El término homosexual o heterosexual
Naturaleza del acto sexual perverso El planteamiento controversial que presento en este trabajo es el siguiente: ¿es la homosexualidad una forma de perversión? Para responder a este planteamiento en una forma coherente, es necesario precisar, desde el punto de vista psicoanalítico, el concepto de perversión al cual me voy a referir. Creo que es últil comenzar por diferenciar el acto perverso en un sujeto de neurosis del acto perverso en un sujeto de perversión. Es decir, diferenciar el acto perverso en un sujeto de perversión como estructura, y llegar así a definir la cualidad que califica de perverso al acto sexual. a) El acto perverso en un sujeto de neurosis Refiere a un acto sexual particular realizado por un sujeto marcado por la castración y que acepta la diferencia anatómica de los sexos. El sujeto de neurosis se aferra a su falta y a la castración, y en su lucha por el ser el deseo del otro a quien también reconoce como castrado S (λ) entra en la dialéctica del deseo y de la demanda. Este acto sexual particular (acting out) en el sujeto de neurosis puede corresponder a cualquiera de las perversiones descritas en la clínica. A saber: (según el DSM-III-R) fetichismo (302.81), voyeurismo (302.82), exhibicionismo (302.40), masoquismo (302.83), sadismo (302.84), trasvestismo (302.30), pedofilia (302.20) y otros: zoofilia, necrofilia (302.90). Al analizar estos actos sexuales (acting out) realizados en sujetos de neurosis se encuentra que el acto es la consecuencia de un goce (fálico). En estos casos el acto realizado es perverso, pero la estructura del sujeto no. En las próximas páginas precisaré cuándo y bajo qué condiciones podría llamarse perverso el acto sexual. b) El acto perverso en el sujeto de perversión Refiere a un acto sexual particular realizado por un sujeto que desmiente la castración (Verleugnung): no acepta (y sí acepta) la diferencia anatómica de los sexos. Esta contradicción viviente sólo es posible sostenerla con el mecanismo de la Ichspaltung (escisión del Yo). Con esta solución perversa al problema de la presencia-ausencia del Pene/Falo, el sujeto de perversión no tiene otra alternativa que ante el dilema de ser o tener el Pene/Falo, tiene que zanjarlo por el lado del ser. Allí queda petrificado. Sólo tendrá acceso a su sexualidad y al goce fálico a través de un protocolo erótico basado en (ser-el-falo) para el otro. Por eso Lacan dice que el verdadero sujeto de perversión se convierte en objeto (a), en instrumento para la voluntad de goce (del otro). Esta vuelta la logra el sujeto a través de la identificación con el otro (fusión con el otro) llegando a tener convicción y certeza en el goce pleno del otro. Por eso Lacan observa que el perverso a diferencia del neurótico no se constituye en la demanda (en el pedido del otro), sino en la voluntad de goce. El perverso, para ser, ha de someterse a la voluntad de goce (del otro) donde finalmente se constituye con un soy de la certeza (punto delirante). Este sujeto de perversión adviene al goce fálico solamente a través de un libreto erótico preestablecido y petrificado. Por medio de este libreto, que representa al fantasma puesto en acto, el perverso va a lograr ser instrumento (ser-el-falo) para la voluntad de goce (del otro). Vemos que no se trata de una dialéctica de angustia, sino de una condición (absoluta) para el goce (fálico). ¿Cuándo es perverso el acto sexual?
