EL
VENCEDOR*
José
Balza
¿Supongo
que por fin que así era el mediodía? Había nacido casí ochenta años
antes y algo imprecisable, cuando aún su vida era muy fresca, lo lanzo
hacía ese territorio de si mismo que nadie hubiera adivinado: ni él.hoy,
al encontrar a su viejo baul de madera algunos documentos de identidad,
postales y cartas borrosass, un recibo de quien sabe que duda, reconoci
que tambien él había nacido como un bebe. Iba a ser el primer hijo
de un matrimonio prolifico (y al parecer feliz). Cuantro hermanas
y tres hermanos, él a la cabeza de todos. Intuyo que la relación con
su padre fue intima (no como ocurrio conmigo); y que su madre, nerviosa,
atenta, obsesiva y pulcra debio ayudarlo a crecer con exhaustiva minuciosidad.
Su padre era comercíante, y tambien
él se inicio en el vasto negocio de viveres, de mercancías generales.
La población estaba al borde de una carretera principal, causa suficiiente
para que se fuesen prosperos. Ademas, todos trabajan con empeño.¿es
una injusta impresión trasmitida por mi madre o mucho le costo separarse
del hogar paterno, venirse hacía esta población y fundar a la vez
su hogar aquí? Mi madre juzgo como exageradamente posesivo y aprovechadores
a los otros; la enfurecio ver que miembros de esa familía intervenían
en los asuntos de la pareja.
De ellos guardo memorías encantadoras;
tambien yo era el primer hijo y los abuelos y los tios querían llevarme
hacía su poblado, tenerme consigo durante las vacaciones. Un recuerdo
derua en esos días de juegos y afectos: ¿la reconocida negativa de
mi madre para dejarme ir? ¿se repetía con tal exceso de cuidados y
de cariño lo que había pasado años antes con él?
Hoy, al registrar y ordenar su
viejo baul, halle tambien algunas fotografías. Ese hombre con traje
claro; ese de corbata y bucles oscuros sobre la frente, es él. Nunca
lo vi así. Mi memoría lo recoge vez cuando ya habría pasado los cuarenta.
(Tal vez verlo a díario, desde mi nacimiento, impidio que pudiera
mirarlo realmente alguna vez).
Y si allí se muestra guapo tiene
que haber resultado atractivo para su esposa. Esa imagen corresponde
al establecimiento de su hogar y del negocio propio. Es el periodo
de víajes para la compra y venta de mercancía; a los años en que se
ausento por dos o tres días de su casa (como no lo haría nunca más).
¿Tuvo tambien alguna otra mujer en el pueblo? Como me gustaría saber
que en verdad pudo vincularse profundamente por un lapso, entregar
su cuerpo y su afecto de forma total; como quisiera hallar el testimonio
de que tuvo un amigo real, algo más que esos familíares obsequiosos
y vagamente asomados en perspectiva. Pero no: creo que no hubo otro
amor, aparte de la esposa, ni amigo alguno. Sus relaciones eran comercíales;
su cordíalidad con los hombres, dato de alguna operación. Voviendo
a la aura de mi pubertad (yo, que ahora soy un hombre mayor, como
lo fuera él alguna vez) vislumbro que posiblemente fui un cofre perfecto
para su afecto; y que él no lo abrio.
¿Qué produjo la escisión? Quiza
existio siempre, en el influjo de los padres sobre el bebe. La mama,
tan ascetica, tuvo hijos numerosos y algunos abortos; el padre, aúnque
hogareño, venía de una vida en las ciudades. Jamas lo escuche hablar
de su adolescencía; y los años cercanos a él solo me dejan impresiones
de trabajo, de negocios. Calro que su pequeña casa comercíal no manejaba
centenares de miles, pero evidencíaba estabilidad. Debe haberse casado
a los veintiuno; y siete años despues hubo la primera gran factura.
Poca gente la noto (su esposa si, especíalmente). Se encerro por días,
sin hablar; no le importaba el destino del negocio. Su mujer se vio
obligada a sustituirlo por primera vez: con soltura, con sorpresa,
pienso, y tambien con decepción. Ella, de buena familía, no esperaba
ese destino de tendera. Un mes despues estaba recuperado. Para él
debe haber sido enigmatico ese víaje a la sombra, la sensación de
extravio y de desasímiento. ¿Qué pudo decirse cuando recupero la capacidad
de hablar, de hacer chistes, de volver con su mujer y los niños? ¿qué
guardaba en su conciencía de lo que había pasado? ¿o nada recordaba?.
