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Los textos de José Antonio Parra conjugan el tiempo giratorio de la conciencia del desencanto, el metalenguaje filosófico apunta hacia la incertidumbre y el sueño que se instalan en la fugacidad del vivir, en el tiempo que no existe; ha cedido la certeza de todo lo que somos, seres irreales y discontinuos, el cuerpo poético se desplaza continuamente hacia un TODO quebrado y sin fe en los objetos firmes, el paisaje es de letargo, de ensueño, "formas etéreas que se disuelven", fantasmagóricas; el hablante de los poemas se burla del tiempo y la realidad, todo cae vuelto trizas, el texto-vida alude a una poesía cuyo último punto carece de significado, el ser no es más que una última conjetura.

Magally Ramirez R.

Olimpia, dueña de la serpiente, señora de las fuerzas ocultas, madre del gran héroe Alejandro, ha invocado a la diosa para que a cambio de un sacrificio de sangre, le devuelva el aliento del hijo muerto, a quien todos sus poderes teúrgicos no pudieron resguardar del inequívoco destino final del guerrero. Ciega de dolor, la gran reina de Macedonia no duda en traspasar las fronteras del inframundo y de lo prohibido.

En el brutal sacrificio que ha realizado ha derramado la sangre de una inocente y aun así, no puede detenerse, poseída por las fuerzas oscuras que su verbo ha desatado.

En medio de tal caos, sólo Atenea será capaz de restituir el orden.

Para el profesor León Febres Cordero, lo más importante es ese momento crucial cuando interviene la diosa y se recupera la conciencia de las cosas, es ese “darse cuenta” que hace que lo fragmentado se vaya cohesionando y tomando cuerpo, liberando al alma de la angustia, sin importar que esa fuerza cohesionante sea quizás el más terrible y doloroso pasaje de toda la vida.

Ana María Velázquez