El exhibicionista que muestra incesantemente su falo en el intento de velar la castración. El verdadero pedofílico que sólo accede al goce fálico por identificación y fusión con un niño, al hacer la puesta en escena de su sexualidad infantil, allí donde finalmente logra ser el falo para el otro. Hasta aquí el sujeto de perversión. Ahora bien, ¿por qué el sujeto de neurosis puede hacer actos sexuales de naturaleza perversa? Freud decía que era común encontrar rasgos de perversión en todas las fantasías (o fantasmas) sexuales de los seres humanos. Por eso Lacan dice, con razón, que todo fantasma sexual es perverso. ¿Por qué? Recordemos que todo sujeto de neurosis está marcado por la castración y la represión (Verdrangung). Así en un intento inútil de librarse de las ansiedades de castración, el fantasma sexual del neurótico siempre apunta a velar la castración: lograr un momento sexual en donde la castración deja de existir. Por eso en todas las estructuras clínicas vamos a encontrar rasgos de perversión. En esta proposición psicoanalítica queda claro que la naturaleza perversa del acto sexual no la defina el acto, ni tampoco la elección de objeto, sino la condición necesaria para el advenimiento del goce fálico (generalmente masturbatorio con impedimentos para la realización del coito). Donald Meltzer en su libro Sexual States of Mind (1973) expone sus ideas sobre la naturaleza perversa del acto sexual. Sus ideas coinciden con las planteadas por los analistas post kleinianos. Meltzer llama perverso a cualquier acto pregenital o genital que tenga un contenido sádico (fantasía sádica destructiva que ataca los objetos internos). Precisa que la sexualidad adulta carece de estas fantasías destructivas y por lo tanto no es perversa. Propone distinguir entre los términos polimorfo y perverso. Llama polimorfo a los elementos sexuales pregenitales presentes en el acto sexual y perverso a la presencia de fantasías sádicas en el acto sexual. Este planteamiento psicoanalítico es particularmente fenomenológico (toma en cuenta sólo el acto). A mi humilde modo de ver las cosas, lo encuentro insificiente en su fundamento teórico. La presencia de la fantasía sádica destructiva remite a un tipo particular de acto perverso (no digo estructura perversa): al sadismo. Pareciera que las otras formas perversas de velar la castración no son tomadas en consideración. ¿Por qué? Creo que Meltzer, siendo un analista tan brillante, cierra precozmente su búsqueda teórica sobre el enigma de las perversiones.
¿Es la homosexualidad una forma de perversión?
La dificultad y la controversia de ubicar a la homosexualidad como enfermedad mental (o no) pertenece más a una problemática de normativa sexual cultural (elementos de la moralidad y la estética sexual) que a la condición (absoluta) de goce (fálico). b) El sujeto homosexual, al igual que su contraparte heterosexual, puede (o no) optar por la solución perversa al dilema de la castración. Así podemos encontrar sujetos homosexuales neuróticos que presentan actos perversos (síntomas). Entre los actos perversos más frecuentes en los homosexuales neuróticos encontramos actos trasvestistas, masoquistas y fetichistas. También encontramos sujetos homosexuales estructurados como perversos verdaderos, en los cuales la única forma de tener acceso a su vida sexual y al goce fálico es a través de un libreto erótico preestablecido y petrificado (con dificultades o impedimentos para la realización del coito). Entre estos encontramos los homosexuales sádicos y masoquistas.
El sujeto de la homosexualidad En el estudio del amplio capítulo de la homosexualidad es necesario diferenciar entre la homosexualidad en la cual el sujeto organiza su sexualidad como una estructura sexual (homosexual) estable e inmodificable y el acto homosexual como síntoma (acting-out) que se presenta en un sujeto en la cual su sexualidad está organizada preferentemente en forma heterosexual. Así tenemos la homosexualidad como estructura y el acto homosexual como síntoma.
El acto homosexual como síntoma
El complejo de Edipo en su desarrollo siempre incluye los aspectos positivos y negativos del Edipo. Freud en el Yo y el Ello (1923) describe la complejidad de este proceso en la siguiente forma: «Generalmente se encuentra el complejo de Edipo completo, que es de dos clases: positivo y negativo y se debe a la bisexualidad original presente en los niños. Esto quiere decir que un niño no tiene solamente una actitud ambivalente hacia su padre y una elección afectiva hacia su madre. Al mismo tiempo, también se comporta como una niña y despliega una actitud femenina afectuosa hacia el padre y desarrolla celos con hostilidad hacia la madre». Los aspectos correspondientes al Edipo negativo quedan reprimidos. La estructura sexual resultante es heterosexual. Así los elementos homosexuales del Edipo negativo han quedado reprimidos. Posteriormente ante situaciones límite o ante situaciones de angustia, el sujeto por razones muy variadas puede producir, según la dinámica del caso por caso, un acto homosexual. A veces situaciones de privación, prisión con ausencia de mujeres, o conflictos de otro orden, pueden también llevar al sujeto heterosexual a un acting-out homosexual.
