POETAS VENEZOLANOS DE LOS 90 BREVE ANTOLOGÍA NO AUTORIZADA
Kalathos ofrece una breve e incompleta selección de las voces poéticas que surgen en Venezuela en los finalizados años 90. Los poetas aquí registrados editaron sus primeras obras durante esta década y la diversidad de estilos, tendencias y estéticas, demuestran la multiplicidad y riqueza de nuestra poesía. Esta selección trata de dar una visión más integral de lo que ha sido el proceso escritural de estos poetas que surgen bajo una conciencia finisecular, derrotada y circunscrita al mínimo mundo posible: sin sueños ni grandes relatos que defender, fundando -una vez más- el intenso mundo de lo interior. La poesía venezolana de los 90 continúa la corriente que las poetas de los 80 abrieron: lo femenino como mirada y voz que se expresa con desparpajo y desnudez, el logro de mayor espacio en el mundo editorial, el reconocimiento de la particularidad de la feminitud poética. Prácticamente, se abandona lo urbano como espacio esencial del poema. Sus rumbos se internan en la interioridad aún tras el artificio de la máscara o el personaje. El pluralismo estético y discursivo no hace sino continuar viejas corrientes y la mirada poética es la del desencanto. El ya-todo-está-dicho favorece la atomización, la segregación, la lejanía y trae como consecuencia la multiplicidad. Ni bueno ni malo, sólo es. Estos poetas de los 90 continúan un camino. Ya no interesan las rupturas ni los movimientos: sólo la masturbada voz personal como ámbito escritural. ¿Y, acaso, no ha sido así siempre? Prematuro el espacio que otorga el tiempo, no hay lugar aquí para los juicios. Sólo se presienten y avizoran logros, propuestas y voces que emergen buscando su propio sonido, su propio misterio.

- ESDRAS PARRA (Santa Cruz de Mora, Mérida)
- JESÚS MORÍN PEREIRA (Valle Morín, Edo. Aragua, 1954)
- BLANCA ELENA PANTIN, (Caracas, 1957)
- BEVERLEY PÉREZ REGO (Canadá, 1957)
- MERCEDES ASCANIO (Caracas, 1958)
- GRACIELA BONNET (Córdoba, 1958)
- CÉSAR SECO (Coro, 1959)
- MARTHA KORNBLITH (Perú, 1959-1997)
- GONZALO FRAGUI (Mucutuy, Edo. Mérida, 1960)
- MIGUEL MENDOZA BARRETO(G, Monagas, 1960)
- HERMES VARGAS (Caracas, 1960)
- SONIA CHOCRÓN (Caracas, 1961)
- MORAIMA GUANIPA (Maracaibo, 1961)
- BELÉN OJEDA (Caracas, 1961)
- JOSÉ JESÚS VILLA PELAYO (1962)
- ARTURO GUTIÉRREZ PLAZA (1962)
- ALFREDO ANTONIO HERRERA SALAS (Caracas, 1962)
- CELSA ACOSTA (Coro, 1963)
- SARITA MEDINA LÓPEZ (San Carlos, Edo. Cojedes, 1964)
- WAFI SALIH M. (Valera, 1965)
- CÉSAR UZCÁTEGUI MANTILLA (Caracas, 1965)
- JOSE LUIS OCHOA (Valle de la Pascua, 1965)
- ALEXIS ROMERO (Ciudad Guayana, Edo. Bolívar, 1966)
- LUIS GERARDO MÁRMOL (Caracas, 1966)
- CARMEN VERDE (Caracas, 1967)
- CARMEN ISABEL MARACARA (Maracay, 1967)
- ELEONORA REQUENA (Caracas, 1968)
- LUIS ENRIQUE BELMONTE (Caracas, 1971)


ESDRAS PARRA (Santa Cruz de Mora, Mérida)
Lo que has percibido
por la herradura del corazón
es un fragmento de tu secreto
un trozo de muro agotado
al rojo vivo
apoyado junto a tu cabeza
bruscamente ilegible
sostenido por la tierra
por la plegaria de la tierra
en su accidentada fragilidad
como una mirada continua
enredada en tus miembros
en el simple horror de la pulpa
escrito en el extremo de tu respiración.
"Este suelo secreto", 1995

Ya no sueñas
pero la tierra sube hasta tu llama
la tierra bendecida por el fuego
sacudida por la furia de sus raíces
abierta en su rigor
la tierra en su tensión extrema
con las manos destrozadas
cada pliegue un motivo para el hastío
la condición de las edades
que dominan su cansancio
vive en su costado derecho
y crea huecos donde persiste el rumor
las aguas que le comunican
su condena
y ese cuarto que rueda hacia las tinieblas
al acecho desde montes y cañadas
es tu casa en la noche final.
"De: Este suelo secreto" 1995

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JESÚS MORÍN PEREIRA (Valle Morín, Edo. Aragua, 1954)

Cobriza fermentación
Nada ocurría
sobre este desierto
donde mi cabeza es bronce

por eso mi corazón desfila
en una página en blanco
y en las anchas aguas
se congela.

