La elaboración
en tiempo de crisis: vicisitudes en el camino analítico
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Mario
Carreño.
Geografia de la angustia |
Elena
Alcázar*
¿Y
no os parece "alud" un término demasiado hermoso
para una catástrofe?
¿Y
no os parece "catástrofe" un término más apropiado
para figurar en un poema que
en la realidad?
Juan Calzadilla
Noticias del alud
I.
Tiempo
de crisis1, encrucijada de caminos: o seguir en
la vía de la catástrofe como un alud letal o comenzar a transitar la
vía del cambio y el desplazamiento creativo.
Ahora
bien, para el psicoanálisis las crisis tienen una forma particular de
interpretación considerándolas un momento de gran significación en su
propio contexto social y cultural así como también la reedición de eventos
anteriores que han marcado al individuo y cuyas huellas surgen en cada
nueva ocasión, ¡paradoja de paradojas!, a la búsqueda de la repetición
como drama de final repetido pero, a la par, con una esperanza de resolución
diferente.
Desde
los primeros momentos de nuestra historia han ocurrido crisis con sus
consiguientes resoluciones, más o menos logradas, a través de un proceso
de duelo por lo que se deja atrás. Cada niño pierde gradualmente la
forma del contacto inicial con su madre, poco a poco ese niño asume
que es diferente y separado de ella y de los otros que lo rodean; progresivamente
ese niño se entera que no es omnipotente y que depende de otras personas
para la satisfacción de sus necesidades y deseos, y una vez que ese
niño se sobrepone a la depresión que esto implica, nace su propio yo.
Michael
Eigen2 siguiendo el pensamiento de Wilfred Bion
explica que el si mismo nace, evoluciona y se disuelve en medio de la
sensación de catástrofe3, siendo esta el punto
del cual nos originamos, un hecho fundamental en nuestras vidas emocionales.
Esta
etapa inicial en el desarrollo humano, sea cual sea su punto de partida,
y sea llamada "posición depresiva" (Klein), "separación individuación"
(Mahler) o "estadio de espejo" (Lacan), coincide con el nacimiento del
"objeto total", vale decir, con la emergencia del sentido -en el niño-
de su "responsabilidad" por sí mismo y por sus instintos y durante este
nacimiento psicológico tiene fantasías. Esta fase puede transcurrir
como relativamente armónica o estar marcada por eventos traumáticos
de orden constitucional o de orden ambiental. Si el proceso de separación
ocurre en forma muy dolorosa, se deteriora el modo como se constituye
el mundo interno y los suministros narcisistas del niño o acaso por
actitudes maternas que obstaculizan los deseos infantiles de independencia;
en el otro extremo, las actitudes no suficientemente contenedoras de
sus ansiedades que ocasionan una susceptibilidad duradera en las siguientes
fases del desarrollo en las que se repiten y reorganizan las defensas
ante el dolor. Tanto en la fase edípica como en las etapas posteriores
de la vida y, particularmente, durante los eventos significativos, al
individuo se le impone la tarea de renunciar a la omnipotencia, de hacer
la transición al mundo de la realidad, de hacer el duelo4
y también se le impone la tarea de "elaborar", con miras a reemplazar
lo perdido, en el mejor de los casos, a través de la creación y la identificación
con los aspectos "vitales" y "buenos" de aquello que se resigna.
Podría
hablarse de crisis en etapas del tratamiento, desde la crisis inicial
que motiva a una persona a solicitar ayuda hasta las crisis que ocurren
en los distintos momentos del devenir del proceso, y le ofrecen matices
y giros particulares.
Abordemos
primero el Psicoanálisis, fundamentado en una teoría que establece que
la conducta humana está determinada por conflictos dentro de la mente
del individuo y entre el individuo y la sociedad. El ser humano intenta
adaptarse a estos conflictos en cada circunstancia de su ciclo vital5
cambiando él mismo o cambiando su forma de enfrentarse al mundo exterior.
