castración refiere a un conjunto de fenómenos psíquicos inconscientes, relacionados con la teoría sexual infantil de la pérdida del pene. El sujeto, varón y hembra, entra dentro de la dialéctica del complejo de castración después de que ha reconocido y aceptado la diferencia anatómica de los sexos. Es decir, después de que ha aceptado que existen seres que no portan el pene. El varón padecerá de la angustia de castración, que significa no sólo la posibilidad de la pérdida del amor, sino la posibilidad de la pérdida de los genitales (porque sabe que existen seres sin pene). Para la niña los efectos del complejo de castración son muy diferentes y controvertidos. Para Freud, la niña que reconoce ser portadora de un pene muy chiquito (clítoris) va a sufrir un sentimiento de incompletud y desarrolla una envidia por el pene. Freud (1931 y 1932) plantea que, para la niña, el complejo de castración tiene tres salidas: 1) la represión de su sexualidad. En este caso aparecen severos síntomas neuróticos con inhibición en las capacidades sexuales de la futura mujer. 2) La niña no acepta la ausencia del pene (castración) y desarrolla como consecuencia un complejo de masculinidad. 3) La niña sí acepta la ausencia del pene (castración) y está conforme con sus órganos sexuales invisibles: por esta vía la niña va a desarrollar lo que se llama el carácter femenino.

Lógica del falo

Es necesario comenzar por diferenciar dos propuestas fundamentales: la teoría de la significación y la teoría del significante. Primero, por el lado de la significación. En la lógica del falo, el pene se convierte en el referente. Remite a la presencia del órgano sexual visible. Cuando por el lado de la significación se remite al órgano, se confirma la diferencia de los sexos siguiendo la dialéctica de su presencia o ausencia. Por esta vía se da espacio a la aparición del complejo de castración. Segundo, por el lado del significante. Aparece el falo como metáfora. La metáfora del falo en uno de sus aspectos refiere al órgano sexual visible. En su otro aspecto refiere al primer significante. Esta metáfora del falo es misteriosa ya que ambos sexos, a la vez, lo poseen y no lo poseen. Cada sexo (en ficción) le asigna al otro la presencia o ausencia de falo. Por la vía de la lógica del falo, ambos sexos entran en la trampa de la apariencia y el engaño, padeciendo o pretendiendo la ilusión de tener, lo que en el fondo no tienen. Esta proposición de la lógica fálica se complica, ya que el hombre es el que detenta el órgano de significación fálica. La mujer, al no detentarlo (razones anatómicas), se va a organizar y a quedar marcada por la incompletud lógica del no-todo, lo cual va a ser responsable del carácter femenino (o la esencia de lo femenino). Tanto el hombre como la mujer, para gozar con el cuerpo del otro (goce fálico o también llamado goce de órgano), tienen que transformar al otro, en sentido metafórico, en su falo. Así la mujer le da y le quita el falo al hombre. Ambos sexos van a quedar marcados por la angustia de la diferencia de los sexos. En el fondo remite a la angustia de castración. Jaques Lacan en sus Escritos (1958) dirá que lo real del goce sexual está en el falo, es decir, en aquello que no se tiene y que se encontrará en ficción, en el campo del otro.

Cuatro registros arbitrarios que definen lo femenino y lo masculino según la lógica del falo

