Flores para dos tumbas narra la historia que los poderes y los poderosos, públicos y privados, han hecho lo posible para que nadie contara. Se trata de la crisis financiera, escenario central de la trama y de sus personajes. Tema que es, todavía hoy, de cruda y absoluta actualidad en Venezuela y en buena parte del resto del mundo; que pone a temblar los cimientos de sociedades, culturas, economías e, incluso, Estados, sin que nadie -con prescindencia de su lugar en la sociedad- pueda escaparse de sus temibles consecuencias. Como dice el autor: "Es la historia que imaginé y tuve la necesidad absoluta de contar a partir de hechos muy reales". Esta novela proyecta desde el crujido y fractura del sistema financiero, revelaciones tremendas y poco escrutadas sobre el temple moral (más bien inmortal) de los dirigentes de la nación, de tal modo que la crisis descubre los subterráneos donde la complicidad y la honradez luchan de manera desigual, donde el "sálvese quien pueda" pisotea cualquier asomo de legalidad y donde toda infracción se justifica por los intereses de grupo, familia o status. Pocas veces un fenómeno de la economía ha servido para sustentar un relato que arroje tantas pistas sobre la helada verdad de los hechos que acontecieron en madrugadas, en fines de semana apresurados, en despachos lujosos e inaccesibles, en bóvedas y contabilidades, en medio del temor de los muchos que lo pagaron siendo inocentes, y de la avaricia y la rapiña sin límite de los pocos que se beneficiaron siendo responsables. Esta suerte de historia o relato novelado nos proporciona mucho más saber que cualquier sesudo y riguroso tratado científico sobre la constitución real del poder, sus pulsiones y sus personajes; sobre un país en trance de quiebra y de lucha; en definitiva, sobre la historia social o las biografías personales como cuestiones ineludiblemente morales, como confrontación inevitable entre el oportunismo salvaje y una cuestión tan antiquísima como absolutamente contemporánea: al final, son y serán responsables todos los que hicieron (mal hecho, o dejaron de hacer, para mal) lo que todos -inocentes- pagaremos por años. Responsabilidad de la que nunca escaparán, viene a decir la voz profunda de esta novela, que los perseguirá más allá de los tribunales y de los hechos. Flores para dos tumbas devela la verdadera consistencia (o mejor dicho, inconsistencia) de las élites, que parecen haber convertido al país más en un negocio que en un proyecto de vida. En ella ubicaremos al banquero desaprensivo, al irresponsable funcionario público de variado y alto rango, al político mendaz, al empresario especulador que son, en definitiva, los rostros conocidos y encarnados de unos acontecimientos que muchísimos padeceremos y por mucho tiempo. Este relato nos sumerge en una amplia y convincente galería de personajes a través de los cuales, a la manera de contrapunteo con la historia central, se nos convoca desde los desgarros del inmigrante y de sus descendientes, marcados por las zozobras entre integración, compromiso, nostalgia y raíces que siempre llaman desde el fondo. Y también, claro está, por el amor que propone sus exigencias, sus atracciones, la fascinación del combate entre una entrega y un deber. Y por la muerte que otea a la distancia del tiempo y en la cruel inmediatez del presente. Todo ello encuentra su soporte en una narrativa que seduce desde el primer momento, que no podremos abandonar hasta el final, presas del ansia por descubrir culpas y culpables, impulsados por la envolvente dinámica de la que casi llega a ser una novela sin concesiones. Relato, pues, con profusión de datos y circunstancias reales, sobre las sutiles y poderosas raíces de la corrupción ética y moral, como gran telón de fondo de un país que algunos decidieron que era mejor hundir si ése era el precio para su propia salvación (inevitablemente provisional). Filippo Vagnoni (1946) nació en Ascoli Piceno, Italia, pero ha vivido en Venezuela y para Venezuela desde hace 40 años. Ha sido y es promotor cultural y editorial, gerente, director en diversas instituciones públicas, lo cual le ha dado el beneficio de contar con atalayas desde las cuales "el gran teatro del mundo" se puede discernir en cada uno de sus detalles relevantes. Ésta es su primera novela, y en ella nos sorprende con su impresionante fuerza verista en el uso ficcional tanto de lo biográfico como de lo histórico reciente. Joaquín Marta Sosa
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