de Hanni Ossott

 

 

El reino donde la noche se abre

 

Soy de ese reino...
el reino oscuro, vasto, sin bordes
donde cada cosa se precipita
agitada

En él imágenes
poseen y se agolpan, unas a otras
como en intercambio voraz, instantáneo
No hay cese allí sino duelo o una alegría infinita
un llanto y un miedo cubren esa bóveda
traspasan la circularidad
de un sí mismo siempre pronto al hundimiento
a la exaltación

Porque también hay risas junto a la zozobra
extrema tensión de la alegría
desbordes para la noche oscura
éxtasis
colmación

Soy del reino donde la noche se abre repentinamente
reino de apariciones
en él naturaleza y cosa se acrecen, se intensifican
hablan, irrumpen

Soy allí sin yo, en entrega, tomada
los mares entonces cruzan el cuerpo
agreden poro y piel
o el vacío, una zona gris, blanca
instala su ancha carpa
en el centro del alma
hacia un no saber que se extiende desértico.
Soy de ese reino aún no domeñado
que llega sin permiso y parte cuando quiere
reino difícil, hilarante, confuso y pleno
a veces surge de él una palabra, un símbolo, un ritmo
otras, abate

Mi yo ante él debe estar tranquilo, atento
debe acoger como un abrazo
ese movimiento, esa urgencia, esa prisa
o esa quietud de aguas estancadas
larvarias

Mi ojo debe ser entonces un gran ojo, un faro
el ojo atento del pez que mira

Mi ojo debe separarse del dolor, de los descuartizamientos
entre la oscilación de alegrías y penas

A veces
él debe, pero no quiere
él debe, pero no puede
él sólo quiere también hundirse allí
y una línea de deseo lo atraviesa
deseo de dicha, de amor y muerte

El reino oscuro no nos dice qué trae
no tiene tiempo, carece de medida
abrupto
es espacio para un estar
lleno de lo extraño
colmado de memoria

El es inhabitable, por lo excesivo
y sin embargo, fecundo

En su centro fuegos y aguas, mar rasgando la tierra
zanjando el alma
golpeando sus playas.

 

 

Orfeo

 

Te he dado mis sedas
mi baile, mi danza, mis máscaras.
Te he dado mi cama, mis hornos, mis cocinas
la mesa puesta, adornada con flores y copas,

los cubiertos
Y el invitado venía y admiraba
casa y cuadros
alfombras y platos.La belleza.
Te he dado esta larga pasión
que ahora se teje como memoria difícil.
Te ha amado, bajo cielos y techos
en la calle más solitaria de París, de Grecia o de aquí
- desde el abandono.
Te he otorgado poros de poesía, surcos plenos de sudor
Almas, carne, pelo, cuello, manos.
Tú, hombre irascible... ¿dónde estás?
¿qué mar te socava en mí?
Eres duda y ángel. Promesa incumplida.

Me hiere tu canto,Orfeo.  Bacante soy de ti...
Llevo en mi espalda el rasgo de tus manos
 la rajada
y en mis pulmones
 la respiración que quiero
la otra acallada respiración de muerte.

Carezco de mañana, mi hoy me rasga
¡Tu presencia, Orfeo...tu presencia!

Orfeo, ¿dónde estás? Socórreme.
 Amado.

 

 

La palabra de la tierra

 

Sujétate
Agárrate como un árbol a la tierra
tenso entre sus raíces
fibra y cuerpo
para lo difícil
los vientos
la precariedad
el beso de lunas

Asiéntate con fervor
entre lo duro y lo rocoso
ama eso que te debate
pues te concentra
en el secreto
del íntimo horror
la palabra de la tierra.

 

 

El estanque

 

Mi infancia es hoy un gran estanque
donde me miro
en su fondo verde liquen
piedras alcanzadas por el musgo
peces de rara y brillante especie.

Yo hundo allí mis manos
y agito las aguas
para alcanzar una sombra
siempre evanescente.

El estanque me devuelve el cielo, las nubes
cielo y tierra en él se besan
confluyen.

Yo dibujo allí una imagen, la sueño
mas no la alcanzo.

 

 

Nuestra soledad cubierta de objetos y paredes
entretejida de risas
amigos, hornos, crecimiento de plantas
esa distancia entre habitación y alcoba
beso y caricia
y el lazo obligatorio, tácito
lo convenido para el resguardo
cuidos, protección.

