ENSEÑANZA DE LACAN


Rómulo Lander *

...que se diga queda olvidado
tras lo que se dice en lo que se escucha.
Jaques Lacan,
El atolondrado, el atolondradicho o las vueltas dichas

Estilo de su obra

Puedo decir que Jaques Lacan es un psicoanalista freudiano que ha traído nuevas proposiciones al psicoanálisis. Nunca nadie anterior a él había introducido de una manera sistemática una arquitectura lógica, filosófica y matemática de grafos, algoritmos y matemas al pensamiento de Sigmund Freud.

El problema con el estudio de la obra de Lacan consiste en su manera de pensar multívoca y la forma equívoca de proponer su enseñanza. Jaques Lacan presenta sus ideas en un estilo particular, que lo hace hermético y de difícil entendimiento. Sus propuestas y su estilo, o bien estimulan el pensamiento y el deseo de saber del lector, o lo molestan y le producen un rechazo al texto. Sin embargo, hay que admitir que la propuesta de Lacan es seria y rigurosa. Su estilo de manejarse en el equívoco, sin tomarse la molestia de aclarar, ni precisar con certeza las nuevas ideas, lo hace aún más difícil de entender. Pero, una vez que el lector ha comenzado a entender sus ideas, se abre un nuevo universo en la forma de comprender el fenómeno psíquico y el método psicoanalítico.

Su enseñanza no se sostiene en la certidumbre, sino en el equívoco, la duda sistemática, la división subjetiva, la tolerancia al desconocimiento, lo multívoco del saber y lo inatrapable del deseo. De allí la dificultad para su estudio. Su enseñanza será siempre no-toda, estará siempre en un algo que falta: incompleta. A medida que lo estudiamos nos damos cuenta de que Lacan se mueve cómodamente en el equívoco. Muy diferente a Wittgenstein, quien decía: “...lo que puede decirse, puede decirse claramente. Lo que no puede decirse, hay que dejarlo en silencio”. A esto Lacan decía: “...lo que no puede decirse se define como un resto: lo indecible. De ese indecible, sale el sentido ético y estético. Además dos cosas son incompatibles: lo que se dice y lo que se hace. De esa incompatibilidad surge el silencio de lo indecible, presencia de un no-todo, que escapa al todo de lo que se hace...”. En otro texto agregaba: “...cuando el psicoanálisis evoluciona hacia el concepto preciso, finito y la certidumbre se convierte en lo natural, se puede decir que el psicoanalista ha caído en el estado de servidumbre, es decir, ha dejado de cuestionarse...”. Para poner las cosas peor decía: “...la enseñanza es además imposible, porque al transmitirse un saber, que es de por sí enigmático (naturaleza de lo inconsciente), éste va a ser obligatoriamente descifrado...”.

Por esta vía de descifrar el saber, el analista se convierte en víctima de su certeza y es empujado irremediablemente, de nuevo, al estado de servidumbre. Se zafan momentáneamente sólo aquellos que se mueven de nuevo al campo de la ignorancia y habitan en los bordes del desconocimiento. Estos pocos, temerosos del discurso ya obturado y finito, pueden entonces en su interioridad ser sorprendidos con lo inédito de sus propias ocurrencias psicoanalíticas. Sólo así es posible que se conviertan en creadores de algo nuevo. Lacan fue produciendo en sus seminarios semanales sus nuevas ideas y propuestas. Era una enseñanza oral. Allí daba por sentado que su público analítico conocía sus originales propuestas anteriores. Cosa que no era así. Esto ayuda a comprender el porqué de lo enigmático de su discurso.

Producción de su obra

Lacan inicia sus seminarios públicos en 1953 y cada año el seminario es dedicado a un tema en particular. Pero no es sino en 1973 (a la edad de 72 años) cuando aparece publicado, por primera vez, el contenido de uno de los seminarios: El Seminario de Jaques Lacan: Libro XI. Titulado: Los cuatro conceptos fundamentales. En ese momento, el contenido de todas las proposiciones de los primeros años de seminarios, ofrecidos en el Instituto de Psicoanálisis de París, en la Escuela Normal Superior y luego en la calle de Ulm, todavía estaban por ser publicados. En esos primeros años sólo circulaban versiones privadas, desgravadas y mimeografiadas. Igualmente el primer tomo de sus Escritos, que refiere las conferencias magistrales escritas por Lacan, no aparece sino en 1966 (a los 65 años). Para ese momento, Lacan ya ha producido la parte más subversiva y novedosa de su enseñanza.

