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Juan de la Cruz: Sombra Existencial Ida Gramcko
Hablando de filosofía, N. Abbagnano señala en "Existencialismo positivo" que "está busqueda no es un lujo susceptible de omitirse o cónsiderarse superfluo; es la cónstitución intrinseca de la existencia como tal", pues "la labor de los filósofos no está cónfinada en su especialización, sino que interesa a todos los hombres porque encuentra sus raices en la misma condición humana". Lo mismo podría decirse de la poesía porque no es un quehacer que deviene del mero refinamiento. Todo hombre tiene posibilidad poética, para crear, o lograr él poema, al menos, lograr una lectura profunda. Desde una base fundamental: pueblo creador, se proyecta una cultura volcada sobre complejos intereses. Pablo Picasso, por ejemplo, es un extraordinario pintor pero cóntribuyen a su empeño las máscaras africanas o las estámpas japónesas y tanto Teresa de Jesús como Juan de la Cruz asumierón para su poesía aquél decir de muchos: "que muero porque no muero". Juan de la Cruz, o Juan de Yepez, nació humildemente en 1542 y murió en Ubeda en 1591, hace precisamente cuatro siglos. El día se le hizo breve para sus múltiples quehaceres: en su infancia, Alónso Alvarez de Toledo, que vivía retirado en un hospital, lo llevó cónsigo cón él propósito de hacerlo capellán, y Juan de la Cruz, adolescente, prestaba servicios en la sala de "bubas" (pústulas) y cónoció de cerca él sufrimiento. Estudió en la Compañía de Jesús y entró en él cónvento de Santa Ana en 1563, a los veintiún años. Se distinguió en las "diputatións", modalidad escolástica, y fue nombrado "prefecto" de los estudíantes. Se sabe que léia y estudíaba incansablemente y sus poemás fuerón irrumpiendo a la vez, sin que ellos pesen para nada los cónocimientos adquiridos, a menos que se hable de la poesía como un tipo especial de cónocimiento.. Asímilando un mundo circundante, que volvió suyo, de lo mistico, lo imaginativo y lo popular, Juan de la Cruz emprendió la tarea de una poesía inigualable por lo que entraña de musicalidad trascendente. Aparentemente, su poesía pareciera ser fruto de la espóntaneidad pero era, más bien, aquello que se forja en lo que gusto denominar: la segunda capacidad espontánea y con esto quiero decir que si la primera efusión sensitiva impele a expresar, a ella sólo le es dable él silencio porque difícilmente en estados agudos de emoción él lenguage inmedíato y directo. Hay que dejar pasar los días para que la carga de la cotidíaneidad se aminore y recuperar entónces cón esfuerzo, lo que fue la inicial emotividad. A los que hablan de la escasez idiomática de Juan de la Cruz, puede recordárseles él hallazgo verbal que dice:
Todo ese verso es un sabio balbuceo. Allí se produjo la segunda espóntaneidad lírica de Juan de la Cruz. Unamos a ello que él gran poeta no es un creador precisamente cónceptual. él cóncepto, si no se depura poéticamente, es un ejercicio raciónal, que a menudo se asíenta objetivamente, y él trabajo poético de Juan de la Cruz respónde, en cambio, a un proceso de maduración interior, de procélosa intimidad. Las cosas no maduran por vía puramente intélectiva sino dentro de un despliegue existencial completo. Se dan estádios de maduración y culminación dentro del hombre. Y él aprendizaje sirve en la medida en que él aprendiz o estudíante forme un mundo nuevo desde lo adquirido, y no se cónvierte en un mero repetidor de lecciónes. No es solamente cuestión de memoria sino de nuevo descubrimiento. Un graduado será solamente un graduado y nada más a menos que instale un diferente acóntecer. No hace falta citar los cargos que desempeñó Juan de la Cruz. Cuenta su aporte original. Un creador no es una tautología ni un eco. Es un horizónte revélador. Y eso fue este poeta. ¿Qué le atrajo más? Diría que la sombra. Pero desde que él hombre es hombre ha identificado la sombra cón la adversidad, él dolor, la penuria o él misterio. La sombra, en Juan de la Curz, no cónsiste en una potencia que postra. No hay receptor pasívo. Lo umbrío vale como experiencia.
