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Sigfredo Chacón
Chacón
resolvió hacer pintura con las líneas de Apeles y Protógenes: el fino
trazo que origina el más sutil de los espacios, relación entre grafismo
y fondo, del cual surgen las demás variantes de su lenguaje-sombras, tonos,
valores. Utiliza como pintor lo que el diseñador "abandona" sobre la mesa
de trabajo -bocetos y aproximaciones, huellas autográficas, cuadraturas
rectilíneas- para literalmente reconstruir sobre tales elementos, una
temática pictórica surgida de los materiales mismos del artista-diseñador
y del artista-pintor.
Carlos Basualdo
Es
quien hace más evidente la necesidad de afirmar a través de un método
mecánico la elaboración de su pintura. Para él "pintar pinturas abstractas"
está teñido de una actitud casi sarcástica. Sus pinturas abstractas no
forman parte de una tradición filosófica, en la cual los valores estéticos
se van sostenidos por una fuerte espiritualización. Todo lo contrario;
Chacón se inclina a desarmar un poco esa tradición, actuando como cirujano
plástico, construyendo la piel de su pintura y, luego, conscientemente
planificando el resultado del cuadro con gran premeditación. En su obra,
la pintura recupera su energía física y su materia plástica, a través
de un desbordamiento de pigmentos y resinas pictóricas que radicalmente
afirman el espíritu industrial de nuestra época.
El
colorido en sus pinturas está muy relacionado con el interés que el artista
ha tenido por el diseño gráfico. Es muy probable que las áreas de color
en su obra sean también el producto de una estrategia visual urbana de
coloridos planos y de altos contrastes. Su obra puede incluirse entre
aquellas que generan un resultado y, por ende, un resultado es un "efecto
y consecuencia de un hecho o de una operación".
Esta
decisión por una operación claramente definida tiene sus orígenes en el
arte conceptual, en el cual el método prevalecía sobre el resultado obtenido.
Lo curioso es que, en este caso, los resultados de la pintura de Chacón
son extremadamente pictóricos, es decir, emocionalmente pictóricos. Son
pinturas que piensan sobre ellas mismas. ¿Acaso el artista inteligentemente
busca con este procedimiento escapar en forma definitiva de esas dos eternas
situaciones: la de la angustia y la de la asfixia que se requiere para
ser un artista abstracto, expresionista y la del artista astuto que sabe
con precisión hasta dónde involucrarse en su hábil aventura? ¿No será
que para Chacón es más importante que sea el espectador quien reciba el
impacto, el asombro o la calidad que genera su obra, sin que él tenga
que ser el primero en recibir tales efectos? ¿Es ésta una nueva manera
de evadir la locura, la ansiedad o el temor, aquella tempestad por la
cual el artista en su más compleja soledad, debería meditar o llorar?
Es
inevitable ver en la obra de Chacón un espacio profundamente ordenado
que él, sin embargo, con todo su genio pictórico, trata de desordenar,
generando un caos "imprevisible". Es aquí donde él parece encontrar su
verdadera preocupación. Sobre el orden y el caos, Adorno en su libro Teoría
Estética, afirma que en la sociedad total, el arte tiene que llevar caos
al orden, más que el contrario. Seguidamente condena "tan caótico ha llegado
a ser realmente el orden". Esta tensión entre orden y caos podría ser
igualmente entendida como una tensión entre expresividad e inexpresividad.
Ser o no ser. Pintar o no pintar. También es bastante probable que Chacón
intente responder de manera sarcástica, ya en la distancia, a los recuerdos
de aquella pintura gestual norteamericana y europea que en sus años de
formación colmaban su atención. Sería interesante detenerse y ahondar
en esta "tensión" o "lucha" entre la verdad y el disimulo y, en especial,
entre su mirada cínica y la consciencia de la mirada pura del espectador.
¿Qué es lo que vemos al estar frente a un cuadro de Chacón? Primero, lo
que podríamos ver es en realidad una instalación impecable, colgada de
un soporte bidimensional. Simplemente que las "instalaciones" de Chacón
son resinas de pintura convertidas en superficies colgantes que funcionan
como pinturas gestuales. ¿Y cómo funciona una pintura gestual? Se podría
decir que un cuadro gestual busca la resonancia del alma, el misterio
que flota en nuestros impulsos, sean éstos de angustia o de placer. El
placer que da vivir demasiado rápido o demasiado lento.
Chacón
logra desarrollar un discurso que en sí es el resultado de una tradición
que posee coherencia lógica y se expresa a través de pasos previamente
elaborados.
Sin
embargo, el discurso de Chacón posee un tercer elemento quizás indescifrable
que es el resultado de una obsesiva descomposición casi necrofílica, que
reclama del espectador mayor consciencia por la materia de la pintura,
porque ésta se ha quedado sin sujeto. Aquí el espectador no va a percibir
su esplendor artístico sino a constatar su indiferente agonía. Así como
los pétalos de la rosa de Roberto Obregón constituyen el soporte para
el desarrollo de una oración sublime, extraordinariamente decadente y
ataviada de una mórbida belleza, de esta manera pareciera Chacón recoger
la piel abandonada de la pintura. Esto lo hace, sin embargo, no para otorgarle
o darle una dimensión que la dignifique, sino para exhibirla en su estado
más neutral de descomposición.
Esa
calculada pasión que Chacón profesa por la reagrupación, o mejor aún,
por el proceso de corrección, que pasa de lo desordenado a otro estado
de desorganización, es decir, a otra sensación de caos o gestualidad que
él mismo prepara con alegoría -su materia muerta- hace que su trabajo
revele cualidades plásticas para esta confabulación de la superficie,
cuya respiración nos pasa continuamente desapercibida.
La
obra de Chacón se propone abordar el género de la pintura y el dibujo,
siendo éstos los dos géneros más importantes de la tradición pictórica.
El
fundamento principal de todo su trabajo parece resumirse en las siguientes
preguntas: ¿Cómo pintar cuadros sin tener que atravesar el camino arduo
de la pintura? o ¿Cómo encontrar un nuevo camino más arduo todavía? ¿Cómo
encontrar la manera de pintar o de dibujar sin tener que hacerlo realmente?
¿Acaso no hay otra manera de evadir el tormento que implica hacer una
pintura representativa sin que el artista sufra en el proceso?
Y
de allí genera una estética rica en contradicciones filosóficas, como
casi todo el arte contemporáneo, que parece alimentarse de su propia paranoia,
para cuestionarse y destruirse continuamente.
Los
dibujos de Chacón consisten en calcar la superficie de la tela, arrasando
velozmente con toda la textura que se encuentra en ella. Estos dibujos
al final se convierten en otra pintura, una monocroma y doblemente gestual.
Son dibujos que se realizan nuevamente a través de un proceso mecánico.
Sigfredo Chacón quiere convertir la pintura en un campo donde los procesos
superficiales definan la totalidad de la obra.
Desde
ese punto de vista insiste en abordarla con un nuevo romanticismo, ese
que planteó la vanguardia a partir de los años veinte, desde la aparición
de los dadaístas, y que propone la destrucción de toda señal romántica
en el arte.
Sigfredo
Chacón
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