[...] De la novela, Biográfica
La 1ra. etapa: O del Existencialismo. Que siendo el hombre como es, uno en sus circunstancias, decidió Juan tomar de novia a una niñita bien que, por estar de moda dentro del ambiente de ella que no sé si en el de Juan encontró un puesto de trabajo en Mc Donalds, vendiendo hamburguesas y con la esperanza de poder algún día encargarse de la caja registradora. Hizo Juan esto porque quería entender lo que piensa una persona que vive una existencia limitada según los criterios de Juan, no según los míos, y no encontró mejor método que convirtiendo a la persona limitada en pareja suya, quizá por eso de que la manera más rápida de aprender un idioma es en la cama, que para el latín nada mejor que una monja, para el francés una francesa, aunque no sepa hablar o no se tenga la intención de aprender, y para el chino, el japonés, el tailandés, el coreano, el camboyano, el nepalés, el mongol, etc., una china, porque todos los chinos son iguales. Y así Juan, el sabio, quiso probar la ignorancia y la saboreó, la ignorancia propia, la de él, actuando como queda referido, y haciendo de las discusiones hechos, de las angustias pedidos, de las contradicciones revisiones de material, del vacío existencial órdenes de pago, y del absurdo refrigeración, volviendo a Kierkegaard granjero, o también, sandwich de pollo, a Sartre, guapo doble con queso, complacido en su mirada, y a Jasper y a Camus es mejor no decir dónde los puso, que fue en el basurero, junto a los repollos, todos podridos. 2da. etapa: La del Neotomismo: Que siendo el hombre como es, imagen de Dios, decidió tomar Juan a otra novia la del Mc Donalds, hecha cocinera, poco recuerdo de Vírgenes y Santas, a pesar de la divina perfección de la Virgen en la cocina, como en todos lados, inscrita en el Opus Dei; y mejor que inscrita, practicante. Contactos con el Opus y salir y dedicarse a hacer el contraapostolado, queriendo sacar a sus amigos de "La Obra", luego de hacerlos entrar, todo en un mismo gesto, repitiendo la Obra. Que la represión y el Neotomismo, la decadencia filosófica de Occidente después de Santo Tomás, los errores de Descartes, la subjetivación de los modernos y la equivocación de dar al hombre más importancia que a La Realidad, es decir, que a Dios, olvidando la hazaña filosófica de Santo Tomás y de los demás padres de la Iglesia, etc. Y "La Obra" que llevó, necesaria aunque desubicadamente, a la tercera etapa: La 3ra. etapa: Del Marxismo. Que siendo el hombre como es, producto de la lucha de clases, cambió Juan a su novia del Opus Dei por una estudiante de letras de la Universidad Central de Venezuela (por que hay que saber que Juan vive en Caracas, único lugar donde se puede estar al mismo tiempo tan al día y tan desfasado). Y entre Silvio Rodríguez y política universitaria Juan dejó a su novia que no se maquillaba y pasó a la etapa última, de la que habló:
[...]
De la novela, Poética ¿Qué más? Tanto se rasca la cabra, que se daña. Tanto da leche, que no da jugo. Tanto se cuida, que se pierde. Tanto canta, que termina enmudeciendo. Tanto grita, que no oye. Tanto se invoca la Navidad, que al fin llega. Tanto va el cántaro a la fuente, que se rompe. Tanto se rompe, que no se tiene otro. Tanto se desea tener, que cuando se tiene ya no se desea. Tanto se recuerda, que se olvida. Tanto se pide, que se abandona lo pedido. Tanto se invoca la Navidad, que al fin llega. Tanto se calienta el hierro, que se pone rojo. Tanto se enfría, que ya no sirve. Tanto se bebe, que al día siguiente se está sediento. Tanto se come, que se acaba cagando. Tanto se limpia uno el trasero, que siempre está sucio. Tanto se invoca la Navidad, que al fin llega. Tanto se golpea, que se parte. Tanto se parte, que hay que compartir. Tanto se guarda, que se daña. Tan grande es el daño, que ya no puede dañarse de nuevo. Tanto se ríe, que se acaba llorando. Tanto se invoca la Navidad que al fin llega.
Tanto se aleja, que lo olvidan. Tanto se olvida, que no hay nada que recordar. Tanto se llora, que termina uno alegrándose. Tanto se alegra, que le duele la barriga. Tanto duele la barriga, cuanto mejor se ha comido. Tanto se exagera, que lo discreto es lo exagerado. Tanto se invoca la Navidad, que al fin llega. Tan malo es, que se le desprecia. Tan bueno, que le piden prestado. Tanto da, que le quitan. Tanto le quitan, que se hace malo. Tanto crece, que no hay quien le siga. Tan chiquito es, que lo pisan. Tan rápido va, que lo alcanzan. Tanto se invoca la Navidad, que al fin llega. Tanto se invoca la Navidad, que al fin llega. Tanto llega, que siempre se va. Tanto se tiene, que se quisiera no tener nada. Tanto entiende, que lo ignoran. Tanto se invoca la Navidad, que al fin llega. Tanto habla uno, que se contradice. Tanto piensa, que es mejor andar callado. Tanto se quiere vivir, que se termina muerto. Tanto se duerme, que se sueña. Tantas veces se despierta, cuantas veces se ha dormido. Tanto se invoca la Navidad, que al fin llega. Tanto vale buena fama, como un favor conseguido. Tanto se consigue, que se pierde lo que se tenía. Tan bien se está, que no se está bien en ningún lado. Tanto se descansa, que siempre se está cansado. Tanto se invoca la Navidad, que al fin llega. Tanto promete uno, que se desdice. Tanto se desdice, que se termina diciendo cosa cierta. Tantas veces se acuesta, que ya no se quiere levantar. Tanto se ama, cuanto se quiere que lo amen. Tanto se invoca la Navidad, que al fin llega. De este fragmento según Villon te hablé. De lo que sigue, creo que no.