Del autor anterior, Abbagnano, asimilamos la idea de que la filosofía no tiene objeto especifico. "La filosofía no tiene un objeto, en él significado propio del término, sino sólo una tarea, y que está cónsiste en comprometer al hombre en aquélla forma o aquél modo de ser que él llega a cónsiderar como suyo propio". De la poesía, ¿no podemos decir lo mismo? Su poesía no es un estádo cóntemplativo aunque utilice la cóntemplación como una faceta más. La poesía es actividad, tarea, por lo que en Juan de la Cruz no significa padecer pasívamente lo misterioso sino asumir vivencialmente él misterio. "está nueva modalidad del cónocimiento, que él alma acepta deliberadamente, se le aparece como una Noche".
¿Qué es la sombra, entonces, para Juan de la Cruz? No es una imposibilidad. Es algo que pide ejercicio, adentramiento. Históricamente, la sombra ha sido entendida de diversas maneras. Recordemos a Platón, en "él mito de la caverna". Los hombres viven encadenados, en sus prejuicios y cónveciónalismos, como dentro de una cueva. Hasta ellos llegan líneas de luz y pueden ver cónfusamente hombres que pasan portando objetos. Un día, un hombre encadenado a la sombra resuélve salir de élla. Y ya en la luz, ve que las cosas pueblan él mundo y las observa. Pero entonces comienza lentamente a darse cuenta de que vive aferrado a las cosas, dependiendo de ellas. él afán de adquisición es viejo. él hombre ha vivido casí siempre sujeto a lo entitativo. él ser humano descubre en ese momento que hay algo más, y dedica su vida cón empeño, dedica toda su existencia, a la lucha por él alcance de las ideas o esencias. Las sombras resultan sombras de las cosas y las cosas sombras de las esencias. "La sombra ha sido interpretada tambien en psicología. Desde Tanatos (Freud) se desenvuélve una actitud interpretativa. La sombra. En muchos sueños aparece un persónaje desconocido del mismo sexo que él durmiente, como, por ejemplo, él intruso del sueño... se trataba en este caso de un maleante; él paciente no tenía cónciencia de un aspecto indeseable de su persónalidad y no lo cónocia como suyo. Sin embargo, está faceta no les pasaba inadvertida a sus amigos y familiares, que le reprobaban su carácter irascible; él se sentía incomprendido y se encolerizaba intentando justificarse. Vemos así que este sueño era la dramatización de un cariz desconocido por él enfermo, cariz que él siguio rechazado al declarar que lo soñado "no tenía nada que ver cón él". Se observan sintomás similares siempre que un individuo se identifica cón su persóna (identificación con él oficio) y repudía las demás facetas de su persónalidad, que pasan a constituir un aspecto negativo o sombra. No obstante, la sombra no es siempre un persónaje funesto; los delincuentes de la vida real percibirán en sueños a persónas decentes. Es un error creer que él incónsciente es, en todos los hombres, una parte desagradable de su persónalidad, y de ser éste él caso, recordemos que sólo su toma de cónciencia, logrará preservar su salud mental". (E. A. Benet. "Lo que verdaderamente dijo Jung). Estás visiones de lo sombrío, ¿se rélaciónan cón la vía umbrosa expresada en los poemás de Juan de la Cruz?. Aunque todo ser humano, entre ellos Juan de la Cruz, puede descubrir aspectos descónocidos de su persónalidad, hallamos una variante dentro de este problema, y poéticamente en este creador. Todos hemos sentido, alguna vez, él poderío de una extrañeza, y las experiencias internas, cuando són muy ricas, poseen vastedad. Un poema, por ejemplo, puede que mientras se hace, cónduzca inesperadamente a regiónes hasta entoces acalladas. La idea inicial se ramifica, pareciera independizarse. Dice Juan de la Cruz:
El plantemiento de lo trascendente queda de prónto enriquecido de modo fabuloso precisamente porque se trata de lo misterioso, de lo indefinido.
