Roberto Sánchez o la magia de hacer cienciaLourdes Fuenmayor*
Modesto, jovial, muy familiar, bastante risueño y con un agudo sentido del humor no son quizás las características que definan a un científico pero sí a Roberto Sánchez, Premio Nacional de Ciencias 1999, quien quizás, siguiendo los pasos de su tutor Geoffrey Wilkinson, rompió con el esquema de rigidez que, por lo general, caracteriza a un hombre de ciencias. Un extenso y consistente curriculum avala la trayectoria profesional de Roberto, quien se considera una persona afortunada. Su primer gran golpe de suerte piensa fue tener un buen profesor. Luego, haber estudiado en la mejor escuela de química del mundo con una fabulosa beca de 75 libras y además, por si fuera poco, haber hecho su doctorado con uno de los grandes químicos del siglo XX, Geoffrey Wilkinson, Nobel en Química 1973. Roberto lo recuerda como un hombre bohemio y alocado. “Tenía una visión e intuición únicas y una memoria excepcional. No sentía temor de incursionar en muchas áreas de trabajo al mismo tiempo, brincaba de un lado a otro”. Señala Roberto que, salvando las distancias, él trata de hacer lo mismo, “donde voy viendo cosas interesantes por hacer, ahí me voy metiendo y brinco de un lado para el otro procurando no hacer más de la cuenta”. Por recomendación de Wilkinson y después de tres años de trabajo juntos, Roberto Sánchez prosiguió su formación en Francia con John Osborn: una mente especial, profundo e inteligente. Llegaron a ser muy buenos amigos y mantuvieron excelentes relaciones pero regresó al IVIC para cumplir con sus compromisos de trabajo con esa institución. Pequeñas maravillas de la ciencia Cuando inició su carrera profesional en Venezuela Roberto Sánchez fue encargado de crear un laboratorio en una especialidad que no existía en el país: Catálisis homogénea en su primera fase. Este complicado enunciado se traducía en la necesidad de hacer toda la reacción química en una sola fase. Todo se disuelve en un solo solvente, por ello es homogéneo. La catálisis es realmente lo más importante en el campo de la aplicación. Y lo que interesó a Roberto y su grupo fue el diseño de catalizadores, a los que define como “pequeñas maravillas” que uno sumerge dentro de un proceso químico para hacer que todo funcione, magia científica. Químicamente son moléculas especiales con una estructura especial, que hacen un trabajo especial. El trabajo de Sánchez fue diseñar algunas de esas moléculas. “Cuando hablo de diseño es casi en el ámbito de la arquitectura, de las formas, de las propiedades. Diseñar la molécula para que haga el trabajo que uno quiere que haga no es tan fácil, hay que poseer mucha intuición, conocimiento y observación. Nuestro trabajo ha sido buscar esas moléculas para desarrollar procesos que tengan algún interés para la industria química o del petróleo”. Para Roberto Sánchez el mundo moderno no puede existir sin catalizadores. ”Cuando miras el mundo que nos rodea puedes darte cuenta que más de la mitad de las cosas que usamos son sintéticas o fabricadas en un proceso químico. La gran mayoría de ellas, en alguna etapa de ese proceso han estado en contacto con catalizadores.” Actualmente la investigación está orientada hacia la búsqueda de nuevos catalizadores. Las tendencias han ido cambiando y hoy existe lo que se ha denominado catalizadores selectivos, que “hacen sólo lo que tú quieres que hagan, no otras cosas”. Sin embargo, nos explica el científico venezolano que las moléculas no son tan ordenadas. Hacen su trabajo pero adicionalmente pueden crear subproductos o desechos, si no se aprovecha la materia prima. Por razones ambientales y de costos hoy en día se buscan catalizadores muy finos, que produzcan sólo lo deseado y a costos menores que, en términos de industria, se traducen en el desarrollo del trabajo a temperaturas más bajas para la obtención de un producto más suave. Ese ha sido el trabajo en el área de catálisis por muchos años. Haciendo camino al andar La fase homogénea de la catálisis fue lo novedoso del trabajo de Roberto Sánchez cuando llegó al país en 1976. Hasta