Otra visión del paraíso


Por Ángel García.

 

 

 

A finales de los años sesenta y ya instalado el primer gobierno de Rafael Caldera, el sistema democrático había alcanzado un alto grado de madurez, caracterizado por la pacificación del país y por haber logrado algunos de los objetivos del Pacto de Punto Fijo. Fue aquel, un momento propicio para el replanteamiento de un nuevo Proyecto Nacional que esbozara un esquema viable, sobre la base de la asimilación de nuevas fuerzas políticas al sistema, ampliando la participación y tonificando las estructuras del mismo.

Esta era la Venezuela del Paraíso Democrático, que tras un cíclico proceso de avances y retrocesos había permitido alcanzar el clima de estabilidad si no ideal, al menos cercano a lo deseable. Comenzaba a cristalizarse así el mito de la Democracia Venezolana que al lado de la inestabilidad política de sus vecinos en la región, se perfilaba como ejemplo y emblema de nación civilizada, pluralista, tolerante y un largo etcétera.

El mito estuvo acompañado del adoctrinamiento que permitió a los vencedores contar la historia a su manera. La idea de un ascendente histórico que partiría desde el sangriento episodio de la guerra federal, atravesando el largo oscurantismo de la era gomecista, aterrizando, tras el período sanguinario y despótico de Pérez Jiménez, en el paraíso democrático puntofijista.

A medida que el mito se expandía en la población, fue germinando la idea del otro gran mito, el de la riqueza petrolera. El alza de los precios del petróleo trajo la abundancia y se consolidó la idea del segundo paraíso: La Gran Venezuela. Mientras en la superficie brillaba el oro, en el fondo se deforestaban las bases de la estabilidad democrática logradas hasta entonces, afianzando el sistema clientelar, el populismo, la corrupción, el despilfarro, etc.. Lo demás es bien conocido por todos.

En ambos escenarios, la comodidad, la confianza y el espejismo de la riqueza nos abrumó enterrando las posibilidades de cambio o por lo menos de introspección de la estructura político social del país. El Paraíso Democrático engendró el mito de la Democracia indestructible; el Paraíso de la Gran Venezuela, propugnó el derecho a la riqueza (una tajada del pastel es mía aunque no me la haya ganado).


Pero, ¿era Venezuela realmente un Paraíso?

Primero fue el viernes negro que nos despertó del largo sueño anunciando la despedida de la Gran Venezuela; luego sobrevino el 27-F y las intentonas del 92. Habíamos entrado ya en la decadencia del mito democrático. La crisis, con su carga de inseguridad, de incertidumbre y caos, nos ha hecho refugiarnos en el pasado. Para algunos, la historia nos hará comprender cuáles son las raíces del problema, en qué nos equivocamos, cuál es la salida. Para otros, el pasado es el sustento, la evocación del paraíso perdido, nuestra mejor amarra. Para los primeros, la revisión de la historia nos hará repensar el paraíso. Para los otros, el pasado será el estímulo para la reconquista del paraíso.

El Discurso político tanto de unos como de otros está plagado del pasado. Pero no es éste el único signo de la decadencia del sistema. La herencia de los mecanismos establecidos a partir de la consolidación democrática y la abundancia de la riqueza se tradujo también en adefesios que algunos suelen llamar virtudes.


Las 7 plagas de la Cultura Política del venezolano

Sin duda que para poner en marcha un Proyecto político viable en Venezuela, debemos deshacernos (o por lo menos asumirlos como tal) del lastre heredado, no solo del tránsito fatal por nuestros paraísos hoy perdidos, sino de algunos que nos han acompañado a lo largo de la historia, desde nuestra formación republicana.

El elemento mesiánico o Mesianismo quizás sea el más antiguo y el más arraigado en la cultura política venezolana. Desde las escuelas hasta las universidades. Desde el discurso político al habla popular, pasando por todos los estamentos político-sociales. Incluso en los militares está presente el heroicismo encarnado a su máxima expresión en Simón Bolívar quien aparece como el ejemplo, el mandato a retomar el mesianismo. Todos tenemos que ser héroes. Por otro lado, la invocación propia de los desamparados (ausencia de líderes), reclamando la presencia de un salvador ante la crisis. Forman parte de ese espíritu distorsionado de la historia, de la falta de conocimiento de ella, y del culto al heroicismo como virtud al igual que a la capacidad de improvisación del venezolano.


 

¡Como vaya viniendo vamos viendo! El vivir al día sin planificar el futuro, si bien, es una actitud justificable de quien desconoce o ignora, es también una “aptitud” según algunos, de quienes sí conocen y no ignoran la necesidad de planificar.

El oportunismo traducido en la viveza o viceversa, se ha explotado como gran virtud del venezolano y como rasgo de nuestra idiosincrasia. Si bien puede ser cierto, esta deriva o está asociada en muchos casos a la corrupción.

