¿QUE HACEMOS AL LEER FILOSOFIA?

Apuntes para una visión hermeneútica de la filosofía

Nelson Tepedino L.

     Desde los inicios de la era moderna, la filosofía ha venido enfrentando una crisis de legitimidad cuya resolución definitiva no se avizora en el horizonte. La crisis tiene su origen en la aparición del espíritu científico que ha venido definiendo el caminar de la cultura occidental desde finales de la Edad Media. Antes de eso, el saber filosófico tuvo muchos problemas, pero nunca se puso en tela de juicio, por lo menos de manera realmente importante, se pertinencia como conocimiento. Fue sólo al aparecer la ciencia que la filosofía se vio enfrentada a una crítica radical que no tardó en transformarse en una auténtica auto-crítica dentro del seno de la misma. Es como si la filosofía ya no pudiera definirse a si misma si no es en referencia a su extraño y poderoso alter que es el conocimiento científico.

     El problema de las relaciones entre ciencia y filosofia es realmente tan complejo y vasto que sobrepasa las dimensiones y la temática de este ensayo. El hecho es, sin embargo, que frente a la aparente solidez y, sobre todo, frente al éxito que la ciencia ha tenido en ofrecer un conocimiento "seguro universal" sobre el mundo, las pretensiones de verdad de la filosofia han quedado ciertamente debilitadas. Mientras la ciencia puede ofrecernos pruebas empíricas universalmente válidas que garantizan, aunque sea provisionalmente, la explicación de ciertos fenómenos, la filosofia ha seguido respondiendo a los mismos problemas de siempre de mil maneras distintas, ofreciendo un caótico espectáculo en el cual, para colmo de males, los problemas terminan por quedar siempre irresueltos. Y, en definitiva, frente a "la ciencia", los seres humanos no encuentran a "la filosofia", sino a una auténtica avalancha de "filosofias" distintas que la mayoría de las veces se contradicen unas a otras. Y la verdad, los filósofos no demuestran mucho interés en ponerse de acuerdo. Sus controversias no se zanjan en congresos internacionales y no hay experimentos capaz de dar la última palabra a alguna de las filosofias que se disputan entre sí el trofeo de la verdad. Y, para cerrar el circulo, la ciencia occidental ha derivado una poderosa y eficacísima praxis técnica y productiva, cuyos resultados concretos y transformadores del mundo saltan a la vista. Según el punto de vista común y corriente, nada tiene que deberle el automóvil a la filosofia, mientras si le debe muchísimo a la física y a la química...

     A este problema de identidad la filosofia no ha respondido, como era de esperarse, de manera unívoca. El problema ha venido a sumarse a los que ya existían y, consecuentemente con su tradición, la filosofia ha respondido de muchas maneras distintas, hasta el punto de que hoy por hoy cada una de las filosofias existentes se define a sí misma según sea la actitud frente al conocimiento científico.

     Uno de los resultados de esta confrontación ha sido un interesante fenómeno, relativo no sólo a las pretensiones de verdad de las distintas escuelas de pensamiento, si no al objeto mismo de la reflexión filosofica. Hasta la llegada de la ciencia, la filosofia se presentaba a sí misma como un conocimiento sobre el mundo. Es más, no tenía que presentarse de esa forma, porque era el presupuesto indudable de su labor. Lo que sucedió fue que la ciencia llegó no sólo superando a la filosofia en lo que a certezas se refiere, sino incluso echando por tierra muchas de sus suposiciones sobre la realidad.