La finalidad de esta adaptación, básicamente, será encontrar fuentes
de placer y seguridad y evitar el dolor. Los intentos de resolver los
conflictos y lograr una adaptación desde el principio de la vida, del
acontecer psíquico, van transmutándose luego en rasgos de carácter,
en formas particulares de funcionamiento y de interpretación de las
circunstancias internas, en habilidades e inhibiciones características
de cada quien. Un monto de flexibilidad, el control de la conducta,
la habilidad de enfrentar los cambios y los retos que impone la vida
y relacionarse satisfactoriamente con el prójimo, serían unos indicadores
confiables de salud mental. Por el contrario, el malestar permanente
e intenso, la inhibición, el aislamiento, las problemáticas sostenidas
para el logro de objetivos y metas, la rigidez y la dificultad de controlar
la conducta son signos de trastornos del funcionamiento psíquico.
El
psicoanálisis y la terapia psicoanalítica son valiosos métodos de tratamiento
que implican, por una parte, una situación estructurada y específica
y, por la otra, una relación entre un paciente y su analista. Analizar
significaría entonces confrontar (mostrar al paciente lo que hace o
dice); clarificar; interpretar (aproximarse al significado inconsciente
de sus verbalizaciones, sueños y fantasías); y reconstruir (aproximarse
a la historia de lo que ha sido reprimido, lo que se puede recobrar
de los recuerdos actuales). El propósito último del análisis será desarrollar
una comprensión cognitiva y emocional acerca de la naturaleza de los
conflictos tempranos y de las defensas contra éstos. De esta manera,
los conflictos inconscientes pueden ser "elaborados" y "resueltos".
No obstante, durante el tratamiento ocurre el fenómeno de la resistencia,
entendiéndose por ésta aquello que, en los actos y las palabras del
analizado, se opone al acceso de éste a su inconsciente. Resulta un
obstáculo para el esclarecimiento de los síntomas y para la progresión
del tratamiento.
Ahora
bien, la "elaboración" o "trabajo elaborativo" es el nombre del proceso
en virtud del cual el analizado integra una interpretación y supera
las resistencias que ésta le suscita. Se trata de una especie de trabajo
psíquico que permite al sujeto aceptar ciertos elementos reprimidos
y liberarse de los mecanismos repetitivos. Así el análisis requiere
de tiempo para la elaboración en tanto las resistencias no desaparecen
sólo por el hecho de que el paciente sepa sus conflictos inconscientes.
Se trata del trabajo del analista con su paciente lo que le permite,
progresivamente, darse cuenta de la posibilidad de cambio. Tomemos en
consideración la perspectiva de Melanie Klein en torno al "trabajo elaborativo"
y el papel del analista:
Nuestra experiencia
cotidiana confirma sin cesar la necesidad del trabajo elaborativo:
así vemos en pacientes que, en una cierta fase han adquirido insight,
negar el mismo insight en las sesiones siguientes; en ocasiones parecen
incluso haber olvidado que alguna vez lo hicieron suyo. Sólo extrayendo
nuestras conclusiones del material, tal como aparece en diferentes
contextos, e interpretándolo gradualmente, ayudamos de un modo progresivo
al paciente a adquirir el insight en forma duradera6.
Es
decir, el proceso de elaboración para esta autora comprende el trabajo
sistemático de interpretar en el marco de la relación analítica los
conflictos del paciente, sus formas de reaccionar a éstos, pero también
plantea nuevos ángulos haciendo nuevas conexiones. E incluso León Grinberg
amplía los horizontes del proceso:
El proceso de
elaboración también contribuye a la consolidación del sentimiento
de identidad, ya que permite no sólo aceptar la pérdida de las partes
infantiles del self, sino también el desprendimiento de aquellos aspectos
regresivos que bloquean el camino para el establecimiento de aspectos
adultos7.
