Como escritora tampoco estaré presente en el Primer Mes de
la Fotografía en Venezuela. Edda Armas.
Sin lugar a dudas, la instauración
del Mes de la Fotografía en nuestro país es un acierto
civilizatorio. En Francia ya tiene más de 10 años
la tradición, que también se ejercita en España
e Italia. El impacto de cualquier capital del mundo tomada por la
imagen fotográfica, en su rol de ser la “única
lengua comprendida en el mundo entero que al acercar todas las naciones
y culturas enlaza a la familia humana” según la define
Helmut Gernsheim, es un hecho cabal, indiscutible, en el reconocimiento
y la proyección que este arte merece, para beneficio de la
colectividad.
Celebramos la iniciativa que
abre este espacio en nuestro país, como hemos apoyado iniciativas
privadas y gubernamentales en la lucha por posesionar al hecho cultural
en el menú de opciones de los venezolanos, participando activamente
desde la gerencia cultural para que el producto artístico
se publique, se exhiba, se promueva, se comparta, se reflexione,
se disfrute, no sólo en el ámbito cerrado sino en
los espacios abiertos.
Sufrimos la convicción
de que el arte humaniza la vida. Induce a reconciliar o enfrentar
realidades, ante las que elegimos abrir o cerrar los ojos. La poesía
y la literatura en general, el cine, el teatro, la danza, la música,
las pintura y la fotografía, dan cuenta del ejercicio del
conocimiento sensible como formas de expresión del alma del
hombre de todas las culturas a lo largo de la historia de la humanidad.
El hecho artístico toma cabal sentido en el libre ejercicio
de la libertad de expresión, haciendo una lectura de las
cotidianidades internas o externas que atraviesan sus protagonistas,
ante lo cual podemos sentirnos representados o no pues el arte corporiza
la subjetividad como ingrediente esencial. En esto, la fotografía
es un arma poderosa, y en estos tiempos difíciles de la humanidad
mantiene su rol protagónico, cumpliendo la máxima
de André Kertész: “La cámara es mi herramienta.
A través de ella doy razón a todo lo que me rodea”.
Zensur-censure-censorship-censura,
en cualquier idioma, indigna. Censura = Represión. Prohibición
= Negación = Destrucción. En arte la censura es inaceptable.
Debe ser real la libertad de expresión para todos los artistas
y sus creaciones. El arte es la piel de los tiempos del hombre y
de la sociedad en la que vive. La única censura que quizás
el arte puede soportar es la autocensura, y aún así
abre la duda de si la obra que su autor modificó o destruyó,
por vientos huracanados en lo psicológico, ético,
familiar, religioso, moral, ideológico, social o político,
no habría sido la más renovadora, inusual, genial
o significativa de un estilo personal en su carrera artística.
La censura impuesta por funcionarios
del ente patrocinante y coordinador del Primer Mes de la
Fotografía, la Embajada de Francia, a 21 imágenes
de la exhibición Callejero criollo plato fuerte de la fotografía
documental en el evento, como a algunas de las imágenes seleccionadas
por el curador general para perpetuarlas en el catálogo del
evento, nos lleva a renunciar a la participación
que como escritora habíamos asumido en el plan de actividades
paralelas del magno evento: un taller Lecturas y relecturas
de una imagen fotográfica; una charla Mirada secreta a la
imagen fotográfica, y al Encuentro con Escritores
en Librerías, debatiendo temas en torno a la fotografía.
Con nuestra renuncia nos
solidarizamos con los ocho reporteros gráficos autores de
las imágenes censuradas, con el resto de los fotógrafos
que han retirado sus individuales, y con Juan Carlos Palenzuela,
Coordinador y Curador general del mega evento, rechazando abiertamente
la “censure” al arte de la fotografía en Venezuela.
Mi firma irrevocablemente impresa en el catálogo da constancia
de nuestro siempre renovado entusiasmo y activismo para apoyar la
proyección y la reflexión en torno a un arte esencial
como lo es: la fotografía. Pero éste como todo otro,
incluyendo la ciudadanía sólo es posible con el respeto
absoluto a los principios rectores de la vida en democracia.
Caracas, 19 de septiembre de 2003