Oh vino
tú me hiciste sabio
dejándome solo.
De Memorias del vino, 1998.

Cierta duda
Alguna vez
le hablaré a mi corazón

tan siempre terco
de una dama su señal enfrente
del trago que nos ocupa
acostumbro el largo viaje

siempre ebriedad
en cada tristeza.
De Memorias del vino, 1998.

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BLANCA ELENA PANTIN, (Caracas, 1957)

Espejo
your're the last great innocent, A.M.

Eres demasiado inocente
(nada entiendes)
mírate mírame
El ojo de la orca, 1997.

Un hombre y una mujer
En un asalto, un crimen
Nadie grita así por nada
Mis hijos miran hacia los lados
"Te voy a matar, maldito" dice una mujer a un hombre
Se golpean (es en el auto que no se pasa a la derecha)
La mujer se mira en el retrovisor
Temo por mis hijos
(Nada podemos hacer en este tráfico)
La mujer abre la puerta, intenta tirarse del carro
El hombre frena, golpea
No quiero que mis hijos sean testigos
(Es excesiva la violencia)
Huye por el paso privado de un hotel
Mis hijos cuentan "Te voy a matar, maldito, decía la mujer"
y duermen
El ojo de la orca, 1997.

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BEVERLEY PÉREZ REGO (Canadá, 1957)

Espera a que llegue el amor.
Siente su inminencia en el grito del ave que desciende sobre tu espalda.
Siente la frágil arquitectura de sus huesos. La trementina sobre su herida.
Adentro el latido exacerbado.

Ábrete, álzate hasta su altura, luego desciende a la profundidad de la cama.
Y el cuerpo que tiembla es fragua divina de su propia mortaja.
De Libro de cetrería, 1994

NOCHE, MAJA, MORTERO
Tanta especia me desvela, tan riesgosas fragancias en la carne acicalada.

Tanto orar bajo el crujir de tus hojas, la raja limpia del cuchillo, el golpe de tu mazo.

En el vientre oscuro del caldero irrumpe la candela alumbrándome. Sobre el fuego, el humo
levanta sus finos tallos, izando mi alma sobre el lomo rojo del azafrán.

Mientras más leña entra en la candela, más oscuro se cuece el caldo.

Majadura, susurra la noche. Clavo, insiste. Molienda, muerte.

Y tiende su paño blanco sobre la mesa, mortaja de ópalo, vibrando a la luz de las brasas. La
platería murmura su lengua arabesca. Suena la campanilla.

Migaja, repite. Sobras, sobras.
De Providencia, 1998

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MERCEDES ASCANIO (Caracas, 1958)

DEJASTE MORIR al guerrero de tu corazón
Llueve desde entonces
sobre los campos del sur

Ruega por la lucha
el yelmo y la espada

por tu pecho traspasado
n el campo de batalla

por tu lápida sin nombre
en un cruce de caminos

por tu muerte y nacimiento
cada día
De Palabras lejanas, 1998
.

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GRACIELA BONNET (Córdoba, 1958)

RECAPITULACION
(fragmento)

¿Cómo es posible que en tantos lugares sólo haya encontrado el odio? Y también la calle de mi casa, la gran funeraria con su sacerdotisa, su altar y su desaguadero, ¿dónde está el lugar donde se junta el aire? (Creyó que estaba bromeando, se miró con su compañera y no me dijo nada). ¿Dónde podré por fin salir a respirar claro, a ver las ovejitas correr al lado del castillo del Ebro, a lavarme la boca en el pozo de agua?

De: En caso de que todo falle, 1997.