En
general, cuando se habla de tiempo de crisis se piensa que las personas,
previo a éste, han vivido, han experimentado un equilibrio en su funcionamiento
y que algo disruptivo intervino. La tendencia consistirá en restaurar
el equilibrio en esa disfunción y justo en ese momento la persona estaría
en mayor disposición a un cambio seguido de una nueva adaptación o,
al contrario, puede repetir los modos de funcionamiento anteriores,
aun cuando éstos hayan ocasionado su situación de crisis.
Ahora
bien, cuando una situación de crisis es lo que motiva a la persona a
solicitar tratamiento, nos encontramos con un paciente que ha sufrido
el impacto de un hecho o situación disruptiva, probablemente experimentado
como un sentimiento catastrófico con sensaciones de un doloroso estado
de aturdimiento, de perplejidad. Con síntomas agudos o respuestas 'regresivas'.
Un estado de desesperanza, una percepción de un tiempo detenido en ese
eterno presente como si fuera la única realidad que ha vivido.
El
sentimiento catastrófico de esta crisis puede ser de tal magnitud que
nos encontremos entonces ante una psicosis o de menor intensidad, pero
en todo caso de un monto considerable de ansiedad y de tensión, que
a la vez produce una respuesta. Si esta situación no se logra estabilizar,
genera nuevas reacciones maladaptativas de proporciones aun más catastróficas.
La primera intervención del analista consistirá en la capacidad de tolerar
las proyecciones, tolerar los momentos de sin sentido, contener así
las angustias, manteniendo a la vez una buena disposición de espera
atenta hacia la posibilidad de comprensión, de aproximaciones iniciales,
de hipotetizar como lo actual puede estar resignificado por perdidas
anteriores, y de cómo ha sido el estilo de enfrentamiento previo del
paciente a tales pérdidas. En la transferencia es probable que ocurran
expectativas de "curador mágico" hacia el analista por la sensación
de desamparo y necesidad que puede experimentar el paciente: en tal
caso predomina la transferencia positiva.
II.
Frente
a lo anteriormente planteado surgen pues dos interrogantes claves: ¿qué
ocurre cuando la crisis surge por el propio proceso analítico o por
eventos de vida durante el tratamiento? y ¿cuáles implicaciones impactan
a ambos miembros de la pareja analítica?
Comencemos
por la figura del analista quien ha ido haciendo un proceso de 'adaptación'
al ritmo y forma de elaboración del analizado. Cada sesión abandona
momentáneamente su propio mundo y la relativa armonía que ha adquirido
para entrar al mundo del otro, para participar de su viaje interno.
No obstante deberá regresar al suyo lo que lo conduce a un constante
autoánalisis y a cultivar la habilidad de olvidar sus propios deseos
y conocimientos durante el encuentro terapéutico para "elaborar" una
situación nueva y particular en cada sesión. De este modo, cada encuentro
es un nuevo encuentro a pesar de que parezca tratarse del mismo material.
En
este contexto quisiera pensar en el trabajo de elaboración de una situación
de crisis como aquel de tolerar el sentimiento de catástrofe y realizar
un trabajo semejante al trabajo de la elaboración del duelo, considerando
ambos procesos comunes a ambos miembros de la pareja analítica.
Inevitablemente
el duelo del analizado revive en el analista el suyo propio. Y, como
luego hará el paciente, el analista debe dimitir sus propios modelos
y encuadres así como sus ideas personales para conocer al otro en su
propio terreno, en ocasiones sintiendo el límite de lo que sabe de sus
propias teorías.
