Acerca del erotismo

 

 
   
Guillermo Pozo*

 

Pensar en el erotismo nos lleva a su vinculación inseparable con el lenguaje, marcándose así un claro rasgo diferencial de la especie humana, junto a la metáfora de la sexualidad, que afirma el placer y la imaginación mas no la procreación, develándose en historia y cultura.

Con el erotismo nos ubicamos en un espacio que es el de la transgresión de determinadas prohibiciones tras la búsqueda de la voluptuosidad. El erotismo es todo lo relativo al placer, este a su vez es el contenido fantasmático del deseo el cual condiciona su existencia, movilizado por la transgresión. El erotismo es sugestión, promesa, insinuación insidiosa, y como tal, deja que el imaginario realice su trabajo de representaciones y de creaciones infinitas.

El efecto erótico es producido por todo cuanto adquiere significado de transgresión: lo prohibido y lo insólito combinan sus efectos para reactivar la culpabilidad oedipiana bajo la forma de esa angustia "deliciosa" que encoge el corazón.

 

Reemplazar la gris monotonía cotidiana por la embriaguez de las aventuras, llevar todos los días ropa de domingo, palpitar a la espera de una próxima cita, inventar mil y una nuevas formas de procurarse la satisfacción, entregarse al amor en la alegría y no en la culpabilidad, liquidar de una vez para siempre esa maldita culpabilidad y enviar hacia las profundidades del olvido las tristezas, los celos, los tormentos; amar a quien nos gusta y gustar a quien amamos, ser bello, deseable -y deseado-, conocer en suma, la dicha absoluta, lisa y límpida como un cristal.

El efecto erótico no es comparable a una especie de condicionamiento de tal a cual parte del cuerpo por ejemplo; no es una simple señal del placer o del sexo. No se trata justamente de mostrar, de señalar, sino, por el contrario, de ocultar, o de ocultar para mostrar mejor.

Tomando en consideración que el deseo es deseo del otro, la problemática oedipiana ocupa un lugar primordial, signando el diferimento de la satisfacción. Queda entendido que el deseo implica carencia, dado que deseamos lo que nos falta, recordando que el deseo es posterior a la necesidad, justamente porque fue satisfecha. Aquí, podríamos articular al erotismo con la repetición de satisfacciones imaginarias, siendo el erotismo el deseo del deseo, así como el deseo es deseo de placer.

 

Desear es desear ser deseado estableciéndose que el deseo es deseo del otro. Es pues la problemática oedipiana la que entra en escena como caso particular de la satisfacción diferida, precisándose que la situación oedipiana reproduce a nivel individual la ley de la exogamia y de la prohibición del incesto. Así pues, lo prohibido está en la raíz misma de la constitución del ser humano.

En la búsqueda erótica hay siempre una dimensión autoerótica movilizada por la vida fantasmal. En esto es en lo que estriba su carácter de señuelo, es decir, que el objeto soñado, el objeto fantasmado, será siempre más rico que la realidad, de manera tal que abrirá perspectivas infinitamente insospechadas.

El autoerotismo, la succión que en la fase oral aparece precisamente en el instante en que el objeto parcial, el seno, se ha esfumado, ha sido perdido en razón misma de que la madre, el objeto total, es percibida como una persona total. El objeto sexual no es el seno real, ni la leche, objeto de la satisfacción alimentaria, sino el seno imaginario, el seno fantasmado, surgido de la interiorización de la relación madre-niño. Es necesario tener en cuenta el significado del autoerotismo como interiorización de una relación primordial, y su naturaleza fantasmal en ese estadio del objeto sexual. Es esta doble dimensión imaginaria la que establece definitivamente la sexualidad humana.

El paso del objeto real al objeto fantasmado, el paso de la satisfacción real a la satisfacción imaginaria, es el que decide la existencia del deseo, en el que la sexualidad humana funda su cualidad específica, esencialmente subjetiva.

El lugar donde quedan abolidas las diferencias de los mundos interior y exterior, donde la ilusión y la realidad se confunden en una necesidad constitutiva, donde la llamada al otro se nos hace presente en razón misma de su ausencia, ese lugar de las fronteras invisibles es el deseo.