Inventé una letra para olvidarte.
una letra, una silla, una pantalla de humo. Cualquier cosa valía para la magia.
Era una letra elástica, maleable, propicia.
La apreté contra mi cuerpo.
-Me has salvado! -le dije-. Me libraste de arrastrar una existencia miserable, sólo ocupada
por el destino de un ser azaroso, me salvaste de la ceguera continua, del amor. Podré
dormir por las noches y despertarme sin sentir los muros de esa cárcel, ahora nada escapará
a mis ojos, podré vivir...
La letra sonrío con ironía, hizo una especie de saludo y se desplegó sobre mi mano hasta
componer otra vez las cifras múltiples -terribles- de tu nombre.

De: En caso de que todo falle, 1997.

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CÉSAR SECO (Coro, 1959)

VIENES A DECIRME SILENCIADO.
Tuya mi piel de viento.

Hendidura la corteza.

Temblar ha sido serenarnos.
Corazón mi lengua.
Lluéveme luz en mi cabeza.
Alto árbol en un claro de lo oscuro.

AÑOS LLEVO EN ESTO.
Las pocas frutas. El pan.
La luz sobre la mesa lo va desmigajando.
Años llevo en esto.
La silla. El hombre solo.
El viento.
De: Oscuro ilumina, 1999.

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MARTHA KORNBLITH (Perú, 1959-1997)

Es Martes
leo a Kristeva
("la melancolía es estéril
si ella no deviene en poema)
Es Martes
y hace un mes
mi mano izquierda
ardía en carne viva
Conocí a un médico
al que amé con locura.
Ese hombre lavó
mi sangre
ese hombre limpió
mi piel quemada
con indulgencia.
Ese hombre conoció
mi llanto
pero ese llanto
no era un llanto
que venía de adentro
era un llanto distinto,
un llanto de afuera.
Es Martes
leo a Kristeva:
("Habito la cripta
secreta de un dolor
sin palabras")
A él le dedico
"Del dolor puede surgir
el amor, el más profundo
amor")

Es Martes
y leo a Kristeva:
"La melancolía es
una perversión,
a nosotros nos toca
conducirla hasta las
palabras y la vida"
De Sesión de endodoncia, 1997

Cuando caiga el gobierno
estaré habitualmente sola.
Como habré pospuesto
las compras
-como es habitual-
de tanto usar el tiempo
para imaginarte,
mi despensa andará
vacía
y deambularé sin un
grano de pan,
ni parientes, ni vecinos
ni calmantes, sola.
Seré una mujer en un
país en guerra
que piensa en ti
habitualmente
-sola-
De Sesión de endodoncia, 1997

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GONZALO FRAGUI (Mucutuy, Edo. Mérida, 1960)

LAS MUJERES Y LOS GATOS TRISTES
La mejor hora para enamorar a una mujer
es a la seis de la tarde

Si te dicen que no
como es la costumbre
podrás recorrer la ciudad
como una sombra a la que le brillan los ojos
como un dolor al que le pesan las manos
De Viaje a Penélope, 1998

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MIGUEL MENDOZA BARRETO(G, Monagas, 1960)

Cuando bebo whisky
huelo a madera
me vuelvo
cualquier cosa que pueda ser la voz
o el boceto de lo anterior.
Sueno como la madrugada
o como
lo que nos cierra
soy, a veces, como la noche de una mujer feliz
que descubre
en el beso de un hombre fugaz y definitivo
el cuerpo que le pertenece
como una maleta para le viaje de la desmemoria.

Maturín, 14-07-94
De: Calle Urica Nro. 81., 1999

Los amigos de mamá
están muriendo.
Se deshojan
y pienso en ella
porque sus años se notan demasiado
en el hambre melancólica de las calles.
Los pasos de mamá caen dolientemente
se presume en sus ojos
el cercano compromiso del silencio
un barco antiguo que ella espera
con los labios abiertos
como una forma de morir
vuelta madre
vuelta mujer
en el anhelo del hombre embarcado.
Se vuelve pájaro en la propia mirada
se levanta como un fuego desconocido.
Semilla humana
romper de hojas en el reflejo del cielo.

Maturín, 23-01-94
De: Calle Urica Nro. 81. 1999.

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HERMES VARGAS (Caracas, 1960)

Nunca más caminaré estas calles
queda Usted que no sé su nombre
Hablará de mí como en fantasmas
y doblará entonces el silencio
Ha de inventar una nueva figura
cualquier rostro que le muestre una sombra
Levantar el labio al tono de su boca
y de Usted llevar un beso
Nunca más caminaré estas calles
no tendré lugar en otro sitio
de plaza en plaza
reiré en discursos
a los amigos de mis amigos
tendré días contándoles
He de vivir invertido en este sueño inconcluso
De Aghadir, 1994.

