El Canto de Circe II
(La coz de la yegua)

Miguel Von Dangel *

    Decía Alejandro el grande de Macedonia, refiriéndose a Apeles, que sólo existían dos Alejandro, el insuperable y el inimitable, el segundo de los cuales en consecuencia era el pintor de los generales y del mismo rey.

    Conocido pues como pintor oficial de Alejandro, su fama sin embargo radicaba más en la gracia de su pincelada y en el tratamiento de los temas que abordaba, que en las múltiples anécdotas que de él se guardan. Pintor de Afrodita, Chare y otras diosas juveniles de la mitología griega, la descripción que hace Luciano de algunas de sus obras, darían pie a la suposición de que la "primavera" así como "El nacimiento de Venus" de Boticelli, se hubieran inspirado o eventualmente serían copias más o menos "textuales" de las creaciones del genio de Apeles.

    En todo caso, la frase de Alejandro se referiría a la exclamación que profesara el rey al contemplar el retrato que Apeles le hiciera en el templo de Diana en Efesos, en donde le había representado con el rayo de fuego y poder - tomado con la mano.

    En tanto creación "original" o aquello que permite la copia o la recreación de la obra de su inventor y de allí la perversión del plagiario, en el libro Obras completas de Platón, tomo IV, con traducción de García Bacca, precisamente en la introducción del argumento de la primera parte, (385-390 d.c.), es decir en vida aún de Sócrates o referida a esa etapa, el autor nos dice que "el nombre (hombre) es una refundición con eliminación de ciertas letras de otras", a propósito de una frase donde dice: "el que mira lo que vio". Hombre es (en consecuencia) "el Re-mirado o remirador". Acotemos sin embargo aquí y del mismo texto que "es hablar castellano (metalenguaje)... sobre palabras de lengua griega (lengua objetal) que se comienza por deletrear, aprenda a leer... y se aprende a referirlas a un significado, dado sin más en castellano, más no dado sin más, en el sonido (griego)".

    Salvando estas dificultades y otras referidas a la verdad o a la falsedad de las palabras y a los nombres correctos, Sócrates explica a Hermógenes diciéndole que: "me parece que a Pelops se le impuso apropiadamente el nombre, porque indica tal nombre "el que va de cerca" (pelas, opsis); digno pues de tal denominación. Esto como veremos a causa de una coz de caballo.

    "Como lo que se dice de este varón, que, en el asesinato de Myrtilo, no fue capaz de presentir ni de prever el porvenir de toda su raza para satisfacer su ambición, de qué desgracias la colmaba por su delito, por su error, por ver tan sólo lo inmediato y momentáneo, que eso dice "Pelos", empeñado en conseguir de cualquier manera su matrimonio con Hipodamia".

    En otra vertiente interpretativa debemos decir que Myrtilo (otro de los tantos hijos de Hermes) es muerto tratando de violentar a Hipodamia, de la cual Pelops está enamorado; y es de este modo de actuar irreflexivamente y sin prever las consecuencias que es asesinado por Pelops, sin considerar que contribuyó a ganar la victoria en la carrera de Aurigas en contra de su amo Enómaco, al cual traicionó a instancias del mismo Pelops, sustrayendo la clavija de la rueda de su carro, y reemplazándola por otra hecha de cera.

    Pelops pués, Pelos opis-Apeles, el que ve desde cerca y define los límites de quienes por no ver de otro modo, y quizás por ello mismo, no pueden sospechar la causa de las desgracias de su raza, en favor de su ambición personal. Tomemos esto también como metáfora del arte actual.

    Por demás agreguemos que en la mitología propiamente dicha, Pelias o Pelops junto a su hermano gemelo Neleo fueron recogidos o adoptados por unos mercaderes de caballos (por motivo que quizás en esta oportunidad no venga al caso), y que el primero de los niños recibió un golpe con el casco de una yegua al paso de una manada. Por razones de la lívida señal que le marcara el rostro (y que en griego se llama pelión), Pelias o Pelops sería en consecuencia llamado de este modo. Antes de continuar, sin embargo, debemos tocar el asunto del mecenazgo. Y aunque en el mito de Pelops éste no es necesariamente un benefactor de las artes, Myrtilo se deja sobornar por él a los fines de vencer una carrera de caballos, y aunque Myrtilo no sea tampoco un artista sino un auriga. Logra imitar de tal manera un perno o clavija metálica, haciendo un simulacro perfecto en cera, ambos preanuncian peyorativamente un tipo de relaciones que no podemos descuidar.