ese momento, no existían en Venezuela científicos que hicieran catálisis en fase líquida. Geoffrey Wilkinson, iniciador de ese trabajo, había demostrado que en la industria ese proceso podía ser tan bueno como el clásico. Con él se inició la catálisis homogénea moderna y porque Roberto venía de trabajar a su lado, se le encargó la creación de un laboratorio de ese tipo. El IVIC le facilitó un espacio muy bueno, grande pero vacío. Al principio el grupo formado por Roberto y sus alumnos de post-grado, tenía que administrar muy bien el tiempo. En el día hacían el trabajo físico -carpintería, plomería- y la química después de las seis de la tarde. Quizás hayan pasado 40 ó 50 alumnos por ese espacio a lo largo de 23 años y al decir de Roberto Sánchez, son el producto más importante de sus investigaciones. Es como un efecto multiplicador pues ahora ellos están desarrollándose en la industria petrolera, en las empresas privadas y en las universidades. Desde hace 15 años Roberto y su grupo se encuentran trabajando en el diseño de nuevos catalizadores pues según él mismo señala, las leyes científicas exigen mucha pureza. “Los procesos clásicos no dan suficiente rendimiento. Y no tienen suficiente rendimiento porque nadie los entiende. Por esa razón comenzamos a investigarlos. Una vez que los entendimos pudimos ayudar a diseñar nuevos catalizadores. Eso fue una evolución. Me tomó 10 años darme cuenta que debíamos centrar nuestra atención allí. La gente de INTEVEP también se dio cuenta a través de algunos de mis escritos. Me pidieron que reorientara la investigación pues podía ser muy útil para petróleos y nos prestaron el apoyo económico que permitió iniciar ese trabajo. El asunto era buscar, con una metodología diferente a la clásica, cómo desarrollar el sistema para crear nuevos catalizadores, y estamos comenzando a entenderlos”. ¿Química vs Biología? Para el común de la gente, es quizás impensable la comunión de dos ciencias como la biología y la química, pero para Roberto Sánchez es parte de su cotidianidad. ¿Cómo se pueden conciliar? Pues muy sencillo, porque el proceso mental para atacar los problemas es el mismo. La manera de pensar debe ser la misma, por eso Roberto mezcla a los estudiantes de química con los de biología, “y así no se especializan tanto en una sola cosa”. Alrededor de 10 a 15 jóvenes trabajan en equipo. La parte de biología se desarrolla en colaboración con equipos de biólogos. Paralelamente a las investigaciones en el área de la química petrolera el laboratorio dirigido por Roberto Sánchez se ocupa de investigaciones en el área biológica para dos enfermedades que se padecen en Latinoamérica: el Paludismo y el Mal de Chagas. La atención fue centrada allí porque nuestro científico quiso responsabilizarse “de las cosas que aquí nadie se ocupa”. Ejecutando un trabajo de tipo social -el cual Roberto no quisiera caracterizar así- se ha abordado de manera titánica una labor que ninguna empresa farmacéutica ha asumido pues “es una enfermedad de pobres, las empresas saben que no van a producir mucho dinero con ese tipo de trabajo y por ello no lo investigan”. En el área tropical de Latinoamérica existen 20 millones de personas infectadas, que se van a morir de Mal de Chagas. Ese número es más alto que el de todos los enfermos o infectados de SIDA en el mundo. Roberto asegura que ése no es un número que obedezca a proyecciones “es la cantidad de enfermos que en la actualidad existe y no hay tratamiento para ellos. Sólo en Venezuela se registran miles de casos anuales nuevos. Son personas que pueden durar 20 años con la enfermedad y la mayoría de ellos no puede trabajar. Desde el punto de vista socioeconómico, tienes a 20 millones de personas y la mitad o más está en edad de trabajar y sin embargo no pueden hacerlo porque sus condiciones físicas se lo impiden. El Chipo (tripomosoma curi), animal que produce la enfermedad, tiene su hábitat en cualquier techo de tipo vegetal y en zonas alejadas donde la gente ya está debilitada. Es un problema social.” El Paludismo es otra enfermedad del trópico y mundialmente posee el índice