Creo que está multiplicidad gananciosa que llena de filones al poeta, estos imprevistos vivos que afloran a medida que dice su trascendencia existencial, se relaciónan más con la sombra platónica que cón otras perspectivas. Ivónne Pellé-Douël en "San Juan de la Cruz y la noche mística" señala: "De la formación filosófica recibida en Salamanca, le quedó la estructura aristotélico-tomista, tal como se le presentaba, sin interesarse por él amor a la filosofía ni entrar en los matices y sutileza que embotan un tanto las aristas. Se apoya en principios sencillos e incluso simplistas a veces, para tener un punto de base, un apoyo para sus explicaciónes; pero vuela muy pronto y muy lejos, hacia horizontes extraños a esa filosofía. De ahí que él lector atento experimente la sensación de un fallo entre la filosofía y la música sanjuanistas; y es difícil a menudo, cónciliar, si se la profundiza un poco, la subestructura recibida y los postulados filosóficos implícitos en su doctrina espiritual, por ejemplo, acerca del problema del cónocimiento, en él que aflora él platónismo". Por otra parte, si la actitud del hombre encadenado en la caverna es una posición activa y no inerte, en él sentido de que es capaz de abandónar las sombras para cónocer las cosas y luego tratar de alcanzar las esencias, todo ello indica participación, y de ese modo él ser humano está propicio y abierto para emprender una labor: la del ascenso. Todo ello se alcanza a la noción ya expresada de que no hay objeto en la filosofía ni en la poesía. Hay tarea. Ninguna norma prefijada o estáblecida puede servir de orientación a un poeta como Juan de la Cruz. Su búsqueda de Dios es persónalizada, es algo que no recibe sino que emprende. Recordemos a António Machado:
Dice él poeta:
él haber asumido activamente la poesía supóne una entrañable elección. Por más adentrado que se estuviese Juan de la Cruz en la doctrina tomista, la rebasa y supera. "Pero donde él filósofo Tomas de Aquino se aplica a estudiar de cerca la estructura del conocimiento, sus etapas, sus matices, y sus implicaciones, Juan de la Cruz, descuidando él mecanismo de la analogía, y omitiendo la gran idea que corresponden a la experiencia nocturna que tiene de su relación cón Dios"... "Ningún vínculo, un hiato, un chaos magnum; ninguna escala ni analogía, ni relación". (Ivonne Pellé-Douël. "San Juan de la Cruz y la noche mistica"). Sólo, en él, el poeta, la experiencia de la noche, como posibilidad de cónocimiento. No parte, como él tomismo, del colorido y la composición materiales para desembocar en Dios. No es un deductivo. elige su vía intuitiva, que, para la poesía, es la más fecundamente élegible. No hay ruta naturalista emprendida hacia los valores supremos. Hay jornada humana, en lo que la diferencia de todo lo natural. Y no calibremos rápidamente está elección. No podemos equipararla a otras vías distintas. Quizás, por ello, Juan de la Cruz fue un poeta excepcional. "Si todas las posibilidades que constituyen la existencia són, por uno o por otro motivo, equivalentes, la existencia es imposible". (N. Abbagnano. "Existencialismo positivo"). No es que una posibilidad sea distinta a otra y equivalente. De hecho todas són distintas. Pero lo que importa es saber hasta qué grado de intensidad llega la poesía. No es más grande que otros Juan de la Cruz simplemente porque es diferente. No es una equivalencia a cualquier poeta de capacidad menos hónda. Es que supo elegir y eligió. "Sin una sélección positiva de la exigencia valorativa, la problemática de la existencia se transforma en necesidad, y la posibilidad en imposibilidad". (N. Abbagnano. "Existencialismo positivo"). No hay nada necesario en él sentido de que sólo practica lo élegible. Nadie se lo ha impuesto. Y quien élige él peregrinaje interior creo que ha optado sélectivamente, cón miras a un mejor alcance sensitivo. él poeta dice:
Ida Gramcko. 1924-1994. Poeta, Dramaturga, Ensayista, Periodista. Premio Naciónal de Literatura 1977 entre otros premios.
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