     Este hecho generó reacciones distintas dentro del mundo de los filósofos. Muchas posturas se han originado desde los diversos intentos de resolver el problema. Los primeros esfuerzos procuran modificar la praxis filosófica para conseguir una filosofia "científica", que ofreciera las mismas garantías de certeza y universalidad que las ciencias empíricas. Otras escuelas formaron una especie de "familia" filosofica cuya respuesta consistió en "claudicar" y ceder el puesto a la ciencia, asumiendo que el papel de la filosofia sería convertirse en una especie de ancilla scientiae. Lo más interesante de estas filosofias, entre las cuales encontramos las llamadas "analítica", es la renuncia definitiva al objeto de la antigua reflexión filosofica. Frente al "frasco" de la filosofia para lograr un conocimiento cierto, universal y, sobre todo, unívoco, sobre el mundo, la filosofia moderna va a ir operando en sí misma en gradual "olvido de realidad". No olvidemos que el precio que Descartes paga para poder obtener su primera certeza absoluta -el cogito- es, precisamente, una torturante dificultad para retornar al mundo de las cosas. Y Kant opta por no ocuparse ya de la realidad eso es un asunto que asume como ya abordado de manera adecuada y hasta admirable por las ciencias si no de las condiciones de posibilidad del conocimiento científico. Aquí ya vemos asomar la idea de que a la filosofia no le va a quedar otro remedio que dedicarse a cualquier asunto, mientras no se trate de las cosas mismas. En nuestro siglo, el descubrimiento del lenguaje como "mediación" absoluta de todo conocimiento ha llevado a la filosofia por los rumbos de la filosofia analítica, cuyo axioma principal -confesado o no- es que el papel de la filosofia esta en analizar los lenguajes de las ciencias y de otras disciplinas y actividades humanas, a fin de estudiar en ellos su coherencia y significado. Este servicio a la coherencia lógica de los discursos sobre la realidad y, sobre todo, la posibilidad de someterlos a prueba para ver si su "significado" se corresponde o se deriva de proposiciones "comprobables empíricamente", termina por divorciar a la filosofia de cualquier pretensión de conocimiento sobre el mundo. Claro está que el asunto es mas complejo, pero el espíritu de fondo es, en esencia, el presentado.

     Esta concepción es dominante en algunos círculos del medio academico filosofíco y ha llegado a prevalecer también en el campo mismo del estudio de la filososia. Porque, si los discursos filosoficos con pretenciones de conocimiento sobre la realidad a la larga es muy poco o nada lo que pueden decir sobre ella, su estudio -en el dudoso caso de que valga la pena-, debe asumirlos desde el punto de vista de su lenguaje, de lo que "realmente quisieron decir sus autores", de la determinación de los significados precisos que dieron a sus términos y de los problemas de coherencia lógica que suscitan argumentaciones.

     El título de este ensayo anunciaba una problemática que solo ahora se hace presente. El problema del papel y el objeto de la filosofia da de ´si para hablar de muchas cosas y para escribir cientos de tesis. Sin embargo, el anterior preámbulo histórico pretendía tan sólo ambientar lo que me interesa tratar aquí, esto es, intentar responder a la pregunta que suscita la lectura de al filosofia. Porque, ciertamente, si la filosofia no dice "nada" sobre el mundo y, sus afirmaciones sobre el mismo se pierden en una maraña d opciones siempre distintas y hasta contradictorias, vale la pena preguntarse qué sentido puede tener estudiar o leer filosofia. Pues bien, en el anterior párrafo esbozaba lo que la filosofia académica, si no en su totalidad, si al menos en gran parte, ha hecho para dar respuesta al problema. Leer filosofia es casi aprender a argumentar, ir a los textos para disecarlos y sacar a la luz sus constelaciones de significadoe y su pertinencia lógica y discursivas. Para ilustrarlo con un ejemplo, estudiar el problema de la eudaimonía en Aristóteles significa hacer una cuidadosa exégesis del termino en el lenguage propio de la época del autor, para posteriormente proceder a estudiar cuál fue el significado preciso qe éste le dio en el contexto de su obra. Esto dará pie, finalmente, para analizar hasta que punto es coherente o contradictoria la argumentación aristotélica sobre el asunto, piniendose así sobre el tapete la problemática interna que presenta la argumentación y su desarrollo. Y siertamente que esos problemas de argumentación estimularán una abundante y prolifica labor de investigación que pueda mantener ocupados a los filósofos. Pero lo que nunca aparecerá en el horizonte es hablar y opinar sobre lo que fue el objeto del autor de la Etica a Nícomaco, esto es, la felicidad del hombre como termino y origen de toda ética. La era en la cual la filosofia se ocupaba de estos problemas ha pasado, ciertamente parece ser el presupuesto implícito de la labor de muchos filosofos profecionales. De la felicidad no tenemos pruebas empiricas, sino opiniones deversas, así que no parece ser un buen tema para trabajar filosoficamente, a menos que se trate de analizar con un bisturí logico esas opiniones. Y si un tema ético como éste, cuya actualidad nadie podré negar, corre con esta suerte, vale la pena preguntarse cómo quedarán entonces el mundo de las ideas platónicas, las "emanaciones" Plitino o el eterno retorno de Nietzsche...

