Poemas de Mark Strand

 

 

 

Traducción por Juan Sanchez-Pelaez

 

 

Las traducciones que ahora presento de Mark Strand (poeta norteamiericano, nacido en 1934) las di a conocer parcialmente en el suplemento Bajo Palabra entre los años 92 y 93. La acogida que entonces tuvieron, el interés que suscitaron, me hizo pensar en integrarlas algún día dentro de un pequeño volumen. Así dejé que el tiempo las fuera corrigiendo mientras penetraba otras zonas del autor que me eran desconocidas. Antes había leído las versiones para nuestro idioma a cargo de Octavio Armand (ed. Fundarte); después tuve conmigo un número memorable de Plural (nov. 1975), y un buen conjunto de poemas traducidos por Elisa Ramírez (ed. El Tucán de Virginia, México, D.F).

El nombrar las cosas directamente, expresarlas, fijarlas con mirada atenta constituye uno de los rasgos esenciales de la poesía norteamericana. Pero esa mirada, si es exploratoria, sagaz, puede subvertir las coordenadas lógicas y transfigurar las apariencias. Tal ocurre en Mark Strand: describe unos mapas y ellos hablan sobre nuestro destino. O bien irrumpen escenas, acontecimientos, paisajes, dentro de un cuarto cerrado, como señales inesperadas que poseen vida propia. Lo oscuro y lo distante, lo cercano y la muerte recorren el cuerpo entero de sus poemas. Sin embargo, subyace siempre una dicha velada y nostálgica, y hay luz. Un halo de misterio nos rodea, y la luz, apenas entrevista, se siente muy próxima o añade nuevas interrogaciones. Paradoja tras paradoja el mundo nos devuelve su imagen: esta poesía se alza lúcida frente al desconcierto contemporáneo, a la vez sabe inclinarse hacia el lado trágico sin ningún patetismo y sin desdeñar la ironía.

Mark Strand ejerce la docencia universitaria, y los reconocimientos no le han tardado: su libro The Continuous Life1 coincidió con la designación por la Biblioteca del Congreso como «Poet Laureate of the United States». Obra bastante amplia la suya, incluye además ensayos, traducciones y prosa narrativa. Algunos títulos de su poesía son: Dark Harbour (1993), The Late Hour (1978), The Story of our Lives (1973), Darker (1970). De los volúmenes del autor, Selected Poems y The Continuous Life, he escogido los textos y poemas para esta breve muestra.

Lo encontré en Berlín, comenzando enero de 1991, invitados ambos por la Societé Imaginaire, junto a amigos de diversas latitudes. De aquellas reuniones, de la atmósfera creadora y fraternal que las presidió, guardo el más vivo recuerdo.


The Ghost Ship


Through the crowded streets
It floats,

Its vague
Tonnage like wind.

It glides
Through the sadness

Of slums
To the outlying fields.

Slowly,
Now by an ox.

Now by a windmill.
It moves.

Passing
At night like a dream

Of death,
It cannot be heard;

Under the stars
It steals.

Its crew
And passengers stare;

Whiter than bone,
Their eyes

Do not
Turn or close.


El barco fantasma


En las calles muy concurridas,
flota

como el viento es su
vago tonelaje.

Se desliza entre
el dolor de las barriadas pobres
y los lejanos campos.

Ahora con lentitud
cerca de un buey,

o junto a un molino ahora,
se mueve.

Pasa en la noche
como un sueño de muerte
que no podemos escuchar.

A escondidas
va
bajo las estrellas.

y los pasajeros y marinos
miran fijamente;

sus ojos
más blancos están que los huesos.

No giran a ningún lado ni se cierran.


Moontan

for Donald Justice

The bluish, pale
face of the house
rises above me
like a wall of ice

and the distant,
solitary
barking of an owl
floats toward me.

I half close my eyes.

Over the damp
dark of the garden
flowers swing
back and forth
like small ballons.

The solemn trees,
each buried
in a cloud of leaves,
seem lost in sleep.

It is late.
I lie in the grass,
smoking,
feeling at ease,
pretending the end
will be like this.