La homosexualidad como estructura Para describir la estructura homosexual en una forma comprensible es necesario comenzar por describir la forma como el psicoanálisis conceptualiza la organización sexual del sujeto. Para esto utilizaré las teorías de la identificación y de elección de objeto sexual. Lacan en el Seminario XX (1972-73) presenta una proposición que va más allá de la teoría de la identificación. Esa proposición surge de la dificultad de dar cuenta de dos cosas: a) de lo insostenible del concepto teórico de hombre y mujer y b) de la imposibilidad de la complementaridad sexual teórica. En el mencionado Seminario XX, Lacan hace su proposición para la organización sexual de los seres humanos, basada en la lógica del no-todo que ha recibido el nombre de fórmulas de la sexuación. En este trabajo me propongo presentar la organización sexual siguiendo exclusivamente las teorías psicoanalíticas de la identificación y elección de objeto sexual que me parecieron más útiles para iniciar el estudio de este complejo problema. Las ideas de Lacan, que considero complementarias (en este tema) las describo con más detalle en el capítulo sobre sexuación. a) Sobre la identidad sexual
En algún momento de este complejo proceso y antes del Edipo el sujeto va a descubrir la diferencia anatómica de los sexos. Bajo los efectos de angustia y ante el insólito descubrimiento de la presencia o ausencia del pene, el sujeto podrá o no, sostener la mirada y el efecto que de ella se desprende. La realidad viene a decir ¡Sí hay castración! Este encuentro con el horror cobra pleno sentido, porque de la forma como el sujeto resuelva este trauma, de ello dependerá una parte de su organización sexual futura. Sabemos que la solución perversa a este problema es la desmentida (Verleugnung) donde el sujeto desmiente lo que ha visto (ve y no ve). La solución neurótica es padecer la angustia de castración al aceptar la diferencia anatómica de los sexos y asumir (por identificación su propio sexo). Aparece finalmente una identidad sexual adquirida e irreversible. El sujeto padece la certeza: se sabe hombre o mujer. El dilema de tener o ser el falo ha sido zanjado por el lado del tener (o no tener). El problema se complica aún más porque aparece la dimensión de la masculinidad y feminidad que refiere a papeles y actitudes sociales aprendidos. El sujeto varón por diversas razones intersubjetivas puede ser llevado a un acercamiento afectivo intenso con la figura femenina de su madre (terror al padre, sobreprotección de la madre, desvalorización del padre por la madre). Así por identificación, el sujeto que se reconoce como varón (identidad masculina) puede desarrollar una conducta de manierismos y modales femeninos, adoptados de la figura materna. Hasta aquí lo único que habría sería un sujeto varón con una definitiva apariencia y modales femeninos. Este mismo sujeto puede hacer un Edipo positivo o negativo y de allí su elección de objeto sexual, pudiendo organizar una estructura heterosexual u homosexual independientemente de su conducta y apariencia femenina. También el sujeto varón por varias circunstancias intersubjetivas puede acercarse afectivamente a su padre y por identificación, este sujeto que se reconoce como varón puede desarrollar una conducta y manierismos masculinos, adoptados de la figura paterna. Así tendríamos un sujeto varón con una apariencia masculina. Este sujeto varón puede luego desarrollar un Edipo positivo o negativo y organizar su sexualidad en forma heterosexual u homosexual. En ambos casos el sujeto inicia su desarrollo con una relación preedípica íntima e intensa con la figura de la madre. Gracias a los mecanismos de identificación (introyectiva y proyectiva) esta relación con la madre ha dejado una huella: un sentimiento de persona, producto de esa relación con un semejante humano. De allí la marca femenina de todo sujeto varón. A veces la relación de identificación con la madre es extremadamente patológica. La madre introduce al niño (o no) a la relación con el padre. Esto va a depender de