Nuestras
resistencias al cambio, al duelo, nuestras defensas contra la depresión
se ponen a prueba y nuestras pérdidas o malas experiencias que habían
sido sepultadas resurgen en nuestro propio autoanálisis, en nuestra
propia posibilidad de darle curso a la "elaboración" como proceso siempre
presente en ambos miembros de la pareja analítica. Para explicar cuál
es el proceso que continúa sucediendo en nuestras mentes, pudiéramos
decir siguiendo a Ronald Britton lo siguiente:
Ni
la posición depresiva ni la situación edípica se resuelven definitivamente;
por el contrario, deben ser re-elaboradas en cada una de las instancias
nuevas que plantea la vida y en todas las fases del desarrollo, agregando
en cada ocasión los nuevos conocimientos o nuevas experiencias de que
disponemos. Sabemos que todo conocimiento científico que va mas allá
de nuestras concepciones anteriores tiene un primer efecto desintegrativo,
puesto que nos impone abandonar un orden existente e investigar la novedad;
necesitamos modificar nuestra visión del mundo para poder integrarlo.
Lo nuevo despierta nuestra hostilidad, amenaza nuestra seguridad, desafía
nuestras pretensiones omniscientes, pone al descubierto nuestra ignorancia
y nuestro desamparo, y libera nuestro odio latente hacia todo aquello
que nos es nuevo y desconocido, que no es, en suma más que lo que no
podemos ver como una extensión de nosotros mismos o circunscribir dentro
de los límites familiares de nuestra trama mental. Cuando una situación
así se presenta, regresamos al estado en que se halla el bebe en la
posición depresiva"8.
Digamos
entonces que nuestra tarea como analistas consiste principalmente en
recibir, reflejar y elaborar la comunicación del otro, que puede ser
resumida en términos de contratransferencia, y esto sólo es posible
si se ha dado el proceso de elaboración y de reelaboración de nuestra
propia experiencia de vida. Bien sabemos que en la relación analítica
ocurren los fenómenos de transferencia y contratransferencia, lo que
puede considerarse como un fenómeno interpersonal, y desde el punto
de vista intrapsíquico como aquello que sucede en la vida psíquica del
paciente que, en ciclos de proyección e introyección, se vincula con
lo que acontece en la psique del analista. Lo que está en la mente del
paciente es -en efecto- proyectado al analista y ello crea un impacto
en éste, el analista tiene una experiencia nueva en su mente. En momentos
de fuerte intensidad emocional, en momentos de crisis, cuando la proyección
es de naturaleza desesperada, la posibilidad de procesar esas experiencias
inconscientes, fantasías y sentimientos conlleva un mayor grado de dificultad
en la tarea habitual de desenmarañar el analista lo que ha recibido.
Si este proceso es exitoso la experiencia original del paciente es modificada,
es "metabolizada"9. Lo que fue transmitido con
vaguedad o implícitamente por el paciente a través de la proyección,
es cambiado o focalizado por la mente del psicoanalista que a su vez
debe encontrar una forma de trasmitirlo al paciente con el fin de que
lo introyecte a manera de conocimiento consciente. Es decir, se hace
de la experiencia algo pensable. Los acontecimientos intrapsíquicos
en la díada analítica están inmersos en una realidad externa común con
las diferentes variables sociales, económicas, etc. que afectan de forma
particular a cada quien. Pero el trabajo del analista es responder calmadamente
al material del paciente. Claro que Hinshelwood10
precisa el dilema al apuntar que si bien hay que proveer una reflexión
calmada, lo inquietante es algo que encara continuamente el analista,
e Irma Brenman Pick11 hunde el dedo en la llaga
al sostener que si tomamos la experiencia del paciente, no podemos hacerlo
"sin tener también una experiencia".
Entonces
tomemos debida nota de que el analista camina por el filo de la navaja
porque de un lado tiene el método de la "pantalla en blanco" usando
su conocimiento teorico-tecnico y, del otro, la actuación de sus propias
respuestas emocionales. El arte resultará de entrelazar ambos extremos
a través de la interpretación.
