El poder y lo monstruoso en Los reyes de Julio Cortázar

 

   

Magally Ramírez R.

 

"Cuando el último hueso se haya separado de la
carne, y esté mi figura vuelta olvido, naceré de
verdad en mi reino incontable. Allí habitaré por
siempre, como un hermano ausente y magnífico"
Los reyes, Julio Cortazar.

 

 

 

En la cultura europea clásica el laberinto aparece de forma manifiesta en el mito cretense del Minotauro, monstruo con cuerpo de hombre y cabeza de toro, los atenienses debían pagar un tributo al rey Minos como consecuencia de la muerte de su hijo Androgeón, cada nueve años siete jóvenes y siete doncellas eran enviados a Creta para que el Minotauro los devorara en el laberinto, Teseo rey de Atenas, quiso ser uno de ellos, es bien conocido el desenlace de la historia, Teseo consigue matar al Minotauro y escapa del laberinto gracias al hilo de Ariana.

Los reyes (1949) es el primer libro publicado por Cortázar con su verdadero nombre. Se trata de un poema dramático donde el autor formula una extraña innovación de la saga del Minotauro, bien documentado en la trama sellada y sombría de los mitos griegos, Cortázar encuentra la forma para que su ficción surja con la consecuencia sabida por todos. Esta obra de inaudita y sorprendente belleza logra el prodigio de respetar la tradición al mismo tiempo que la vulnera.

En las dos primeras escenas del relato, a la vista del laberinto, se advierte una atmósfera de miedo, de pavor, lo que surge son las malignas intrigas tejidas por Minos y la aterradora angustia que a él le infunde ese ser que mora encerrado en el caracol de piedra, lo anómalo de los comportamientos humanos constituye el eje narrativo que une a todos los personajes del drama. Se proyectan desde el escenario clásico hacia el acaecer humano, inmediato y concreto, de todo tiempo. La persistente fascinación de un enigma, el éxtasis de un saber que se devela interminable, el intenso grito de esa otra verdad más profunda y cierta que la que fulgura en las apariencias, en los dobleces de la existencia cotidiana, todo esto brota desde el espacio que refugia al monstruo, lugar donde lo misterioso habita, y muestra su intención de proyectarse hacia el ámbito del mundo.

Cortázar ha creado un lenguaje del mal, una aproximación a los vestigios del lado oscuro del ser, más allá del fondo de lo transitorio, lo monstruoso es la revelación de la pesadilla insondable que mora en la tenue permanencia de la vida, ultrajándola, lo execrable como traza del desmoronamiento entre las tinieblas y la luz, el enfrentamiento a lo extraño como destino.

El Minotauro es la tortura a cuentagotas de las noches de Minos, pérfido se alza contra su trono, lleno de temores el rey sospecha que el hijo de Pasifae no devora a los jóvenes atenienses, sino que trama con ellos la creación de una nueva raza. Paradójicamente el monstruo representa el testimonio vivo del amo del poder en Cnossos, Minos anhela desentrañar el enigma que lo une y lo separa oscuramente de su "obra furtiva", prisionero de un prestigio, prefiere la muerte del "Cabeza de Toro" a cualquier otro tipo de gloria, repleto de rencor, no vive, tiene miedo hasta del eco de su voz, teme "perder el cetro que se va doblando en su puño"1.

Otras inquietudes aturden a este rey, la nueva amenaza que lo circunda es el no conocer los propósitos de Teseo, infiere que éste no ha venido a ofrendarse, su presencia es oscura, altera el orden sagrado, Minos ansía la muerte de Teseo, lo quiere como pasto del Minotauro, no como sustituto de rey, Minos recela del matador de monstruos, lo sabe hijo de rey y con una astucia ática que porta sobre sus hombros como un linaje antiguo, una oculta obsesión atraviesa la mente de Minos, intuye que él ya no es dueño de la situación, percibe que ha perdido el control, sabe que un rey no puede gobernarse, los reyes están para ejercer su hegemonía sobre los demás, no para regirse a sí mismos, la libertad es una ilusión y el trono es la prisión de Minos.