la presencia y relación que la figura del padre tiene y ocupa en la mente de la madre. Por eso Lacan dice «que la madre introduce al niño en la metáfora del padre». Si la figura del padre está desvalorizada o denigrada en la mente de la madre así lo hará sentir ella a su hijo antes de romper la relación dual, imaginaria con él. Estas madres pueden ser sobreprotectoras y seductoras, a la vez que rechazan la masculinidad del niño. Prefieren el hijo al marido, a quien en cierto modo desprecian y sustituyen. Hacen de su hijo un confidente y crean con él una alianza contra el padre. Esto va a dificultar la ruptura de esa relación con la madre y en cierto modo a predeterminar el complejo de Edipo negativo de su hijo. b) Sobre la elección del objeto sexual
Esta elección de objeto es subjetiva, polideterminada, involuntaria e inconsciente. La experiencia muestra que esta elección de objeto es inmodificable y va a codeterminar la organización sexual del sujeto y a definir precozmente su vida sexual futura. 1) En el sujeto homosexual con una pseudo identidad femenina (afeminado, apariencia de mujer, pero se reconoce como varón), la identificación patológica con la madre, la tendencia a la fusión y simbiosis con la figura materna, van a influir en el complejo de Edipo de tal manera que el niño va a ocupar el lugar de la madre y desde ese lugar desea al marido. Elige al padre como objeto sexual, rivaliza con la madre. Está celoso de su madre, reclama todo el afecto del padre para él. Admira a su madre como algo bello por lo cual también está celoso. El Edipo que este sujeto ha desarrollado es un Edipo negativo, con un efecto irreversible: el padre como objeto de deseo sexual. 2) En el sujeto con identidad masculina, la relación temprana con la madre puede ser muy variada: a) desde una relación de temor, con una madre peligrosa y negligente en donde la figura del padre aparece como salvadora (ofreciendo soporte a una identificación masculina), pero a la vez esta figura paterna surge como objeto de deseo sexual. La madre que es temida u odiada no puede surgir como objeto de deseo sexual. Así tenemos un Edipo negativo con un efecto irreversible: el padre como objeto de deseo. b) Una madre que ofrece una relación más estable al niño y en el cual no predomine el temor. El padre surge como ausente. Añoranza de amor por el padre. Ambos desean el amor del padre. Así el padre surge como el objeto del deseo sexual de ambos. El Edipo que se establece es un Edipo negativo. La elección de objeto de deseo sexual ha sido el padre. La problemática preedípica de la relación madre-hijo en la etapa dual, narcisista e imaginaria (eje a-a) que antecede al desarrollo del Edipo en sujetos que van a desarrollar un Edipo negativo, es generalmente muy compleja. Esto va a dar cuenta de las enormes dificultades narcisistas que presentan estas personas a buscar ayuda analítica y no la conducta homosexual. En el caso de un pasaje al acto homosexual en sujetos de neurosis, la situación es distinta. Allí la demanda de ayuda surge de la angustia y del conflicto con su sexualidad. Algo más sobre la función paterna La figura del padre va a ser importante, no sólo en la organización sexual del sujeto sino también en su relación con el otro de la Ley. La función paterna (uno de los nombre-del-padre) al prohibir el incesto va a introducir el organizador de la Ley. Funda la Ley (prohibición del incesto) y permite el sentido. Es la Ley fundamental que engloba las leyes del intercambio simbólico, las relaciones de parentesco, el orden de la sexualidad y la realidad de la muerte. Ahora bien, en el sujeto con un Edipo negativo y estructurada su sexualidad en forma homosexual, ¿cómo es la relación con el otro fundante de la Ley, cuando a la vez es objeto de su deseo? De igual forma que en el sujeto heterosexual, el objeto del deseo está prohibido. La prohibición del incesto sigue en pie, así que el sujeto homosexual está inscrito en la Ley del padre y con todos los efectos que ella produce.
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