Durante
el análisis y dependiendo de las vicisitudes de la relación analítica,
cuando surgen situaciones de crisis causadas por el devenir del tratamiento
o por eventos adversos en la vida del paciente, el nivel de expectativas,
de esperanzas puede sufrir profundas oscilaciones. Resulta clave resaltar
que no sólo en el paciente sino también en el analista puede igualmente
sufrir oscilación, bien por el proceso ya descrito o bien por conflicto
o duelo que afecte al analista. Se trata pues de una situación dinámica
que matiza el acontecer de un tratamiento pero es una de las variables
a tomar en cuenta durante el proceso de elaboración cuando la balanza
se inclina en uno u otro polo del eje esperanza-desesperanza.
Acerca
de uno de los polos, la esperanza, Jacqueline Amati y Simona Argentieri
plantearon con agudeza en 1990 el papel que cumple:
Con
frecuencia podemos observar en nosotros un excesivo sentimiento omnipotente
de esperanza, algo de lo cual nos debemos cuidar, aun cuando un poquito
de omnipotencia puede ser de gran provecho si se le utiliza al servicio
de la terapia12.
En
otras oportunidades se manifiesta un sentimiento de impotencia desesperante,
acompañada de un sentimiento de devaluación personal, del paciente y
del instrumento analítico. Lo que demuestra que el analista también
puede sentir desamparo, depresión, desesperanza, y sólo a través de
su propio proceso, paralelo al del paciente, puede genuinamente acompañarlo
en sus procesos de duelo, elaboración, cambio y crecimiento. Dice André
Haynal:
El complejo proceso
de duelo (cuando es precipitado en el analista), involucra quizá el
despojarse de ciertos ideales, algunas veces encubiertos en una posición
teórica, para conocer al analizado. (...) nuestra reticencia para
encarar disrupciones teóricas, así como las resistencias a los cambios
de la vida, puede hacer derivar en un inflexible purismo nuestro miedo
de perder la seguridad13.
Es
la propia experiencia del analista, su formación profesional, su análisis
personal, el "sentido común" entre la tarea de deconstruir y construir
nuevas situaciones procesadas en la realidad psíquica del analizado,
ser fiel a la búsqueda del conocimiento y de la verdad, lo que le brinda
la posibilidad de acompañar al paciente en lo propio, a transitar los
momentos de crisis e intentar las condiciones analíticas para que, en
las encrucijadas, se produzca simultáneamente un cambio y un rescate
de sí mismo ("un juicio, una decisión"). La identidad que se mantiene
a través de retomar el sentimiento de "sí mismo" aun no siendo "el mismo".
Erik Ericson lo expresa así:
La
identidad denota la flexibilidad necesaria para mantener patrones esenciales
a través de los procesos de cambio. Así, por extraño que parezca, hace
falta una identidad bien establecida para tolerar un cambio radical14.
Aquí
radica la posibilidad del cambio, del desplazamiento, que no niega lo
vivido anteriormente sino que lo reconoce como lo que hizo posible aprender
de la experiencia. La esperanza se puede definir, siguiendo a Ericson,
como:
…la catexis confiada
en una imagen de self y futuras potencialidades, es el opuesto de la
depresión: es el sentimiento de que la herida no es definitiva, de que
la reparación es posible15.
Y
más allá de la esperanza para Wilfred Bion16 esta
la fe, entendiéndose esta como la actitud de receptividad pura, el no
impacientarse por alcanzar hechos ni razones. La modificación de la personalidad
que tiene lugar así es una transformación en el nivel del ser y no solo
en el de conocer.
La
materialización del logro del análisis es el cambio y el crecimiento mental.
Los analistas ayudamos, por una parte -cuando se revive el drama en la
situación transferencial-, a liberarse de las figuras pasadas e imágenes
de sí mismo del paciente, vinculadas con situaciones traumáticas a fin
de salir de esta "dramatización" con conocimiento sobre su pasado y, por
otra parte, ayudamos a que el analizado se libere de aquellas formas organizadas
de experiencia que han impedido tolerar la incertidumbre que les abriría
nuevas caminos de comprensión de las siempre cambiantes circunstancias
de la vida y hacer de la función analítica algo propio.