Su esposa, a quien yo debería acusar de poca comprensión, lo entendio
a su manera: consultando amigos, un brujo, un medico. En su descargo
debo fijar que aquella lo acompaño por casí treinta años.
A partir de ese descenso, la
cosa se repitio cada dos o tres años. El vivía con los suyos y en
el poblado, en su negocio y su rutina, pero una amenaza podía devolver
aquel mundo que lo castigaba, angustioso e hiriente. Recomenzaban
entonces dos, tres semanas de incoherencías, de caprichos y peligros.
El cuerpo de ese hombre moral simple y aún hermoso se perdía en una
oscura irisación del sufrimiento. ¿Se realizaba así una honda voluntad
inconsciente o se trataba realmente de la locura? Querer vivir dandose
y no poder; sentirse condenado a la inexpresión; saberse derrotado
ante cualquier varíación de al realidad; aspirar a un afecto absoluto
y reciproco: ¿cuál de estos matices hacía irrumpir el mal?.
Aquí en el baúl hay fotos más
recientes: el rostro que ya conozco. Marcadas lineas desde la boca
hacía la nariz, una leve calvicie, los ojos flotando en una sustancía
opaca y estrabica. Se que un ese momento sus manos son ya muy callosas
y gruesas, que el pelo emblanquece y el vientre se abulta un poco.
Desde entoces en la voz que habla roncamente, como regañando, y en
los ojos que se inclinan abotagados, estara aquello que realmente
querra trasmitirme; algo suyo, unico e indecible. Sucedera cada vez
que nos veamos durante los veinticinco años siguientes; pero por supuesto
no sabra expresarlo ni yo entenderlo.
A partir de esa epoca reconozco
su total incomunicación conmigo (aúnque hablaramos tonterías, y mucho)
tal como había ocurrido con todos, incluso con él mismo y su mujer.
La fractura (¿o algo anterior?) lo había dejado en un lugar inaccesible,
en un mundo dendo el afecto no debía existir o ser expresado. O quiza
en un territorio donde su inmensa, insatisfecha hambre de ternura
había sido estrictamente prohibida por terribles leyes. ¿Alguna vez
acaricio la cabeza de sus hijos, a quienes tanto amaba? no todo quedaba
en una orden, en una escasa sonrisa, en una prolongación de su propio
honor?
Aparte de ciertas pequeñas manías
(no probar medicinas, no comer mucha sal, evitar el licor) que imponía
a los demas, jamas lo escuche quejarse de enfermedad alguna. parecía
fisicamente sano, y lo estaba. Ni ocurrierón las molestías prostaticas
ni tuvo artritis. Todo lo decidio cercano a los ochenta, pero pudo
haber vivido veinte años más.
Yo cambie ese poblado de las
llanuras cuando cumpli diecisiete. Rechazaba las intervenciones de
mi madre en nuestros destinos de hijos. Fui a estudíar y a trabajar
en otra ciudad, y allí me quede. Comence a visitarlos una o dos veces
al año, aúnque les envíaría una mensualidad fija.
Recibi el privilegio del equilibrio;
tengo amigos, mujeres, hijos. Bailo y me divierto; se comer con abundancía
y beber libremente. Nada es más importante para mi que escuchar (y
repetir) todos los chistes que el mundo inventa. Mi profesor tambien
ha aportado seguridad y buen sueldo. Me converti en todo lo opuesto
a él.
Sin embargo, nunca olvidare que
durante una noche de mi adolescencía (¿estaba yo aún en casa, cerca
de él?) senti que cuando me rodeaba desaparecía: quedaba yo inmerso
en una solida presencía del mundo, pero sin que nada tuviera significado.
Había vivido pocos años; viviría mucho más : y nada de eso tendría
sosten en algun lugar de la realidad. Vivir era como un sueño fragil,
obtuso, pungente. Aquel torbellino duro algunas horas; sali a la calle,
caminé o corrí. Jure que nunca más soportaría algo igual. Supe que
ese dolor esra llamado de la muerte, y que unicamente entregandome
desaparecería. Cuando años más tarde en la otra ciudad, reaparecio
ese sentimiento de vacio, opuse toda la fuerza de mi exito en el sexo,
en la oficina, en las casas amigas, para vencerlo. Luche durante toda
la tarde, pero en la madrugada me vencio ese impulso de final, esa
exacerbada tensión. Comence a pensar en el suicidio.
