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Lo que Italo Calvino no escribió: literatura, comics y televisión. Para Agustín
La interacción de la literatura con los medios de comunicación social y los cambios de soportes tecnológicos ha sido casi delineada en la poética de Ítalo Calvino. Resulta indudable que el maestro italiano prefiguró desde muy temprano los agenciamientos que una cultura de la información ha debido hacer para continuar constituyéndose en cultura, fortaleciéndose a sí misma como mediación entre el imaginario y el poder. Empecemos por observar a los narradores implícitos en las obras, los cuales dan la medida del acto mediático existente en el relato de acuerdo a la persona, perspectiva o modo que asuman. No es extraño que muchos narradores de Calvino sean autorreflexivos, es decir, trabajen al nivel de la metaficción, revelando al lector el hecho mismo del acto de narrar como parte de la aventura y colocándose a sí mismo como el ordenador de las situaciones que le ha tocado vivir como personaje dentro de la fábula. El narrador no se hace ‘invisible’, muy al contrario, denuncia el acto arbitrario de la forma narrativa, convirtiendo esta estrategia en acción ficcional inclusive, como sucede con el protagonista de Si una noche de invierno un viajero, que busca leer el libro que sólo él, aventurándose, enamorándose, arriesgándose, viajando entre bibliotecas y paisajes, ha podido escribir, mientras el narrador lo acompaña como conciencia autorial: “Estás a punto de empezar a leer la nueva novela de Italo Calvino Si una noche de invierno un viajero. Relájate. Concéntrate...” El castillo de los destinos cruzados y Si una noche de invierno un viajero, además de muchos cuentos, son textos emblemáticos de la desterritorialización genérica a la que alude el concepto de mediación, en los cuales se explora la convivencia humana con las tecnologías, los nuevos medios y las formas discursivas en emergencia. Gracias a ellos, entendemos que una tecnología textual es a la vez una manera de leer y una manera de traducir las tensiones y/o transformaciones políticas y económicas de una época: es decir, la lectura es, en sí misma, una mediación entre las épocas y las maneras de decir, lo cual ejemplifica magistralmente Calvino en sus proyectos de “El castillo”, “La taberna” y “El motel” (que podemos encontrar en El castillo de los destinos cruzados editado por Siruela) al pensar en utilizar las ficciones bosquejadas sobre la base del Tarot de Marsella para el encargo sobre un catálogo del Tarot Visconti: me di cuenta en seguida de que el mundo de las miniaturas del Quattrocento era totalmente diferente del de las estampas populares marsellesas. No sólo porque algunos arcanos estaban representados de otro modo... hasta transformar radicalmente las situaciones narrativas correspondientes, sino también porque esas figuras presuponían una sociedad diferente, con otra sensibilidad y otro lenguaje. (Calvino A: 126) La telenovela, los hits musicales, las coberturas de noticias, se basan en formatos narrativos para conectar al individuo (enfrentado a los medios de comunicación de masas) con las tradiciones, haciendo viable la comprensión de los avances de la tecnología moderna por apelación a sustratos remanentes de lo tradicional y colectivo. La elección de Calvino en este sentido es clara: su novela imposible (la traslación de temores primarios presentes en el castillo y la taberna) se trasladará a un motel del futuro, post-nuclear, en el cual el medio de expresión que sustituirá al signo lingüístico (inabordable por el terror, pero inalienable de lo humano): ¿Pero cuál es el equivalente contemporáneo de los tarots como representantes del inconsciente colectivo? Pensé en las historietas, no en las cómicas sino en las dramáticas, de aventuras, de miedo: gangsters, mujeres aterrorizadas, astronaves, vamps, guerra aérea, hombres de ciencia locos. Pensé en poner al lado de La taberna y El castillo, dentro de un marco análogo, El motel de los destinos cruzados. Algunas personas salvadas de una misteriosa catástrofe se refugian en un motel semidestruido, donde sólo ha quedado una hoja de periódico chamuscada: la página de las historietas. Los sobrevivientes, que de espanto han perdido la palabra, cuentan sus historias con ayuda de las viñetas, pero no siguiendo el orden de cada tira, sino pasando de una a otra en columnas verticales o en diagonal. No he ido más allá de formular la idea tal como acabo de exponerla. Mi interés teórico y expresivo por este tipo de experimento se ha agotado. (Calvino A: 129) Puede notarse cómo
el cambio en la consideración de la cultura como producto
de mediaciones resulta significativo para el análisis literario,
pues ahora se va a hacer énfasis en el proceso de decodificación,
algo que había adelantado la estética de la recepción
al oponerse a la ignorancia del lector por parte de la crítica
literaria ortodoxa (o burguesa). Que el lector es también
productor fue dejado en claro por esta escuela; ahora bien, no se
trata solamente de entender la competencia decodificadora de los
textos, sino de comprender que esa decodificación está
mediada por prácticas culturales y negociaciones que implican
la participación del lector (receptor) en la dinámica
de producción, de una manera más amplia y compleja
que la reducción al texto. Por ello no es fortuito que el
autor implícito de El castillo de los destinos cruzados
y Si una noche de invierno un viajero
sea capaz de ceder la voz narrativa a los “lectores”
ficcionales.