La casa, ese edificio soñado por nosotros
llena, plena de lenguajes
"puesto que de ti y de mí nada puede irse
nada puede ser fuga"
los lazos, las tijeras, los pespuntes
que atan tela a tela
cuerpo a cuerpo.

Y al fondo una ventana
para quien mira
solo.

 

 

Se llama coraje

 

Se llama coraje
fuerza del corazón.
Allí están los niños y los hombres
los simples y los fuertes
los débiles, los arrastrados, los sostenidos

Está el amor. El hecho de coraje,
todos pulsando
están los secretos, la angustia
la rara y secreta angustia
el misterio que nos trasvasa
los golpes.

Coraje, la luna es regular, el mar está allí
la tierra permanece
los bordes de la montaña perfilan una seguridad, una quietud.

Coraje, fuerza del corazón para lo inminente
la dolorosa pérdida
el abandono.

Coraje de corazón
alta tensión del alma
en el soportar
en el congregar
en el reunir.

 

 

Ulises, el gato

 

Ulises
tiene el pelo negro, suave
los ojos verdes y en la tempestad, azules
y te contorneas al borde del mundo.
Ulises, te amo,
en la Odisea eras rubio, fornido y sensual
en mi vida eres agresivo y hostil. A veces dulce.

Te beso, para enseñarte a besar.
Acaricio tu cuerpo
te susurro
te doy mi aliento
y tu cola se mueve suavemente...

Ulises: ¿podremos amarnos?
¿No arañarás más mis piernas?
¿No me morderás ya más?
¿No saltarás sobre mí?

Tú todo lo hueles
Mi vida, mis gestos
mis pasos, mi mirada
mi comida, mis sueños
Y yo te hablo:
No. Sí.
Mañana. Pasado mañana.

Mañana Ulises yo te daré mi secreto
Así tú, así tú a mí...
Pero es asunto de dioses

¿Cómo podré conciliar mi beso hacia ti?
¿Cómo podrás conciliar tu beso hacia mí?

 

 

Melancolía de un sabio

 

Cuerpo: dame en ti una isla que asegure del hervor
una casa, una torre
alquílame la ilusión de la certeza
que no me raje incesante tu devenir.
Cuerpo, instálame en ti no como imprecisa fuga
dame la precisión de un contorno
el rostro único
el egoísmo que ata a un rostro
lo opuesto a la embriaguez
la sólida pregunta, la mentira, el matrimonio.

 

 

Del Jardín

A Ingmar Bergman
A Luchino Visconti

Si fuese espléndido el jardín
con clowns
y ninfas
con fuentes altísimas
para esconder el amor

Y rosas, un jardín de rosas y de clemátides

Si fuese espléndido el jardín
pleno de orquídeas
de susurros

Pero no es ése el jardín...
aquí hablamos de lo mustio
de lo seco
de lo sin flor
hablamos de lo ido
el amor
lo esplendente
la maravilla.

 

 

La flor ganada: Edelweiss

 

Escalo montañas
soy una alpinista
en búsqueda de la prístina flor
Edelweiss

Mi ansia es un cielo alto
rocoso
pleno de dioses

Mi amor
mi amor
mi amor
es una utopía
- Edelweiss
la florecilla apasionada
entreverada entre las rocas

Cada paso de mis brazos y mis piernas
es un llamado

cada resbalón, una pérdida
Sudo
me acuerpo
miro hacia el vértigo
y trato de no mirar.
Asciendo, asciendo hacia la flor

Y cuando allí está
la arranco
y la guardo en mi bolsillo
como esperanza
luego viene el descenso
¿quién se merece la flor?
¿Qué hombre la merece?

 

 

Bibliografía:

El circo roto. 1990-1993. Monte Ávila Editores Latinoamericana C.A., Caracas, 1993.
El reino donde la noche se abre. 1983-1986. Editorial Mandorla, Caracas, 1987.
Cielo, tu arco grande, Tierra de Gracia Editores, Caracas, 1989.
Casa de agua y de sombras, Monte Ávila Editores Latinoamericana C.A., Caracas, 1992.
Plegarias y penumbras, Ediciones Con Textos, Caracas, 1986.
Hasta que llegue el día y huyan las sombras, Fundarte, Caracas, 1983.

Fotos Hanni Ossott: ® Enrique Hernández D’Jesús


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