La situación era clara: ni yo
estaba loco ni repetía la conducta de mi padre. Me iluminaba un mundo
de gustos, de alegrías, tambien de pequeñas soledades. Tenía a la
mano el telefono y la solicitud de mis amigos; podía rrecurir a una
de esas compañeras que tanto me ha dado. O ir al cine. No, yo no era
un caso de aislamiento ni de excesivas relaciones publicas. Había
conducido mi vida hacía el equilibrio. iba a tener treinta años y
todo estaba en orden. No eran los elementos del contorno la razón
de mi caida; había algo a lo que no lograba acostumbrarme: a vivir.
Y esa sensación quedaba ahogada por las dulces experiencías díarías,
hasta que una pequeña grieta mostraba el abismo. Acepte que parte
de vivir era ese obsesivo conocimiento de lo oscuro, de un absurdo
ardor. Morir podía ser un deseo de omisión como la sexualidad. ¿por
que no realizarlo?.
Seis o siete años despues del
primer toque la desesperación volvio tan clara, logica y urgente,
que salte de la cama a medíanoche. No tenía que llamar a nadie ni
buscar consuelo. Mi final era solamente mio. Recorrí la pequeña casa,
aún saturada por el perfume de la mujer que había estado conmigo durante
la semana. ¿que hacer, como concluir?. En la cocina palpe la liquida
punta de un cuchillo; pense encender el auto y dispararme como ciego.
Descubri entónces los hicos de mi hamaca y la viga del cuatro de servicio.
Tome el mecate, rodee el palo, hice el nudo y me aproxime. Un temblor
de entrega me recorría. Senti las hilachas en el cuello y estaba punto
de saltar desde la banqueta colocada a mis pies. Y de pronto la decisión
se derrumbo; un escalofrio de cobardía, de temor, de regreso sin sentimiento
me invadio. Llorando supe que no tendría valor; morir era demasíado
para mi. Me quede allí hasta el amanecer; la angustía se borraba,
hasta podía recordar un chiste. Yo estaba de este lado, con la vida,
aúnque ya no pudiera apartar ni un día ese gusto reseco de morir.
Ya sabía que en la soledad del pueblo, en el acto de amar o recibíendo
amistad, trabajando o caminando, siempre habría un acto que superaría
mi poder: la completud de la muerte.
Debi esperar hasta hoy, aqui
junto al viejo baul, para entender el mensaje que tambien él quería
darme. por motivos diferentes, por rutas alternas, ambos habíamos
conocido la misma decisión. El atraves de la insanía, del decaimiento
psiquico; yo, a traves de una vida vulgar. ¿cuántas veces estuvo en
sus ojos las pregunta? ¿cuántas veces quiso decirme: como hacerlo,
como cerrar este mundo? ¿de donde sacar el valor para el instante
definitivo? Muchas veces debio haberlo ensayado, como hiciera yo una
vez. Muchas veces se devolvio. En nadie podía haberse apoyado para
inquirir, si no en mi, su joya del afecto. Precisamente en mi: la
unica persóna a quien no lo podía preguntar.
Lo hizo ayer a mediodía. Por
fin alcanzo esa hora de plenitud. Puedo verte, mio; puedo verte como
yo, esperando el lapso de absoluta soledad en la casa. Dejas que tu
hija y sus empleados salgan al habitual, cercano restaurancito. Hora
de almuerzo; el poblado reverbera en luz franca; nada significa peligro.
Esta aislado, más aislado que nunca; o comunicado por primera vez
con todo cuanto fue tu vida, cuanto hemos sido en ella sin tocarte.
Tienes casí el entusíasmo de probar la pequeña viga del patio, de
asegurar su resistencía; cortas un mecate radio de tu propio negocio.
Vacilas mientras anudas: todo tu pasado vuelve y sabes que aún puedes
recuperarte, vivir sano muchos años. Pero no, sabes que solo estas
sano en este momento. La vida volvera a golpear eso de tu espiritu
que desconoces y que es el centro de tu pensamiento. Ya soporte demasíado.
Casí ochenta años rumíando la decisión, probando como en otras oportunidades.
Has decidido esta vez. Pasas la gruesa cabuya por tu cuello; y esa
impresión te hace llorar: estas niño, tan desamparado, tan absolutamente
solo. Con un pequeño salto, una flexión podrías interrupir, volver
al mediodía de afuera que se eleva como una flor. Pero el horroe mismo
te sacude y te impulsa: te lanzas, padre mio, en la muerte, en lo
que fue tu deseo supremo. Eres ya el unico acto que yo no pude realizar
y que tu cumples magnificamente en este silencio con que te pienso.
Delta
del Orinoco
(1987)
*De La mujer porosa.
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