Con
palabras de Umberto Eco en Obra abierta, imaginemos la elaboración en
los tiempos de crisis con la siguiente comparación:
El arte renuncia
a aquellos esquemas que la costumbre psicológica y cultural había arraigado
tanto que parecían "naturales" pero, no obstante, tiene presentes sin
rechazarlas, todas las conclusiones de la cultura y sus exigencias que
no pueden eliminarse17.
Pienso
que una de las tareas primordiales del analista consiste en lograr una
alianza entre las fuerzas vitales del paciente y la suya propia, como
una expresión sustancial del "trabajo de elaboración" y del potencial
terapéutico de nuestros instrumentos analíticos
Caracas,
Mayo de 2000
Notas
1
Crisis, 1705 'mutación grave que sobreviene en una enfermedad para mejoría
o empeoramiento'. 'Momento decisivo en un asunto de importancia'; en latín
crisis tomado del griego Krisis 'decisión', derivado de Krimio 'yo
decido, separo, juzgo'. En: Joan Corominas, Diccionario etimológico
de la lengua castellana.
2
Michael Eigen Towards Bion's starting point: Between catastrophe and faith.
En Int.J.Psycho-Anal.London.66, 321 ,1985
3
Catastrofico,1577,tomado del griego catastro 'ruina, trastorno'desenlace
traumático. Derivado de Katastrépho, subvierto, destruyo.
4
El trabajo de duelo incluye una serie de reacciones tendientes a la aceptación
de la perdida y a una readaptación del yo frente a la realidad para posibilitar
la adquisición de nuevos logros
5
Eric Erikson, estudió el ciclo de vida humano, dividiéndolo en etapas,
cada una de ellas con una crisis emocional especifica, con aspectos positivos
y negativos y considero que cada una de ellas esta afectada por la interacción
de lo biológico, lo cultural y lo social. Tomado de Kaplan and Sadock's
Sypnosis if Psychiatry, Baltimore, Williams and Wilkins, 1998
6
Melanie Klein, Narrative of a Child Analysis, London, Hogarth Press,
1961.p.12.
7
León Grinberg, Culpa y depresión estudio psicoanalítico, Buenos
Aires, Paidos, 1970,p.186
8
Ronald Britton. La situación edipica y la posición depresiva. En Conferencias
Clinicas sobre Klein y Bion, P Buenos Aires, Paidos, p.79.
9
Roger Money-Kyrle, Normal counter-transference and some of its deviations,
en Int. J. Psycho-Anal, London, 37: 360-366,1956
10
R.D Hinshelwood, Clinical Klein, London, Free Association Books,
1994
11
Irma Brenman Pick, Working through in the countertransference, Int.J.Psycho-Anal,London,
66:157-66,1985
12
Jacqueline Amati y Simona Argentieri, Esperanza y desesperanza ¿Un problema
tecnico? En Libro Anual de Psicoanalisis, Lima, Ediciones Psicoanalíticas
Imago, 1990
13
André Haynal, Depression and creativity, New York, International
Universities Press, Inc, 1985
14
Erik H Ericson, Etica y Psicoanálisis, Buenos Aires, Paidos, 1963
15
Idem, 13
16
Wilfred Bion, citado por Michael Eigen Towards Bion's starting point:Between
catastrophe and faith. En Int.J.Psycho-Anal.London.66, 321 ,1985
17
Umberto Eco, Obra Abierta Forma e Indeterminación en el arte contemporaneo,
Barcelona, Editorial Seix,1965
*Médico
Psiquiatra- Psicoanalista Miembro de la Asociación Venezolana de Psicoanálisis
y de la International Psychoanalytical Asociation e-mail: elealcazar@hotmail.com
cel:0143375900
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