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SONIA CHOCRÓN (Caracas, 1961)

No me colman tus dones no me hastían
no se agotan mis gozos y alegrías
Como el pez
que aún morando en el agua
del río clareado y ligero
cuando llueve abre su boca y bebe
así vivo en ti y a ti retorno
como si jamás me hubieras deleitado
De Toledana, 1992

No me está dado amarte así
pues a los ojos de mi pueblo
gentil eres
Es en contra de la ley -dicen-
allegarme y conocerte
Y sin embargo cuánto crece mi razón casta
y se hincha mi alma sin mancilla
Ennoblezco en tu compaña y troco
en hija pródiga de mi raza
De Toledana, 1992

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MORAIMA GUANIPA (Maracaibo, 1961)

Hechos de poesía
Los poetas son seres frágiles.
Pueden desvanecerse de amor
o de demasiada vida.

Cuentan que un poeta murió
con sólo pincharse el dedo
con la espina de una rosa.
Dicen que otro encontró
con una bala
el lugar exacto del corazón.
Hubo alguno que, insomne,
no atinó el tiro al blanco
al despedir su vida de cuarenta años.

Las poetas buscan medios más naturales
o domésticos.
Un frío lago recibió
la desesperación de una mujer
con piedras en los bolsillos.
Otra fue alga marina
y el mar la nombra en cada ola.
Otra respiró la muerte
invisible, incolora, del gas.

La muerte,
la desprestigiada muerte,
recibe con miedo esta fragilidad.
Teme este decir infinito
en el que una sola palabra, una sola palabra
llene de ecos el mundo.
De: Bogares, 1998.

Maracaibo
Canícula sería tu nombre
si te volviera a fundar.
El agua está allí,
fiel a tus orillas arrasadas
para cantar la sed
de hombres tristes
muertos de amor
que aman a sus mujeres
con tiros de escopeta.
Hay humedad y polvo
en tus casas oscuras
donde el sol
escondió sus resplandores.
Vives en mí
como una vieja pregunta.
De: Bogares, 1998.

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BELÉN OJEDA (Caracas, 1961)

Reconoces en cada primavera el lugar de la permanencia. Dentro, un manantial baña tu corteza reciente de abedul.

El verano ignora las ventanas. La intemperie siempre fue mejor.

Retornar al pozo nos devuelve el resplandor del silencio.
De Días de Solsticio, 1995.

Estás erguido sin palabras que te sustenten.

Lo justo no cambia su lugar.

Más allá del umbral encontrarás la identidad que te define.

Las máscaras permanecen sobre la tierra.
De Días de Solsticio, 1995.

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JOSÉ JESÚS VILLA PELAYO (1962)

CANTO XI (fragmento)
La noche es profundamente oscura,
Fernão Mendes.
Apenas se revela
en medio de un improbable círculo de luz,
en algún día semejante a la muerte,
en alguna silueta obstinada,
empeñada en no morir. Et enim.
Acaso en algún penoso velo nacarado,
en medio de los malabares de mi alcoba.
Te escribo,
bajo el desafiante espejismo de la luz,
junto a una rosa nimbada por el miedo,
creyendo súbitamente en ti, en Coimbra,
en la ingenua imagen de un azur
bajo algún detalle del cristal,
bajo el negro,
en los matices de Asturias.
Probablemente
en el hogar de los pabellones del Guadalquivir.
En el Al-Andalus. En mí. Ex quo fit ut.
Creyendo en Don Alfonso Henriques,
mi rey.
Sin embargo
hoy bajo de lo alto de la cumbre
y pienso en ti,
en aquella inestable claridad
que acompaña tus ojos
en días vacíos.
De Mariana de Coimbra, 1999.

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ARTURO GUTIÉRREZ PLAZA (1962)

Ritual
Se trenzan lentamente,
acoplan sus medidas,

descubren un rito
de aullidos diminutos:

lenguas,
ojos tallando la piel.

Los labios se encuentran,
olfatean,
recorren con furia los cuerpos.

Un breve estallido
queda preso en las sábanas.

Construyen un templo en la mirada.
De: Al margen de las hojas, 1991

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ALFREDO ANTONIO HERRERA SALAS (Caracas, 1962)

Necesito que alguien
me dé un parque
atardecer este desorden
atardecerme
yo

Si me dieran un parque
si al final me lo dieran
sería un anciano
una bicicleta aterrada de frío
De Cinco árboles, 1999.

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CELSA ACOSTA (Coro, 1963)

III
Nudo en labio ebrio
humedad y fuego
en la danza festiva de la noche.