de mortalidad más alto. Más de dos millones de personas se mueren de Paludismo al año. En Africa, por ejemplo, uno de cada cuatro niños muere a causa de esta enfermedad. En Venezuela, sólo en lo que va del año 2000, se han registrado tres mil casos nuevos. Roberto Sánchez piensa que en nuestro país se podría considerar más grave el problema, tomando en consideración que ya había sido erradicado: “fallas tontas han hecho que Venezuela esté nuevamente en el área roja del Paludismo. Existe una falta de prevención y desarrollo de programas sanitarios. Hay cosas que nadie entiende, como el desmantelamiento paulatino de la División de Malariología.” El laboratorio entró en la investigación de esas dos enfermedades para su tratamiento con metales. En el caso del Mal de Chagas es ver si se puede encontrar algo que pueda curar o aliviar la enfermedad. Para el Paludismo, la solución real sería una vacuna, pero en el IVIC la investigación se está centrando más en la quimioterapia, donde se han hecho algunos hallazgos. Roberto afirma que “tenemos que desarrollar un medicamento que reconozca al parásito. Una molécula que sea capaz de reconocer las pequeñas diferencias entre las células, que sea capaz de reconocer al “enemigo”; la aguja en el pajar. Esa molécula deberá destruir sólo lo señalado y no lo demás”. Nuevo Rol del Científico
Capacidad para el manejo de la comunicación, de la gente, para conjugar
nuevas tendencias, La ciencia del siglo XXI no podrá ser tan fría como la del siglo XX. Hoy día el científico tiene que aprender a comunicarse porque es, de alguna manera, responsable de los daños que causa en el medio ambiente; ya no está aislado, es parte de la sociedad y le responde a ella. Para Roberto la ciencia existe no sólo para avanzar en el conocimiento sino para crear bienestar. Y trata de buscar un propósito en las iniciativas que se propone, para no desperdiciar el presupuesto que se le asigna sólo en el desarrollo de “moleculitas nuevas”. Roberto conduce su búsqueda hacia trabajos que puedan tener impacto. Piensa que el científico se está desenvolviendo en el marco de una “cultura científico-tecnológica”, así que cualquier avance por muy pequeño que parezca se revierte en un progreso cultural importante. Lo que hoy sólo aparenta ser una bonita ecuación, en veinte años se convierte en una importante realidad. Pero a esto cree Roberto que habría que agregarle la conciencia social y la ética. Hoy no se debe producir gasolina contaminante. Incluso, en algunos países es un tema que se relaciona con el ámbito legal. “No creo en el alma” La racionalidad aleja al individuo de los temas relacionados al espíritu. Roberto Sánchez se reconoce como un no creyente. Siente que los asuntos del espíritu se quedaron con su niñez, cuando era católico y agrega que el espíritu es la suma de todo lo que uno es. Pasa por las moléculas, la genética, las influencias que se han tenido en la vida, la velocidad del pensamiento: “No puedo establecer una conexión entre la molécula y el alma”. Roberto, además, afirma guiarse por la intuición y ésa es la única parte no racional de su trabajo científico. Cree que la religión es la negación de la ciencia, y asegura que antiguamente los alquimistas mezclaban lo místico y lo racional a fin de encontrar el elixir de la vida, la piedra filosofal. Una pequeña cosa que era capaz de transformar cualquier substancia en oro. “Sin ánimos de mezclar lo místico, podría decir que eso es el catalizador. Vistas las cosas de esa manera, me podría auto definir como un neoalquimista.” Lo natural de lo artificial Para Roberto Sánchez es inexplicable considerar artificiales los productos hechos por la mano del hombre. Si el hombre es natural, por ende, su creación también lo es. La Naturaleza quiso que hubiese hombres capaces de fabricar cosas que no tienen por qué calificarse de antinaturales. “Si preparo vitamina C en el laboratorio, tiene el mismo efecto en tu cuerpo que la que absorbes del jugo de naranja. Casi todas las cosas que nos rodean son fabricadas por el hombre”. El mundo moderno exige dinamismo. Roberto cree que