En este escenario de Cnossos, imprecisa, desdibujada, aparece la figura de Teseo que ha cruzado el Egeo guiado por la incertidumbre y desoyendo las voces de los maestros, en medio del desamparo y de la sombra, caminará a oscuras por las "galerías concéntricas, llenas de falsas puertas"2, lo hará a tientas con los ojos vendados para evitar ilusiones, debe cargar con el trofeo del "Cabeza de Toro" para ofrendarlo a Atenas que postrada lo espera, el destino, dice, es un conocimiento que se cuelga "en la caja del pecho donde las pruebas huelgan"3, "no consta de palabras ni designios"4 de filósofos o dioses charlatanes, Teseo no piensa, no reflexiona sobre sus actos, se guía por lo que sus instintos le indican "un hombre se obedece sin preguntar"5 ejerce su libre albedrío y si es héroe y candidato a ser rey, la sabiduría surge de pronto, él sabe que la muerte del monstruo lo hará señor de una cárcel, su ascensión a la jerarquía de rey lo atará a un destino azaroso tejido de minucias, Teseo comprende que su propuesta es la misma de Minos, el vértice que los une es el Minotauro, ambos luchan por la pasión de afianzarse en el poder.

La escaramuza, la traición y la mentira son los perfiles que trazan toda clase de desenfrenos en estos dos seres, un eco falso se evidencia en el discurso de Teseo en la aparente defensa que ante Minos hace de los jóvenes atenienses, supuestamente exterminados en el laberinto por el Minotauro, nuevamente oculta sus ambiciones tras el artilugio de la palabra que enreda y miente, para "ver qué pasa", su amor por Ariana es otra farsa, la excusa oportuna a su inusitada avidez de poder, su interés en ella sólo tiene un fondo mezquino, obtener la respuesta para salir de la sinuosa construcción de Dédalo, Cortazar busca que el lector vislumbre a través del rostro de Teseo y Minos lo que él considera son las características inseparables de los gobernantes.

 

El Minotauro es un mito, Teseo y Minos no pueden verlo de frente, la fuerza de ambos se afianza en la sustentación de un trofeo ante sus pueblos eternamente temerosos e intimidados, siempre hay alguien que sirve de chivo expiatorio y alimenta el prestigio del gobernante de turno, el día que Teseo sea rey le cobrará con creces a Minos el exterminio de los jóvenes atenienses, Teseo lo culpa por ese "llanto perdido", un hombre no puede ser justo ni se puede eternizar en el poder a costa de las lágrimas de todo un pueblo, no existe perpetuación detrás del sacrificio, un gobernante no puede estar al margen de una sociedad que reclama justicia. El destino de los reyes es intercambiable, nada ni nadie los salvará, las imágenes se entrecruzan en una maraña de significados, las estructuras del poder, lo monstruoso y el amor componen una cosmovisión del autor, lo hablado se instala en el azar, lo monstruoso es lo permanente en el alma humana.

La visión existencial del escritor se manifiesta a través de sus máscaras, Minos y Teseo, amos poderosos, nada, nadie, "Creta y Atenas la nada"6 donde "los reyes imponen un orden sobrehumano, con un lenguaje solitario y desnudo"7. Ariana es la única que se enfrenta a esa situación, al poner en tela de juicio las razones por las que su padre ha enviado al Minotauro al laberinto, el discurso de Ariana adquiere la categoría de una objeción a la figura de la autoridad representada por Minos.

Una de las vertientes del mito propuesta por Cortazar es la pasión orgiástica inscrita en el alma de Ariana, ella no está enamorada de Teseo sino del "Cabeza de Toro", el deseo amoroso en este caso es lo siniestro, un desvelo que se cristaliza en la nocturna espera y se instala como "una erótica de cuerpos interdictos"8. El lenguaje de Ariana es un mar espeso, ella solo quiere que su hermano emerja del laberinto asido al hilo, que engañosamente le ha dado al insensato de Teseo, que surja desnudo, rojo, vestido de sangre, para que vea a la hija de la reina sedienta de sus belfos rumorosos, ella ansía que el "espanto aleje sus alas pertinaces"9, que cese la horrible duda que la consume "en el combate malogrado entre el amor a la libertad y el horror a lo distinto, a lo que no es inmediato posible y sancionado"10. El amor por el hijo de Pasifae constituye para Ariana la locura de un erotismo excedido, de un ardor que armoniza con el desenfreno "si hablas con él dile que este hilo te lo ha dado Ariana"11.

