HARRY ALMELA

Poeta, narrador y ensayista, nació en Caracas el 22 de septiembre de 1953.

Licenciado en Educación (mención literatura), por la Universidad de Carabobo. Realizó cursos de postgrado sobre Literatura Latinoamericana Contemporánea en la Universidad Simón Bolívar (Caracas), sobre Lengua y Literatura Española (Madrid) y en Técnicas Editoriales en la Universidad de Barcelona (España).

En el año 1983 funda la Coordinación de Literatura de la Secretaría Sectorial de Cultura del Estado Aragua y estuvo al frente de la misma durante los años 1983 a 1991. Reconocido promotor cultural, es colaborador en diversas publicaciones nacionales y extranjeras. Actualmente es el Secretario Ejecutivo de la editorial La Liebre Libre, donde realiza una fructífera labor en materia de edición y publicaciones.

Su obra literaria ha recibido diversos reconocimientos, entre ellos, el Premio Bienal de Poesía "Francisco Lazo Martí" (Ateneo de Calabozo, 1989), Premio Bienal de Literatura del Ateneo de El Tigre y diario "Antorcha" (narrativa, El Tigre, 1990), Premio 46º Concurso de Cuentos del diario "El Nacional" (Caracas, 1991), Premio Bienal de Literatura "José Rafael Pocaterra" (poesía, Ateneo de Valencia, 1994), Premio Bienal de Literatura "Miguel Ramón Utrera" (ensayo, Secretaría de Cultura del Estado Aragua, 1995), Mención de Honor en la Bienal Internacional de Literatura "José Rafael Pocaterra" (poesía, (Ateneo de Valencia, 1998) y Premio Bienal de Guayana (ensayo, Ciudad Bolívar, 1999).

Ha publicado hasta la fecha los siguientes títulos: Poemas (1983), Cantigas (poesía, 1990), Muro en lo blanco (poesía, 1991), Fértil miseria (poesía, 1992), Frágil en el alba (poesía, 1993), Una casa entre los ojos (ensayo, 1994), El terco amor (poesía, 1996), Como si fuera una espiga (narrativa, 1998), Los trabajos y las noches (poesía, 1998).

Palabra o indigencia, poemario que ahora publica Blacamán Editores, fue escrito en el año 1997.

Palabra o indigencia
Harry Almela
Villa de Cura, Blacamán Editores, 2000

Todo es oscuro ahora, hasta los rumbos
que hubieran sido, al fin, los verdaderos.

MIGUEL RAMÓN UTRERA

Si pierdo la memoria, qué pureza.
PERE GIMFERRER

Yo había decidido tu compañía.
Someterme a los designios
de tu gacela. Emprender la busca
de la mujer que hay en mí.

Me ocultaste en parajes cercanos
a una danza de fuego.
Concebimos juntos aquel viaje
donde el amarillo tendría
un imperio para nosotros.

Escribiríamos un cuaderno entre los tres.

Ahora, de regreso a la patria,
admiro el ocio brutal que me alimenta,
la furia de medirte en esto que fatiga.


ESCRIBIR ES OTRA FORMA DEL CANSANCIO,
no hay ventana fácil.

Tu nombre ceniciento de otoño en Moscú.
Esa cicatriz obstinada, como hiedra del infierno
que aparece siempre en estos bordes.

¿Cómo nombrarte sin temor, con la calma
del bosque que desconozco?

Esa tu gracia, maldición del precipicio,
íntimo tambor que me amenaza.


NOS ELEVAMOS INMÓVILES Y EN EL AIRE
atravesamos ese cristal que pica.

Bajo la taza oscura
asistimos a la fiesta
que se demora en las brasas.

Permanecemos en estos días lluviosos o de verano
cumpliendo los ritos que fastidian:
el saludo a los vecinos, la feria del mercado,
el apunte de algo sin abrigo posible.

Insistimos en el éxodo de cuerpos,
en la dignidad de esa derrota.

Humillados en la fortaleza que hemos inventado
mientras llega el resplandor.


BUSCABA EL TEMOR, PRETENDIENDO
salvación en esos actos.
Me mantenía al margen del espacio.

Pero el ardor en el pecho no descansa,
ni reposa su fragor de batalla, su rostro
de rey medieval que interroga en la penumbra.