     ¿Esto es leer filosofia? ¿Se trata de hacer tan sólo arqueología intelectual y análisis logico y semántico?.tal parece ser la única manera legitimada de leer filosofia hoy por hoy. Hay una suerte de censura infraliminal que se prohibe cualquier intento de acercarse a la tradición del pensamiento filosófico que difiera de los parámetros señalados. Si esto es así, no hay que pensar mucho para darse cuenta de que leer filosofia, ademas de ser un asunto de expertos, tiene que resultar sumamente aburrido, y su utilidad última no justifica su existencia. Porque podríamos aprender a argumentar limitándonos a estudiar los discursos "ciertos" y nada "especulativos" de la ciencia, sin tomarnos el trabajo de leer la "historia del error y la confusión" que seria la filosofia. Es decir, que la filosofia no se justifica como tal si se reduce tan sólo a ser una especie de "campo de entrenamiento" argumentativo.

     Lo que subyace en el fondo de esta "depreciación" de la filosofia es una concepción muy moderna poro muy simplista de lo que es el conocimieto y do lo que es la realidad. Esto lo ha denunciado mucha gente, pero para nuestras intenciones resulta especialmente interesante la postura que sobre el asunto tiene la filosofia hermenéutica, cuyo exponente más significativo es Hans-Georg Gademex. El problema estaría en asumir que existe un "mundo en sí" fuera del sujeto que conoce, y que éste sería una pura "esencia" sin mundo cuya misión estaría en representarse a si mismo ese mundo objetivo "tal cual es en si mismo". Si esto fuera así, es evidente que para cada problema habría sólo una respuesta posible, igual para todos en todas partes. Y, ciertamente, la única forma de conocimiento que ha logrado algo similar a eso es la ciencia en sentido estricto, las ciencias llamadas "duras". Pero cualquier otra forma de conocimientos cuyos "resultados" variasen de sujeto en sujeto y de época en época estaría denunciando una profunda inconsistencia, que consistiría precisamente en que no seria posible reconocer una objetividad exterior capaz de medir la "educación" de las soluciones propuestas a los problemas planteados. Esto es paradigmatico en el caso de la ética, donde la pluralidad de concepciones morales pone en duda la posibilidad de un autentico "conocimiento" ético capaz de garantizar un mínimo de "universalidad" y "certeza" para todos los "seres racionales".

     Para Gademex, sin embargo, no puede hablarse de una tal fractura entre un sujeto y un objeto en si mismo exterior a él. No hay un "objeto absoluto" aparte del sujeto, sino un "mundo" constituido linguísticamente dentro del cual se configura y desenvuelve el hombre. No se trata de que el sujeto "ponga"el mundo a la kantiana o de que la realidad sea una cosa cuya existencia resulta al menos problemática, sino de que esa realidad (que Gadamex no pone en duda), nos viene dada en el lenguaje humano. Aquí el es muy importante, porque señala en la dirección de una mutua pertenencia entre mundo y lenguaje. Aunque hay y habrá realidad sin el hombre, esta realidad la vendrá siempre dada como constituida y decantada por la lingüística de su experiencia histórica. El hombre no necesita "salir" un búsqueda de un mundo en si mismo, absoluto e incondicionado, sino que se encuentra ya instalado en él en virtud del lenguaje* que lo constituye. De allí que exista una sola realidad, esta se mantiene siempre como un horizonte de nuestra experiencia, en la cual caben -y de hecho hay- muchos mundos distintos, o para decirlo gadamerianamente, diversas acepciones del mundo:

 
"Como constituido linguisticamente cada mundo esta abierto por si mismo
a toda posible percepción y por lo tanto, a todo genero de ampliaciones;
por la misma razón se mantiene siempre accesible a otros. Pues bien, esto
reviste una importancia verdaderamente fundamental. Con ello se vuelve
problemático el uso del concepto "mundo en sí". El baremo para la
ampliación progresiva de la propia imagen del mundo significa que, nos
vamos en el lenguaje que nos movamos, nunca llegaremos a otra cosa que
a un aspecto cada vez más amplio, a una "acepción" del mundo. Estas
acepciones del mundo no son relativas en el sentido de que pudiera
oponerseles el "mundo en si", como si la acepción correcta pudiera
alcanzar su ser en si desde alguna posible posición exterior al mundo
humano-linguístico. Obviamente, no se discute que el mundo pueda ser sin
los hombres , y que incluso quizá vaya ser sin ellos. Esto está dentro del
sentido en el que vive cualquier acepción del mundo constituida humana y
linguisticamente. Toda acepción del mundo se refiere al ser en si de éste.
El es el todo al que se refiere la experiencia esquematizada
linguisticamente. La multiplicidad de tales acepciones del mundo no
significa relativización del "mundo", al contrario, lo que el mundo es no es
nada distinto de las acepciones en las que se ofrece
*.

     Es por eso que podemos decir que para el hombre "ser es interpretar". La ciencia sólo ofrece un mundo de certezas universales en virtud de que constituye conscientemente un determinado lenguaje adecuado para ese objetivo, pero no porque posea una especie de "perspectiva absoluta" capaz de acceder al mundo tal cuales, previo a todos los lenguajes. El hombre verá el mundo siempre según las perspectivas que su longitud concreta le ofrezca, y la totalidad de la realidad permanecera siempre como un horizonte abierto que esta allí precisamente para que las distintas acepciones y perspectivas del mundo puedan ampliarse e integrarse mutuamente. Los mundos linguisticos, en cuanto participàn de un mismo carácter humano, son suseptibles de influirse y ampliarse los unos a los otros (otra coso es la dificultad inherente al asunto). Estño es tan así, que resulta muy iluminador para entenderlo lo que la psicologia profunda arroja como un hecho innegable, a saber, que en gran medida el hombre ve el mundo según sean las innumerables proyecciones e investigaciones simbolicas que hace su su fantasia sobre la realidad, de tal forma que la "realidad objetiva" en la que se desenvuelve está constituida no sólo por la mera "materialidad" de las cosas, sino por esa profunda carga energetica y simbolica que emana desde las profundidades de su inconsciente personal y colectivo*. Y el hombre no tine otra forma de ser. Cualquier intento por eliminar todos estos "condicionamientos" para ir en sí, sino de la nada misma, por que ellos son, prescisamente, la condicion de posibilidad de su acceso al mundo. al hombre la realidad nunca le vendrá dada en limitaciones que inevitablemente tendremos siempre, solo caeran en la medida en que nuestra "acepcion del mundo" se abra a las posibilidades y preguntas que otras acepciones del mundo le generen. La verdad o mentira de nuestras supociciones solo se revelaran en la medida en que nuestra mirada se amplie en la perspectiva que nos abre una vision del mundo mas amplia y totalizadora*.

