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Vicente Antonorsi: del hilo a lo esférico Por Artemis Nader
AN: ¿Tu obra tiene que ver con tu apreciación como arquitecto? VA: Tiene de arquitectura y de toda la información. Soy tejedor y arquitecto, en ambos hay un predominio inmenso de la geometría, no hay temas sin líneas verticales ni horizontales. Geometría cartesiana. También está presente la madera y el barro; incluso al principio de mi trabajo aparece el bahareque como elemento que es arquitectura tejida. Entonces hay una fuerte relación entre las tres cosas: la arquitectura, el tejido y la expresión del arte. AN: Entonces, lo que tú trataste de hacer fue tejer en las sombras mediante la obra que trajiste a Arco. VA: Es un tejido. Por ejemplo, los bosques españoles, a diferencia de uno venezolano, son casi siempre simétricos, de un sólo tipo de árbol, y lo que veo son hilos o columnas y el paso de la luz a través de ese recorrido de la mirada. Me encanta el orden y el desorden que puedan tener esos bosques. AN: ¿Has llegado a hacer telas? VA: A partir de El principito trabajé con los nudos que producían las raíces de los árboles. Cuando el habitante del asteroide no cuidaba los árboles ni iba a arreglarlos, los baobabs lo envolvían con los nudos de todas las raíces. Allí comenzaron las bolas tejidas. AN: ¿Cómo descubriste las semillas? VA: Hice los collares de semillas y los amarré. AN: Hiciste las joyas. VA: Otra vez las pelotas, es así; como que siempre aparecen las pelotas por muchos caminos distintos.
AN: Pero en otro trabajo, en otra exposición que hiciste, todo era más geométrico, pero con los taquitos de pedazos de madera como tubitos. VA: Fue una intensa búsqueda geométrica dentro del trabajo orgánico. Usé unas líneas rectas, que ninguna es recta porque todas eran varitas deformes, había una geometría básica, ordenadora. Lo que me interesa es la forma como resultado, lo que sale. De pronto unas cosas salen más puras que otras. Hay una mezcla de gráficos, de arquitectura, de orgánico. AN: Aquí hay una sensualidad, como un placer en el tocar la semilla, en la cuerda. VA: Sí, absolutamente. AN: Que también lo siento en el trabajo que ustedes hacían con la madera, con los diseños de muebles, porque eran muebles muy bien pulidos, muy bien acabados. VA: Y eso que en los muebles había que hacer una concesión más allá, tenían que tener un acabado que durara. A mí los muebles me gustaban más crudos, en donde tú tocabas la madera. AN: La rigidez. VA: No, no tocabas el poro de la madera, lo suave de la madera, el terciopelo de la madera lijada. Eso estaba reñido con la durabilidad, con el manoseo de las personas, con la humedad, había que protegerlo de muchas cosas. Sin embargo, sigue habiendo una carga sensual muy grande, hay redondeces, hay peloticas, hay líneas, curvas. AN: Como los tacos que trajiste, donde la parte que está lijada es distinta y hace un dibujo diferente, y eso también es algo que provoca tocar. VA: Mi trabajo sin tocarlo creo que no resulta. Yo incluso pienso que en esos trabajos me transmiten más mis dedos ciegos que lo que me transmite la vista, o sea, la vista lo que hace es así como llamar la atención para tocarlo. Eso es lo que trato de hacer. AN: Ése es un punto totalmente distinto a otros artistas. VA: Recuerdo por los sentidos, recuerdo por el tacto, la luz y los olores. Fotos: Artemis Nader
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