El ovillo en la obra de Cortázar representa un símbolo, que es a su vez liberación, traición y muerte, el monstruo, apunta Octavio Paz, "es el más allá del hombre dentro del hombre"12 y así parece manifestarse el Minotauro, como indagación de la trascendencia, se exhibe no como distanciamiento del cuerpo sino en su apariencia exacta, en su monstruosa persistencia de órganos, de agonía y deseo. El amor es lo divino que se inscribe en el abismo de lo execrable, lo sagrado y lo maldito, entre dios y la bestia, el yo de Ariana se despliega en el otro, vive en el esbozo de esa alteridad, el otro, yo mismo, dirá Platón: "en todos nosotros, incluso en el más respetable y de mayor reputación, existe una fuente de deseos salvajes, terribles, fuera de toda norma"13, la fascinación de Ariana por el Minotauro devela los signos paradójicos del miedo y la seducción, de la embriaguez y el erotismo, de la abominación y la crisis.

El erotismo es la aprobación de la vida hasta en la muerte, la repulsión pone en juego seres discontinuos, el erotismo de los cuerpos tiene de todas maneras una señal abrumadora y fatídica. Ariana es "algo maligno e impuro, lácteo punto turbio en la claridad de la esmeralda"14, de su enajenación brota el habla irregular en la que se inscribe, mientras que el habla de Teseo es plana, regular, clara y manifiesta, él solo sabe del triunfo de su nave y del tálamo.

Hemos llegado a la última escena, "en la curvada galería, Teseo enfrenta al Minotauro"15 no mata al reo sino a la imagen, al "eco de sus actos, su resonar lejano en las costas griegas"16, el rey del laberinto elige morir al sentirse traicionado por Ariana que mezcló sus dedos con los de Teseo, el Minotauro bajará la cabeza y se entregará sin luchar, se avendrá mansamente a la muerte seguro de que su desaparición lo arraigará definitivamente en el alma humana, él no desea ya salir a la superficie donde es considerado un monstruo, imagen que se forja en la tenue envoltura de la mente de los hombres, muerto será lo otro, distinto, será el rey y la condición humana de Teseo se disminuirá, apagado por su propio ego, la libertad final del Minotauro se adelanta en el filo que nace del puño de Teseo. En el escenario se contempla al "ser de armonioso trazado" que yace abatido, muere para ir trepado en el viento y albergarse en el corazón de Ariana antes que Teseo, se alzará entre ellos dos como "una luna roja", desde allí corneará el trono del rey, "el cetro inseguro de su raza"17, desde su "libertad final y ubicua"18 erigirá su "laberinto diminuto y terrible en cada corazón de hombre"19.

El símbolo del Minotauro pertenece a la noche del alma, como vestigio de la bestia no domada, a ella le atañe lo aún no cognoscible y dominado, él es la mancha y no la mancilla, el que nos vincula a los flujos del ser, él es lo sin raíces eternamente movido que no está ni arriba ni abajo, siempre en el umbral crepuscular entre la noche y el día, "él es lo otro, lo otro que nos repele, el monstruo bello y atroz, él es la repulsión y la fascinación, el vértigo de darse cuenta de que esa presencia extraña es también nosotros"20.

Este poema fantástico, "tejido de Aracné", articula en forma paradójica heroicidad y monstruosidad, haciendo del engendro el detentor del mal, Cortazar introduce una ambivalencia ética, cuando el monstruo, sujeto del mal ayuda al bien, el Minotauro es la inocencia, es lo no visible que se descuelga, el reino incontable, el espejo, el otro que se aloja en mí, dice René Girard, "no hay un monstruo que no tienda a desdoblarse, no hay doble que no esconda su monstruosidad secreta"21 y señala Octavio Paz, "el monstruo es la proyección del otro que me habita"22, Julio Cortázar construye la clave de lo armonioso en las entrañas de lo monstruoso, "lo monstruoso es bello y lo bello monstruoso"23 desde el vértice de su eternidad, que es también el más intenso de los destierros.

