JULIO QUESADA, CONVIDADO

María Antonieta Flores.

Después de haber estado la noche anterior en El maní es así, lugar de rumba y salsa donde se reúnen escritores e intelectuales caraqueños y la tertulia es obligación, se encuentra el filósofo español Julio Quesada finalizando su visita a Venezuela.

Profesor de Metafísica de la Universidad Autónoma de Madrid y malagueño, nos dice la contraportada de su Ateísmo difícil (Barcelona: Anagrama, 1994), único libro que se encontraba a la venta en la Librería Macondo, aunque hubo un prometedor diálogo para traer otros títulos.

El miércoles 16 del pasado febrero, Quesada había dictado una conferencia titulada "La belleza y los humillados. Reflexiones en torno a las tragedias naturales y la estupidez humana". También, había tenido un encuentro con la comunidad de la Universidad Central de Venezuela.

Ahora es un viernes, 18, cerca del final de la mañana en la Librería Macondo: instante para una inesperada, breve y penetrante conversación.

Por razones inevitables y curiosas, la conversación comienza con una pregunta sobre la pasión, tema al que confiesa que no le ha dedicado una reflexión expecial, pero la entiende desde el eros como expresión vital múltiple: "un eros puro y duro, un eros intelectual como en Spinoza, a caballo entre lo apolíneo y lo dionisiaco como en Nietzche, un eros por la palabra como Rilke y Cernuda". Cierra el tema con contundencia: "No entiendo que se pueda escribir en forma desapasionada".

Su interés por Rilke, lo explica al comprenderlo como "un escultor de las palabras, del verbo, del ritmo". Para él, en su obra hay una ontología como ocurre con Cernuda. Y califica a Rilke, revelándose a sí mismo, como: "profundo, difícil, duro, no da concesiones".

Así no queda más remedio que preguntarle por su fascinación por lo duro, cualidad que le permite expresar una exigencia intelectual y estética.

-¿Qué es lo duro?

-Lo contrario a la nata batida, al pasteleo, que es no darle a lo cotidiano la fuerza que tiene lo cotidiano. Rilke rescata ese perfil de la cotidianidad. Y, en temas como la vida, la muerte, el sexo, hay una filosofía en relación con Heidegger, con Nietzche.

-¿Y por qué eso de la fuerza de lo cotidiano?

-Es lo más real que tenemos, lo más auténtico. Hay en mí una mezcla de lo cotidiano y la abstracción.

Y después de mencionar a su maestro Domingo Blanco, se refiere a la influencia de "la fenomenología que me metieron en vena cuando era joven e inmortal", vivencia que lo lleva a considerar que "la abstracción no le puede dar la espalda a la vida cotidiana"

Por esto su reflexión se dirige a "rescatar lo espontáneo que hay en la vida cotidiana, que es lo que queda sepultado" por la rutina y la prisa.

De su comentada conferencia, nos deja el sabor de la acusación, señalamiento que surge de esa dinámica entre la vivencia de la cotidianidad que alcanza los territorios de la abstracción: "Se quiere sepultar cuanto antes el dolor. Es una vida antipoética". A esto se suma la necesaria resonancia de que "todo tipo de ideología que utiliza el sufrimiento, humilla".

Julio Quesada, no en vano, se muestra como más que un filósofo: es una sensibilidad que nos habla de la dureza del mundo para que no olvidemos lo humano que se palpa desde el espacio que la palabra instaura.

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