El Archivo de Miranda, toda su historia
Por
Blanca Elena Pantin

Historia de un Archivo
Francisco de Miranda
Reconstitución de la Memoria
Gloria Henríquez
Fundación para la cultura urbana
Caracas, 2001
294 pp
No puede ser menos que fascinante la historia de las
anotaciones reunidas en 63 volúmenes “empastados en
cuero de color tabaco con letras y arabescos dorados” que
acompañaron la experiencia vital de Francisco de Miranda
desde 1770 hasta 1810. Es la fantástica empresa que Gloria
Henríquez narra en el libro Historia de un Archivo,
Francisco de Miranda Reconstitución de la memoria,
una edición que ilumina todo intento de aproximación
a los documentos del Generalísimo.
Acaso nadie como Henríquez conozca tanto estos papeles; junto
con Miren J. Basterra emprendió la titánica tarea
de la nueva edición en curso del Archivo del General Miranda,
Colombeia, de la que se han publicado dieciséis volúmenes.
La introducción de la autora prepara al lector a páginas
que lo llevarán de la mano con Miranda y su registro del
mundo: “Desde temprana edad, Miranda ya conoce la significación,
valor y alcance del documento. Cuando sale de Caracas rumbo a España,
en enero de 1771, a la edad de veinte años, lleva consigo
papeles de familia que pueden ser exigidos en la metrópoli.
Y al iniciar su Diario de navegación del puerto de La Guaira
a Cádiz, coloca la primera piedra de lo que será “un
verdadero Himalaya de folios”, conforme a una expresión
del historiador J.L. Salcedo-Bastardo”.
“En adelante –apunta la autora- en cada etapa de su
vida, en cada país, en cada momento, Miranda irá compilando,
con extrema acuciosidad, pliegos que lo acompañarán
por todas partes, junto con sus libros tan apreciados. Folios escritos
día a día, según las circunstancias, sin ser
jamás retocados ni rectificados por el autor. De aquí
su gran valía”.
Una empecinada elección que se impuso a todo tipo de tropiezos
y a las incomodidades propias de los viajes de la época.
Podía quedarse sin nada Miranda, sin nada menos sin sus papeles
y por ponerlos a resguardo no se mide en riesgos. Así los
salva de la Inquisición y de los comités de la Revolución
Francesa.
Pero en un momento dado, después de ese celoso velo, nada
más se supo de la fantástica colección. Solo
después de 114 años (en 1926) se produce el extraordinario
hallazgo de los volúmenes en la ciudad inglesa de Cirencester.
A partir de entonces comienza otro capítulo no menos apasionante.
Se trataba de la Reconstitución de la Memoria de Miranda.
Henríquez da cuenta y registra todo cuanto aconteció
a partir de ese suceso que despertó el interés de
estudiosos e investigadores del mundo.
Fue en 1977 cuando se emprendió la nueva edición de
Colombeia (la primera edición del Archivo del General Miranda
es de 1950): “Reorganizar cada volumen es como armar un rompecabezas,
en el que poco a poco van apareciendo las piezas que van encajando
y configurando el tomo en cuestión, develando cada día
nuevos aspectos. En ese tejer y entretejer de pliegos van apareciendo
los detalles que posibilitan la clasificación por temas,
producto del minucioso análisis y tratamiento de los textos”.
Pero como testimonia Henríquez esa tarea no tendría
sentido sin el ejercicio de escudriñar en cada personaje,
lugar, acontecimiento, lecturas, plasmadas por Miranda en sus documentos.
La experiencia de enfrentarse al tramado de esos tomos (Ediciones
de la Presidencia de la República), es escuchar la historia.