Moonlight
falls on my flesh.
A breeze
circles my wrist.

I drift.
I shiver.
I know that soon
the day will come
to wash away the moon’s
white stain,

that I shall walk
in the morning sun
invisible
as anyone.


Mancha lunar

a Donald Justice

El frente de la casa
de un azul pálido
se yergue ante mí
como un muro de hielo

y el solitario,
distante
aullar de un búho
me llega cercano.

Entrecierro los ojos.

En el oscuro,
fresco jardín
las flores se mueven
de acá para allá
como pequeños globos.

Los árboles solemnes
sepultados por una nube de hojas
parecen dormir profundamente.

Es ya tarde.
Me tiendo en la hierba,
prendo un cigarrillo,
y en completo reposo
me engaño diciéndome
que el final será también así.

La luz de la luna
cae sobre mi cuerpo.
La brisa
me rodea las muñecas.

Me dejo llevar.
Tiemblo.
Sé que pronto
vendrá el día
para borrar la mancha
blanca de la luna,

y que caminaré bajo el sol de la mañana
invisible
como todos.


Another Place

I walk
into what light
there is

not enough for blindness
or clear sight
of what is to come

yet I see
the water
the single boat
the man standing

he is not someone I know

this is another place
what light there is
spreads like a net
over nothing

what is to come
has come to this
before

this is the mirror
in wich pain is asleep
this is the country
nobody visits


Otro lugar


Entro en la luz
que hay

no enceguece
ni es suficiente para vislumbrar
lo que ha de venir

sin embargo veo
el agua
el único bote
un hombre que está de pie

es alguien que no conozco

este es otro lugar
la luz que hay cubre como una red
la nada

lo que ha de venr
había sido
esto antes:

el espejo donde el dolor duerme
el país que nadie visita.


My Son

(after Carlos Drummond de Andrade)

My son
my only son,
the one I never had,
would be a man today.

He moves
in the wind,
fleshless, nameless.
Sometimes

he comes
and leans his head,
lighter than air
against my shoulder

and I ask him,
Son,
where do you stay,
where do you hide?

And he answers me
with a cold breath,
You never noticed
though I called

and called
and keep on calling
from a place
beyond,

beyond love,
where nothing,
everything,
wants to be born.


Mi hijo

(a la manera de Carlos Drummond de Andrade)

Mi hijo
mi único hijo
el que no tuve
sería ya un hombre.

Descarnado y sin nombre
se mueve
en el viento.
A veces

viene
y reclina su cabeza
más liviana que el aire
sobre mi hombro

y yo le pregunto,
Hijo,
¿dónde te hallas,
dónde te ocultas?

Y él me responde
con un hálito frío,
No lo advertías
aunque llamé

y llamé
y continúo llamando
desde un lugar
lejano,

más allá del amor,
donde nada,
todo,
quiere nacer.


Pot Roast


I gaze upon a roast,
that is sliced and laid out
on my plate
and over it
I spoon the juices
of carrot and onion.
And for once I do not regret
the passage of time.

I sit by a window
that looks
on the soot-stained brick of buildings
and do not care that I see
no living thing –not a bird,
not a branch in bloom,
not a soul moving
in the rooms
behind the dark panes.
These days when there is little
to love or to praise
one could do worse
than yield
to the power of food.
So I bend

to inhale
the steam that rises
from my plate, and I think
of the first time
I tasted a roast
like this.
It was years ago
in Seabright,
Nova Scotia;
my mother leaned
over my dish and filled it
and when I finished
filled it again.
I remember the gravy,
its odor of garlic and celery,
and sopping it up
with pieces of bread.

And now
I taste it again.
The meat of memory.
The meat of no change.
I raise my fork
and I eat.


Asado al caldero


Miro la carne
que está en rebanadas
sobre mi plato
y la voy cubriendo con
su propio jugo de zanahoria y cebolla.
Y por esta vez no me duele
el transcurrir del tiempo.

Sentado junto a una ventana
frente a
bloques de edificios
negros de hollín
no me preocupa no ver
ninguna cosa viviente,
ni un pájaro, ni un ramaje en flor,
ni un alma que se mueva
en las habitaciones
detrás de los cristales oscuros.
En estos tiempos
donde hay poco
que amar o alabar
no es quizás exagerado
rendirse al poder de los alimentos.

