Blanca Elena Pantin entre días concretos y diagnósticos
Por María
Antonieta Flores.

Contemplación y sensualidad
elaboran la vida desde la enfermedad. El dolor y el cuerpo padeciente
se convierten en manifestación de las vivencias de la psiquis
y el alma. Uno de los valores de Diagnóstico
es construir desde lo más aborrecido por los perfectos, eficientes
y triunfantes ciudadanos de este delirante siglo 21, totalitarista
y atropellador, el mundo interior del fracaso que nos constituye
y el amoroso transcurrir de los días cotidianos. Un texto
como éste, se ha visto hermanado con otro titulado Días
concretos que expresa la añoranza por los otros,
esos días que dan espacio para la melancolía y la
lentitud. Poemas que son registro doloroso de los días perdidos
en la cola del banco, en la del supermercado, en las actividades
que nos desangran y nos alejan de la contemplación de un
amanecer o un atardecer, o de la pequeña uña que anuncia
el crecimiento o la pérdida de la luna.
Diágnóstico.
Días concretos (Caracas: Ediplus, 2003)
representa no sólo una elaboración estética
de la angustia y la quiebra que nos constituyen en este inicio de
siglo, en este momento posterior a la postmodernidad, sino que concreta
el afianzamiento de una voz que desde su interioridad e intimidad
ha sabido encontrarse plena y frágil, tierna también
en su femenina maternidad.
La poesía de Blanca
Elena Pantin ha ido construyendo desde Poemas del trópico
y El ojo de la orca hasta éstos que ahora
nos ofrece, un espacio cotidiano adolorido, sensible y muy interior.
No es lo exterior lo que persigue, sino lo que de íntimo
e interior está en ese afuera que día a día
constituye la grieta que somos.
Su voz recoge la queja del
ciudadano cotidiano que al final de la tarde atesora en una bolsa
plástica el o los videos fílmicos que le ofrecerán
una necesaria evasión para continuar al día siguiente
la rutina desgarradora. Pero Blanca Elena no escoge la evasión,
sino que se recontruye y en ella, a nosotros, en esos instantes
diarios y duros, que desde el poema y la palabra son trascendidos
y convertidos en pequeños viajes heroicos y estremecedores
de nuestra pequeña epopeya, de nuestra pequeña y auténtica
historia.