Conversación entre dos silenciosos amantes del silencio*

(Simón Alberto Consalvi trata de hacerle algunas preguntas a
Marisol Escobar y ella trata de no responderlas)

 

 

Entrevista a Marisol Escobar por Simón Alberto Consalvi

 

 

Simón Alberto Consalvi: Aunque no es del todo exacto, (a veces, pocas veces, lo desmientes), tu fama de que eres silenciosa ya le da la vuelta al mundo. Quizás en esto influya la decadencia del silencio, o tu reacción a este pandemonium en que todo el mundo habla de todo, todo el tiempo...

Marisol Escobar: No me parece que yo sea silenciosa, si yo hablo mucho... Cuando se habla de temas que yo no conozco, en general, no encuentro qué decir, y no quiero cambiar la conversación para no ofender a las personas que hablan.

SAC: Trabajas desde la diez de la mañana hasta las once de la noche. Trabajas sola. Caminas después del trabajo por tu barrio, junto al rio, y caminas sola, con tu Akita. ¿Acaso no hablar es ya una costumbre? ¿Como algo que te molesta, y te hace perder tiempo?

M: Quizás.

SAC: Tus esculturas de personajes de la historia contemporánea, tus retratos del generalísimo Francisco Franco, del generalísimo Charles De Gaulle, del premier Harold Wilson, del gran jefe Mao Tse Tung, de los norteamericanos Nixon, Kissinger, los Kennedy, Lyndon Johnson, del emperador Hirohito, de la familia (sub) real inglesa, o del arzobispo Desmond Tutu, tienen una carga de ironía muy evidente, y, al mismo tiempo, indican que tu visión de la política contemporánea (o del poder) es muy aguda, lo cual de algún modo desmiente tu aislamiento. ¿Qué piensas, en última instancia, de la política y de este mundo? ¿Cómo ves a esos personajes cuando trabajas en sus retratos, te diviertes o los castigas despojándolos de su solemnidad?

 

M: No hay ningún tipo de odio. Los estudio a fondo, primero visualmente, a través de muchas fotografías, de frente, de perfil, de arriba, de abajo, etc. Leo y pienso en lo que hacen y cómo piensan. Me imagino a quienes ven estas esculturas, establezco una relación personal porque a ellos les gusta ver algo que puedan reconocer. Casi todas esas esculturas fueron encargos de revistas inglesas o norteamericanas. A veces les pongo solemnidad, cuando les hace falta, porque no todos la tienen...

SAC: En cambio, con tus retratos de artistas como Picasso, Marcel Duchamp, Willem de Kooning, Louise Nevelson, Georgia O’Keeffe, creo que sucede algo diferente... ¿Los consideras de tu familia, acaso?

M: Sí, los veo como a mi familia artística, y los admiro. Los conocí personalmente a todos, con excepción de Picasso. A Picasso lo retraté porque ha tenido una gran influencia en mi trabajo. Cada uno de ellos tenía una silla muy especial, y esto explica porqué a todos los esculpí como si estuvieran en sus sillas. Pertenecen a los años 80.

SAC: Has recreado varias obras de Leonardo da Vinci, entre ellas la más famosa, la "Ultima Cena", que está en el Metropolitan. A Leonardo le costó mucho pintar a Judas, según cuentan, porque quería pintar la traición con rostro humano. ¿Cómo te fue a ti con Judas?

M: Me fue bien.

SAC: Si te invitaran a hacer un monumento que registre o simbolice lo que ha significado el siglo XX para la humanidad, ¿qué tema escogerías?

M: Las guerras. Todas las guerras, la guerra. Yo estoy invitada para concursar para un gran monumento sobre la II Guerra Mundial, en Washington. Pero como no tengo la ciudadanía norteamericana, no puedo competir porque existe esa cláusula, y es algo que me hubiera gustado mucho hacer. Habría intentado presentar la guerra en sus distintas etapas, según como sucedieron los hechos, y con sus personajes, Hitler, Mussolini, Churchill, Stalin, y Roosevelt, dirigiendo la guerra desde una silla de ruedas. Y, al final, la gran explosión atómica fundida en bronce por Campanella.

SAC: ¿Cuál es la pregunta que nunca te han hecho y que quisieras responder?

M: Me han preguntado de todo y siempre he respondido.

SAC: Vienes de un reciente viaje al Japón, de una gran retrospectiva de tu obra en tres grandes museos, y me dices que te sentiste muy bien allá, y que incluso, a veces, los entendías cuando te hablaban (para sorpresa de ellos). ¿Cómo explicas este milagro?

M: Porque ellos entendieron mi obra, y yo hice un esfuerzo por entender a las personas.

SAC: En tus obras resalta la ironía, el humor. ¿Qué papel juega el humorismo en tus esculturas?

M: Cuando quiero decir algo profundo, y para que no sea deprimente, más fácil de entender, recurro al humorismo.

SAC: La crítica japonesa que escribe el texto de tu catálogo, Akiko Hyuga, recuerda tus primeros años en Nueva York, al final de los 50, la generación Beat, el Village, ¿qué subsiste de todo eso?

M: Los sesenta están muy lejos. Ya no busco elogios.

SAC: En el día del naufragio universal, ¿cuál de tus obras deseas que Noé salve en su Arca?

M: Yo.

 

 

 

 

* Entrevista realizada en 1997.


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