Para los estudios literarios esta ampliación supone no pocos retos para su inserción como método crítico de los medios de masa. La literatura ha drenado a los medios y ellos han drenado hacia ella (como es, justamente, otra de las vertientes exploradas en los cuentos y novelas de Calvino escogidos), evidenciándose un intercambio y resemantización de los principales agentes de la estructura narrativa. Al proponerse el relato como sistema discursivo preeminente en una mediación, debe considerarse la comprensión de nuestra modernidad, la adaptación a realidades que han visto en los medios cambios de temporalidad, y para eso existen dispositivos muy concretos, venidos de ese ordenamiento genérico que es el relato, necesariamente reinventado para conectar los desfases temporales que perviven en una cultura moderna enfrentada con su dimensión arcaico-residual, a saber, la estructura del episodio, del fragmento, la tipología de los nuevos héroes (Martín-Barbero: 180-2). El relato preserva ese sustrato, esa memoria cultural que se reinstaura en el flujo histórico como residuo. Para Martín-Barbero y Rey (1999), un ejemplo de cómo lo arcaico pasa a constituirse en residual y es reciclado en los medios de masas, es la constitución de la telenovela. Su matriz cultural se encuentra en el folletín que, en su momento, fue considerado una traición a la literatura culta. Por ejemplo, Balzac escondía su labor, ya que podía ser desprestigiado por ser un asalariado. Pero, junto al desprestigio del oficio, Roland Barthes observó un ‘quiebre de la unidad de escritura’ como proceso estructural. Puede decirse que este es el proceso motor de Si una noche de invierno un viajero, como señala el propio Calvino en la respuesta a Angel Guglielmi titulada “Si una noche de invierno un narrador”: El objeto de la lectura que está en el centro de mi libro no es tanto “lo literario” como “lo novelesco”, esto es, un proceso literario determinado –propio de la narrativa popular y de consumo pero variadamente adoptado por la literatura culta- que se basa en primer lugar en la capacidad de sujetar la atención en torno a una trama, en continua espera de lo que va a ocurrir. En la novela “novelesca” la interrupción es un trauma, pero también puede institucionalizarse (la interrupción de las entregas de los folletines en el momento culminante; el corte de los capítulos; el ‘volvamos ahora a atrás’ (Calvino C: 12). Esta fascinación por la posibilidad vislumbrada, suspendida, apenas mostrada en Si una noche de invierno un viajero, ha sido explotada por la televisión, bien sea en el capítulo inacabado de la telenovela (conectado con el folletín como especie de sub-literatura), bien a través del seriado, que nos remite a una narrativa corta enlazada con el suspense (conectado con el cuento como forma literaria). Por ejemplo, podríamos leer el cuento “La memoria del mundo” de 1968 a través de sus claras reminiscencias del cine y las series de Alfred Hitchcock. En el artículo citado anteriormente, Calvino expresa: “la idea de totalidad siempre me da cierta alergia, no me reconozco en la ‘intención totalizadora’ (Calvino C: 15), lo cual en el marco teórico que estamos proponiendo, puede remitirnos a las relaciones de la televisión y la literatura que localizan Martín-Barbero y Rey. A saber, en un principio, la TV ‘subía de nivel’ al contar con una historia producida por un escritor de renombre; la radio o la TV se subordinaban al texto literario, dejando al libretista en calidad de artesano. Era una simple labor de difusión y transcripción, parecía no existir productividad del medio. Esta situación condujo, a mediados de los 70’s (caso Latinoamérica), a una doble infidelidad: folletinización del relato y profesionalización del libretista y del director. En este movimiento se observa la emergencia de una nueva estética que reelabora y reinventa el formato televisivo. La subjetividad del público