Para mí, además de su estilo difícil y hermético, la enseñanza de Lacan tiene una característica adicional. Esto es: su estudio produce un efecto en aquellos que persisten en su lectura. Este efecto es de apertura, interrogación y búsqueda. Es decir, un cambio importante en la forma de leer y estudiar psicoanálisis. Para mí, es común y hasta cierto punto clásico y natural, que los maestros del psicoanálisis muestren sus teorías en forma clara y organizada. Estos maestros desean transmitir las nuevas ideas en forma muy precisa, lo cual facilita el entendimiento y la posible evaluación de lo que estos enseñan. Así, uno, como lector, puede estar de acuerdo o en desacuerdo con la nueva enseñanza. Así ocurre con las propuestas psicoanalíticas de Karl Abraham, Sandor Ferenczi, Ernest Jones, Melanie Klein, Anna Freud, etc. Todos ellos producen nuevas ideas. Sin duda han hecho avanzar al psicoanálisis. Pero es importante insistir en que sus proposiciones tienen una característica, ésta consiste en que al mostrar sus ideas, éstas ya están concluidas. O si se quiere, muestran una propuesta elaborada y terminada. La obra de cada uno de ellos siguió desarrollándose en base a nuevas ideas, que a su vez fueron coherentes y claras, pero sobre todo terminadas. El único que luego escribe de otra manera es Wilfred Bion, especialmente en la segunda mitad de su obra, cuando desarrolla su pasión por las formulaciones psicoanalíticas en términos matemáticos al introducir “la nominación de conceptos analíticos” en propuestas algebraicas. Además diseña su célebre tabla (the grid) para organizar algebraicamente la producción psíquica, especialmente dentro de la sesión. En esta etapa de su obra, Bion comienza a dejar abiertas y enigmáticas sus nuevas proposiciones.

Como hemos visto, con Lacan la situación es completamente diferente. Sus ideas no son ni claras, ni precisas. Empujan más bien a la duda: al ¿qué dice? o ¿qué quiere decir con esto? Incluso, sus oraciones (en francés) son construidas de una manera extraña. Sus propuestas tienen que ser pensadas y descifradas. Por lo tanto, Lacan invita constantemente al lector a pensar y a reflexionar, estimulando así su capacidad de lógica y de creatividad. No es una enseñanza que es llevada fácilmente de la mano. Por ejemplo cuando Lacan dice: “que se diga queda olvidado tras lo que se dice en lo que se escucha”. Cada quién podrá a su manera entender esta oración que Lacan escribió en el pizarrón de una sala de seminarios en Milán, donde había sido invitado a impartir su enseñanza. Para mí, este dicho ilustra su propuesta de la barrera del lenguaje: toda comunicación estará atravesada por la subjetividad del que escucha. Él lo llamó lo inevitable estructural del diálogo de sordos. Revisemos: “...lo que se diga va a quedar olvidado...”, es decir, no entra en estado de conciencia del que escucha. “...Tras lo que se dice en lo que se escucha...”, lo que significa que él, que escucha, sólo puede escuchar lo que él o ella cree que se dijo.

Otro ejemplo: “...el falo es el significante privilegiado de esa marca en que la parte del logos se une al advenimiento del deseo...”. Unas líneas más adelante dice: “...no puede desempeñar su papel sino velado, de lo que adolece todo significable en el momento en que es elevado a la función de significante (...) el falo es el significante de la elevación misma que inaugura por su desaparición (...) que el falo sea un significante es algo que impone, que sea en el lugar del otro, donde el sujeto tenga acceso a él. Pero como ese significante no está allí sino como velado y como razón del deseo del otro, es ese deseo del otro como tal, lo que al sujeto se le impone reconocer...”.

Todo esto va a poner en evidencia la enorme paradoja (fíjense que no digo contradicción) del trabajo que me he impuesto: producir una introducción sencilla e intelegible de algunas de las ideas presentadas por Jaques Lacan. Esto es precisamente algo que va a estar en contra de la naturaleza de su propia enseñanza. Un ABC de Lacan significa definir en forma clara y organizada algunas de sus ideas. Es decir, cerrarlas, darlas por terminadas. Eso es precisamente todo lo contrario a su enseñanza. Las ideas de Lacan producen una extraña e incómoda división subjetivaal dejar al sujeto en la incertidumbre del saber. El sujeto interroga al otro e insiste en la búsqueda de esa certidumbre. Lacan no responde a ese pedido y lo deja dividido. Así es su enseñanza. En este texto yo hago lo contrario. Trato de responder desde mi subjetividad a esa pregunta por la certidumbre, dejando al sujeto satisfecho y cerrado. Sin embargo, es la única forma que conozco de presentar sus ideas con alguna claridad y de mostrar los beneficios que éstas traen a la práctica actual del psicoanálisis. Lo enigmático de la enseñanza de Lacan es ya un supuesto universal. Louis Althusser (1963) escribió lo siguiente: “...hay que oírlo hablar para comprender la maldad espléndida de su estilo. Si Uds. van a su seminario, verán toda clase de gente en actitud de oración ante un discurso inintelegible para ellos...”.