Sol con rostro de aguas
habita tus ojos
de animal de verano.

Labio suelta sus nudos
y la ebriedad navega
entre el río
y las piedras.
De Labio ebrio, 1998.

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SARITA MEDINA LÓPEZ (San Carlos, Edo. Cojedes, 1964)

DANZA DEL ARROZ
Arrúllanse entre sí
las flores de las faldas
de doncellas y sabias.
Las suaves espigas pueden ser aún más doradas
que el dios incandescente
sólo el viento y los canarios
no se hunden con la negra tierra.
Los más robustos parten luego
con el grano hecho roca
que asoma la esperanza de que vendrá la bonanza
fuerte la chicha será
y humeante arroz
mantendrá a los hombres
fortalecerá a los niños.
Nada se mueve en el fango
los venados han venido a buscar su tarde
y todos nosotros sintiendo
la lejanía del verano.
De Bajos los soles de la villa, 1993

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WAFI SALIH M. (Valera, 1965)

AFANDI
De ti sólo me queda
un sabor
aceitunado
en el recuerdo

Como Beduina
he recorrido los desiertos
de tu cuerpo
en la noche

En el juego
Detenido
en cada poro
de mi piel

Donde te invoca
mi alma
en un perfume.
De Los cantos de la noche, 1996

SAMAR
Cóncava
tocando el fondo
de la desolación
día tras día
resplandeces
en el desierto
laúd adentro
llamas a la muerte
y oscurezco contigo.
De Los cantos de la noche, 1996

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CÉSAR UZCÁTEGUI MANTILLA (Caracas, 1965)

Me encuentro prestado en la noche
He perdido el olor a hierba
Soy un sonámbulo
con tierra quemada en los ojos

Me duelen las culpas que aún cierran la vida

He quedado registrado
con fechas prohibidas
De Idioma de la esquina, 1998

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JOSE LUIS OCHOA (Valle de la Pascua, 1965)

Esto dice Vallejo a Lázaro Álvarez

Esto dice Vallejo: hay que pensar
con la mente más blanca
y mirarse el ombligo desnudo
cuando duele
el dolor más humano
cuando duele más allá de este reino
de los cielos oscuros.
Y entonces volver a pensar
en uno mismo y en su hermano
y mirarse las manos vacías
con los ojos más tristes y más tiernos
que hayan visto este mundo
cuando viaja el hombre con su herida primera
y con su pensamiento
-siempre transparente
siempre pensamiento-
más allá de este reino
habitado por nosotros
los aventados por el remolino
de la desesperación
lo que abren la boca y reciben por gracia
la piedra que golpea
alimenta y acalla.

Esto dice Vallejo: aquí están
contemplen su muerte más tierna
pensando con su mente más blanca
y miren el ombligo que guarda
el murmullo amoroso
de estos dulces intestinos.
Y lleven así sus ojos más tristes
-perdonen tanta tristeza-
al fondo de las aguas vacías
al fondo de sus manos vacías
las mismas que algún día calmarán
la sed de otras manos
tal vez las del hermano más solo
aún no nacido
aún no arrojado por la boca sufriente
del mundo.

Esto dice Vallejo
un jueves de aguacero
-como hoy es el mío
y es el tuyo-
desde su dolor siempre agradecido
siempre entristecido
de poeta de animal
y de hermano
-que también es el tuyo
que también es el mío.

De Cantos Hiperrealistas, 1997

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ALEXIS ROMERO (Ciudad Guayana, Edo. Bolívar, 1966)

uso un báculo
para encontrar el camino
que me dejaron los guías de la calle
me cuido de la respiración de mis padres
ando a tientas entre restos de sudarios
protejo una tez distante a la mía
de la descarga de los nuevos soldados
mantengo un rostro despierto
que no me sorprenda la agonía de la alcaparra

los mangos me habituaron
su aroma bendijo lo indecible
lo podrido de la ausencia

aún le temo a la calma de mi padre
aún me asusta la plenitud de sus ojos
cuando tuvo que hincarse ante la luz

no tengo otra huella
distinta a la del madero que no seca
de tanto recibir la burla del agua
ésa que nunca será manantial
De: Que nadie me pida que lo ame, 1997

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LUIS GERARDO MÁRMOL (Caracas, 1966)

