Sobre la vida de Charlotte Brontë


Por José Antonio Parra.

Vida de Charlotte Brontë
Editorial: Alba Editorial
Fecha de edición: 1a edición septiembre de 2000
número de páginas: 634


 

 

En la vida de Charlotte Brontë (1816-1855) encontramos la experiencia de una escritora que transitó el profundo océano de la melancolía justamente en un período donde la represión victoriana estaba en plena boga.

Hija de un reverendo protestante y habiendo vivido la mayor parte de su vida en Haworth, unas estepas montañosas que hacían de la vida un lugar muy agreste, Charlotte se vio obligada desde pequeña a asumir con una inteligencia sumamente aguda el cuidado de sus hermanas Emily (1818-1848) y Anne (1820-1849) quienes también dedicaron su vida a un abnegado sufrimiento amén de la experiencia literaria.

A través de una profunda y meticulosa mirada retrospectiva, Elizabeth Gaskell recorre la vida de Charlotte hasta completar un perfil en el que el detalle biotípico y psicológico quedan perfectamente definidos mediante una estructura en que la autora intercala su propia voz, que va describiendo pasajes de la vida de Charlotte, con los registros epistolares que minuciosamente recopiló a raíz de la muerte de la escritora; ciertamente un trabajo hecho con la dedicación de desentrañar un alma atormentada y con profundas dolencias físicas que había apreciado muy de cerca la muerte de sus hermanas cuando apenas estaban en la flor de la vida. El carácter trágico y sombrío sume a este personaje cuyas maneras estremecen al lector al encontrarse con una vida cargada con la mayor de las sutilezas.

Charlotte Brontë después de haber pasado una estancia en Bruselas, así como un período como institutriz, oficio que sin duda mermaba su ya delicada salud, y tras considerar lanzarse a la aventura de abrir un colegio para señoritas junto a sus hermanas, deciden enviar a una casa editorial una colección de poemas que las hermanas Charlotte, Anne y Emily habían hecho bajo los seudónimos de Currer Bell, Acton Bell y Ellis Bell respectivamente. El libro de poemas tuvo una acogida muy poco agraciada para el momento de su publicación; no obstante, las obras de ficción que posteriormente escriben las hermanas Brontë logran tal éxito que las catapultan por los extraños senderos de la inmortalidad literaria. De este modo aparecen Cumbres Borrascosas (1847) de Emily y Agnes Grey (1847) de Anne, entre otros trabajos; sin embargo, sus tempranas muertes, aparte de detener sus carreras literarias de un modo abrupto sumen a Charlotte en una depresión y estado de soledad muy severo.

Como bien desentraña la señora Gaskell, la obra de Charlotte Brontë es una fiel lectura de sus vivencias de infancia y juventud, que de un modo muy duro marcaron su vida, de este modo aparecen Jane Eyre (1847), Shirley (1849), Villette (1853), obra que le toma buen tiempo escribir entre las adversidades de las muertes de sus hermanas y las peripecias poco afortunadas de un hermano; Branwell, quien se había convertido en el dolor de cabeza de la familia; El Profesor, obra iniciática de Charlotte aparece de modo póstumo en 1857.

El retrato que realiza Elizabeth Gaskell es igualmente de una sutileza, y de tal ritmo, que el lector queda atrapado desentrañando la vida de esta escritora acompañada por la muerte desde la temprana muerte de su madre y hasta su mismo deceso ocurrido tan sólo nueve meses después de haber contraído matrimonio; la imagen que se va formando de la figura aparece de modo paulatino mediante la secuencia epistolar, eje central de la obra y cuyo mérito merece la Señora Gaskell por la forma como estructura dicha infinidad de cartas, realizadas principalmente por Charlotte con una delicadeza de lenguaje excepcional. No obstante, la sinceridad de la primera biografía mereció que las dos primeras ediciones fueran retiradas por la mención de algunos detalles relacionados con la vida de Branwell, así como algunas otras minucias que eran motivo de escándalo en la Era Victoriana. Es de este modo como la tercera edición aparece corregida en los puntos álgidos. Elizabeth Gaskell logra, no solamente un poderoso retrato de Charlotte Brontë sino también una panorámica de la vida, costumbres y en general del teatrum mundis en el que participó como fiel espectadora y actuante Charlotte Brontë.


 




 
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