no deja de ser decisiva en este movimiento, ya que se identifica
con y representa en los medios, al igual que la vida cotidiana,
mediada por la tecno percepción. Calvino anticipó
estas teorizaciones a través de un conjunto de cuentos que
tratan el problema de la tríada información-cultura-memoria,
como “La noche de los números”, 1958, “La
gasolinera” 1974, “Antes de que respondas” 1975,
el ya citado “La memoria del mundo”, y “Henry
Ford” 1982. Este último, una entrevista ficcional,
fue realizado especialmente para la televisión, lo que muestra
que Calvino ha estado inserto en las nuevas formaciones estéticas
que describen los actuales comunicólogos.
Y esta reorganización social y personal de nuestra época, que hemos llamado tecno percepción, es explorada en buena parte de sus, por ejemplo, “Antes de que respondas”: En este silencio de los circuitos te estoy hablando... Nos telefoneamos porque sólo en este llamarnos a larga distancia, en este buscarnos a tientas a través de cables de cobre sepultos, relés enredados, remolino de escobillas de selectores atascados, en este sondeo del silencio y en la espera del retorno de un eco, se perpetúa la primera llamada desde la lejanía, el grito de cuando la primera gran resquebrajadura de la deriva de los continentes se abrió bajo los pies de una pareja de seres humanos y los abismos del océano se hendieron para separarlos mientras uno en una orilla y el otro en la otra, arrastrados y alejándose velozmente, trataban con su grito de tender un puente sonoro que siguiera manteniéndolos juntos, debilitándose cada vez más hasta que el estruendo de las olas lo arrollase sin esperanza... O puede verse también en “La memoria del mundo”: ...los años que me quedan por vivir son pocos respecto de la eternidad con la que me he acostumbrado a echar cuentas; y lo que he sido en realidad ya lo he establecido de una vez por todas y consignado en las (tarjetas) perforadas. El motel de los destinos cruzados, la novela que Calvino no escribió, quería completar el cuadro histórico de percepciones de la tecnología iniciado en El castillo... Si El castillo de los destinos cruzados jugaba con las posibilidades representacionales del tarot Visconti a través del trato lingüístico con una era, una clase social y un estilo narrativo particular -asumiendo su correlato en el tarot de Marsella-, el crucigrama pictórico, el puzzle hipertextual que asignara Calvino en su fabulación a una era post-industrial, o apocalíptica, se proyectaría sobre los formatos massmediáticos, la prensa y las caricaturas. Esto daría como resultado una disposición distinta de figuras, narrativas y subjetividades al filo del apocalipsis, como en los casos de El castillo y La taberna, y un estilo diferenciado, pero no opuesto a sus predecesores. Lo que Calvino ha evidenciado es el creciente poder de los medios dentro del reconocimiento de las masas y cómo la literatura sigue siendo capaz –indefectiblemente- de reinventarse a sí misma y generar paradigmas. En el fondo, Calvino nos muestra siempre el continuum de la creación y las ‘estructuras del sentir’, y su fabulación es capaz de conectarnos con una historia de la cultura más dinámica y orgánica, borrando las barreras temporales que un extraño juego de la racionalidad había logrado imponernos.
Imágenes: 1: Richard Wazejewski
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