Como disgresión, en la significación de la sexualidad humana, resalta su dimensión imaginaria, diferenciándose del instinto sexual al no depender de un objeto específico y tener como finalidad el logro de placer, lo que permite la lectura de una suerte de "perversión" del instinto sexual, este último en dirección exclusiva hacia la continuación de la especie, con anclages en lo biológico, sin interioridad subjetiva, dejando a la sexualidad humana en el guión de lo equívoco y lo errante.

El erotismo, dentro de su dimensión en el imaginario, es insinuación e invitación, manteniendo el deseo en lo que se diferencia de la pornografía, que tras ser una iterativa y fallida relación de objeto, ahoga el imaginario.

La sexualidad no es tan solo vivida como un acto en la práctica de las relaciones sexuales, sino que es también vivida en el imaginario, con la ayuda de escenarios construidos por nuestra imaginación personal o por la literatura o el arte; siendo el dominio de lo sexual el emplazamiento privilegiado del deseo.

Como pinceladas acerca de la sensitividad y talento en lo erótico pictórico, recordamos su existencia desde el Paleolítico superior con la Caverna de Lascaux, arte erótico ligado a la muerte, inequívoco sello de lo humano.

En la India, citaremos los templos eróticos de Khazuraho y Komarak -siglos XI a XII- con sus características de lo irreverente y lo sacrílego, su sensualidad, sexualidad, ternura, humor, frecuencia de la relación sexual con animales -idea de la reencarnación-, conllevando principios cosmológicos y filosóficos.

De China y Japón, en el primero su gran auge durante la dinastía Ming, en el segundo en el periodo Edo; cada uno con algunas características propias.

En Occidente, solo aludiré a la Ciudad de Pompeya, a que la Edad Media da un lugar al erotismo, pero relegándolo al infierno y que siglos después, entre numerosos artistas, con injusticia y como desliz de travesura, cito a: Pablo Picasso, André Masson, Salvador Dalí, Roberto Matta y Leonor Fini; suma de fantasía, humor, agresividad, símbolos, lo surreal y el romantisismo, apareciendo el erotismo como un elemento de libertad y que en los surrealistas es discurso pleno, siendo a la vez placer, fiesta e imaginación.

Bretón decía que el hombre moderno debería descubrir un nuevo sagrado -no religioso- que fuese el punto de convergencia entre la libertad, el amor y la poesía.

Quizás debemos resaltar como elemento común del erotismo la mirada.

De la literatura erótica, un océano quedaría por nadar. Como deuda, que nunca se paga, solo reproduciré, de un anónimo del siglo XV:

"Loto Dorado se deshizo de su blusa oro y añil, tornasolada como la cola del pavo real, con el gesto grácil y ensoñador de una doncella en su soledad. Wu Ta palpitaba de alegría y lleno de admiración alzó la mirada hacia aquellos senos torneados y vigorosos, suaves y luminosos que empobrecían el resplandor de las linternas de la humilde casa".

Detrás de estas pinceladas, aun que tardío, es oportuno señalar que toda navegación en las aguas de un saber, implica como confesión nuestro grado de carencias.

En sus manifestaciones sociales y colectivas, el erotismo hace de todos nosotros unos voyeurs autorizados y legales. De la misma manera que la moda, entre otras cosas, autoriza a la mujer a un cierto exhibicionismo. La diferencia entre el voyeur y el hombre de la calle consiste en que el primero convierte sus fantasmas en actos, mientras que el segundo permanece en lo fantasmal. Este es el resorte secreto del erotismo, la causa de su misterio y sus paradojas: es el juego al escondite entre lo visto y lo no visto, lo oculto y lo expuesto, la promesa y la negativa.

Ya la tinta hacia su fin, concluyo, dentro de la Enseñanza de Lacan, reafirmando que el hombre está habitado por una ley que él no constituye sino, por el contrario, lo constituye; que está habitado por el significante que él no lo ha creado.

Con la caída del telón, mas allá del silencio, el erotismo alza la mirada.

 

*Doctorado en medicina, Sorbona, París, Francia
Médico Cirujano, Universidad de Chile
Médico Cirujano, Universidad Central de Venezuela
Función de "Interno" hospitales psiquiátricos de París
Médico Residente hospitales psiquiátricos de París
Psiquiatra docente, Universidad de Chile
Psiquiatra docente, Universidad Central de Venezuela


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