Lacan y la institución

Es infrecuente y extraño ofrecer un texto o un curso sobre Lacan que sea sencillo y claro. Esto tiene su razón, y es que este tipo de cursos tiene muchos adversarios y opositores. El oficialismo lacaniano insiste (con cierta razón) en dejar intacto el espíritu de su enseñanza, es decir, dejar al sujeto en falta y además mantener el equívoco en su enseñanza. Por esta razón, están en profundo desacuerdo con la difusión simplificada de las ideas de Lacan. Temen que su enseñanza pueda ser absorbida por otros analistas que no militen en su organización. Temen que sus ideas sean vanalizadas. Temen que se pierda la fuerza subversiva de su propuesta. Temen que estas ideas queden diluidas en otras proposiciones psicoanalíticas similares, pero no lacanianas. Por esta razón, obstaculizan cualquier tipo de cursos y dificultan la obtención de los textos lacanianos. Antagonizan cualquier iniciativa de difundir la enseñanza libre de Lacan, a menos que ésta sea impartida por algunos de sus miembros.

Este lacanismo institucionalizado, que apareció después de la muerte de Lacan en 1981, está, a su vez, en profunda contradicción consigo mismo. Contradice a la enseñanza de Lacan, quien no se cansó nunca de denunciar, una y otra vez, los aspectos negativos (inevitables) de la institucionalización del psicoanálisis. Todo esto lo digo por lo siguiente: Lacan siempre insistió en mostrar que la institución, sin proponérselo, obstaculiza el desarrollo del psicoanálisis. Insistía en que ese posible desarrollo ocurre cuando aparecen nuevas ideas: en la teoría y en la técnica. Las nuevas ideas, atrevidas y subversivas, podrían ser perturbadoras. Por esa razón, tienen que ser censuradas por la jerarquía administrativa psicoanalítica, sea ésta local o internacional. Esto tiene que ser así, porque precisamente estos administradores han sido nombrados para preservar y promover la enseñanza consagrada, es decir, salvaguardar al psicoanálisis. Por esta razón, la jerarquía administrativa tiene que obstaculizar las propuestas subversivas, que hipotéticamente podrían dañar al psicoanálisis. Ahora bien, ¿cómo evolucionar dentro de esta paradoja? La enseñanza de Einstein es subversiva, en relación a la enseñanza consagrada de Newton. La paradoja es que nosotros sin la institución simplemente no existimos. Igualmente sin nuestra jerarquía administrativa estaríamos a la deriva. Pero ella misma obstaculiza el desarrollo. Ésa es la gran paradoja.

Por todo esto, Lacan insistía en que dentro de la institución era muy difícil que se produjeran rupturas epistemológicas importantes. Recordemos que Freud mismo tuvo que aislarse del oficialismo vienés para producir sus revolucionarias propuestas psicoanalíticas. Lacan para sustituir la institución psicoanalítica propuso y creó el concepto de una “red de psicoanalistas”. El objeto de esta red era facilitar el intercambio científico y lograr convocatorias de encuentros. En esta red no hay directorios, ni jerarquías. Sin embargo, a medida que sus ideas se difundieron y aparecieron analistas interesados en su enseñanza, en diversas y distantes regiones, su círculo íntimo se vio en la inevitable necesidad de organizar escuelas y directorios (muy rudimentarios), tratando de minimizar, en lo posible, los problemas de la creación de una autoridad dentro del ámbito institucional. Sólo después de su muerte y con la oposición de muchos lacanianos antiguos (compañeros de ruta de Lacan), es fundada la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP), organización mundial autoritaria, la cual va inevitablemente a padecer de los mismos problemas intrínsecos a toda institución. Precisamente los mismos problemas que Lacan denunció con tanta insistencia y a los cuales se oponía con tan poderosos argumentos lógicos. Sin embargo, después de su muerte, se corría el peligro de la atomización, con dispersión grave de múltiples subescuelas lacanianas. Por eso, fue necesario para el círculo íntimo proceder a institucionalizarse, a nivel local e internacional, y así inevitablemente fundan la AMP, y con ella aparecen los inevitables problemas institucionales.