Repito la frase que aprendí en el libro
y el niño que hay en mí, desaparece.


YO LE TEMO AL ÁNFORA,
al rubí de sus ojos,
al sordo escudo
que me deja mirarle.

Adornos en el mar feroz.


ME DUELE DICIEMBRE EN LA MEJILLA,
la tarde en que todo se ausenta
repitiendo antiguos follajes en su falda.

Aquí el sol continúa llenando las hojas,
incitando a lo que ciega,
a lo que va eterno y nos aturde.

Lo efímero nos entretiene
acariciando sus barajas.
El amor nos hace hermosos y terribles:
nos aleja de lo que dejamos de ser,
acercándonos a lo que fuimos en otra plenitud.


ESTAS NOCHES DE FIEBRE PUEDEN SEPARARNOS.
Es tan débil el hilo que nos soporta.

El sueño nos hunde en la taza
donde vacilan nuestros actos.

El túnel comienza en el quebradizo
horizonte de la sábana.

Esta muerte de donde salimos
ardientes en el alba.
El desorden que visitamos
detrás de la almohada y la mejilla.

Y respiramos para que todo esto continúe.


ROMPE LOS AMULETOS, TU VOZ DE NAUFRAGIO.
Derrota tu cisma. Tu verbo vacilante.

La trampa que nos persigue en los flancos.

No dejes señales en la cueva.
Borra las marcas de la pared.


NO ERES TÚ QUIEN DUERME
en la habitación contigua.

Ya habíamos muerto hace tiempo
en otro árbol, en otra abeja.

Hablo del día verdadero,
del único, cuando el mundo
era más grande y yo lo atravesaba sin temor.

Esos eran los días. Hoy sólo sucede
esta tiniebla, este párpado que porfía.


LO QUE ANDABA ADENTRO
ha comenzado a moverse.

Fieltro en el agua, candil sereno.

Su sentencia invitando a lo más alto,
a lo definitivo en el cielo, al bosque
que quise, a las serpientes que inventé
para descifrarte cuando cruzabas la avenida.


NADA SALE DEL CORAZÓN.
Nada. El antiguo mazo y nada más.

No hay color en los ciruelos
al comienzo de las lluvias,
ni alfombra de flores en el camino al pueblo.

Nada nuevo sucede en el corazón,
bajo la campana de esta difusa primavera.


EN EL PRECIPICIO NO IMPORTA EL CAOS.

Nadie nos arrebata lo vivido.
Las alas no desaparecen.

Este dialecto que ahora nos consume
aprendió su vigilia en murmullos de mercado.

Para que persista el clamor.


LA SANGRE CERRADA AYER.
La fotografía cercada por el hielo.

Yo quise amarras, cuerdas
feroces en la cintura.

Quise alambre de verano en los ojos,
silicio de espesura, licor definitivo.

Y todo tan mensaje en la arena,
tan libro cerrado para siempre
.


¿QUIÉN SABE DE ESO? NI NOSOTROS.
Estas horas de espiga,
de sangrienta víscera en la madrugada.

En lo oscuro todos somos diferentes.
El día amanece y todo duele.

¿Qué haré sin escondite,
sin el amparo de la Voz?


LOS LOBOS SABEN DE ESTAS CACERÍAS.
Solos, solitarios, conocen
de madrigueras oscuras
debajo de las cosas.

Nadie les enseña estos rudimentos.
Cuestión de olfato y nada más.

Cuestión de saberse inútiles para siempre.


CONTEMPLAMOS LAS SOMBRAS
en el techo de esta caverna.

Es necesario descubrir
el punto que separa
lo luminoso de lo oscuro.

La mano traza un arabesco en el aire.

Los libros son inútiles
si no propician sosiego al mediodía.


(PALABRA O INDIGENCIA)

Huir por la grieta.
Morir en la Piedra del Cordero.
Mostrar la cobardía.

Hacernos aguacero feroz en la noche.
Ser valiente en la coartada.

Coser los botones de la camisa.
Asir el caldero y elegir la cadena.
No sentirse torpe buscando los remedios.


ESTA TARDE NO HAY ARDOR EN EL HORIZONTE.
Ella se deshoja en la ciudad que odio
y miro sus luces, separando
lo extraño de lo amable.

En medio de ese paisaje
encontrarán los cuadernos
que se llevó la infancia.


