De la novela, Iniciando*

 

de Armando Luigi Castañeda

 

El Autor. Cualquier idea debes tener de lo que vas a encontrar aquí aunque muy probablemente no sea eso lo que encuentres. Puedes buscar y encontrar algo, pero nunca lo que has buscado. Eso que buscas debe salir de tu mano, no de la mía, y mejor, que no salga de ninguna mano. Puede salir de tu pie, si caminas bastante. Puedes salir tú, si quieres, pero no de tu mano. Salir de tu mano y acabar manco son el mismo acto. Porque aunque se persevere, nunca se encuentra. Por ejemplo: Felicidad alcanza el bondadoso, alegría el feliz; y ninguno sabe lo que ha buscado. Sabiduría el sabio, sólo cuando cree serlo. Bondad el malo, cuando actúa en contra de su corazón. Diversión, los vecinos del payaso, porque el payaso nunca se divierte consigo mismo. Y tontería cualquiera, que no hay que buscar las cosas que llegan solas. Como se ve, todos encuentran lo que buscan, porque no lo han buscado. Grandilocuencia encontramos quienes nos creemos artistas. Especialmente, cuando nos creemos artistas. Y pérdida de tiempo cualquiera que está buscando algo en una obra de arte, porque, como dije, nunca se encuentra lo buscado, y menos, en las obras de arte. De cualquier forma, el tiempo se pierde de cualquier forma, unas más felices que otras, pero se pierde igual... al final, sólo importa el tiempo que se pierde, y no cómo se ha perdido...

[...]

De la novela, Biográfica

La Fiesta. En una fiesta la semana pasada –que todas las semanas hay fiestas y a veces uno está en alguna– conocí a uno llamado Juan quien, como filósofo inquieto, buscando lo que ni mi familia ni mi persona, ni ustedes mismos, ni la modernidad, alcanzó, fue viviendo por propia voluntad y consecutivamente, jamás confuso, las etapas que siguen:

La 1ra. etapa: O del Existencialismo. Que siendo el hombre como es, uno en sus circunstancias, decidió Juan tomar de novia a una niñita bien que, por estar de moda dentro del ambiente de ella –que no sé si en el de Juan– encontró un puesto de trabajo en Mc Donald’s, vendiendo hamburguesas y con la esperanza de poder algún día encargarse de la caja registradora. Hizo Juan esto porque quería entender lo que piensa una persona que vive una existencia limitada –según los criterios de Juan, no según los míos–, y no encontró mejor método que convirtiendo a la persona limitada en pareja suya, quizá por eso de que la manera más rápida de aprender un idioma es en la cama, que para el latín nada mejor que una monja, para el francés una francesa, aunque no sepa hablar o no se tenga la intención de aprender, y para el chino, el japonés, el tailandés, el coreano, el camboyano, el nepalés, el mongol, etc., una china, porque todos los chinos son iguales. Y así Juan, el sabio, quiso probar la ignorancia y la saboreó, la ignorancia propia, la de él, actuando como queda referido, y haciendo de las discusiones hechos, de las angustias pedidos, de las contradicciones revisiones de material, del vacío existencial órdenes de pago, y del absurdo refrigeración, volviendo a Kierkegaard granjero, o también, sandwich de pollo, a Sartre, guapo doble con queso, complacido en su mirada, y a Jasper y a Camus es mejor no decir dónde los puso, que fue en el basurero, junto a los repollos, todos podridos.

2da. etapa: La del Neotomismo: Que siendo el hombre como es, imagen de Dios, decidió tomar Juan a otra novia –la del Mc Donald’s, hecha cocinera, poco recuerdo de Vírgenes y Santas, a pesar de la divina perfección de la Virgen en la cocina, como en todos lados–, inscrita en el Opus Dei; y mejor que inscrita, practicante. Contactos con el Opus y salir y dedicarse a hacer el contra–apostolado, queriendo sacar a sus amigos de "La Obra", luego de hacerlos entrar, todo en un mismo gesto, repitiendo la Obra. Que la represión y el Neotomismo, la decadencia filosófica de Occidente después de Santo Tomás, los errores de Descartes, la subjetivación de los modernos y la equivocación de dar al hombre más importancia que a La Realidad, es decir, que a Dios, olvidando la hazaña filosófica de Santo Tomás y de los demás padres de la Iglesia, etc. Y "La Obra" que llevó, necesaria aunque desubicadamente, a la tercera etapa:

La 3ra. etapa: Del Marxismo. Que siendo el hombre como es, producto de la lucha de clases, cambió Juan a su novia del Opus Dei por una estudiante de letras de la Universidad Central de Venezuela (por que hay que saber que Juan vive en Caracas, único lugar donde se puede estar al mismo tiempo tan al día y tan desfasado). Y entre Silvio Rodríguez y política universitaria Juan dejó a su novia que no se maquillaba y pasó a la etapa última, de la que habló:

Etapa última: De la primera recapitulación y de la vida como búsqueda del derecho y del derecho como búsqueda de la justicia, o de otra forma, de la creencia en la más grande y menos estructurada de las sandeces. Que siendo el hombre como es, animal racional y, no sólo eso, sino criatura filosófica y buscadora de utopías, tiene Juan una novia graduada en Relaciones Internacionales que, mientras me hablaba Juan de cómo utiliza el derecho para hacer justicia, se fue ella con mi novia a contarle que ya no aguanta a Juan, que está todo el día pensando en el trabajo, que no se ocupa de más nada, y que cree que no va a durar mucho con él... y así, preguntarme si es Juan el que cambia, o las novias las que cambian a Juan, o eso de que quién lleva a quién, si el jinete a la mula, o al revés, y yo reírme de Juan porque pocas veces he encontrado a alguien que, siendo tan serio, dé tanta risa, y mirar a la novia de Juan, que no estaba mal, sino al contrario, está muy buena, y otros muchos pensamientos y comentarios salidos de mi boca, como la pedantería de preguntarle a Juan si no confundía a su novia del Mc Donald’s con la cocinera de su casa, hablando ambas de cómo se pica mejor la cebolla, se fue pasando la fiesta para, al final, quedar Juan y yo en volver a vernos, para seguir explicándome él cómo se puede estar tan al día y tan desfasado al mismo tiempo, o de cuáles son los efectos de una ciudad snob en un individuo venido de la provincia con inquietudes filosóficas y con deseos de encontrar la verdad, y de parte mía, explicándole a él si la tolerancia por las ideas ajenas incluye el aguantar la risa, etcétera.

[...]

 

De la novela, Poética

¿Qué más?

Tanto se rasca la cabra, que se daña. Tanto da leche, que no da jugo. Tanto se cuida, que se pierde. Tanto canta, que termina enmudeciendo. Tanto grita, que no oye. Tanto se invoca la Navidad, que al fin llega.

Tanto va el cántaro a la fuente, que se rompe. Tanto se rompe, que no se tiene otro. Tanto se desea tener, que cuando se tiene ya no se desea. Tanto se recuerda, que se olvida. Tanto se pide, que se abandona lo pedido. Tanto se invoca la Navidad, que al fin llega.

Tanto se calienta el hierro, que se pone rojo. Tanto se enfría, que ya no sirve. Tanto se bebe, que al día siguiente se está sediento. Tanto se come, que se acaba cagando. Tanto se limpia uno el trasero, que siempre está sucio. Tanto se invoca la Navidad, que al fin llega.

Tanto se golpea, que se parte. Tanto se parte, que hay que compartir. Tanto se guarda, que se daña. Tan grande es el daño, que ya no puede dañarse de nuevo. Tanto se ríe, que se acaba llorando. Tanto se invoca la Navidad que al fin llega.

Tanto vale el hombre, cuanto se le precia. Tanto se le precia, que se acaba despreciándolo. Tanto se vive en sociedad, que mejor se anda solo. Tanto se anda solo, que se concluye acompañado. Tanto se quiere hablar, cuanto no se tiene quien escuche. Tanto se invoca la Navidad, que al fin llega.

Tanto se aleja, que lo olvidan. Tanto se olvida, que no hay nada que recordar. Tanto se llora, que termina uno alegrándose. Tanto se alegra, que le duele la barriga. Tanto duele la barriga, cuanto mejor se ha comido. Tanto se exagera, que lo discreto es lo exagerado. Tanto se invoca la Navidad, que al fin llega.

Tan malo es, que se le desprecia. Tan bueno, que le piden prestado. Tanto da, que le quitan. Tanto le quitan, que se hace malo. Tanto crece, que no hay quien le siga. Tan chiquito es, que lo pisan. Tan rápido va, que lo alcanzan. Tanto se invoca la Navidad, que al fin llega.

Tanto se invoca la Navidad, que al fin llega. Tanto llega, que siempre se va. Tanto se tiene, que se quisiera no tener nada. Tanto entiende, que lo ignoran. Tanto se invoca la Navidad, que al fin llega.

Tanto habla uno, que se contradice. Tanto piensa, que es mejor andar callado. Tanto se quiere vivir, que se termina muerto. Tanto se duerme, que se sueña. Tantas veces se despierta, cuantas veces se ha dormido. Tanto se invoca la Navidad, que al fin llega.

Tanto vale buena fama, como un favor conseguido. Tanto se consigue, que se pierde lo que se tenía. Tan bien se está, que no se está bien en ningún lado. Tanto se descansa, que siempre se está cansado. Tanto se invoca la Navidad, que al fin llega.

Tanto promete uno, que se desdice. Tanto se desdice, que se termina diciendo cosa cierta. Tantas veces se acuesta, que ya no se quiere levantar. Tanto se ama, cuanto se quiere que lo amen. Tanto se invoca la Navidad, que al fin llega.

De este fragmento según Villon te hablé. De lo que sigue, creo que no.

Quien juzga come poco, pero come bien.

Quien juzga ama mucho, pero por ser pocas las veces que ama, pues ocupa su tiempo en andar juzgando, se juzga poco amado.

Se juzga más fácilmente de lo que se obra, y muy pocas veces se obra según se ha juzgado.