El problema de la formación

Lacan mantuvo una posición particular en relación a la formación psicoanalítica. Él cuestiona, en diversos textos, los beneficios verdaderos de la “clásica formación reglamentada institucional”. Habla por primera vez de la idea de la “transmisión del psicoanálisis”. Creó el concepto de “Escuela”. Como, por ejemplo, la Escuela Freudiana de París (EFP), que funda en 1964 y disuelve en 1980.

Primer punto: Lacan objeta con buenos argumentos lógicos, el concepto de la selección de candidatos. Plantea que el ser psicoanalista sólo puede ser el resultado de un proceso de análisis, nunca su condición previa. Por esto, el reconocimiento de la condición analítica debe venir al final del proceso y nunca al inicio de éste. Toda selección al inicio estaría fundamentada en los ideales analíticos de cada instituto en particular.

Segundo punto: En la escuela, la enseñanza y la transmisión del psicoanálisis es más libre. Esta transmisión se fundamentaba en un trípode: el psicoanálisis personal (que destituye la majestad del análisis didáctico), las supervisiones individuales y grupales (que incluyen la posibilidad de presentación de enfermos) y el estudio de los textos. Los seminarios fueron sustituidos por el estudio de los textos, por la libre asistencia a conferencias, coloquios, jornadas y libre participación en los llamados “cartels”. Está claro que la única forma de progresar en esta transmisión del psicoanálisis es asistiendo a conferencias, coloquios y participando en varios “cartels. Lo importante de esta propuesta es que esta progresión individual surge de una decisión libre, que va a ser regida por la ley del deseo. Del deseo de ser psicoanalista.

Los “cartels” son grupos de cuatro personas y una adicional llamada “más uno”, que se reúnen semanalmente, durante un año, para estudiar un tema determinado, para luego disolver el “cartel”. Allí deben estudiar e investigar un tema, elegido por los propios interesados, y producir cada uno un texto que dé cuenta de ese estudio e investigación. El “más uno” es un miembro de más experiencia que participa, sin dirigir el grupo. Éste, a su vez, es miembro ordinario en otro “cartel”.

Tercer punto: Lacan llegó a mantener que la autorización no debería provenir de una institución, sino que el analizando es quien, a lo largo de su análisis personal, va a lograr, en el momento adecuado, autorizarse a sí mismo. Es decir, él va a decidir cuándo considera que está listo para ocupar el lugar del psicoanalista. Esto significa, tacharse como sujeto deseante y hacer semblante a un otro en la transferencia. Entonces puede comenzar a ver pacientes y ofrecerse como psicoanalista.

Cuarto punto: Lacan decía que, a lo largo de toda su carrera, el psicoanalista practicante no puede parar de hablar (y/o escribir) de psicoanálisis. Necesita certificarse constantemente. Planteaba que el psicoanalisis existe, que es reconocido por el sujeto psicoanalista en la medida en que éste es hablado, es decir, pasa por lo simbólico. De otra forma es una práctica sólo intuitiva y hasta muda, donde el analista hace sin saber bien lo que hace. Por esta razón, el analista, igualmente, estará empujado por la estructura a mostrar a sus colegas la naturaleza de su acto analítico, es decir, su práctica. Esto significa que nunca interrumpirá sus presentaciones clínicas, ni su participación en los cartels”.

Así encontramos que en la proposición de Lacan existen cuatro momentos lógicos: el momento del deseo de ser psicoanalista, el momento de la transmisión del psicoanálisis, el momento de la autorización del psicoanalista y, finalmente, el momento de la certificación permanente.

Texto publicado en Trópicos, año VIII, volumen I 2000, Caracas: Fondo Editorial de la Sociedad Psicoanalítica de Caracas.

* Médico psicoanalista, miembro titular de la Sociedad Psicoanalítica de Caracas, de la IPA y FEPAL; y en funciones didácticas en el Instituto de Psicoanálisis.


Bibliografía:
Althusser, L. (1963), citado por Elizabeth Roudinesco (1994). Lacan. México: Fondo de Cultura Económica.
Lacan, J. (1972)."
El atolondrado, el atolondradicho o las vueltas dichas". Versión castellana mimeografiada. Título original: L´Etourdit. Scilicet, No. 4, París.


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