     Las consecuencias que esto abre para la filosofia son insospechadas. Por que la variedad de sus concreciones historicas y personales no pueden aparecer ya como él principal argumento para negarle la validez de su pretension de hablar sobre el mundo. La filosofia ha pretendido desde sus origenes dar razon del fundamento de lo real y de su totalidad y del resultado de casi tres mil años de filosofia es una variedad sorprendente plural de respuestas a estos problemas basicos. Y es que no podia ser de otra manera, no solo porque cada filosofo hable desde una situacion muy particular, sino porque todos han habitados mundos, totalidades de sentido, inmesamente distintos y concretos, constituidos en lenguajes determinados que desde sí mismos ofrecen al pensar perspectivas y vertientes distintas de la realidad. Una realidad inagotable, que habra de ir aconteciendo según sean las posibilidades que ofrezcan las distintas acepciones del mundo en las que han ido ofreciendo a los filosofos. Y en virtud de su querer acceder a la plenitud de lo real -de la cual el hombre mismo forma parte-, no habra entonces ningun otro saber más adecuado a su pretensión que la filosofia. Ella no se hace a pesar de las constitucion lingüística del mundo, de cada mundo humano, sino precisamente gracias a ella. Su "objeto" no es una realidad en si neutra y exterior, si no una realidad humana cuya verdad es plural y sobre todo, viva, no una rigida conceptualizacion supuestamente intemporal. Una realidad que no esta "fuera" o "dentro" del hombre, sino un mundo del cual el forma parte y que le viene dado en una lingüística actuante y dinamica.

     Si la filosofia aspira a alcanzar una vision global de la realidad, tiene que empezar por saber que, por ser una realidad humana, su siempre eventual verdad no cristalizara nunca de modo definitivo y puntual, sino que acontecera como un hecho vivo, plural, susceptible siempre de ser ampliado o corregido según sean las diversas perspectivas en que sea realidad le ha venido siendo entrega al hombre. La filosofia no es tanto un asunto de "comprobaciones empiricas" como de dialogo entre diversas perspectivas de entrega de realidad.

     Es por eso que la tradicion juega un papel fundamental en la filosofia. En ella tenemos nada mas y nada menos que la expresion consciente y racional de las diversas tentativas del hombre por acceder a la totalidad de su mundo y a sus fundamentos. La historia de la filosofia es asi la historia de una ultima palabra sobre el mundo que nunca ha sido concluida ni lo sera. En ella, los problemas ultimos y radicales del mundo y la existencia toman la palabra desde los lenguajes particulares de cada cultura y de cada filosofo, evidenciando no solo el desarrollo de tales "problemas", sino sobre todo iluminando diversos aspectos, perspectivas y posibilidades de los mismos que nunca habrian sido posibles sino en el seno de esa unica y determinada tradicion. Asi, cuando leemos un texto filosofico no estamos ante un documento que deba ser juzgado por su adecuacion al mundo cientifico en el que vivimos y a sus verdades absolutas, sino ante el testimonio de lo que un mundo hoy perdido (aunque presente de algun modo en el sustrato de nuestra propia tradicion) fue capaz (e incapaz) de ver acerca de ese horizontes ultimo al cual todos estamos como proyectos de manera quijotesca pero inevitable.

     De esta manera se entiende que sea muy importante toda la labor exegetica tendiente a contextualizar, en cuanto sea posible, los textos filosoficos del pasado y a determinar la esfera de significado de sus terminos. Pero esto sera siempre una labor previa, cuyo objetivo sera el de permitir que algo nuevo (aunque venga del pasado) ilumine nuetros propios condicionamientos y maneras de entender los mismos terminos. Pero el trabajo del lector no ha hecho sino empezar una vez que dispone de la labor de la exegesis. Porque incluso esa exegesis misma viene ya cargada de interpretacion de nuestra parte, y no hay texto alguno que haya encontrado su "exegesis oficial y definitiva". Este trabajo previo no hace sino introducirnos en el texto, capacitarlo para que diga algo. Pero eso que dice lo dice ahora a nosotros, habla a nuetra propia situacion, lo cual significa que estan entrando en dialogo dos acepciones del mundo distintas, pero que se iluminan mutuamente. El texto filosofico del pasado nos ofrecera siempre posibilidades de interpretacion nuevas de nuestro propio mundo, nos puede ayudar a construir y ampliar nuestra vision, al hacer presente puntos de vista olvidados o simplemente dar relieve a cosas que permanecian como "indiferenciados" en el estado actual de nuestro saber.

