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La literatura trabaja con representaciones del espacio, lo que
significa que es una estructura compleja que actúa, con respecto
a la realidad, con un obligatorio sentido de omisión. Los
textos literarios son un campo estructurado de intencionalidades
y la representación espacial, como señala Boaventura
de Sousa Santos(1), conlleva
la imposibilidad de reproducir el espacio tal cual es, surgiendo
necesariamente una distorsión de la realidad. Lo que torna
a la representación espacial tan útil es su genio
de omisión, es el reducir la realidad a su esencia. Esto
implica la construcción de un espacio alterno, autónomo,
pero con trazas de una deuda con la realidad extratextual.
Las virtudes analíticas y teóricas de un abordaje
que toma por matriz de referencia la construcción y la representación
del espacio constituyen el epicentro de este texto. Las reglas de
la escala, de la proyección y de la construcción figurativa
son los modos de estructurar en el espacio diseñado una respuesta
adecuada a la subjetividad de la creación. Son los mecanismos
de representación de la espacialidad.
Esta introducción persigue exponer reflexiones y motivaciones
sobre el tema elegido y sobre la noción de representación
del espacio. En este sentido, busca construir y convertirse en un
"piso común" que sustente la experiencia de una lectura compartida
y un abordaje sistémico, vindicatorio de las posibilidades
que ofrecen las representaciones espaciales.
Borges y el espacio
La escogencia de la obra literaria de Jorge Luis Borges como "espacio"
textual de investigación de la eficacia de la espacialidad
sobre las relaciones literarias, pretende abrir perspectivas veladas
de la misma. Cantidades insólitas de palabras cubren innúmeros
anaqueles de bibliotecas "babelianas" tratando de decantar el sentido
y la riqueza de su escritura. La influencia que ha ejercido su obra
y, sobre todo, la capacidad de seducción que envuelve convierten
su estudio en una empresa harto complicada, donde cabe aquello que
señalaba Nietzsche a propósito de Emerson: "De ningún
libro me he sentido tan cerca como de los libros de Emerson; no
tengo derecho a alabarlos".
Sin embargo, las lecturas posibles de su obra no se agotan en la
cantidad de estudios que se le ha dedicado. Siempre quedan resquicios
por cubrir, perspectivas que no se han visitado. La literatura borgesiana
utiliza un amplio repertorio de formas espaciales. Muchas de ellas
están ligadas al arte de edificar en el tiempo: la arquitectura.
Esta dimensión espacial de Borges es un aspecto que, hasta
el momento, no ha jugado un papel relevante. Opacado por la preeminencia
que se le ha dado al problema del tiempo (el mismo autor ha contribuido
a ello), el espacio ha sido descartado y apartado, eliminando la
posibilidad de observar esa compleja entidad, el espacio-tiempo.
Indudablemente que existe la conciencia de la sugestiva proposición
espacial que realiza la escritura borgesiana, pero su exposición
o aproximación crítica se han centrado en el estudio
del carácter simbólico de sus construcciones.
Este texto pretende destacar el valor del espacio en la literatura
de Borges, no como un telón de fondo o un continente habilitado
para las recreaciones y las ficciones de su obra, sino como definidor
cualitativo y generador literario. La correspondencia espacial es
una consideración indispensable a fin de concretar una lectura
plena de la obra. La obra de Borges, sea de índole fantástica
o real, se sucede en un espacio determinado. La representación
de ese espacio que, intencionalmente, realiza el escritor es una
fatalidad, es ineludible. El sistema de proyección de los
textos canónicos de Borges conforma un cuerpo insoslayable
y único que supera su mismo carácter de "ilustración",
para terminar transformándose en elemento de generación
literaria, es decir, en definidor cualitativo de la especificidad
literaria del autor.
La proyección
La proyección es uno de los mecanismos de representación
del espacio. El orden definido a través de los distintos
sistemas proyectivos manejados por los relatos borgesianos de esta
etapa, podemos discernirlo y calificarlo por medio de diversos patrones
básicos: primero el establecimiento, o no, de un centro y
una periferia; lo que lleva implícito las nociones de distorsión
proyectiva y de regulación de los objetos a ser privilegiados
en el espacio; segundo el manejo predominante de proyecciones planimétricas
o de alzados y fachadas; lo que remite al dominio del orden sustentador
de la "planta" geométrica o de la estética y expresividad
de la dimensión vertical.
En cuanto al primero, deben señalarse los relatos que niegan
cualquier noción de centro y aquellos que enfatizan la centralidad.
Tomando en cuenta la determinación espacial que gira en torno
al tema del infinito, una serie de textos refrendan la definición
pascaliana, tan visitada por Borges: "La naturaleza es una esfera
infinita, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia
en ninguna"(2).
En "La Biblioteca de Babel" el sistema de proyección demuestra
sus imposibilidades. La proyección implica delimitación.
Toda proyección es un fragmento del infinito. La Biblioteca
no se puede delimitar. No tiene centro, es policéntrica,
sin frontera. Cualquier punto puede ser centro, ninguno periferia.
La proyección es ortogonal directa, los haces de proyección
son paralelos, es por ello que "el universo es un infinito edificio
que es recorrido por solitarios cuyo destino final es irrelevante,
lo importante son los libros; así, el vacío del universo
ha sido sustituido por un edificio que lo contiene y que es -él
mismo- un universo completo"(3).
SIGUE...
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