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El Tamiz Siete casas
Este proyecto se desarrolla a partir de exploraciones sobre el sentido del lugar, las direcciones y los centros notables que le pertenecen al terreno en su estado natural, es decir, antes del inicio de un proyecto. En esa exploración, el "centro" se localizó fuera del área de ubicación de la construcción, cercano al mar; las direcciones apuntan relaciones entre el mar y la montaña, y los otros centros tenían que ver con el sentido de lugar en distintos sectores del terreno. Esta investigación se realizó como consecuencia del caos que observamos en el terreno, la topografía irregular -a causa de la quebrada que lo cruza- y la determinación de no tocar la topografía original. La dirección era encontrar un orden que armonizara con el sitio (referencia de orden urbano, Delos-Grecia). Se desarrollaron las obras de estabilización del suelo y drenajes con muros en los niveles notables, reproduciendo la cota de topografía original.
Por otro lado, la tipología de las casas se desarrolló a partir del estudio y la traducción de ciertas constantes de la casa colonial de pueblo, de la casa caribeña y de las casas en laderas. Con la fragmentación de cada casa, colaboramos con la implantación en el terreno y con la normalización de la construcción. Cada casa aparece totalmente diferente a pesar de que sus partes son iguales. Los recorridos topológicos la estructuran particularmente. Las partes se componen según el grupo de leyes que se crearon sobre la investigación del lugar (orden del sitio). Muchas veces la intención durante el proceso era una composición espontánea como las de un pueblito, para darle sentido de conjunto. Las obras de tierra ya ejecutadas dan fe del concepto de pertenencia al lugar. Durante la ejecución de estas obras me daba la impresión de que los trabajos parecían más una excavación arqueológica que una construcción nueva.
Sobre este orden topográfico se levantan siete casas en planos y niveles diferentes que se ensamblan con las colinas, los pasos naturales, los riscos, la vegetación y las vistas largas.
Cuatro casas están ubicadas al norte y tres al sur, y, entre ellas, la quebrada que serpentea de oeste a este, conformando un recinto abierto al mar que también es un camino para visitantes y propietarios entre las casas, y que conduce hacia la terraza de la piscina y la caleta de rocas al final del risco en la orilla del mar.
Cada casa se ha concebido en partes: Un pabellón: ocho techos que varían entre ellos en su respuesta al clima y a las vistas, columnas de mampostería que se articulan al techo con madera y que cubren áreas abiertas con vistas entre y sobre las demás casas. Balcones, aleros, áticos y soberados o suites abiertas como miradores. Todo ello equipado con armarios fijos que contienen las cocinas, alacenas y closets.
Los corredores: son áreas abiertas con techos y pérgolas que junto al pabellón conforman las áreas sociales.
La suite: constituye el área privada como pequeñas casas independientes dentro de la casa: estar, habitación y baño, en dos plantas, una mezzanina, doble altura. Con muros de mampostería y portones que abren al exterior y la integran con los corredores, el pabellón, los jardines, pero que, al mismo tiempo, la protegen de estos. En el sistema constructivo aparecen entreverados materiales del pasado con materiales y acabados del presente.
La casa contempla un sistema flexible que permite la posibilidad de ocupación total o parcial con independencia y privacidad para su uso, que la entrelaza con el muro, la vegetación, el jardín y las terrazas, en diferentes estares hacia el Guayamurí, hacia el recinto de la quebrada y hacia el mar.
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