(I) Registro del masoquismo y del sadismo

Freud afirma que la inevitable y dramática ausencia del pene en la mujer va a producir efectos en la forma como se organiza la pulsión en la mujer. Esta organización pulsional va a dar origen a la pasividad y al masoquismo femenino. Sabemos que la mujer, por efecto de la ausencia del órgano sexual visible, se va a organizar según la lógica del no-todo. Esta posición de ausencia fálica la empuja a desear que el otro (portador del falo) la complete. Queda así marcada a fuego en su sistema inconsciente, con el deseo de despertar el deseo del otro (posición estructural femenina). La teoría psicoanalítica de la pasividad refiere a la idea de un sujeto que no inicia la acción y espera del otro que tome la iniciativa. Esta espera es una manera de comprobar que el deseo del otro ha sido finalmente despertado. Por esta vía se revela lo verdadero e inédito del deseo del otro. Su posición de aparente espera pasiva es interiormente activa y desesperada, aunque invisible (como sus órganos sexuales). Por esta razón en el vínculo con el objeto de deseo, la pulsión no encuentra fácilmente su camino de satisfacción ya que tiene que esperar por la acción del otro. Por lo pronto, la pulsión vuelve sobre el sujeto, dando lugar al modelo estructural inconsciente masoquista. Por esta lógica la mujer femenina no puede evitar ser masoquista. La mujer (heterosexual u homosexual) con un carácter masculino es otra historia. El hombre masculino identificado con el significante que lo nomina como varón y sabiéndose portador del órgano de significación, va a tener una posición relativa con el otro, distinta a la de la mujer femenina. Su empuje pulsional se organiza más por el lado sádico. Es claramente activo y penetrador (sadismo), y encuentra satisfacción al completar en ficción el falo que cree le falta al otro. Por esta lógica el hombre masculino no puede evitar ser sadista. El hombre (heterosexual u homosexual) con un carácter femenino es otra historia. Quisiera citar una voz femenina quien llega a conclusiones similares a las que presento en este trabajo. Se trata de Helene Deutch, quien en 1930 dice lo siguiente: "El medio ambiente ejerce sobre la mujer una influencia inhibidora para sus agresiones y su actividad. Las fuerzas del mundo interno y externo actúan en la misma dirección. Especialmente los componentes agresivos son los inhibidos: el medio social no sólo los rechaza, sino también ofrece al yo de la mujer una especie de premio o soborno por renunciar a ellos". Así llegamos a un desarrollo que rápidamente tiene lugar en la mujer: la actividad se hace pasividad y se renuncia a la agresión para ser amada. En esta renuncia las fuerzas agresivas que no son activamente gastadas deben encontrar una salida y así lo hacen, dotando al estado pasivo de ser amada con un carácter masoquista.

(ii) Registro del modelo sexual erotómano y perverso

La mujer femenina acepta la diferencia anatómica de los sexos y entra en la lógica del no-todo y de sus efectos. Un primer efecto lo encontramos en el manejo de la angustia ante la diferencia anatómica de los sexos cuando acepta su condición anatómica de no-fálica. No requiere utilizar el mecanismo psíquico de la desmentida (verleugnum). Si partimos de la base de que la estructura sexual perversa se fundamenta sobre el mecanismo psíquico de la desmentida, entonces por lógica de la estructura, la mujer femenina no puede ser perversa. El hombre masculino (heterosexual u homosexual) ante el horror del descubrimiento de los seres que no tienen pene y su correspondiente angustia de castración, puede recurrir al mecanismo de la desmentida. Este mecanismo le permite afirmar que la mujer (madre) tiene pene. Ha visto con horror su ausencia, sin embargo, afirma su existencia. La desmentida borra la diferencia anatómica de los sexos e inaugura el inicio de la estructura perversa. Por lo tanto, sólo los hombres masculinos (sean estos heterosexuales u homosexuales) pueden desarrollar o construir una estructura sexual perversa.

El modelo sexual de la mujer femenina va por otro camino. Se reconoce en la lógica del no-todo, sabe que no porta el órgano de significación fálica y sólo tardíamente descubre la presencia invisible de su propio órgano sexual, la vagina. Otorga al otro la posesión del falo que desea. Va a desear ser completada por el otro. Por lo tanto, es en el lugar del otro donde va a surgir el amor y el deseo, y no en el lugar del sujeto. Éste es un modelo sexual tipo erotómano ya que es el lugar del otro donde surge el amor y el deseo. Así, según esta lógica del falo, las mujeres femeninas no pueden ser perversas, pero igualmente no pueden evitar ser erotómanas(ii).