añadida a ese dinamismo está la explosión demográfica, que nos obliga a ponerle conservadores a los alimentos, a fabricar medicamentos. No hay vuelta atrás. Y eso no es malo, es natural, lo hicieron los hombres, que son tan naturales como las hormigas. Si nos equivocamos y hacemos cosas dañinas, la naturaleza se encargará de controlarlo y nos ha dado la inteligencia para que nosotros mismos también pongamos control”. Roberto nunca toma medicinas naturales. Busca medicamentos que funcionen más rápido. Se lee la fórmula y hasta se imagina la molécula trabajando, entonces se lo toma tranquilito. “Confío plenamente en la ciencia. En ella creo, es mi oficio”. Premios Roberto Sánchez ha recibido muchos reconocimientos a lo largo de toda su carrera. Sin embargo, aún no se acostumbra a recibirlos. Hay en él una ambivalencia. Por un lado le agrada y se alegra cuando le notifican que ha sido premiado, pero por otro piensa que no merece ser galardonado, siente vergüenza y hasta rubor: “Más bien yo debería reconocerlos a ellos por haberme financiado las investigaciones”. El primero de los reconocimientos lo recibió del CONICIT en sus inicios como profesional, al mejor trabajo científico en Ciencias Químicas, en 1984. En 1987 era condecorado por la OEA en Washington con el premio “Manuel Antonio Noriega Morales”, un reconocimiento para científicos menores de 40 años que se da en Latinoamérica, y que en esa ocasión le tocó compartir con un físico mejicano. Roberto asegura que para él fue uno de los más importantes sobre todo por que se da a los jóvenes investigadores y ello hace que sirva de estímulo al trabajo científico. En 1989 la Fundación Polar le otorgó el premio “Lorenzo Mendoza Fleury”. Este galardón es apreciado porque se otorga por la globalidad del trabajo realizado y no se permiten las autopostulaciones. En 1994 el CONICIT otorgó a Roberto Sánchez y su equipo el Premio Anual de Biología. Es un galardón que se da por el trabajo en sí y no a la persona. Se premió el descubrimiento de componentes basados en metales, que sirven como agentes contra el Mal de Chagas. Ese mismo año también recibieron una Mención Honorífica en el Premio Anual al mejor trabajo científico en química por la “Purificación de fracciones de petróleo”. La prosa científica Roberto se ha ganado la antipatía de sus colegas porque se niega a escribir en las revistas nacionales. Piensa que si es por labor patria es mucho mejor hacerlo para las publicaciones extranjeras pues así se conoce el trabajo que realizan los científicos venezolanos. Está suscrito a 20 ó 25 revistas internacionales que le llegan una o dos veces al mes. Cada una contiene 30 ó 40 artículos. Eso quiere decir que Roberto lee entre 200 y 300 artículos al mes para estar al día en lo que está ocurriendo en el mundo científico. Y eso se refiere sólo a las publicaciones que él cataloga entre A y B. Habría que añadir las que están entre los grupos C y D. No le da tiempo de leer las revistas editadas en el país. Sólo alcanza a dar una hojeada a algunos artículos. “Si a mí apenas me da tiempo imagina a un profesor de Checoslovaquia o Australia. Creo que el trabajo que uno publique en esas revistas lo está sepultando para que nadie lo lea.” La mayoría de sus trabajos los publica Roberto a través de artículos de investigación en revistas de alto impacto de la Sociedad Norteamericana de Química, o de la Sociedad Británica de Química, o de casas editoriales europeas. Esos trabajos tienen pautas muy precisas, van a especialistas que los evalúan, analizan y rechazan si no cumplen con las condiciones mínimas de calidad. Hasta el momento más de ochenta artículos desarrollados por Roberto Sánchez han sido divulgados en esas publicaciones con apoyo de PDVSA-INTEVEP. Ahora desea hacer una recopilación en un libro bajo el nombre de “Química organometálica fundamental, síntesis, estructuras y mecanismos de reacción”. En toda su carrera, el área que más ha trabajado Roberto es la segunda fase en catálisis, de allí que una editorial científica holandesa lo llamara a escribir un libro para ellos sobre el tema. Roberto