     De alli que para leer un texto filosofico la ambigüedad del lenguaje y su pluralidad de sentidos no sea tanto un obstaculo -aunque puede serlo- como una fuente posible de iluminacion de aspectos de los real que un lenguaje univoco no puede menos que significar. Solo la pluralidad infinita del lenguaje humano lo hace capaz de expresar y hacer presentes en el las diversas posibilidades de la realidad*. Es por eso que en un abordaje de la filosofia que no pueda ver mas alla de la obsesion por fijar los significados precisos y "verdaderos" de los terminos utilizados a lo largo de la historia de la filosofia, se va a quedar a medio camino, sin lograr nunca del todo su dudoso objetivo y, lo que es peor, sin sacarle el jugo a su labor. Porque ¿de que nos sirve precisar lo que Aristoteles quiso decir con su eudaimonia sino es porque, de alguna manera, puede iluminar nuestra viva y urgente preocupacion por realizarnos, por ser felices?. Es como juzgar una pelicula atendiendo solo a la perfeccion de sus procedimientos tecnicos*...

     Entender la lectura de la filosofia desde una perspectiva hermeneutica no es solo revalorizar el papel de la interpretacion como fuente de verdad, sino asumirla individualmente como una posibilidad de ampliacion del propio mundo y de sus posibilidades. Al leer filosofia de esta manera podemos expandir nuestra propia subjetividad, implicandonos como interlocutores a quienes se les dice algo sobre si mismos y sobre su mundo y que, a su vez, interrogan al texto para hacerle decir aquello que en su momento no podis ser visto pero que nuestra propia situacion hermeneutica es capaz de sacar a la luz ahora. Y como quiera que el autor del texto en nada puede modificar ya su situacion o ampliar su propio mundo, ese ejercicio no hace sino revertir de nuevo en nuestra propia problematizacion y expansión personal. La filosofia se vuelve asi algo que nos exige ponemos en juego frente a esa alteridad interrogante que es la tradicion que nos habla. Asi, la filosofiapuede dejar de ser mera dominacion y manipulacion de un texto muerto -y por lo tanto indefenso frente a nuestras pretenciones*- para cobrar vida en nuestrapropia vida como portador de nuevas preguntas y, por lo tanto, de nuevas posibilidades.solo asi la filosofia nos abre al mundo de los hombres y nos ayuda a forjar nuestra propia intimidad.


*Gadamex tendria que ser mas explicito en su nocion de lo que sea el lenguaje. Sin embargo, de la lectura de su obra puede deducirse que su concepcion no tiene nada que ver con el "lenguaje" de los analiticos, Gadamex habla mas bien de la "linguisticidad" basica de la experiencia humana, constituida no tanto por las diversas "lenguas" y sus gramaticas y sintaxis particulares como por el complejo universo simbolico por el cual el hombre objetiva su experiencia de la realidad y la expresa y comunica en un acto vital continuo e irreductible a un solo elemento. El "lenguaje" de Gadamex vendría a ser toda la decantación de la experiencia humana que es la cultura, incluyendo toda la investigación simbolica que hace el hombre de lo real para construir su propio mundo y darle sentido y no simplemente la lengua hablada o escrita.

*GADAMER, Hans-Georg; Verdad y Metodo, traduccion de Ana Agud Aparicio y Rafael de Agapito, Salamanca, Sigueme, 1991, pág. 536.

*"La realidad objetiva (a la que esta conducta se refiere) es para la personalidad el producto de diversas constelaciones de la energia (fisica), las investigaciones significacionales de la cultura, las investigaciones axiales de la sociedad ("valores") y las proyecciones circunstanciales del psiquismo personla (mas las anticipaciones de la fantacia)... la realidad objetiva no es, pues, algo neutro y opaco, sino un sistema de la afectividad, la fantasia y el valor" CENCILLO, Luis: Sexo, Comunicación, y Simbolo, Barcelona, Anthropos, 1993, pag. 116.

*GADAMER, op. Cit., pags. 537-538.

*Op.cit.,pag.533.

*"Tambien aqui se nos confirma que comprender significa primariamente entenderse en la casa, y solo secundariamente destacar y comprender la opinion del otro como tal. Por eso la primera de todas las condiciones hermeticas es la precomprencion que surge del tener que ver con el mismo asunto".

*Op.cit.,pag.438.

Publicado en Logoi 2.Revista de filosofía. 1999. Caracas: (UCAB)

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