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En el
catálogo de la reciente edición de la FIA, sus organizadores hacen un recordatorio
de Marcantonio Vilaca " como amigo, apoyo y galerista", en gentil reconocimiento
a la penosa ausencia de esta formidable fuerza motora de la difusión del
arte contemporáneo brasileño y global.
El caso
de Marcantonio Vilaca es absolutamente único en la escena latinoamericana
del arte. Comenzó como coleccionista desde su adolescencia, lo cual le
permitió desarrollar el innato virtuosismo de su mirar. Ya en su temprana
veintena, la colección de Vilaca excedía las cuatrocientas piezas, todas
ellas seleccionadas durante una prospectiva continua del acontecer contemporáneo,
superando así, en su campo específico, a cualquier otra colección privada
o pública de su país.
Hay
algunos aspectos de la señalada prospectiva continua del arte ejecutada
por Vilaca que conviene matizar para su caracterización. Su despertar como
coleccionista en los años ochenta, lo hará testigo de la eclosión de las
disímiles expresiones, en cuanto a concepto y soporte, manifestadas por
el arte contemporáneo en general y el brasileño en particular. Tales innovaciones
en la escena de las artes representacionales, contaron con una nueva generación
de críticos-curadores que harían de la reflexión de las nuevas tendencias
un debate abierto y sistemático, a través de los textos publicados en los
catálogos y revistas especializadas, cada vez más abundantes y consistentes.
En este contexto, por Brasil elevaron sus voces figuras como las de Paulo
Herkenhoff e Ivo Mesquita, acuciosos investigadores de la contemporaneidad
en su doble vertiente: global y local. La voz de Vilaca participó con legítima
autoridad en el debate en cuestión, y recibió por ello -en un ambiente
estrictamente profesionalizado como el del arte brasileño- trato de curador.
A finales
de su veintena -con más de mil obras de primer orden en su haber, solicitadas
continuamente por los principales museos de su país y de otros, particularmente
europeos- la inserción de Vilaca en la escena del arte demandó el compromiso
de su dedicación absoluta. Inicialmente consideró la posibilidad de editar
una revista especializada en el tema de su pasión, más su amiga Karla Meneghel
Ferraz de Camargo lo convenció de continuar en contacto directo con las
obras de arte y sus creadores, así como también en el debate curatorial,
pero esta vez bajo la figura de galerista. De la sinergia de ambas fuerzas
surgió el proyecto Camargo Vilaca.
La credibilidad
en la persona de Vilaca indujo la participación inmediata de la figura
confirmada de Jac Leirner y, cual campo gravitatorio, atrajo progresivamente,
conjuntamente a jóvenes promesas, la participación de otras notables figuras
de la contemporaneidad, más allá de Brasil. Vilaca, simultáneamente, desplegó
una formidable campaña de presencia de sus artistas en los más relevantes
eventos de la escena mundial del arte. Ferias, galerías, coleccionistas
y museos de prestigio internacional establecido, acogerían las propuestas
de Vilaca con regularidad. La comunidad global del arte contemporáneo habría
de lamentar la repentina desaparición de Vilaca, el 1 de enero de este
año. Karla de Camargo, por una parte, prometió que el proyecto galerístico,
del cual es cofundadora, continuaría con el apoyo Alessandra D'Aloia Vilaca
en las actividades organizativas, y de Ricardo Sardenberg y Marcia Fortes
en la función curatorial; y la familia Vilaca, por otra parte, decidió
mantener la integridad del conjunto de las seis mil obras coleccionadas.
Impensable un mejor homenaje permanente para Marcantonio Vilaca.
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