The beat goes on

Rafael Pereira

En el catálogo de la reciente edición de la FIA, sus organizadores hacen un recordatorio de Marcantonio Vilaca " como amigo, apoyo y galerista", en gentil reconocimiento a la penosa ausencia de esta formidable fuerza motora de la difusión del arte contemporáneo brasileño y global.

El caso de Marcantonio Vilaca es absolutamente único en la escena latinoamericana del arte. Comenzó como coleccionista desde su adolescencia, lo cual le permitió desarrollar el innato virtuosismo de su mirar. Ya en su temprana veintena, la colección de Vilaca excedía las cuatrocientas piezas, todas ellas seleccionadas durante una prospectiva continua del acontecer contemporáneo, superando así, en su campo específico, a cualquier otra colección privada o pública de su país.

Hay algunos aspectos de la señalada prospectiva continua del arte ejecutada por Vilaca que conviene matizar para su caracterización. Su despertar como coleccionista en los años ochenta, lo hará testigo de la eclosión de las disímiles expresiones, en cuanto a concepto y soporte, manifestadas por el arte contemporáneo en general y el brasileño en particular. Tales innovaciones en la escena de las artes representacionales, contaron con una nueva generación de críticos-curadores que harían de la reflexión de las nuevas tendencias un debate abierto y sistemático, a través de los textos publicados en los catálogos y revistas especializadas, cada vez más abundantes y consistentes. En este contexto, por Brasil elevaron sus voces figuras como las de Paulo Herkenhoff e Ivo Mesquita, acuciosos investigadores de la contemporaneidad en su doble vertiente: global y local. La voz de Vilaca participó con legítima autoridad en el debate en cuestión, y recibió por ello -en un ambiente estrictamente profesionalizado como el del arte brasileño- trato de curador.

A finales de su veintena -con más de mil obras de primer orden en su haber, solicitadas continuamente por los principales museos de su país y de otros, particularmente europeos- la inserción de Vilaca en la escena del arte demandó el compromiso de su dedicación absoluta. Inicialmente consideró la posibilidad de editar una revista especializada en el tema de su pasión, más su amiga Karla Meneghel Ferraz de Camargo lo convenció de continuar en contacto directo con las obras de arte y sus creadores, así como también en el debate curatorial, pero esta vez bajo la figura de galerista. De la sinergia de ambas fuerzas surgió el proyecto Camargo Vilaca.

La credibilidad en la persona de Vilaca indujo la participación inmediata de la figura confirmada de Jac Leirner y, cual campo gravitatorio, atrajo progresivamente, conjuntamente a jóvenes promesas, la participación de otras notables figuras de la contemporaneidad, más allá de Brasil. Vilaca, simultáneamente, desplegó una formidable campaña de presencia de sus artistas en los más relevantes eventos de la escena mundial del arte. Ferias, galerías, coleccionistas y museos de prestigio internacional establecido, acogerían las propuestas de Vilaca con regularidad. La comunidad global del arte contemporáneo habría de lamentar la repentina desaparición de Vilaca, el 1 de enero de este año. Karla de Camargo, por una parte, prometió que el proyecto galerístico, del cual es cofundadora, continuaría con el apoyo Alessandra D'Aloia Vilaca en las actividades organizativas, y de Ricardo Sardenberg y Marcia Fortes en la función curatorial; y la familia Vilaca, por otra parte, decidió mantener la integridad del conjunto de las seis mil obras coleccionadas. Impensable un mejor homenaje permanente para Marcantonio Vilaca.


Efraín Almeida, Capella, 1999,
Cedro 26 x 34 x 36 cms.
Colección Artemis Nader


Alessandra D'Aloia Vilaça y Ricardo Sadenberg

 

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