FRANCISCO ARÉVALO
O COMO ESCRIBIR LA CIUDAD

Carlos Yusti

trataré de realizar un bosquejo rápido de su autor, Francisco Arévalo, a pesar de que la monserga académica aconseja, hasta el cansancio, que es necesario concentrase más en la obra que en la vida del autor. En el caso de Arévalo dejar al margen su vida sería una estupidez, debido que él en vez de escribir literatura lo que hace es vivirla con todos los nervios en vilo. Sus vivencias se traspapelan en sus escritos de una manera tan acentuada que resulta difícil distinguir realidad de ficción.

de amor/odio en mitad de su alma.

producto de mis naufragios etílicos y amorosos. Más que la amistad, o nuestra afición a la francachela, nos hermanó de inmediato nuestro interés común por la literatura.

las entrañas de la ciudad. Paseábamos por sus calles llenas de ruido y de un moho de sombras que se adhería a los huesos. Visitábamos, sin discriminar, cuanto bar se atravesaba a nuestro paso. Comprábamos los encantos de alguna puta para sentirnos más cerca de la poesía y de la vida. Al poeta Arévalo todo lo conmovía hasta las lagrimas. Se mezclaba con la fauna nocturna, sin medir consecuencias, y trataba a los borrachos, chulos, mendigos, prostitutas, zapateros, homosexuales y buhoneros como reyes o princesas según se terciara.

Cuando yo andaba, corto de dinero, que era casi siempre, Arévalo metía algunos billetes en mis bolsillos y me invitaba una cena con sus respectivos tragos. En suma se podría asegurar que sería una excelente persona si sólo emborrachara al idioma cuando escribe/bebe.

Con una vida agitada, llena de alcohol y hermosas mujeres Francisco Arévalo es un escritor maldito por excelencia. Por esa razón para el postmodernismo en boga, que se alimenta de poses y rebeldía light, es un ser anacrónico. No así, claro, su escritura hecha con la piel de sus experiencias, de sus dolores, de algunas puntuales alegrías y de esos inevitables cabreos de oficina con horario.

luminosa e iluminada.

"La Esquizofrenia de las golondrinas" es si forma parte de una trilogía, en proceso, sobre Ciudad Guayana. Los otros dos títulos son "Adiós Matanza en invierno" e "Historias de Nueva Pistburg" o algo parecido.

No es Arévalo un poeta que escribe novela, sino un novelista que escribe poemas. Cuestión fácilmente demostrable: muchos de los poemas de Arévalo poseen sentido narrativo.

belleza

como él mismo lo ha dicho. "..no hemos aprendido a ver lo que es la estética. Compramos el sentido estético que nos vendió las Grecia clásica. No entendemos que un zamuro puede ser hermoso. Entonces, la gente dice que uno es escatológico. Pero es que no ven lo que rodea al ave de carroña".

Juan Nuño señaló en una oportunidad que las ciudades no son inocentes. El poeta retrata con su escritura esa no-inocencia de Ciudad Guayana. Recopila una serie de historias, de anécdotas, de cuentos, de puntos de vistas donde no falta la poesía llena de manchas de alcohol y cigarrillo. Transcribo algunos breves párrafos para que perciban en primer lugar el manejo del lenguaje, en segundo término el sentido altamente poético de la novela y por último la fuerza y la irreverencia donde entra la crítica y la ironía, el amor y el desamor que entreteje a una ciudad compleja y en lo absoluto inocente:

sentir lo que somos: perfectos pendejos".

Quisiera recalcar de nuevo que la novela tiene un sobrio vigor poético. Con dicha novela Arévalo demuestra una vez más que es un escritor competente a la hora del utilizar del lenguaje, que posee gran pericia para trabajar con las palabras y lograr que ocurra el inevitable milagro de la metáfora. Robert Louis Stevenson escribió algo que se ajusta a la novela de Arévalo: "Los libros que ejercen más influencia, aquellos cuya influencia es más verdadera, son las novelas. No atan Al lector a un dogma que más tarde descubrirá inexacto; no le enseña una lección que a posteriori deberá desaprender. Las novelas repiten, reacomodan, esclarecen las lecciones de la vida; nos alejan de nosotros mismos, nos obligan a relacionarnos con los otros, nos muestran la trama de la experiencia, no como podemos verla por nosotros mismos, sino con un cambio singular …Para que esto ocurra deben ser razonablemente fieles a la comedia humana; y cualquier obra así sirve al propósito de instruirnos". Sólo me resta darle las gracias a Francisco por su novela.

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