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La libertad del espíritu Publicado originalmente por editorial Leviatán en Buenos Aires en 1999, La libertad del espíritu reúne por vez primera a dos autores que en sus divergencias se encuentran en la idea que tienen acerca de la libertad. La audacia de congregar a Paul Valéry y Antonin Artaud es de la escritora argentina Claudia Schvartz, autora del prólogo y traducción de este libro que ahora circula en Caracas gracias a los esfuerzos de Editorial Blanca Pantin y Fondo Editorial Angria Ediciones:
“Las diferencias entre
estos dos artistas no hacen sino subrayar la gravedad de la idea
que los convoca.” y apunta: “ Escritos en momentos diferentes,
A la Grande Nuit (Artaud) y La liberté d l’Esprit (Valery),
son un llamado de atención sobre la necesidad urgente de
replantear la libertad del espíritu como la guía más
alta de la producción intelectual que rige, en realidad,
toda la vasta competencia humana”. Schvartz precisa el sentido de la palabra Esprit que invocan Valéry y Artaud,: “esprit como regente de lo simbólico, reproduciendo una organización del mundo que le es preexistrente”. Si Artaud enfrenta esa voz colectiva del movimiento surrealista que trató de imponerse sobre la conciencia y la libertad individual, Valery alerta sobre una amenaza letal: la perdida de toda sensibilidad y capacidad de reacción: “Un ser poco sensible a los obstáculos que surgen a la libertad del espíritu, a las adversidades que le imponen los poderes públicos, por ejemplo, o a circunstancias exteriores de cualquier tipo, solo reaccionará un poco contra esa adversidades”. En un estado de indiferencia,
insensibilidad tal y poca o nula capacidad de respuesta, el camino
está abierto a la imposición del poder autoritario.
Por poco sensible, ese ser del que habla Valery “no sufrirá
ningún estremecimiento de rebelión, ningún
reflejo, ninguna resistencia contra la autoridad que le impone ese
obstáculo. Al contrario, en muchos casos se encontrará
aliviado de una vaga responsabilidad. Liberarse, para él,
su libertad, consistirá en sentirse descargado de la preocupación
de pensar, de decidir y de desear”. Hablaba, Valery, en 1939. Y Artaud en 1945. Autores que representan “la
figura del intelectual indócil a las exigencias de cualquier
acatamiento”, los textos que ahora los reúne adquieren
una resonante actualidad y subrayan la reivindicación de
la disidencia, de ese estado de alerta que es en definitiva la conciencia
donde se activan la mirada y la escucha. |