y su equipo fueron pioneros en el mundo en esta materia, ahora existen 20 ó 25 laboratorios en el mundo que desarrollan ese tipo de trabajos. Actualmente está centrado en la tarea de finalizar su trabajo que quizás se publique este mismo año. Se importan químicos Una de las cosas que más inquieta a nuestro Premio Nacional de Química es el panorama estadístico de investigadores en el país. Actualmente existen entre 3 y 4 mil químicos en Venezuela. En nuestras universidades se gradúan sólo cien al año. Cada vez hay menos jóvenes que se interesen por la ciencia. Al decir de Roberto muchos de los estudiantes que llegan al IVIC no son tan buenos y los buenos están emigrando. La ciencia en Venezuela se está debilitando porque no existe una política de estímulo con una mayor comunicación hacia la juventud sobre el trabajo científico, amén de la creación de un mayor número de bibliotecas. La mayor preocupación para Roberto es el panorama futuro pues existen planes de expansión de PDVSA. En un país como el nuestro se requeriría de por lo menos 20 mil químicos. Hay mucho campo de trabajo “y si de verdad se invierte en el desarrollo de esta industria, habrá mucho más. Hace falta formar muchos más químicos o nos veremos en la necesidad de importarlos.” Nuevos Proyectos Para el desarrollo de su nuevo proyecto Roberto piensa dejar a un lado los metales. Está trabajando, conjuntamente con la Academia de Ciencias, en un plan de apoyo a las comunidades indígenas para el desarrollo de nuevos medicamentos derivados del conocimiento tradicional de los indígenas. Preocupa que este conocimiento esté a punto de perderse. Se desarrollará un estudio químico de extractos de plantas medicinales utilizadas por los indígenas del Amazonas venezolano. “Investigamos qué hay allá adentro desde el punto de vista químico. Es interesante que el sector más avanzado de la sociedad se acerque al menos desarrollado para enriquecer sus conocimientos nutriéndose de sus ideas. El proyecto total se está desarrollando para el beneficio de las comunidades indígenas y aún cuando fue iniciativa de la Academia y el IVIC, estamos llamando a las universidades y a un grupo de científicos franceses para que se unan a la investigación.” El científico y su mundo Aunque Roberto nos dio muestras de lo contrario, él piensa que el científico es el ser más aburrido del mundo. “No hay nada peor que ir a una fiesta de científicos. Siempre terminan dibujando fórmulas en las servilletas”. Cree que la super especialización de la ciencia en el siglo XX hizo del científico un ser ensimismado, que vive en un mundo aparte. Aunque su esposa es bióloga no se dedica a la investigación. Actualmente es gerente de un laboratorio, cosa que le da a Roberto cierta tranquilidad. Vive para ella y su pequeña hija, a quien piensa más como artista que como científica. Aunque es un apasionado de la ciencia a Roberto no le agrada el ambiente de vedetismo que se respira en el medio. En algunos casos, incluso, profesores que se aprovechan de las habilidades de sus alumnos. “Un mundo donde muchas veces la gente se cae a mordiscos”. Sin embargo Roberto no se queja. Piensa que siempre ha recibido apoyo tanto de Venezuela como del exterior con proyectos concretos. Aunque la política ha sido caótica porque planificar a largo plazo -algo fundamental en la ciencia- ha sido muy difícil, él siempre ha conseguido concluir sus proyectos. Siente que ha habido muchos recursos económicos para el desarrollo de las investigaciones en el país, no por el volumen en sí sino porque hay muy pocos científicos. La causa de un avance lento en el país la atribuye a que existen muchos científicos que se comportan como los cineastas: “Yo tengo mi proyecto, lo desarrollo, busco los recursos y si los resultados no están muy bien no importa porque después me aprobarán otro. Y no me pidan que rinda cuentas. Esa es la tradición no sólo con mis colegas sino con muchos profesionales venezolanos. En mi caso particular insisto en no quejarme porque me han permitido colaborar con el desarrollo de la ciencia en Venezuela”. *Periodista [ Volver ] |