Christian UetzNació en 1963 en Egnach, Suiza. Entre otros estudios adelantó la carrera de Filosofía. Es un poeta experimental y performer. Ha publicado los libros de poemas Lyrikbände Luren (1993), Reeden (1994) y Nichte Droschl (1998). En 1999 fue editado su CD Nichte und andere Gedichte. Es considerado uno de los poetas experimentales más promisorios de la Suiza actual. Heroína de cerebro celesteTraducción de Rita Catrina Imboden 1 Ella no puede ser la palabra. En esta palabra no se ahonda. No puede ser la palabra que no puede ser. En esta palabra no se ahoga. Pues la palabra no es. Pero ella no es la palabra. Esto no es un estiracabezas. No tiene que írsele la cabeza, tiene que no ser, como la palabra. No puede ser la palabra, ni siquiera lo quiere ser, quiere no serlo. No ser, quiere no ser la palabra, quiere. Además, no quiere ser nada ni nadie más, y no puede querer nada ni nadie más. (Quiere borrarla. ¡Emborráchala! Quiere derretirla. ¡Derróchala!) Aunque quiera, no tiene que, tiene que no poder ser la palabra, la que le falla, la que le llama su falo. Tiene que liarse a hacerlo lengüilargamente, libar el fallo, hilarlo libidinosamente. Ella no tiene para nada que ser la palabra que no es; faltando, falcando, falleciendo tiene que no ser la palabra que no es. Pero, ¿cómo viva y no muerta? La palabra viva, no lo quisiera ser; no la muerta, que ni siquiera puede estar viva, la palabra viva, que ni siquiera puede estar muerta, no lo quisiera ser. 2 ¿No puede ayudarse? ¿No puede ayudarle su palabra? ¿Puede no ayudarle nadie? Ella se interesa por su no ser, se interesa por el ser de su no. En la palabra, tiene ser su no; en palabras que siempre aíslan, en la palabra aislamiento que ya como palabra es el aislamiento, tiene ser su no. Aquí, en el apuro, en eco puro, que no es un vado al otro lado, aquí no quisiera llegar al allá, a la aldea de allá, allá al castillo, allá a la palabra, al no allá, que no excremexiste. Lo más excitante suele ser que el placer excesivo de la sexistencia ya la vuelva a derretir. La suspira, no la expira. La irrita ridiculonamente no a la palabra, no al vacío y no al no. Cuando no la ahoga, no ahonda en ella, ella no se ondea hacia la palabra. ¿Qué cráter, si le pidiera morbo, le daría sorbo? ¿Si verbo, ser? Glotea en el propio lugar loco. En el verborrachero espasmo. Cuanto más voceante no la aguanta, más aullante no la aguanta. Le desembriaga el vino. Le embriaga la palabra. Le agiganta como enamoramiento la heroína sin heroína. Esto, lo más real de todo, le animaliza lo más irreal y delírico. Animiza la otra irrealidad en ella misma; heroína de cerebro celeste. Se le hace posible, en la no reunión, ser siempre más borrachornosa y timisobria, siempre más delirosa y onírica. Toda delirio; toda lírica. ¿Puede imaginarse que ninguna música vuelva a no tocarse siempre de nuevo, que así celeste no sea? No hay ningún noaquí. Celesticerebral como celestiforme; y de pronto se le despierta el aliento íntimo, cálido y ardiente, y quiere venir derecha al nuncaquí. Acá abajo reclama la aquídealidad, que al instante anuncia buena travesía e ingenio fervoroso a los navegantes de pluma. Su encuentro primero y en absoluto. Su verótica en sentido estricto y su porética no en sentido amplio. Umbría primero y ebria no por último. Siempre en lo más hondo del fondo. 3 ¿No
ha dicho que, estando en la palabra, no es? ¿Y que, ya de pequeña,
más aprende a no ser; y que, ya de pequeña, es más
no; y que, con las palabras, deviene cada vez más imposible? ¿No
ha dicho, que no es de extrañar que ella, palabrinutrida, aumente
inútilmente sus no lamentos, y que no devenga cada vez más
inútilmente insensata, porque estando en su no casa, no le es fácil
estar nunca en casa? 4 ¿Por qué, pues, no llega? ¿Por qué no llega nadie y no dice la verdad? ¿Por qué, pues, no llega? ¿Porque, no estando aquí, ya desde siempre no está aquí? ¿Porque no puede ser? ¿Porque tan sólo puede no ser? Palabra, palabra, ¿por qué no puede ser? ¿Por qué puede sólo no ser? ¿No puede ser una sola vez? ¿No puede ser ni siquiera una sola vez? No puede; navega y no llega tampoco cruzando su agonía hasta aquí, y ella, superada, sopla en la palabra, aquende allende, allí no superándose a sí misma ni al mundo. [ ] Puede ser imposible. Considera la abstracción, puede ser tan imposible como la eternidad. Ser es su muerte. Y no ser, absurdo. 5 ¿No es esto demasiado? No puede ser demasiado. Es infinito el no. Ella no es infinita. Cada día no se abre algo nuevo; cada noche no se entreabre algo más. Cada decimana ella no puede tensar el arco para el flechazo perfecto, cada noctimana no deshace el marco de un hachazo. Y puesto que la palabra no es, siempre no está. No está en ella y fuera de ella, no. Y ella está fuera de sí en la palabra, y dentro de ella tampoco está en sí. No está ni dentro ni fuera. No está ni en el interior ni en el exterior. Está fuera de sí. La palabra por doquier no está. De todas las grietas no surge, de todos los poros no fluye, de todos los agujeros no repta, en todos los aires no flota, en todos los tiempos no está, cada segundo ella no ve la palabra, no la oye, no la siente, no la toca; la palabra no la toca a ella, no habla, no oye, ¿oyes? ¿No oyes? ¿Oyes? ¿No la oyes? ¿No me oyes? ¿Oyes? [
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