SERÁ OTRA QUIEN RESCATE
la memoria de mi cuerpo.

Desde este pasillo, contemplo la luz
que se inclina, los muros
que testimonian los trabajos de una grey.

Será de nuevo la brisa limpia
y el regreso al clamor de los libros.
Será fascinarse nuevamente
con postales abandonadas en el piso.

Será la gracia plena, la punta
de otra fortaleza en mi lengua.

Será, en fin, la bisagra
de los grillos. El adiós a la sed.


CUEVA DE VINO, HILO DE TIERRA,
ayúdame a esperar la Copa.

Ofréceme tu parca y dime
que no hay equívocos
en esta aurora que tiembla.

Esta nube impuesta
que propone una fuga difícil,
una casa nueva en el camino.


MENTISTE CON LA MISMA PALABRA
que nos dieron los dioses
aquella tarde de Macuto.

Disfrutaste, solitaria, tu alimento,
tus flores de manzanilla,
esas cartas de dolor sobre la mesa.

Y yo buscaba, bajo la amenaza
del terciopelo, la palabra exacta
para contarlo todo a media voz.


QUIERO IRME A PIE, SIN RESISTENCIA,
no dolerme más por mi fortuna.

Abandonar este acto que se impone
y nos viene de lejos, dejándonos
solitarios sobre estas rocas,
azotados en la escritura.

Si pudiéramos vivir sin esta droga,
sin el paño sucio que nos purifica,
distantes de su pájaro cegado.

Correr por la senda, sin artificios,
dejar atrás esta inquisición de enero.

Ser la fruta roja, sin remiendos,
sin anillos de sangre en la garganta.


MAÑANA NO HABRÁ MÁS LABERINTOS.
Me has cortado las veredas,
el azul que me entretuvo.

No hay espacio para la trampa,
para esa duda hostil que pudo salvarme.


DE RODILLAS ANTE TI, CON MIEDO EN EL COSTADO,
me brindaré de nuevo como ofrenda,
tenso como el arco de la fruta.

Tengo pocas cosas que brindarte.
Sólo soy este carbón quemado
sobre una hoja de papel.

Mi edad me ha enseñado
lo que tú desconoces.

Déjame insinuarme en el silencio.

La vieja fascinación, los gestos
ya sabidos, no han de bastarnos.

Ha de ser más difícil el asunto.
Desde esa parquedad has de intentarlo.


CONTINUARÉ SOÑANDO
con el advenimiento de otro reino.

Abandono en el suelo los ásperos abrigos.

Será angosta la noche en este refugio.
Cristalina el agua que nos baña.
Calmado el viento que roza nuestro rostro.

Vendrá otro libro
con sus espejos más claros
y su voz de amatista.

¿Regresará el látigo de la calma?

Mientras tanto, será útil contemplar
las inocentes paredes de este cuarto,
aferrado a esta última piedra bajo la lluvia.

Beber y alimentarse en el naufragio.

Sucumbir al abrazo de este vacío fértil.


AQUEL MALEFICIO EN EL ESPEJO
cada mañana. El cepillo
de dientes destrozando mi lengua.

Esa tercera cosa que fuimos.
Ese tres en el espejo
a la luz de la vela,
bajo el canto de los grillos.

El sol que acechaba aquella tarde
cuando el miedo era su dueño
con ese su lejano sabor tan conocido.

Espejos. Tres espejos.


NO AVANZAN LOS SEGUNDOS
los minutos, las horas.

No sucede lunes, ni jueves
ni domingo. Abril, enero
ni diciembre.

No pasa el invierno
con su color de nube,
ni un verano terrible
sobre las casas y el otero.

Sólo pasa su nombre
y esta inquisición de junio.


ESTA TARDE NO HAY ARDOR EN EL HORIZONTE.
Ella se deshoja en la ciudad que odio
y desde aquí miro sus luces, separando
lo extraño de lo amable.

En medio de ese paisaje
encontrarán los cuadernos
que se llevó la infancia.


SE VAN LAS NUBES.
El capricho es su imperio.

Debajo de esta taza oscura
asisto a la fiesta
que perdura en las brasas.

Ahora han cambiado
las constelaciones
y todo es nieve.

Cómo he malgastado
este crepúsculo.

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