Kailash Vajpeyi

Fatuidad

Los zapatos protestan
             Contra los pies vagabundos.
La camisa es infeliz
             Sobre el cuerpo abotagado.
                         ¡Mira mi mente, esclavizada por el ego!
Todavía piensa
            Que superará la decadencia.


Neo-racionalista

¡Duérmete!
Porque estás condenado
A hundirte en un vacío extraño
Mientras otros lo están a bailar
En la cámara baja de Id
¡Duérmete!
No es que el dolor sea nuevo para ti,
Pero aún así, te resistes al reposo
Soñando con ciertos Pies de Loto
Cuya fragancia presientes
Aun en estos tiempos desflorados.
¡Duérmete!
Porque la luz es un accidente, bien planeado
Nadie la alcanza ni la pierde.
Sólo unos cuantos petrificados
Exhiben pretensiones exageradas.
En este planeta enfangado en el Ego
Hasta la plegaria es una pose.
De nada servirá ya exprimirse el seso
Porque no hay ningún Oriente.
¡Duérmete!
La mente alimentada por el odio
Y el simio abandonado por el amor
Ambos se ahogan
En la Trascendencia, o chocan,
¿Quién lo sabe?
Duérmete antes de que los momentos se tornen tensos
Y comience la masacre.
La vida en estos tiempos es tan delirante
Que el Guru y el soldado desempeñan el mismo papel
Sólo la combustión separa
Al fuego de las cenizas.
Aún quieres meditar.
¿En qué lenguaje lo harás?
Todos los diccionarios del mundo
Están embadurnados
Con los excrementos de los políticos
Quién no está manchado
Por los comerciales
Que vomita
El monstruo monóculo.
¡Duerme! Duerme antes de que comience el drama
Y seas atrapado.
El siglo entero, como
Una lenta escena de violación
Parece atormentador en la pantalla.


Antimesías

En un país raído,
He dado un lema a esta multitud insensible.
Alguna vez, en alguna parte,
       He leído acerca de un Mesías.
Esperando el aplauso de las masas,
Grito con todo mi ser:
      "Estoy libre de lazos,
      Como el aceite sobre el agua.
      Absolutamente despegado".

                       Es extraño
                   Que la multitud
           -no digamos ya con piedras-
    No me golpee ni con sus maldiciones.

Oh, Señor, ¿qué hacer ahora?
       Ya no podré siquiera formar parte de ellos.

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