Con la desaparición del Minotauro se abre la fisura de lo desconocido en la exaltación del vértigo del abismo, salir de nosotros mismos y alcanzar el desapego, el éxtasis es una forma de muerte, el fragmento temporal de no ser que el soy se exige para seguir siendo, el Minotauro permanece impávido, pavoroso, grande y solitario, señor del desierto, el cuerpo liberado del objeto del deseo, su energía se dirige hacia la nada, sale de sí abandonando tierra y mundo, se alza en desprendimiento, para ser desde el vértigo contradicción del ser en el fondo de lo nocturno, lo abismal, lo invisible es lo que no se puede dejar de ver, el soliloquio hace del ser un monstruo con una enorme lengua, lo pesado es el saber silencioso, lo no-dicho como síntoma del consciente, duelo de lo que hemos perdido, flotará dolorosamente sin existencia. Lo insólito se da como un reclamo que exige la renuncia a la superficialidad e impone la recodificación de la vida, lo monstruoso en Los reyes se exterioriza como la apremiante expresión de lo complejo y lo absurdo, es lo que vigila sin descanso, enclavado en un afuera vago, huidizo, la forma establecida de existir, lo monstruoso como una suerte de subversión del yo, pero "sólo hay un medio para matar a los monstruos, aceptarlos".

La imagen del Minotauro nos abre al letargo y a la convulsión de vivir desde la alteridad, desde el espacio de la muerte, que es a la vez lugar de la ausencia y del exceso, del vacío y de las trazas execrables del mal. El Minotauro agita las aguas irredentas donde conviven el arrobamiento y el espanto, en el caso de Cortázar, el Minotauro nos enfrenta a la profunda sima que se abre entre la vida y la muerte. La perennidad del Minotauro es una victoria que marca lo uno primordial, lo que hemos perdido, la plenitud de nuestra existencia finita. La monstruosidad como signo del mal, supone la materia abyecta como testimonio del cuerpo vivo que trasciende la muerte, el símbolo del Minotauro que expresa Cortázar, apunta hacia múltiples significados, por un lado el deseo del Minotauro de morir, de cumplir con ese hado implacable montado en su destino desde el horizonte de la nada, por otro lado debe morir para que emerjan la diversión y la alegría, él representa la esperanza y la desilusión, él deberá derramar su sangre para que los hombres aprendan de su sacrificio y se conecten con el vaho de sus propias monstruosidades.

 

Notas y referencias bibliográficas:

1, Cortázar Julio, Los reyes. Buenos Aires. Suramericana. 1995. p. 12

2, ob. cit. p. 33

3, ob. cit. p. 36

4, ob. cit. p. 36

5, ob. cit. p. 38

6, ob. cit. p. 35

7, ob. cit. p. 35

9, ob. cit. p. 53

10, ob. cit. p. 52

11, ob. cit. p. 52

14, ob. cit. p. 52

15, ob. cit. p. 57

16, ob. cit. p. 59

17, ob. cit. p. 69

18, ob. cit. p. 69

19, ob. cit. p. 69

24, ob. cit. p. 67

8, Bataille Georges, El erotismo. Barcelona. Tusquets. 1988. p. 46

13, Jaspers, Karl, Los grandes filósofos. Madrid. Tecnos 1995. pág 80

12, Paz Octavio, El arco y la lira. México. F. de C. Económica 1956. p. 31

20, ob. cit. p. 33

22, ob. cit. p. 36

21, Girard René, La violencia y lo sagrado. p. 110

23, Paz Octavio, El escritor y el poder. México. Joaquín Mortiz. 1976 p. 48

Bibliografía general consultada,

Bravo Victor, Los Poderes de la ficción. Caracas. Monte Avila. 1987.

________ , Terrores de fin de milenio. Mérida. U.L.A. 1999.

 


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