Quien juzga ama mucho, pero por ser pocas las veces que ama, pues ocupa su tiempo en andar juzgando, se juzga poco amado. Se juzga más fácilmente de lo que se obra, y muy pocas veces se obra según se ha juzgado. Juzga mucho quien bebe poco, aunque el borracho es gran hablador, y por lo tanto, juzga a diestra y siniestra. El poeta mientras más juzga más destruye de su obra; y si alguna vez juzgara todo y perfectamente, nada de su obra dejaría, pues es la poesía ambiciosa y el ingenio siempre es menor que la ambición. Juzgó uno: No había nada tan grande para los romanos como
el triunfo. Y por querer juzgarse triunfador, el conejo se comió
al león. Juzgó uno: No debe molestar la novedad que es útil. Y juzgó bien toda novedad, permitiéndose a la cabra parir monos, a quienes la madre educó como ovejos. Y ésa es la raza humana. Juzgó uno: Ayer dos esclavos míos fueron alquilados para dar alabanzas por dos denarios. Tanto cuesta el que seas elocuente. Pero más el que sepas vender. Pues con esos dos denarios le compraron a uno como viva una gallina descabezada. Juzgó uno: El águila no caza moscas. Las moscas ofendidas. Reuniéndose, salieron a cazas águilas. [...]
De la novela, Religiosa (El Suicida hace aparecer un arma de fuego y se dispara en el paladar desprendiéndose el alma, quien comienza a vagar por el teatro. EL PUBLICO se la aparta con los brazos como a malos olores) El Sacerdote (seudocompasivo): Que Dios te perdone, pecador. El Alma del Suicida (a sí misma): ¡Apúrate! ¡Apúrate! Dios (grandioso): ¿Quién es ése? Coro (natural): Un suicida. Dios: ¿Qué busca? Coro: Los cielos. La Mano de Dios (extendiéndose): ¡Hasta allí! El Alma del Suicida: ¡Oh mi señor, perdóname por haber practicado tan horrendo crimen! Dios: ¿Cuál crimen? El Alma del Suicida: El suicidio y, el peor de ellos, el haber querido morir absolutamente, el desear la nada. Dios (como pensativo): ¿No existir más? El Alma (bajando la cabeza): Sí Dios: ¿No quieres morir? El Alma: No. Dios: ¿Y por qué matarte, entonces? El Alma: No creía en el cielo de la religión. Dios: ¿Cuál religión?
Dios (como recordando): ¿Cristiana? El Alma: De Jesucristo. Dios: ¿Jesucristo? El Alma: Hijo de Dios. Dios: ¿Mío con quién? El Alma: Con la Virgen María. Dios: ¿Virgen María? El Alma: Señora de José, fecundada por el Espíritu Santo. Dios: ¿Espíritu Santo? El Alma: El tercer componente de la Trinidad, con Dios Padre y Dios Hijo. Dios: ¿La Trinidad? El Alma: ¿Me engañaron? Dios: ¿Quienes? El Alma: La religión... esto no se parece a lo que me habían ofrecido. ¿Le puedo preguntar algo?... ¿está el Ser Supremo verdaderamente feliz? Dios: ¿Feliz? El Alma: Satisfecho, complacido, agradado... Dios: ¿De qué? El Alma: De todo. Dios: ¿Todo? El Alma: Todo lo creado. Dios: ¿Lo creado? El Alma: Todo lo que hay. Dios: ¿Qué hay? El Alma: Las montañas, los ríos. Los árboles, los peces, los insectos, las iguanas los pájaros, los animales, los hombres... Dios: ¿Los hombres? El Alma: Y las mujeres. Dios: ¿Dónde? El Alma: En la tierra. Dios: ¿La tierra? El Alma: El mundo. Dios: ¿Cuál mundo? El Alma: ¿Es Ud. Dios o está haciendo suplencia? Dios: ¿Suplencia? El Alma: (aparte) No sabe nada. Dios (aparte también): Nada...nada...nada...¡Nada! (Dios piensa en la nada y el Alma del Suicida deja de existir, absolutamente El Alma sale definitivamente, por supuesto) [...]
Del libro de cuentos, Breves
Noviembre de 1993
"...más vale un techo vacío que en él Caminaba un pobre por los cuartos de su casa, Se dejó caer en la tristeza, Que así se aliviaba él Porque, pensó, "...más vale un techo vacío o, mejor, "más vale un techo vacío [Fragmentos]
* Extraido de Antología del cuento latinoamericano del siglo XXI. Las horas y las hordas. Julio Ortega (Compilador). Siglo veintiuno Editores |