Passacaglia (fragmento)
Desde el suelo de roca el lampo asciende
humildes la figura y su penumbra.
Jamás he visto que deje de arder:
es fuego, mínimo fuego que sangra.
He visto en cambio cómo gotea, cómo corre siempre el agua de su fuego por entre las urnas de cristal de amaranto.
Apenas mis ojos se habitúan a la oscuridad
ya quiero volar.
Las siluetas que fluyen entre ajenas y mías
que me llaman y se alejan de mí como un aire de noche constelada cuya rosa violeta fuese atrapada por el día que aquí despliega sus sombras lustrales,
¿me harán olvidar aquellas otras sutiles figuras del véspero
que en el umbral respirara con tenue gracia mi alma ahíta y atormentada,
aquel frío aliento que cuando el día declina rodea como un aura las ojivas?
¿Y quién podrá decirnos cómo ha de ser la eternidad más breve?

Cuando ya no puedes estar presente, sagrada materia corruptible, insistes, desde luego, en
recordar. Pero entonces es otro el recuerdo. Y al mirar de nuevo ámbitos bajo cuya sombra
se te revelaron por vez primera los mismos ángeles del regazo, y por cuyas ventanas veías
húmedos árboles en lontananza y fantasmales, ingrávidas capillas por donde avanzaba tu
cortejo nupcial, acabas lamentándote por los sueños asesinados.
De Sueño de un día, 1997

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CARMEN VERDE (Caracas, 1967)

Mi alma se ha ido a comer piña
si mañana o pasado oigo que me llaman Carmen con un grito de mujer negra tallada en
madera; si me dan ganas de pintar un bailarín de pardo ojo bizco en este cielo turquesa, de
coronar a Francisco, a Leonarda, sombras de gracia, cansados de estar siempre en Octubre
sobre montañas de aguas verdes. Acaso la marejada del Cuira se adentra libre, conjura el
deseo, las constelaciones del vientre, el soplo de los cañaverales y el miedo de que mi sangre
se quiebre.
De Cuira, 1997.

Mi alma se ha ido a comer piña.
Ella es una camisa
que llevo puesta al revés,
y dice palabras extrañas a los hombres.

Nunca imaginé
mi alma es amarilla,
y tiene la inquietud de las nubes.
De Cuira, 1997.

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CARMEN ISABEL MARACARA (Maracay, 1967)

Estancias
Ubica tu lugar
en medio de la tormenta.

Acaso el espacio de los sueños,
los huesos de lo que continúa siendo
un ser querido,
la casa que no amas
a pesar de tu amor,
el sitio simple del desamparo,
la línea frágil en la cual te apoyas.

O en el vacío que construyes.
De: Alta tensión, 1998.

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ELEONORA REQUENA (Caracas, 1968)

Higa
abre el ojo te resuellan
no hay ardor
espera

tiende el canto de la mano
para darte cuatro piedras

blande el ébano del puño
ahora sé un torvo
silencio

sóplale las velas
ciérrale los pasos
no tropieces con la noche

duerme
De Sed, 1998.

sed
Aqueste la verdad no hay voz ni oreja
Boca sentenciosa ronda angustias
Córrete franquicia del dolor manido
Sala cicatrices Mora en un silencio
Quebrantado
Borde del vocablo
no nacido hinca tu colmillo
excreta
Dicta con murmullo al peregrino
canto aletargado la querencia
Hoy se ha amurallado la esperanza
grávida de esperas
derruida
De Sed, 1998.

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LUIS ENRIQUE BELMONTE (Caracas, 1971)

Es tarde, el sol se quiebra
en las ondulaciones de un agua oscura.
Voces tardías devuelven el eco
del caminante extraviado.
Abajo los portales, las sillas, la madera, el fuego abajo.

Ya el dolor siempre amarillo,
ya el umbral y su bostezo dejaron el mórbido aroma del cansancio
en los gestos que te animan.

Es tarde, y se podría decir que no de tiempo
sino de alas, de boca, de manos blancas.
De Cuerpo bajo lámpara, 1996

Esto no tiene porque (sic)salir de aquí,
aunque se deje de creer en muchas cosas, hay algo
que no debería traicionarse;
no la insistencia en sogas y árboles
sino ese bajo continuo
que marca el paso que no es fúnebre, el paso sin astucia,
el paso de estar con la oreja en la espera
de que bajen los santos sin su borrachera habitual
por las cortinas donde se enredan, a manera de preludio de Lohengrin,

La señal del eremita retiene
quizás para nunca
este instante de pobre certidumbre
que no debería salir de aquí
como la luz de la oquedad.
De Cuerpo bajo lámpara, 1996.

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