(iii) Registro de la capacidad de intriga y de ingenuidad

La mujer femenina acepta que tiene una diferencia anatómica radical con los varones. Acepta su condición diferente y entra en la lógica del no-todo. Sin embargo, en esta diferencia existe un gran misterio. ¿Por qué es diferente a los otros seres? ¿O por qué los otros seres son diferentes a ella? La mujer femenina se va a relacionar con el otro con una capacidad natural de intriga, ya que el misterio de ser no-toda nunca queda completamente aclarado. En su estructura inconsciente busca el falo en el campo del otro. Al otro le es otorgado un falo imaginario y pasa a ser reconocido por la mujer como un hombre. El deseo de la mujer de recibir del otro esa completud fálica, le otorga al otro el lugar del amo. Si el otro es el amo y ella desea que él la desee, entonces no puede evitar ser fácilmente sugestionable. Para lograr seducirlo recurrirá a métodos y recursos secretos e invisibles. A veces poderes quirománticos. Siempre recursos y métodos secretos en la búsqueda y a la conquista de un fin (fama, dinero, amor, sexo: emblema del falo). La mujer femenina no puede evitar el disponer de esa capacidad natural para leer intenciones secretas en los actos de los otros y buscar sus fines a través de estrategias secretas. El hombre portador del órgano de significación y por lo tanto de la angustia de castración, insiste en mostrar en metáfora, no sólo sus falos y emblemas, sino también su suficiencia. En los hombres masculinos las luchas abiertas de poder, de puro prestigio y de portador del emblema fálico, pueden consumir su pulsión. Lejos de tener habilidades para la intriga(iii) y lo oculto, muestran su inocencia estructural al creer en lo que sus ojos ven. El hombre masculino no puede evitar su ingenuidad.

(iv) Registro de la maldad oculta y del acto asesino

La mujer femenina al descubrir la dramática diferencia anatómica de los sexos, se encuentra empujada en forma inevitable a una posición estructural de resentimiento (erbitterung). La madre, igualmente mujer, será la culpable de esa realidad anatómica desventajosa. Así la niña desarrolla a nivel inconsciente un resentimiento natural contra la madre, que podría ser mitigado o no, según el montante de experiencias gratificadoras con la madre en los primeros 300 días de vida. Si el nivel de frustración y dolor psíquico fue muy elevado durante esos días, esto va a dificultar la amortización del resentimiento estructural que inevitablemente va a surgir posteriormente al descubrir la diferencia anatómica de los sexos. Así, por razones de lógica fálica, la mujer, al saberse no-toda, desarrolla un resentimiento que conduce a la específica capacidad de maldad oculta que tienen las mujeres femeninas. Sus deseos asesinos encontrarán una vía de expresión a través de métodos ocultos y secretos. Basta recordar los famosos venenos de la familia Borgia y de otras mujeres de la corte europea. El hombre masculino por lógica fálica, portador del órgano de significación, expresará sus deseos asesinos y su destructividad de otra manera. Esto es, ejerciendo su poderío muscular fálico en forma directa asesina. Son crímenes visibles y aparatosos. La destructividad en el hombre masculino (heterosexual u homosexual) encuentra su expresión en la capacidad muscular sádica, que le permite matar en forma directa. La salida femenina es indirecta, utilizando los recursos de planes, estrategias y cómplices. Crímenes no visibles. La mujer femenina busca el desquite y la venganza, testimonio inconsciente del resentimiento infantil. Esta proposición radical del carácter femenino coincide con lo esbozado por Freud varias veces en su obra. En 1915 Freud escribe: "Las mujeres se consideran dañadas en su infancia, cercenadas de un pedazo y humilladas sin su culpa. El resentimiento de tantas hijas contra sus madres, tiene, por raíz última, el reproche por haberlas traído al mundo como mujeres y no como varones".


  1. (1997) Conferencia dictada en el ciclo La Feminidad. Sociedad Psicoanalítica de Caracas. Parto de la premisa de que la feminidad y el ser de la mujer, y la masculinidad y el ser del hombre, no son sinónimos. El ser de la mujer incluye: organización y funcionamiento sexual femenino, la maternidad y al feminidad. El ser del hombre incluye: organización y funcionamiento sexual masculino, la paternidad y la masculinidad.
  2. Eratomanía: en clínica y en simología refiere a un delito sexual y/o amoroso en el cual el sujeto está convencido con certeza de que el otro lo desea o lo ama. En psicoanálisis sólo se toma el modelo: el otro me ama. Esta propuesta deja de lado los aspectos psicóticos delirantes. Pasa a ser llamado modelo erotómano.
  3. La palabra "entrega" refiere un manejo secreto para obtener un fin. Un manejo secreto para lograr el falo.

*Publicado en Trópicos, año VI, vol. 1, 1998, Caracas: Sociedad Psicoanalítica

 


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