Juzga mucho quien bebe poco, aunque el borracho es gran hablador, y por lo tanto, juzga a diestra y siniestra.

El poeta mientras más juzga más destruye de su obra; y si alguna vez juzgara todo y perfectamente, nada de su obra dejaría, pues es la poesía ambiciosa y el ingenio siempre es menor que la ambición.

Juzgó uno: No había nada tan grande para los romanos como el triunfo. Y por querer juzgarse triunfador, el conejo se comió al león.
Dejando sin orden a la selva.

Juzgó uno: No debe molestar la novedad que es útil. Y juzgó bien toda novedad, permitiéndose a la cabra parir monos, a quienes la madre educó como ovejos.

Y ésa es la raza humana.

Juzgó uno: Ayer dos esclavos míos fueron alquilados para dar alabanzas por dos denarios. Tanto cuesta el que seas elocuente. Pero más el que sepas vender.

Pues con esos dos denarios le compraron a uno como viva una gallina descabezada.

Juzgó uno: El águila no caza moscas. Las moscas ofendidas.

Reuniéndose, salieron a cazas águilas.

[...]

 

 

De la novela, Religiosa

(El Suicida hace aparecer un arma de fuego y se dispara en el paladar desprendiéndose el alma, quien comienza a vagar por el teatro. EL PUBLICO se la aparta con los brazos como a malos olores)

El Sacerdote (seudocompasivo): Que Dios te perdone, pecador.

El Alma del Suicida (a sí misma): ¡Apúrate! ¡Apúrate!

Dios (grandioso): ¿Quién es ése?

Coro (natural): Un suicida.

Dios: ¿Qué busca?

Coro: Los cielos.

La Mano de Dios (extendiéndose): ¡Hasta allí!

El Alma del Suicida: ¡Oh mi señor, perdóname por haber practicado tan horrendo crimen!

Dios: ¿Cuál crimen?

El Alma del Suicida: El suicidio y, el peor de ellos, el haber querido morir absolutamente, el desear la nada.

Dios (como pensativo): ¿No existir más?

El Alma (bajando la cabeza): Sí

Dios: ¿No quieres morir?

El Alma: No.

Dios: ¿Y por qué matarte, entonces?

El Alma: No creía en el cielo de la religión.

Dios: ¿Cuál religión?

El Alma: La cristiana, única religión verdadera.

Dios (como recordando): ¿Cristiana?

El Alma: De Jesucristo.

Dios: ¿Jesucristo?

El Alma: Hijo de Dios.

Dios: ¿Mío con quién?

El Alma: Con la Virgen María.

Dios: ¿Virgen María?

El Alma: Señora de José, fecundada por el Espíritu Santo.

Dios: ¿Espíritu Santo?

El Alma: El tercer componente de la Trinidad, con Dios Padre y Dios Hijo.

Dios: ¿La Trinidad?

El Alma: ¿Me engañaron?

Dios: ¿Quienes?

El Alma: La religión... esto no se parece a lo que me habían ofrecido. ¿Le puedo preguntar algo?... ¿está el Ser Supremo verdaderamente feliz?

Dios: ¿Feliz?

El Alma: Satisfecho, complacido, agradado...

Dios: ¿De qué?

El Alma: De todo.

Dios: ¿Todo?

El Alma: Todo lo creado.

Dios: ¿Lo creado?

El Alma: Todo lo que hay.

Dios: ¿Qué hay?

El Alma: Las montañas, los ríos. Los árboles, los peces, los insectos, las iguanas los pájaros, los animales, los hombres...

Dios: ¿Los hombres?

El Alma: Y las mujeres.

Dios: ¿Dónde?

El Alma: En la tierra.

Dios: ¿La tierra?

El Alma: El mundo.

Dios: ¿Cuál mundo?

El Alma: ¿Es Ud. Dios o está haciendo suplencia?

Dios: ¿Suplencia?

El Alma: (aparte) No sabe nada.

Dios (aparte también): Nada...nada...nada...¡Nada!

(Dios piensa en la nada y el Alma del Suicida deja de existir, absolutamente El Alma sale definitivamente, por supuesto)

[...]

Del libro de cuentos, Breves

 

Noviembre de 1993

 

El pobre, la casa y la mujer

"...más vale un techo vacío que en él
una mujer mal mantenida."

Caminaba un pobre por los cuartos de su casa,
preocupado por saber qué comería ese día.
Encontró en un lugar a su mujer llorando,
lamentándose de tanta necesidad que allí se pasaba.

Se dejó caer en la tristeza,
y no viendo otra solución para salir de ella,
que hacer salir a su mujer de la casa,
hizo salir de la casa a su mujer.

Que así se aliviaba él
de los lamentos de aquélla,
y al mismo tiempo,
se aliviaba aquélla
de los males que en la casa había.

Porque, pensó,

"...más vale un techo vacío
que en él una mujer malatendida"

o, mejor,

"más vale un techo vacío
que en él una mujer mala tendida".

[Fragmentos]

 

* Extraido de Antología del cuento latinoamericano del siglo XXI. Las horas y las hordas. Julio Ortega (Compilador). Siglo veintiuno Editores