El
Idiota Moral
Gregorio
J. Pérez Almeida
Desilusiónense
los valientes, pero este no es un artículo contra el presidente Chávez.
Hablaremos de algo aún más grave: un tipo humano que vive entre nosotros
a sus anchas, como prueba fehaciente de que la "apatía moral" es la atmósfera
dominante de nuestro tiempo y ha sido, según Norbert Bilbeny, el aldo
de cultivo del pecado capital del siglo XX: el genocidio. Ese tipo humano
se conoce con el término idiota moral, que califica a quien, incluso dotado
de un buen coeficiente intelectual, "muestra incapacidad para distinguir
entre el bien y el mal". Sus modelos son los nazis, individuos inteligentes
y bien instruidos que, al igual que los seguidores de Stalin, fueron responsables
del asesinato de millones de personas (N. Bilbeny, El idiota moral, Edit.
Anagrama, 1993) Según Bilbeny, el siglo XX desmiente una antigua creencia
de Occidente que asegura que quien conoce el bien, o está al menos en
condiciones de pensar, no comete el mal, o dicho con otras palabras: "que
el buen entendedor es también buena persona". Esta creencia queda pulverizada
con el caso del filósofo alemán Martín Heidegger, "quien poseedor de un
genio comparable al del Aristóteles, abrazó convencidamente la causa del
nazismo". O, sin tener que ir tan lejos, con aquellos médicos bien instruidos
en universidades de primera, que son capaces de realizar una operación
innecesaria a algún paciente, para obtener dinero rápido con que satisfacer
algún capricho personal... o para superar algún déficit familiar.. El
estudio de este "tipo" humano, comenzó cuando Adolf Eichmann, teniente
coronel de las SS, fue enjuiciado en Jerusalén, en 1960, y una mujer judía,
sensible y culta, logró comprender, mediante el análisis de la personalidad
del acusado y de su contexto social y político, la esencia del comportamiento
de los nazis. Ella era Hannah Arendt y el libro con el que dio a conocer
su estudio se intitula Eichmann en Jerusalén. Un estudio objetivo sobre
la banalidad del mal (Edit. Lumen, 1999). En él demuestra que durante
el juicio resultó evidente que Eichmann no era un Yago ni un Macbeth,
y que nada pudo estar más lejos de sus intenciones que resultar ser un
villano, pues carecía de motivos, salvo aquellos demostrados por su extraordinaria
diligencia en orden a su personal progreso y, en sí misma, tal diligencia
no era criminal, ya que Eichmann hubiera sido absolutamente incapaz de
asesinar a su superior para heredar su cargo. En definitiva, dice Arendt
en palabras llanas: "Eichmann, sencillamente, no supo jamás lo que hacía"
(p.434).
Y
esta es la característica esencial del idiota moral, no sabe lo que hace,
ni por qué lo hace, es decir, no piensa, aunque como todo hombre "normal",
está dotado de la capacidad para hacerlo, esto es, está dotado de la capacidad
para distinguir entre el bien y el mal, pero no hace uso de ella. ¿Por
qué no la utiliza? He ahí el asunto interesante, porque la presencia de
este tipo humano entre nosotros, nos hace pensar que nuestra sociedad
los necesita para sostenerse, tanto como los chinos necesitan el arroz
para mantener su dieta y no pensar se ha convertido en una actitud corriente.
El idiota moral tiene 4 mecanismos que podríamos catalogar de defensa
y que se expresan en algunas locuciones frecuentes. Ellos son: 1. El aprendizaje
de la negación de los hechos: "nunca dije tal cosa", "jamás he actuado
de tal forma", etc; 2. El uso del lenguaje eufemístico: "la banca me engañó",
"no leí bien antes de firmar el documento", etc; 3. El hábito de superación
de la ansiedad: "a pesar de las acusaciones, tengo mi conciencia tranquila",
y, 4. La inviolable costumbre de actuar cumpliendo órdenes: "hemos actuado
siempre aferrados a la letra y al espíritu de las leyes". De esta manera,
estos idiotas se muestran como personas "irrefutables" a la hora de enfrentar
un juicio en su contra y muy difícil sacarlos de sus casillas. La historia
de los nazis nos demuestra que el idiota moral está unido a la corrupción.
Mientras Eichmann se afanaba en cumplir las órdenes, su jefe Himmler se
dedicaba a vender permisos de salida a los judíos eslovacos, a cambio
de una suma en moneda extranjera. No significa esto que todo idiota moral
sea un corrupto. Lo que significa es que están inmersos en un régimen
de corrupción que les evita la crisis de conciencia, porque cuando la
corrupción se convierte en política oficial, entonces no hay corruptos,
sino individuos hábiles para los negocios. Por esto en Venezuela es difícil
detectar a los idiotas morales, porque la corrupción se generalizó borrando
las fronteras entre lo moral y lo legal, confundiendo tentación con coacción,
con lo que elaboraron otro argumento que se expandió fácilmente entre
los aprendices de idiota y que consiste en asegurar que "nadie sabe si
es corrupto o no hasta que no lo pongan donde hay". De manera que mucha
gente afirma que no sabe si es o no corrupta, porque todavía no han estado
en situación de probarlo. Así, la tentación, cuyo poder depende de la
conciencia moral y de la fuerza de voluntad del individuo, se asume como
si tuviese el carácter coercitivo de la norma, o de la ley. Y lo justifican
diciendo: la tentación fue demasiado fuerte..., además, si no me lo cogía
yo... se lo cogía otro. Son estos los sujetos que están siempre dispuestos,
con la mejor intención, a corromper cualquier proyecto revolucionario
o de regeneración social.
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