Así, bajo la cabeza
y aspiro
el aroma que se levanta
de mi plato, y pienso
en la primera vez que probé un asado
igual a éste.
Fue hace años
en Seabright,
Nova Scottia;
mi madre se inclinó
para llenarme el plato
y cuando terminé
lo llenó de nuevo.
Recuerdo aún el sabor de la salsa,
su olor a ajo y apio,
y que la chupaba con trozos de pan.

Ahora la pruebo de nuevo.
La carne de la memoria,
la carne que no se altera.
Alzo el tenedor
para comer.


The Continental College of Beauty


When the Continental College of Beauty opened its doors
We looked down hallways covered with old masters
And into rooms where naked figures lounged on marble floors.
And we were moved, but not enough to stay. We hurried on
Until we reached a courtyard overgrown with weeds.
This moved us, too, but in a moment we were nodding off.
The sun was coming up, a violet haze was lifting from the sea,
Coastal hills were turning red, and several people on the beach
Went up in flames. This was the start of something new.
The flames died down. The sun continued on its way.
And lakes inland, in the first light, flashed their scales,
And mountains cast a blue, cold shade on valley floors,
And distant towns awoke… this is what we´d waited for.
How quickly the great unfinished world came into view
When the Continental Collge of Beauty opened its doors.


El Colegio Continental de Belleza


Cuando el Colegio Continental de Belleza abrió sus puertas,
pudimos ver a la entrada muchos cuadros de viejos maestros,
y recorrimos salones con esculturas reclinadas
sobre los pisos de mármol.
Y nos sentimos conmovidos, pero no por mucho tiempo.
Más adelante llegamos a un patio que invadía la maleza.
Esto también nos conmovió, pero repentinamente
cabeceábamos de sueño.
El sol estaba saliendo,
una bruma violácea surgía del mar.
Los cerros de la costa se fueron poniendo rojos,
y a varias personas en la playa los alcanzó esa llamarada.
Algo nuevo ocurrió entonces: la llamarada cesó.
El sol continuaba su rumbo.
En los lagos tierra adentro brotaron destellos
durante el amanecer.
Desde las montañas bajaba una sombre fría y azulada
hasta el fondo de los valles,
y ciudades lejanas despertaron: esto era lo que esperábamos.
Cuán de prisa estuvo ante nosotros el mundo grande e inconcluso
cuando el Colegio Continental de Belleza abrió sus puertas.


The end


Not every man knows what he shall sing at the end,
Watching the pier as the ship sails away, or what it will seem like
When he’s held by the sea’s roar, motionless, there at the end,
Or what he shall hope for once it is clear that he’ll never go back.

When the time has passed to prune the rose or caress the cat,
When the sunset torching the lawn and the full moon icing it down
No longer appear, not every man knows what he’ll discover instead.
When the weight of the past leans against nothing, and the sky

Is no more than remembered light, and the stories of cirrus
And cumulus come to a close, and all the birds are suspended in flight,
Not every man knows what is waiting for him, or what he shall sing
When the ship he is on slips into darkness, there at the end.


El final


Mientras zarpa la nave y observa el muelle
ningún hombre conoce la canción que cantará al final
ni lo que pasará cuando esté atrapado, inmóvil, entre los rugidos
del océano sin posibilidad o esperanza de retorno, allá al final.

Cuando no haya más tiempo para podar las rosas
o acariciar el gato, y el crepúsculo que enciende el césped
y la luna llena que lo refresca no existan,
ningún hombre sabrá cómo reemplazarlos.

Cuando el peso del pasado se apoye en la nada
y el firmamento sea apenas una luz en el recuerdo
y las historias de cirrus y cúmulus lleguen a su término
y las aves permanezcan suspendidas en su vuelo,
ningún hombre sabe lo que le espera, o la canción que cantará
cuando la nave donde viaja entre a lo oscuro, allá al final.

 

1Alfred A. Knopf, New York, 1990.


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