    Ya en el mito de Dedalus vimos cómo Minos ofrece una recompensa que posteriormente descubriera al artista y lo expondrá a la venganza de su perseguidor, y aunque éste logra vencer con astucia al rey aniquilándolo en virtud de las artes que domina, igual nos alerta en cuanto a la generosidad o intención del dador. En última instancia se trata de asesinar a Dedalus por causa de su don creativo.

    No descuidemos pues el asunto de la "generosidad" de quienes así promueven, convocan y premian a los artistas, aún y quizás especialmente en estos tiempos, sin al menos interrogarnos cuál vendría a ser la razón y el costo de esa misma generosidad (o el interés que la ampara) y que siempre terminarán de pagarla los artistas en perjurio de su integridad, o en su defecto, a costa de sus talentos y capacidades.

    En todo caso estas líneas deberían ser entendidas preferiblemente y según ya adelantados, como metáforas que refieren a la etimología original del nombre de Apeles y no al Apeles histórico, para entonces así poder identificar a aquel artista (tipo) que por avaricia e imprevisión, por ignorancia, inexperiencia, o excesiva juventud, es probable que apresure los procesos, y por extensión agote sus contenidos, y en consecuencia se vea limitado a la inmediatez y circunstancialidad del halago y la prebenda que recibe, para posteriormente ser castigado gracias a la incapacidad de trascender los horizontes de su mediocridad, a partir de dependencias que otros le impondrán.

    A continuación veamos cómo el don de la magia y los hechizos, su poder en todo caso ha sido desplazándose de la potestad de Hécate o Circe por ejemplo en tanto que éstos convertían y convertíanse a sí mismos en los animales y mostruos pertinentes, como se los adjudica la mitología y la tradición, en yeguas que de pronto comen carne humana, lobas, perras "vaginales", y demás bestias, que una vez puesto en manos del artista, tal poder, tal reto, tal ambición, o capacidad de transformación, éste transcribe las metamorfosis desde la feminidad del arquetipo, o la naturaleza de las cosas, a la re-mirada o visión (en) sus obras.

    De allí que no nos pueda extrañar que aún, y después del relevo del universo (Olimpo) religioso de las antigüedad griega-desplazados gradualmente por los postulados (evangelios) cristianos, sobrevivan esos mismos arquetipos de la antigüedad en forma y tras-forma iconográfica de la religión emergente.

    Hasta muy entrada la Edad Media en Europa sobrevivirán los mitos ancestrales y aún más allá de las humanamente repudiables cacerías de brujas por ejemplo, las hechiceras con sus atributos transformistas y sus metamorfosis animales, sus poderes, el peligro real o ficticio que representan los miedos y temores que despiertan, subyacen alterados y manipulados en la memoria colectiva; y desde allá hasta nuestros días, aún más allá de la decadencia posmoderna, cuando se emparentan a las patologías personales-de comunes y de artistas en especial.

    Ante el Re-nacimiento de tales fuerzas, la iglesia romana, luego de un siglo de la caída de Bizancio y ante el peligro que le significa la disidencia reformista de los países del norte, siente llegada la hora de responder con lo mejor de sus armas y con máxima energía en contra de los vestigios del paganismo, las herejías así llamadas y la independencia de criterios de artistas e intelectuales que se mueven al margen del poder hegemónico al que se cree con derecho y se siente predestinada.

    El mecenazgo institucional no admitirá rivalidades en cuestiones de la fe. Su respuesta en adelante no sería menos falaz y cruel. Es llegada la hora de la contrarreforma que desplazará la herencia del humanismo renacentista a través de los postulados del barroco.

    El emblema es una de las formas dialécticas más interesantes que surgen como respuesta ante las nuevas necesidades proselitistas y de propaganda de la institución católica romana. Ya veremos en próxima oportunidad cómo los mecanismos de convicción, seducción y afirmación de la fe, a través de la presión jerárquica y de la catequización, subvierten aún a los remanentes de iconografía bizantina, y hasta los icinos griegos precristianos a través de la mirada periférica del centro tradicional, cuyo sentido y significado se desplazará gradualmente al entorno emblemático de filigranas y virutas, poemas epogramáticos y alegorías hasta convertirse al final, en un nuevo hermetismo, como arma de poder, o en su defecto, sucumbiendo apresado en el oscuro universo demoníaco de la magia ornamental, que termina siendo el arma por excelencia que usará la hegemonía en favor del control de las masas.

    Vista así América, como periferia frente al control hegemónico, nos entenderemos o desentenderemos de nuestros problemas fundamentales,sabiéndonos de antemano ya condenados por ya través de la sui generis apología de la sensualidad visual.

* Pintor. Premio Nacional de Artes Plásticas

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