El súper diagnóstico: la capacidad de desarrollar los mejores análisis del pasado y del presente, siendo incapaces de prever el futuro, de ofrecer respuestas, recomendaciones o soluciones, también forma parte de estas siete características de la cultura política venezolana. Pero las más importantes o las que mayor relación guardan con nuestro pasado más próximo son: el exceso de confianza en las capacidades de Venezuela (entiéndase riquezas), el espejismo de la riqueza infinita (El Dorado) y la noción de que la responsabilidad es de otros.

Las dos primeras están estrechamente vinculadas. Se podría asegurar que la primera depende o es consecuencia de la segunda. La noción de que podemos volver a la etapa de la gran Venezuela, todavía descansa en algunas mentes de la “elite política” venezolana, pero no sólo esto, sino que su discurso político está repleto de referencias a las grandes e infinitas riquezas de Venezuela, a la capacidad del país para salir de la crisis por medio de la explotación de esas riquezas, sin ver que del otro lado, los receptores de esas palabras mantienen fija la idea de un pasado próspero de abundancia, el cual es alcanzable a la vuelta de la esquina.

Por último, de estas siete plagas que nos agobian, depositar la responsabilidad en los demás y no en nosotros mismos es quizá, el síndrome más evidente de la falta de claridad, de la ausencia de conciencia sobre la decadencia del sistema y también de la ausencia de liderazgo capaz de despertar esa conciencia y de guiar la razón. De asumir el compromiso sobre la elección de un camino.

El ascenso de la conciencia o el despertar de la razón. Reconquistar el paraíso o crear viabilidad.

Reflexionando sobre lo anterior, se vislumbra difícil la elección. Por un lado, reconquistar el paraíso perdido, el de la Democracia estable, indestructible, sólida, es poco creíble cuando revisamos los alcances del descrédito y la decadencia del sistema. Lograr las condiciones de pacificación política, bienestar social y ampliar las bases de la participación política como sustento a dicho esquema, no se perfila viable. El desgaste de las instituciones políticas y la falta de credibilidad en ellas no patrocinan las más mínimas esperanzas.

Por otro lado, ni siquiera con otro “shock petrolero” aún de mediana duración, lograríamos reconquistar el paraíso de la abundancia. En los términos en que se manejan actualmente las Relaciones Internacionales (prueba de ello es la Guerra del Golfo) es poco viable que se produzca. Recrearnos en la idea de reconquistar el paraíso no parece ético, limitar nuestra escogencia a retomar lo inalcanzable es irresponsable.

¿Cuáles alternativas nos quedan?, ¿qué elementos contemplar a la hora de escoger?. Estamos en capacidad de escoger? Todas estas preguntas nos llevan a reflexionar sobre los niveles de raciocinio de la elite política venezolana, sobre la capacidad reflexiva de la población y sobre la comprensión de la existencia de una responsabilidad diacrónica de todos los venezolanos.


Independientemente de la respuesta, el seleccionar la apatía resultaría más costoso que aferrarnos a la idea de alcanzar lo inalcanzable. El proyecto Político, si es que así se le puede llamar, debería basarse en la idea del desarrollo sustentable, aplicada en ecología y en economía ecológica, o donde los recursos son escasos y el ambiente es susceptible de sufrir daños. Hacer viable el sistema político venezolano, significaría a mi modo de ver, el uso racional de los recursos (refiriéndome a los recursos políticos), adaptar la estructura del sistema a las exigencias del entorno, sin exagerar en la producción de insumos, ampliación y asimilación de los grupos, centralización del poder, etc.;pero tampoco restringiendo demasiado, abusando de la capacidad de la demanda.

Por último, retomar la idea en que se basa la noción de sistemas que, como en ecología es un todo, y al actuar sobre uno de sus elementos también los demás sufren las consecuencias. La noción de interdependencia en un sistema político puede ser la base para la mejor elección de las decisiones. La viabilidad del sistema, podría radicar en la toma de decisiones de manera incremental pero todo radica en abandonar la idea de reconquistar el paraíso perdido, resultaría más favorable repensarlo.

Resulta conveniente para terminar, hacer una reflexión final o más bien, podría decir, una cita final: “de la nada, por sublime que sea, nunca ha nacido nada”, nos dice Hölderlin en el Hiparión. Esperar para que otros pongan en marcha el proceso de repensar el paraíso además de retórico, resulta fútil. Pero no se trata de levar anclas y enrumbarnos a la zozobra de las bruscas revoluciones, ni de la eterna agonía de Sísifo, siempre volviendo a empezar. Resulta mucho más convincente e incluso más provechoso, el simple trabajo diario, la simple tarea o el simple propósito de presentirnos líderes, no Mesías, en la labor de propender a los demás al cambio. La motivación en nuestros pequeños y hasta a veces, casi solitarios tableros de ajedrez, nuestros lugares de trabajo, nuestras casas, nuestros vecindarios. He allí nuestra mejor opción para, posiblemente, acercarnos a otra manera de ver nuestro paraíso.


Imágenes:

1: Richard Wazejewski




 
Enviar a un amigo

 

 

[ Home | Atrás | Subir ]