Alexander Apóstol:
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La reciente serie de Alexander Apóstol, ganadora de Jóvenes con FIA -evento convocado por el Ateneo de Caracas y curado por Adolfo Wilson- rebota nuestra atención hacia el cruento acontecer en la arena de las artes representacionales. Fieras de toda índole, como sacadas, al unísono, del Bestiario de Silverberg y del averno en bajorrelieve polícromo de un imafronte románico, atacan al artista. Nuestros gladiadores han de superar letales dificultades, si pretenden construir una imagen seductora -por animada- y convincente -por multiplicarse en nuestros riscos internos como un eco.
Alexander Apóstol ha sorteado las fieras de la reiteración y de los estereotipos genéricos... mas no quedó del todo ileso. Eso nos gusta. Nos aparta de los superlativos y de las certezas absolutas, al palabrear sobre lo inquietante de esa especie de exostosis recurrente insertada por Apóstol en sus corpografías. La operación descrita encarna el sistema constructivo de las imágenes creadas por Apóstol.
Las fauces de la fiera de la apropiación hubieran resultado mortales para Apóstol si sólo presenciáramos un efecto gráfico. Pero el artificio de injertar una suerte de excrescencia ósea -configurada por las partes o la totalidad de un gallo- en zonas del piloso cuerpo crudamente expuestas al observador, nos recuerdan que estos signos viriles caricaturizados -el gallo y la pilosidad abundante- denotan el tema ubicuo en la obra de Apóstol: los estereotipos de la masculinidad.